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Nenad Markovic: "Jugar en la ACB me permitió alejarme de la guerra"

Nenad Markovic es un viejo conocido de la ACB. El hoy entrenador del Panionios griego es uno de los personajes más populares de Sarajevo, donde a cada paso la gente le saluda, o le detiene para o hablar de baloncesto. . Jacobo Rivero, inmerso en la preparación 'Historias del mundo alrededor del baloncesto', charló con él

Nenad Markovic en su etapa valenciana
© ACB
  

Sarajevo (Bosnia), Junio 2010.- Filipinas, Caracas, New York, Palestina, Bahía Blanca o Sarajevo son algunos de los lugares que protagonizarán los distintos capítulos del futuro libro \'Historias del mundo alrededor del baloncesto\', de Jacobo Rivero, entrenador de la cantera de Asefa Estudiantes y colaborador del departamento de comunicación del club. Jacobo ha pasado unos días en Sarajevo. Allí ha aprovechado para hablar con Nenad Markovic, quien fuera jugador de Joventut, Pamesa Valencia, Estudiantes y Murcia. Una interesante charla sobre balonceso. Puro y duro.

¿Cuál es la situación actual del baloncesto en Bosnia?
Nosotros decimos que la situación del país se refleja en el deporte, y actualmente es bastante caótico. Hay poca preocupación e implicación para que el deporte, y no hablo sólo del baloncesto, sea la bandera de un país joven como Bosnia y Herzegovina. Es una lástima, tenemos un buen ejemplo de planificación como Croacia que tiene muchos deportistas en primera línea. Aquí hay jugadores muy buenos, como Mirza Teletovic en el Caja Laboral, pero que al ver que las cosas no se están haciendo bien no quieren implicarse en el equipo nacional. Hay demasiados políticos dirigiendo el deporte, y eso es un problema.

Yugoslavia fue un referente del baloncesto europeo hasta su desintegración. Uno de los jugadores más importantes fue Mirza Delibasic, símbolo también del baloncesto bosnio. ¿Cuál es su legado?
Mirza Delibasic fue uno de los jugadores más importantes de todos los tiempos en el baloncesto europeo. Fue mi entrenador, mi amigo personal, y una gran ayuda en mi carrera profesional. Como persona fue un ejemplo que nos ayudó mucho a los jóvenes para saber qué era el baloncesto y la vida. Mirza fue muy querido en todo el mundo, nunca habrá alguien como él. Su mayor cualidad era la sencillez y la honestidad, y eso, para un jugador importante, es lo más difícil. Era directo y muy claro, con un corazón enorme. Nunca se aprovechó de su nombre, y siendo ya un héroe para nosotros siempre le gustaba ser uno más. Habría podido vivir mucho mejor, incluso cuando la guerra salir de Sarajevo, pero nunca quiso alejarse de los suyos.

¿Cuál era la característica principal de aquél baloncesto yugoslavo que durante años maravilló a medio mundo?
Había una serie de entrenadores fantásticos, y jugadores de un talento enorme que eran muy buenos amigos. Gente como Kicanovic o Cosic eran muy listos en la cancha, y sabían ser líderes dentro de una cancha. Delibasic era un jugador muy fino, pero la combinación de aquellos jugadores hizo que durante años la personalidad de los equipos yugoslavos fuera especial. Con Bogdan Tanjevic de entrenador no había muchos sistemas, pero sí mucha preparación física y trabajo de técnica individual. Se unía la capacidad individual del jugador a una forma física tremenda, y la combinación de aquellos elementos, más la buena relación en el vestuario, hacia que los jugadores saltaran a la pista con una motivación tremenda. Además la Liga entonces era muy competitiva, y eso ayudaba a que los jugadores adquirieran mucha responsabilidad en sus respectivos equipos.

Nenad Markovic ante un jovencísimo Mumbrú (Foto Euroleague)
Estuviste con jugadores como Drazen Petrovic o Toni Kukoc en la selección, ¿qué recuerdo tienes de ellos?
Estuve en el equipo nacional de Yugoslavia en el año \'90, en la preselección del Mundial de Argentina. Fue una experiencia increíble. El entrenador era \'Duda\' Ivkovic y recuerdo que había mucho talento y muchísimo trabajo. Había mucha unidad en el grupo, y aquél campeonato del mundo demostró que era un grupo de jugadores impresionantes que ganaron sin excesiva dificultad a todos los contrarios, incluido EEUU.

Poco después llegaría el proceso de desintegración y la guerra de los balcánes. ¿Cómo se vivió desde el mundo del baloncesto?
Fue un momento muy difícil. Nunca hubo ningún conflicto serio entre los jugadores. En aquella época la prensa hizo mucho daño, y se magnificó alguna declaración de jugadores para dar la razón a los políticos que querían la guerra. En general éramos amigos, y daba igual el origen de cada uno de nosotros. Había gente que teníamos familiares de distintas comunidades y orígenes, y aquello era una locura para un grupo de jugadores jóvenes. Yo tuve que salir de Sarajevo para no participar en la guerra, porque era imposible para mí verme en la situación de tener que disparar contra los que hace poco habían sido mis amigos. Yo lo único que sabía era jugar al baloncesto, y era lo que quería. El ir a la ACB con el Llíria fue realmente una gran oportunidad de salir de aquella situación tan complicada.

¿Cómo fue tu llegada a la ACB?
Todavía hoy digo que la gente de Llíria es como mi segunda familia, y después de Sarajevo es la ciudad en la que mejor me siento. Puedo ir a saludar a los viejos amigos y tomar café con ellos. Tuve mucha suerte en llegar a un sitio pequeño, que les gustaba el baloncesto y con tan buena gente. Ellos sabía de dónde venía y me ayudaron mucho. El entrenador era Andreu Casadevall y fue mi primera experiencia cuando yo no sabía nada de español ni casi inglés. En pocos meses aprendí el idioma y me adapté muy bien.



A partir de ahí intercalaste temporadas en otras competiciones (Hapoel de Tel Aviv o CSP Limoges) con regresos a la ACB, primero al Joventut, más tarde Valencia y Estudiantes, y al final de tu carrera en el CB Murcia...
En Badalona llegué tras la Euroleague del \'94, con la llegada de Pedro Martínez al banquillo y en una plantilla estupenda con Villacampa, los hermanos Jofresa, Mike Smith, o Juanma Morales. Un equipo histórico donde era el tercer extranjero. Creo que no me adapté al nivel de exigencia de la Penya. No jugué bien en una temporada de transición, pero allí conocí a mi mujer y mantengo muy buenas amistades. De Valencia tengo muy buen recuerdo, un gran equipo, fue una buena temporada, con el subcampeonato de la Copa del Rey, y un gran entrenador como Miki Vukovic. Al año siguiente en Estudiantes tuve la suerte de trabajar a las ordenes de Pepu Hernández, y en un club que se adaptaba muy bien a mi mentalidad. Cuando Pepu me llamó para incorporarme al equipo me hizo mucha ilusión. Ya tenía referencia de ellos desde mi época de juveniles, en que me enfrenté a Estudiantes en el campeonato de San Josep. El Estudiantes era como el Bosna KK, un equipo con una personalidad muy particular, y con una afición que ya había visto antes que era \'especial\'. Además, ir a vivir a Madrid era muy importante para mí. Me encontré con un club donde se trabajaba mucho y además te lo pasabas bien. Eso para un jugador es muy importante, siendo además un equipo muy competitivo. No tenía la costumbre de tener una relación tan buena, de tanta confianza y diálogo, como la que tuve con Pepu. Me sentí muy cómodo con él y con el club. Creo que mis mejores partidos en ACB los jugué allí. Mi última experiencia en ACB fue complicada, yo estaba ya muy gastado, resentido de una lesión en la rodilla, y no pude implicarme en un equipo como Murcia, que subía y donde me habría gustado dar mucho más. Fue el momento de pensar en volver a mi casa y terminar mi carrera en el equipo de mi ciudad, en el que empecé a jugar al baloncesto, el Bosna KK de Sarajevo.

Jugaste en varias etapas en la liga griega, y actualmente eres el entrenador del Panionios. ¿Cómo ves el baloncesto griego?
En Grecia se vive mucho el baloncesto. Es una competición muy dura, no de tanta calidad como en España, pero es una liga para jugadores de mucho carácter. Una experiencia muy buena, porque después de jugar en Panionios he podido ser entrenador del equipo con muy buenos resultados.

¿Por qué esa intensidad de los aficionados griegos que ha desembocado en acontecimientos tan lamentables como los de la última final entre Panathinaikos y Olympiacos?
Para ellos es como una religión. El amor por sus colores llega hasta la enfermedad, y puede ser peligroso. Lo cierto es que si pierdes y has luchado no hay problema. Nosotros perdimos contra Panathinaikos en el último minuto éste año, y el pabellón se quedó lleno, aplaudiendo durante media hora porque habíamos luchado hasta el final. Es un poco como el fútbol en Inglaterra, el esfuerzo es reconocido. Lo ocurrido en la final entre Panathinaikos y Olympiacos es habitual, y tiene muchos culpables. Hace falta más seguridad, y ser mucho más estrictos en la aplicación de las leyes.

¿Qué balance haces de tantos años en el baloncesto europeo?
Soy un afortunado. He podido trabajar junto a jugadores y entrenadores muy buenos, en distintos lugares de Europa. He aprendido mucho de entrenadores como Tanjevic, Delibasic, Pepu, Vukovic, Pedro Martínez... Para mí la ACB es la mejor competición en el mundo tras la NBA, sin duda. Los equipos españoles son los mejores del continente, con los mejores jugadores, entrenadores, y organización. La selección española es un reflejo de ello. Espero poder un día volver a España para entrenar un equipo, sería una ilusión muy grande porque allí tengo grandes amigos.

* En el blog del autor, sputnikbasketblog.blogspot.com , pueden acceder a un pequeño relato sobre el asunto de Sarajevo, el baloncesto, y la guerra en los Balcanes.