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Nueva era para el campeón olímpico

Tiempo de cambio en Argentina, campeón olímpico el pasado verano. Rubén Magnano ha dejado paso en el banquillo a Sergio “Oveja” Hernández, elegido tras un increíble culebrón que duró varios meses y tuvo también a Julio Lamas como protagonista. El nuevo seleccionador argentino, con un carácter muy diferente a Magnano, dotará al equipo de un sello propio, basado en una filosofía que adapta su estilo a los jugadores. Para empezar, Hernández tendrá este verano un gran reto en el Torneo de las Américas, que afrontará sin las grandes estrellas y con una mezcla de jóvenes y veteranos procedentes de Europa y de la propia Liga Argentina

El futuro del campeón olímpico pasa por el banquillo de Sergio Hernández (Foto Basquet Plus)
© Basquetplus
  

Hernández, elegido tras un eterno culebrón

No había pasado demasiado tiempo desde la mayor conquista argentina de la historia –la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas- cuando repentinamente Rubén Magnano recibió una oferta del Varese italiano que lo llevó a renunciar a la selección argentina cuando apenas unos meses antes había firmado su renovación (con cláusula de salida) por 4 años más.

La Confederación Argentina (CABB), en lugar de elegir a su sucesor en forma rápida, decidió esperar para ver qué determinación tomaría. “Vamos a tomarnos el tiempo necesario para elegir”, fue la voz casi unánime de los principales directivos de la CABB. Entonces tuvieron la desafortunada idea de anunciar que en febrero del 2005 harían una especie de preselección con los candidatos.

Llegado febrero, los dirigentes tiraron los nombres de los cuatro candidatos, que ya estaban en boca de todos, por supuesto: Julio Lamas, Sergio Hernández, Oscar Sánchez y Enrique Tolcachier. Casualmente, los mismos que terminaron votados en los primeros cuatro puestos de la encuesta de la revista especializada Básquet Plus en diciembre pasado. Con ellos mantendrían reuniones individuales para “descubrir cuál era el indicado”.

Desde noviembre hasta febrero, los directivos movieron poco el tablero y fue entonces que decidieron oficializar los 4 candidatos y comenzar la ronda de reuniones. Paradójicamente, con el primero que charló el vicepresidente de la CABB Germán Vaccaro (fue el que habló con todos, nunca el presidente Horacio Muratore) fue con Enrique Tolcachier. Luego vinieron Sergio Hernández (El Oveja), Oscar Sánchez y, finalmente, Julio Lamas.

Con Hernández no pudieron hablar mucho. El Oveja les fue claro desde el principio. “Si no me van a ofrecer el equipo, no hablo sobre condiciones de trabajo”. Pese a que Vaccaro sostuvo estar de acuerdo, la actitud del bahiense no cayó nada bien. Todo lo contrario de lo que luego ocurriría con Sánchez, que llegó a la mesa con un proyecto armado (básquetbol escolar, plan altura, sub 21, etc), muy dispuesto a aceptar sugerencias (como que Tolcachier y un peso pesado fueran asistentes) y sin condicionamientos, especialmente económicos.

El ultimo con el que hablaron fue con Lamas. Y también el único al que directamente le ofrecieron el equipo. En ese momento. Lamas pidió entonces establecer algunas pautas de trabajo y, como no recibió una respuesta afirmativa, pensó que la posibilidad de volver a la selección estaba casi caída. ¿Cuáles habían sido esos condicionamientos? En primer lugar, la libertad absoluta para elegir a su cuerpo técnico. Desde la CABB habían hablado sobre la casi obligación del elegido de llevar a Tolcachier como asistente, presión que Lamas no aceptó de ningún modo. En segundo, y más importante, que la CABB reconociera públicamente que Lamas era el elegido.

Durante unas semanas, el medio basquetbolístico se fue enterando de la situación, pero no de los detalles. La mayoría creía que el próximo entrenador de la selección sería Lamas, desconociendo que el porteño no estaba dispuesto a bajar sus condicionamientos ni a resignar cosas que él consideraba vitales. Como no terminar de percibir el apoyo de Muratore, situación que sí se dio luego, aunque ya era tarde.

Así las cosas, con Hernández en teoría fuera de carrera, una nueva movida surgió desde el seno de la CABB. Oscar Sánchez. ¿Sánchez? Sí. Los dirigentes habían quedado muy conformes con sus propuestas. ¿Cuáles eran? Hernández y Lamas como asistentes principales (ambos era un hecho que iban a decir que no, al menos Lamas seguro), Guzmán como alternativa, Tolcachier en el Sub 21 y Facundo Muller (paradójicamente asistente de Lamas en Ben Hur), como encargado de juveniles y cadetes. Los dirigentes, además, dieron a entender que era el favorito de Manu Ginóbili, incluso sosteniendo que así se lo había expresado en el All Star Game de la NBA a Muratore. Un par de datos eran, al menos, inexactos. Si bien es cierta la amistad de Manu con Sánchez, también lo es que el jugador de los Spurs tiene una excelente relación con Hernández. Ginóbili no utilizaría su influencia sobre Hernández a favor de Sánchez. Sí, quizá, por ellos sobre otros candidatos.

Sánchez aparecía ahora como el principal candidato, a pesar de que, mientras tanto, los dirigentes seguían gastando pulsos telefónicos buscando la manera de convencer a Lamas. Ya habían aceptado darle libertad total con el cuerpo técnico (¿Hernández y Tolcachier?), pero era un poco tarde y todo en medio de un manoseo difícil de soportar para el de Ben Hur.

Las horas pasaban y faltaba muy poco para el nombramiento oficial. Fecha y hora prevista: 29 de marzo de 2005 a las 16 hs.

Los medios no tenían dudas: era Lamas o Sánchez. Así lo hacía creer las declaraciones de Hernández el día anterior. “Me siento afuera”. Hernández, contra una parte de la corriente, pensaba que Lamas aflojaría al final y daría el sí. A las 20.30, el vicepresidente soltó la noticia: “Sergio Hernández”.

¿Cuál había sido el motivo de semejante espera? Muy simple. Hasta casi las 7 de la tarde, los dirigentes insistieron con Julio Lamas, con quien mantuvieron una teleconferencia telefónica de más o menos una hora para concretar el último intento. “No, Horacio, les agradezco pero no acepto”, fue la frase final de Lamas. “No se dieron las condiciones profesionales que tenían que darse”, diría lugo Lamas, “pero debo reconocer que como persona me trataron con muchísimo respeto”. Allí, entonces, se decidieron por Hernández.

Menos de una hora y media después de la negativa de Lamas, Hernández era elegido el nuevo entrenador de la selección argentina hasta el 2008, sin cláusula de salida y con la libertad absoluta para elegir a sus colaboradores. El misterio estaba resuelto.

Hernández se rodea

Una vez nombrado seleccionador, Sergio Hernández dio una muestra de conducción al anunciar en el equipo sub 21 a dos de los entrenadores de la Liga que terminaron entre los seis mejores equipos del torneo: Gonzalo García (3º con Libertad) y Guillermo Narvarte (6º con Peñarol). Irrefutable decisión. Dos hombres jóvenes, capaces, con proyección y muy buenos antecedentes.

El problema llegó a la hora de elegir a sus ayudantes directos en la mayor. Aquí Hernández demostró otra vez que más allá de la imagen carismática y quizá arrogante que emana en su histriónica forma de dirigir, es profundamente ubicado y humilde a la hora de tomar las decisiones importantes que su nuevo cargo exige. Por eso llamó a Julio Lamas para pedirle que fuera su mano derecha, ofreciéndole un lugar que Lamas tomó con mucha gratitud. También le pegó un telefonazo a Enrique Tolcachier, único miembro del equipo anterior que podría permanecer en la selección.

Y el resultado fue una buena y una mala. Tolcachier aceptó (aunque con condicionamientos por su nuevo cargo de entrenador de Atenas de Córdoba) y Lamas, no.

La negativa de Lamas será todo un problema para Hernández, que quizá no se demuestre este año, donde no hay competiciones serias con el equipo campeón olímpico completo, sino el clasificatorio para el Mundial (donde Argentina ya tiene un sitio por ser medalla de oro en Atenas 2004), donde podrá probar a algunos jugadores y donde deberá llevar, salvo cambios de último momento, a García y Narvarte como ayudantes, algo impensado hace un tiempo.

Hernández no está en condiciones de utilizar todo su crédito inicial en el desgaste diario de la convivencia con los jugadores por no poder contar con un asistente con espaldas anchas cuya mayor importancia no será scoutear a los rivales, sino hacer de nexo con un plantel de pesos pesados que, por buena gente que sean, tienen un nombre y prestigio al que hay que saber tratar.

“Era demasiado reciente la negociación por ser el entrenador principal y me pareció que no era el momento. Dejo las puertas abiertas para el futuro, pero obviamente sin ninguna pretensión”, dijo el ex entrenador del Madrid y reciente campeón de la Liga Argentina con Ben Hur de Rafaela.

Los jugadores

Hernández está convencido de que al menos en el proceso por el que firmó contrato con la Confederación (hasta los Juegos Olímpicos del 2008), no sufrirá grandes cambios en la composición del plantel principal. Sabe que de ahora en más no será sencillo conformar los grupos de los campeonatos de años impares (Torneos de las Américas) pero confía en que el plantel base (Ginóbili, Scola, Nocioni, Oberto, Delfino, Sánchez, Fernández, Herrmann) será el mismo hasta China.

Decíamos que lo difícil será en los años impares y este 2005 lo es. Analicemos lo que puede ocurrir en su primer plato fuerte, el Premundial de República Dominicana, entre fines de agosto y principios de setiembre.

De los campeones olímpicos, no irán por distintos motivos los siguientes jugadores: Alejandro Montecchia (retirado de la selección), Pepe Sánchez (descanso), Manu Ginóbili (descanso), Andrés Nocioni (descanso), Fabricio Oberto (descanso), Luis Scola (descanso), Walter Herrmann (descanso) y Hugo Sconochini (retirado de la selección). Carlos Delfino fue citado, pero no podrá ir ya que Detroit le tiene preparada una pretemporada movidita como escarmiento por su lengua larga cuando fue desafectado de los Pistons para los Playoffs y tiró la bronca contra todo el mundo.

De las alternativas fijas en la base, Hernández citó pero no podrá contar con Prigioni (terminada su temporada en el Tau se ha operado de una vieja lesión), por lo que en Dominicana tendrá a unos cuantos jugadores nuevos. Por haberlos tenido a lo largo de su carrera, conocerlos de cerca o por estar en buenos momentos deportivos, Hernández nombró a Daniel Farabello, Nicolás Gianella y dio la sorpresa convocando al pibe Antonio Porta (Livorno de la A1 italiana). Entre el resto de los citados, probará a jugadores de reconocida calidad pero prácticamente nula participación en selecciones: Víctor Baldo (Gran Canaria de España), Hernán Jasen (Adecco Estudiantes), Roberto Gabini (Tau Cerámica) y Paolo Quinteros (Boca). También sorprendió un tanto con el chico Diego Romero, un pivote de 22 años y 2.06 que juega en la Universidad de Florida State y a quien prácticamente nadie ha visto jugar en los tres últimos años.

Uno de los problemas lo tendrá en la base, donde sin Montecchia, Sánchez y Prigioni deberá prácticamente inventar un grupo nuevo. Entre los escoltas/aleros le pasará algo parecido. Con Delfino tenía un problema menos. Igual tendrá que salir a buscar opciones con Jasen, Gabini y Kammerichs (entre los que están en Europa) y Quinteros, Diego García y Mázzaro (entre los que juegan la Liga).

Con los internos no la tendrá fácil tampoco. Es de suponer que Gabriel Fernández y Leo Gutiérrez estarán, por lo que aquí quizá no se hagan tantas innovaciones, salvo la comentada de Romero y la chance para Juan Gutiérrez (Granada) y Diego Lo Grippo (Cantabria). Ellos, junto con Román González y Martín Leiva, tendrán una chance. Víctor Baldo, en tanto, un ex ovejista, sólo estuvo en el Sudamericano 2001 y aquí se jugará por una nueva oportunidad.

La
El estilo del seleccionador

El nuevo entrenador de la selección argentina es un convencido de que el estilo de juego de un equipo, más que el técnico, lo imponen los propios jugadores. “Hace unos años, cuando la Argentina iba a competir a los torneos internacionales, intentaba hacer un juego de control que no sentía porque físicamente nos pasaban por arriba. Pero la realidad es que ése no era nuestro estilo de juego. Este grupo campeón olímpico demostró que había otra identidad con la que ellos se identificaban y que se puede ganar jugando rápido, sin pinchar el balón”, dice el Oveja. Es cierto. Este equipo, desde su irrupción en Neuquén 2001 e incluso antes (Sudamericano, Preolímpico y Panamericanos en 1999) ya jugaba distinto a años anteriores. Rubén Magnano quizá le puso su sello en cuando a la disciplina y orden táctico, que Lamas había empezado a desplegar en 1999 luego de la purga posterior al Mundial de Grecia en 1998, cuando empezaron a verse los primeros síntomas.

Más allá de eso, está claro que el proceso Hernández será distinto al de Magnano mucho más en lo no basquetbolístico que en lo deportivo. El bahiense seguramente intentará ponerle su marca a la forma en la que juegue el equipo, pero indudablemente se notará más el cambio en otras cosas, empezando por su relación con la gente.

Magnano nunca fue un hombre extremadamente abierto (tampoco irrespetuoso) y su relación con la prensa, si bien no fue mala, tampoco fue considerada. Ejemplo: en la gira previa a los Juegos Olímpicos del 2004, no dejó ver un partido amistoso ante Puerto Rico a tres periodistas argentinos que estaban allí cubriendo al equipo. Una falta de tacto de la que Magnano nunca se preocupó demasiado. Su lema era “al que le guste bien y, al que no, que se embrome”.

Hernández es exactamente lo opuesto en este aspecto. Siempre se caracterizó por mantener fluidos contactos con periodistas y medios. De hecho trabajó durante el Mundial del 2002 para ESPN como analista y en los Juegos del 2004 hizo lo propio en TyC Sports. Jamás negó la cámara de TV en sus tiempos muertos ni escapó a entrevistas o invitaciones a canales, radios o diarios. Una forma de entender el espectáculo mucho más moderna que su antecesor. Eso le trajo algún detractor pero infinidad de fans.

Del mismo modo, seguramente Hernández cambiará la forma de relacionarse con los jugadores argentinos, tanto con las estrellas como con los juveniles. En la era de la globalización, Magnano nunca fue muy apegado a Internet y tampoco a los viajes para ver en vivo a sus jugadores, como tampoco a regulares llamadas telefónicas. Prefería utilizar el desgaste lógico de toda convivencia directamente en las concentraciones y torneos en los que se juntaban. Esto no quiere decir que no haya hecho un par de incursiones por Europa y Estados Unidos, pero sin que le quitaran el sueño.

Hernández, en cambio, es un habitual del Messenger en Internet (donde chatean entre sí casi todos los jugadores de la selección, como así también varios entrenadores), medio por el que, de hecho, se comunica regularmente con Manu Ginóbili, Wolkowyski y varios otros jugadores. También pretende hacer por lo menos un viaje a Europa y otro a los Estados Unidos una vez comenzada la temporada internacional 2005/06 para ver en vivo a sus hombres y poder hablar con ellos. Un sistema distinto al anterior. Ni mejor ni peor. Distinto.

Está en marcha un nuevo proceso, en el que hay mucho por ganar, pero también por perder. Los últimos tres años del baloncesto argentino serán casi imposibles de igualar, con todo lo que eso significa. Hernández lo sabe, y aceptó el desafío.