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El triunfo redentor

Tras muchos meses de ausencia, el baloncesto comienza a devolverle el tiempo y la felicidad robada a Antoine Diot. El base de Valencia Basket disfruta del momento mientras desea que el triunfo alimente nuevas victorias en Liga Endesa

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En mitad de la algarabía, se hizo el silencio.
Entre la multitud, un espacio para la soledad.
Y ante la feliz mirada del presente, el amargo recuerdo del pasado.


Por un instante no hubo nada. Poco importó que la muchedumbre que le rodeaba gritara por la felicidad del momento, él se quedó a solas. Él y su silencio como si la fiesta estuviera a miles de kilómetros. Sus ojos miraban caras de felicidad, oía las palabras de cariño de quien se le acercaba, pero en realidad su mirada estaba en el ayer y no escuchaba nada salvo la voz interior que le hablaba.

Fue cuestión de segundos, pero la galería de imágenes de felicidad que se vivió el pasado 15 de abril escondía una fotografía que para muchos pasó desapercibida. Aquella en la que Antoine Diot permaneció sentado en el banquillo con las manos en el rostro conteniendo la emoción que brotaba por sus ojos. La dicha del triunfo era compartida entre todos, pero Antoine quería reservar ese instante para sí mismo porque, después de mucho tiempo, las lágrimas de sus ojos no eran de tristeza, sino de alegría.

"Ha sido duro… realmente muy duro porque después de la lesión de la rodilla tuve problemas musculares, pero he entrenado cada día para volver y ahora simplemente quiero disfrutar", confiesa Antoine Diot. El base recuerda que la lesión "fue muy larga. Fueron muchos días malos por lo que ahora simplemente quiero disfrutar jugando al baloncesto y hacerlo con estos chicos porque son increíbles. Cada uno de nosotros jugamos para el compañero y esa es la fuerza de este equipo".

Un largo periodo alejado del baloncesto que comenzó cuando forzó para jugar y ganar la Supercopa Endesa y que se cerró por completó cuando volvió a levantar un nuevo título para Valencia Basket. Entre medias, un largo proceso con un momento crítico en lo anímico. "El momento más duro fue cuando estaba viendo la luz al final del túnel y ¡boom! Volví a caer lesionado. No sé qué pasó, pero fue el momento más duro porque sentía que podía jugar pero todavía estaba fuera. Fue realmente duro, pero ahora es el pasado, vivo en el presente y no en el pasado por lo que ahora miro hacia delante", cuenta. Quizá por la crudeza de los meses en el olvido deportivo, para Antoine Diot la victoria tuvo un valor especial más allá de lo que representa ganar un título. "Significa mucho. Es un sentimiento increíble, la atmósfera vivida aquí nunca la había vivido antes. Este equipo es como mi familia y disfruto con ellos", asegura.

 (Foto Euroleague/Getty)


No tardaron en llegarle abrazos y palabras de afecto. El primero, el de su amigo Louis Labeyrie, quizá él mejor que nadie podía saber lo que Diot vivía en su interior. "Me dijo que simplemente disfrutara del momento. Me dijo que él era feliz por vivir juntos ese instante. Somos amigos y tenemos una conexión especial", nos cuenta Diot. De lesiones también podrían hablar sus compañeros en el puesto de base: Sam Van Rossom y Guillem Vives, los tres han vivido periodos amargos durante estos últimos años y por eso la empatía es mayor. "Creo que se lo ha merecido. No ha sido justo cómo le ha ido por la lesión y me alegro mucho por él porque es un jugadorazo", declara Vives.

"Ha sido muy duro todo el proceso que ha pasado, durante un tiempo ha dejado de ser jugador de baloncesto, pero ha demostrado que es un enorme jugador con un gran talento", relata Jaume Ponsarnau. El técnico siempre ha mostrado su apoyo y confianza en un jugador clave en su idea de equipo porque, dentro o fuera de la rotación, Antoine Diot siempre ha formado parte del grupo.
En sus meses de ausencia, el base francés no ha dejado de estar al lado de sus compañeros, acompañándolos a pie de pista y saludando a los titulares antes de comenzar cada partido, aplaudiendo cada canasta, apoyando en los malos momentos. "Esto es un equipo, una familia. Hacemos todo juntos y así es como queremos que sea", recuerda el jugador.
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Quizá no exista cura que sane las heridas emocionales que causó su prolongada lesión, pero durante unos minutos Antoine Diot reescribió la palabra felicidad sobre el parqué. Lo hizo viajando a sus orígenes, aquellos en los que se divertía defendiendo y haciendo jugar a sus compañeros con pases de fantasía. Fueron dos robos que terminaron en dos asistencias, simples gotas en el océano estadístico del partido, pero que fueron mucho más. Dos destellos de calidad que escondían más valor emocional que la simple cuantificación numérica del resultado (40-23). La Fonteta en pie aclamó al héroe caído, era el comienzo de su redención… el retorno del samurái. "Les adoro. Juego para ellos, para los aficionados. Trato de ser honesto con ellos, compartir mi felicidad en la pista con ellos y adoro jugar aquí. Son unos aficionados increíbles", afirma.

Fiel a la filosofía zen que muestra con su icónico gesto de juntar manos, Diot es un guerrero samurái sobre el parqué sereno en las vicisitudes y ahora también en el éxito. Sabe que la temporada no está finalizada y que ahora llega la lucha que más ilusiona. "Queremos seguir, el título de la Eurocup no es el final de la temporada. Queremos demostrar que somos uno de los mejores equipos en España y por lo tanto debemos continuar. Es fantástico lo conseguido en la Eurocup, pero ahora debemos estar centrados en el campeonato y realizar un buen Playoff", señala asegurando que "queremos crecer como equipo y pelear por el título".

(Foto Euroleague/Getty)

Tras empezar mal y remontar con un brutal parcial de 40-12, la felicidad fue cogiendo la forma de un claro triunfo y el color taronja. Nadie iba a arrebatarle aquella noche a Diot y a sus compañeros, y cuando la victoria se materializó toda la rabia contenida durante meses fue expulsada. Gritó con los minutos finales. Sólo él sabe a dónde iban sus palabras, seguramente al mismo lugar al que fueron los demonios que exorcizó cuando se sentó en el banquillo, cerró los ojos y se hizo el silencio.