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Mirza Delibasic: El último romántico (y II)

Mirza Delibasic marcó toda una época en el baloncesto balcánico, donde ganó casi todo lo que estaba en juego. Por eso, muchos de los grandes equipos europeos intentaron hacerse con sus servicios, aunque fue el Real Madrid el elegido por el jugador. En esta segunda entrega de su vida, que incorporamos a la serie sobre los Históricos de la Liga Nacional, nos detendremos en su etapa en el equipo blanco y en los malos momentos vividos durante la guerra que asoló su país. Vladimir Stankovic, que vivió con él su última visita a Madrid, nos ofrece una particular visión de este "último romántico del baloncesto"

Mirza Delibasic se reunió con los que habían sido sus compañeros en la selección en el otoño de 1985
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Real Madrid

Tras ganar (casi) todo lo que se podía ganar en Yugoslavia, incluso las ligas de 1978 y 1980 y la Copa de 1976, Mirza en el verano de 1981 firmó por el Real Madrid. Podía haber fichado por quien quisiese, le buscaban todos los clubes más grandes de Europa, pero él eligió Madrid. En sólo dos años ganó la Copa Intercontinental en 1981 y la Liga Española en 1982, pero también ganó simpatías y amigos para siempre. Me acuerdo de un titular en el diario “As”, en la portada: “Los jugadores del Real Madrid no entienden la genialidad de Mirza”. Dentro, un gran reportaje firmado por Martín Tello. Preparando este articulo le pregunté a mi amigo Martín si se acordaba de ese articulo. Me dijo:

-No, pero era así. Mirza ha jugado un basket por delante de su tiempo.

En la temporada 82-83 coincidió en el Real Madrid con su gran amigo Drazen Dalipagic quién jugó sólo la Copa de Europa ya que el reglamento interno permitía sólo un extranjero mientras en las competiciones de FIBA permitían jugar a dos. En Zagreb todavía hablan sobre un partido ante Cibona cuando “la doble D” metió 63 puntos, uno 33 y el otro 30.

Dejó Madrid por su propia voluntad, con contrato en vigor. Al final de la temporada 82-83. El Real Madrid buscaba un hombre alto, pero el puesto de extranjero estaba ocupado por Mirza. Un día se dirigió al entrenador Lolo Sainz:

-Me voy, el club necesita un pívot - dijo con su tranquilidad habitual y el mismo día, pagando en metálico, se hizo socio del Real Madrid. Dejó un montón de amigos y un enorme cariño del publico.

Las ofertas no le faltaban, tenía 29 años y muchas temporadas por delante. Eligió el Indesit de Caserta por su amigo y entrenador preferido, Bogdan-Bosha Tanjevic. En agosto, durante el “stage” de pretemporada, sufrió el derrame celebrar. Desde un primer momento estaba claro que su carrera había terminado, pero quedaba la lucha por su vida. Su recuperación fue en Belgrado, en un famoso hospital militar, y fue lenta pero con éxito. Cuando salió tenía muchas posibilidades de vivir muchos años, pero los médicos fueron claros: tenía que cuidarse mucho, llevar una vida tranquila, ordenada, nada de tabaco, nada de alcohol... Desoyó a los médicos desde el inicio, fiel a su fatalismo.

En el otoño de 1985, como jefe de deportes en el diario “Borba” de Belgrado, organicé junto con la Federación un espectacular encuentro entre los “chicos de oro”, mayoritariamente ya retirados, y la nueva selección. El antiguo pabellón en Nuevo Belgrado se quedó pequeño, más de 5.000 personas compraron sus entradas, incluso nosotros, los organizadores, porque todo el dinero era a beneficio de una región en la montaña Kopaonik que había sufrido un fuerte terremoto. Todos acudieron a la llamada: Zeljko Jerkov, Damir Solman, Dragan Kapidzic, Milun Marovic, Rajko Zizic, Zarko Varajic, Kresimir Cosic, Dragan Kicanovic, Nikola Plecas, Zoran Slavnic, Rato Tvrdic y Drazen Dalipagic. El entrenador era Mirza Delibasic. Por desgracia, tres de ellos (Cosic, Delibasic y Zizic) ya no siguen vivos. Fue un espectáculo inolvidable.

La guerra

Los años pasaban, Mirza vivía en Sarajevo con su segunda mujer Slavica Suka, ex jugadora de Zeljeznicar y de la selección yugoslava entre 1980 y 1986. Entre los dos han vestido 333 veces la camiseta de la selección. Mirza estaba cerca del Bosna, pero sin ganas de vivir al día el baloncesto. Prefería su circulo de amigos, su “raja”, un término intraducible, igual como su apodo “Kindje”. “Raja” (pronunciar “raya”) es un típico termino bosnio que significa un puñado de amigos, una peña, un grupo con la misma o similar mentalidad y esferas de interés. Vivía una vida intensa, todo lo contrario de lo que aconsejaban los médicos, pero su filosofía era algo así como “sólo se vive una vez”... Allí, en Sarajevo, rodeado por sus amigos, le pilló la guerra. Como casi todos en Bosnia-Herzegovina, no creía que la guerra afectaría su territorio, ni siquiera cuando estalló muy cerca, primero en Eslovenia y después en Croacia. Pero el 6 de abril, en el mismo día en que el Bosna fue recibido como campeón de Europa en 1979 y tan sólo 13 años más tarde, estalló. Mirza se quedó allí, en Sarajevo, sufriendo bombardeos diarios como todos los ciudadanos. Aprovechó la oportunidad de mandar su mujer y su pequeño hijo Danko a Trieste, por supuesto a casa de Bosha Tanjevic, pero él se quedó y siempre volvía. Salió con la selección Bosnia para el Europeo de 1993 en Alemania, pero volvió para estar con su gente.

En plena guerra, que incluye también la guerra mediática, un diario de Belgrado publicó un articulo que me avergonzaba. El titular era: “Mirza Delibasic, el dueño de un burdel donde se violan a mujeres serbias”. Me pasaron el articulo por fax y no me lo podía creer. La cantidad de barbaridades escritas era insoportable. Sabía que no era cierto, que no era posible, que Mirza ni loco era capaz hacer algo así. Como serbio, sentí impotencia y una enorme vergüenza . Muchos años más tarde , dolido pero sin rencor, me comentó:

-¿Violador yo? Me he casado dos veces con mujeres serbias, tengo dos hijos de madres serbias... Es increíble hasta donde hemos llegado...

Sí Mirza, era increíble, pero gracias a gente como tú y tus ejemplos de tolerancia hemos vuelto al mundo normal, aunque todavía con muchas heridas abiertas...

Hablé con él varias veces cuando estaba con la selección en Eslovenia o Croacia porque los teléfonos de Sarajevo estuvieron varios años sin funcionar. Me encontré con Mirza en Junio de 1995 en Sofía, durante el torneo adicional que la FIBA montó antes del Europeo de Grecia para dar una oportunidad a Yugoslavia de participar después de tres años de sanciones internacionales. Todos estuvimos en el mismo hotel. Los encuentros diarios fueron inevitables. Las heridas todavía muy vivas. La tensión era visible, pero Mirza era el de siempre. Abierto, amable, tolerante. Hablaba mucho con Dragan Kicanovic, entonces director de la selección yugoslava, su compañero en selección desde 1971 hasta su retirada en 1982. Delibasic era el director de la selección bosnia, Kicanovic el director del equipo yugoslavo, compuesto ya sólo por serbios y montenegrinos. Quién diría eso 5 o 10 años atrás...Desde Sarajevo llegó una orden del gobierno bosnio: no se puede jugar contra Yugoslavia. Mirza, lo sé, no estaba de acuerdo ya que como deportista quería competir, pero tenía que cumplir. Bosnia-Herzegovina no se presentó, Yugoslavia ganó sin jugar, ganó en la cancha a Bulgaria y Turquía y se clasificó para el Europeo de Atenas. Allí revalidó el titulo de campeón de Europa conseguido en Roma 1991, el último con la Yugoslavia unida aunque antes de la semifinal el esloveno Jure Zdovc, por el orden de su gobierno, abandonó la selección.... En 1993 no participó por las sanciones.

Madrid, última vez

En su última visita a Madrid, su hijo Danko conoció el cariño de los aficionados hacia Delibasic
En los siguientes cinco años no volví a ver a Mirza Delibasic. Me llegaban rumores de que su salud estaba peor, que no se cuidaba nada. Algunas veces habíamos hablado por teléfono, siempre me preguntaba por el Real Madrid y sus amigos Brabender, Corbalán, Rullán... Apreciaba mucho la ayuda del Real Madrid durante la guerra.

Cuando en el otoño de 2000 arrancó la nueva Euroleague, no tardé ni dos minutos en convencer a Jordi Bertomeu, el consejero delegado, que Mirza Delibasic sería un invitado ideal para el partido inaugural que el 16 de octubre de 2000 jugaban el Real Madrid y Olympiacos. Quedaba el trabajo más complicado: convencer a Mirza. Ya sabía que se movía poco y que no le gustaba viajar. La primera conversación fue sin éxito: no dio un rotundo “no”, pero lo parecía. Me dijo: “llámame mañana, voy a pensármelo esta noche”. Al día siguiente me dijo:

- ¿Puede ir conmigo mi hijo Danko, que tiene 15 años?
- Claro que sí- dije sin preguntar a nadie, feliz por llevar a buen puerto la idea. Pero no fue así. Al día siguiente me llamo Mirza diciendo que no venía porque en la embajada española en Sarajevo le pedían un montón de documentos para darle el visado, que él no puede reunir en 24 horas... Entiendo las reglas, pero no entiendo a la gente. No digo que todo el personal de la embajada tenga que ponerse en pie cuando entra Mirza Delibasic, pero sí que merecía un trato un poco diferente que cualquier ciudadano bosnio... Jordi Bertomeu tuvo que explicar al embajador español quién era Mirza Delibasic y pedir el favor para su visado...

Mirza finalmente llegó, acompañado por su hijo. Estaba muy contento. Otra vez en Madrid, su Madrid. Entre amigos. Su hijo, un chaval con ojos grandes y muy abiertos, vivía con una inmensa ilusión todo que rodeaba a su famoso padre. Y entendí porqué Mirza quería llevar a Danko: sabía que era su última visita a Madrid y quería enseñar a su hijo sólo una parte de lo qué él vivió en la capital española 20 años antes. Teníamos previsto que Mirza bajase desde el palco en “su” pabellón “Raimundo Saporta” hasta el centro del campo cuando el “speaker” oficial anunciase su presencia, pero me pidió quedarse en el palco. Su pierna ya no soportaba las escaleras... Cuando se anunció su presencia, el aplauso, muy cariñoso, duró unos varios minutos. Danko miraba con los ojos abiertos... Pudo comprobar que todo lo que había oído sobre su padre era maravillosamente cierto.

Unos 14 meses más tarde , el 8 de diciembre de 2001, Mirza murió. Tenía sólo 47 años, pero él -con su especifico y negro sentido del humor - bromeaba que “había vivido el doble”, la mitad de día y la otra mitad de noche... Su entierro reunió a toda la ex Yugoslavia, muchos de sus compañeros de todas partes vinieron para darle el último adiós. Su Tuzla natal dio su nombre a una calle, su Sarajevo en que ganó la fama tardó pero finalmente decidió renombrar el mítico pabellón “Skenderia” (pese a la oposición de una organización islámica que se oponía por guardar la memoria de una Mezquita, destruida por los comunistas), que pasó a llamarse “Centro Mirza Delibasic”. Allí, en el Bosna de hoy en día, juega su hijo Danko. Su hijo mayor, Dario, también jugó al baloncesto y ya tiene un hijo. La dinastía Delibasic sigue, pero cada nuevo miembro, con el balón de baloncesto en las manos, tendrá un reto casi inalcanzable: superar a Mirza, toda una leyenda. El último romántico del baloncesto.

FICHA PERSONAL

Mirza Delibasic
09-01-1954, Tuzla - 08-12-2001, Sarajevo

Trayectoria
1968-1972 Sloboda Tuzla
1972-1981 Bosna Sarajevo
(unos 700 partidos y unos 14.000 puntos, no hay datos precisos)
1981-1983 Real Madrid

Titulos con Bosna
Campeón de Yugoslavia 1978 y 1980
Campeón de Copa 1976
Campeón de Europa 1979

Títulos con el Real Madrid
Copa Intercontinental 1981
Liga española 1982

Títulos con las selecciones yugoslavas:
Campeón de Europa cadete 1971 en Gorizia (Italia)
Campeón de Europa junior 1972 en Zadar (hoy Croacia)
Campeón de Europa 1975 en Belgrado (Yugoslavia) y 1977 en Liega (Bélgica)
Campeón del mundo 1978 en Manila (Filipines)
Campeón olímpico 1980 en Moscú (URSS)
Sub-campeón de Europa 1981 en Praga (hoy Chequía)
Medalla de bronce el Europeo de 1979 de Torino (Italia)
Medalla de plata en Olimpiada de Montreal 1976
Medalla de bronce en el Mundial de 1982 en Columbia
Campeón de los Juegos Mediterráneos 1975 en Algeria
Sub-campeón de Juegos Mediterráneos 1979 en Split
Campeón de los Balcanes 1974 y 1979

Con la selección absoluta jugó 176 partidos (147 victorias, 83,5%), 1759 puntos.
Con la selección “B” jugó 11 partidos y anotó 59 puntos.
Con los juniors jugó 11 partidos y marcó 197 puntos.
Con la selección cadete en 7 partidos anotó 99 puntos.