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Enemigos íntimos

Cuatro torneos, cuatro medallas. Encontrarse con Grecia es sinónimo de medalla para España y, desde el Mundial de Japón de 2006, cada verano ambos equipos se han enfrentado con la suerte siempre sonriendo a los españoles

Navarro es protagonista de una historia con muchos capítulos escritos en los últimos años (Foto FIBA Europe/Ciamillo-Castoria)
© FIBA Europe / Ciamillo-Castoria
  

Estambul, 3 Sep. 2010.- Este sábado se reedita una edición del clásico moderno por antonomasia en el baloncesto mundial. España y Grecia vuelven a cruzar caminos cuando las medallas vuelven a estar en juego. Desde que se vieran las caras en la final de 2006 la rivalidad entre los dos equipos ha crecido hasta convertirse en el gran duelo del baloncesto continental, no en vano estamos ante las dos mejores selecciones europeas de la década. Equipos que han llenado la historia de sus combinados nacionales a partir de enfrentamientos épicos y frente adversarios sin los cuales no se entendería su pasado y que engrandecen sus gestas.

Por séptima vez en los últimos años las dos selecciones se enfrentarán en busca del oro. En los seis partidos anteriores la suerte siempre sonrió a una España que parece tenerle tomada la medida a Grecia, pues la última derrota en partido oficial data del preeuropeo de 2003 cuando la selección cayó en Atenas. Desde entonces se han visto las caras en los últimos cuatro torneos y la victoria siempre cayó del lado español.

Una situación que los hombres de Sergio Scariolo desearán repetir pero que no será nada fácil porque la herida marcada en el orgullo heleno es profunda y sólo comparable a sus ansias de revancha. Sin embargo, quizá esa larga tradición de combates deportivos y la similitudes culturales y de carácter nos hacen pensar que, éste sábado cuando el reloj marque el final del encuentro, sea cual sea el resultado, todos sabrán que no será el final de esta historia sino el comienzo de un nuevo capítulo entre dos enemigos que con sus duelos hacen más bello este deporte.

Una rivalidad forjada en una década prodigiosa

Curiosamente para encontrar el inicio de esta rivalidad debemos trasladarnos doce años atrás en el tiempo y 563 kilómetros de distancia. En la ciudad de Varna (Bulgaria) en 1998, la generación de los Junior de Oro comenzó a forjar su leyenda dorada cuando se llevó el Eurobasket. Para hacerlo se impuso en la final a Croacia (81-70) y a Grecia en semifinales por 89 a 88. Fue un partido durísimos, con una gran tensión y sólo resuelto con una canasta final de Raül López, autor de 27 puntos sobre la bocina.

Grecia partía como clara favorita y cuentan quienes estuvieron allí presentes que era tal la rabia helena que el padre de Antonis Fotsis acabó rompiendo el tablero del pabellón. De aquella selección todavía hoy perduran tres juniors de oro y, además de Raül, Felipe Reyes (nueve rebotes y 11 puntos aquel día) y Juan Carlos Navarro (10 puntos) volverán a cruzarse con un equipo donde sólo Fotsis ha superado el paso del tiempo.

Un año más tarde, y también siendo júniors, los españoles se volverían a medir a los griegos aunque el resultado en Portugal sería distinto y Grecia se impuso en la fase de grupos por 68 a 78 con un enorme Diamantopoulos (25 puntos). Aquella derrota sería sólo un tropiezo menor, pues España lograría conquistar el título mundial y dar paso a así la década de mayor éxito en el baloncesto español.

Años donde cruzarse con Grecia ha sido sinónimo no sólo de victoria sino también de medalla. En 10 años, ambas selecciones se han medido en los últimos cuatro campeonatos y en todos ellos, no sólo España ha salido vencedora sino que ha conquistado una medalla en cada torneo.

De hecho para encontrar la última derrota en partido oficial entre ambas selección hay que remontarse al 2002 cuando, en plena temporada liguera, España tuvo que jugar en Atenas un partido del preeuropeo. Entonces, sin Pau Gasol y Juan Carlos Navarro, apenas pudo presentar resistencia y fue claramente superada por 86 a 73 Alvertis (19 puntos) y Rentzias (16 puntos y 16 rebotes), dos jugadores de la vieja guardia helena, convertidos en protagonistas absolutos del choque.

Para encontrar la otra derrota española en esta década hay que viajar a Madrid en 2005 cuando en el último partido amistoso antes del Eurobasket de Serbia, Grecia venció por 80 a 88. Fue un partido bronco y donde el mayor oficio de los Papaloukas y compañía superó a España. Grecia llegaba con una generación en su plenitud y semanas más tarde se coronaría campeona de Europa.

Dos derrotas que, curiosamente llegaron sin Paul Gasol. Si en el 2002, la competición NBA imposibilitaba su viaje a jugar partidos de clasificación, el verano de 2005 fue el de la primera ausencia del pívot en el equipo. Un dato que debe preocupar hasta cierto punto, pues existe un dulce precedente sin Gasol, nada más y nada menos que la final del Mundial de 2006.

España y Grecia se enfrentaban en la final del mundial y lo hacían con ánimos contrapuestos. Si bien es cierto que la alegría de alcanzar la final estaba en ambos equipos. El sufrimiento del partido jugado hasta el límite contra Argentina y la tristeza de la lesión de Pau Gasol enturbiaban el éxito conseguido. Por el contrario, en Grecia todo era felicidad una vez que en semifinales había superado con claridad y contundencia a la Estados Unidos de Lebron James, Dwyane Wade y compañía.

Sin embargo, aun siendo favorita, Grecia tuvo que sucumbir al poder de aquella España que extramotivada por la oportunidad de brindar aquel título a su compañero disputó la final como un huracán, arrasando a cuanto se pusiera por delante. Durante los 40 minutos España fue un vendaval y consiguió una victoria que entrará en los anales del baloncesto por sus contundencia 70-47.

A partir de ahí los partidos contra Grecia son sinónimo de victoria y, un año mas tarde, los caminos de ambas selecciones se cruzaron no una, sino dos veces en Madrid. En la segunda fase de grupos, España recuperó sensaciones tras perder días antes su imbatibilidad frente a Croacia y dio buena cuenta de su oponente. No obstante aquel partido sólo sería un aperitivo del plato principal. Posiblemente el mejor encuentro y el más duro que ambos equipos han disputado.

Con el pase a semifinales en juego, el Pabellón de Deportes de la Comunidad de Madrid, vivió una vibrante lucha entre dos equipos con muchas cuentas pendientes. El partido tuvo de todo, desde la más alta calidad de los triples de Navarro o la excelencia de Pau Gasol bajo tableros, hasta la típica e inevitable bronca. Una técnica a Rudy Fernández por simular una falta y otra a Tsartsaris por emplearse con dureza sobre Calderón pusieron la sal y la pimienta a un partido donde Navarro volvió a demostrar el porqué Grecia es un equipo que le motiva especialmente. EL escolta contestó a la dureza y provocaciones del adversario con 23 puntos y una sensacional serie de 5/6 en triples.

En el 2008 los designios de la suerte quisieron que los dos equipos tuvieran que encontrarse las caras en el partido inaugural de la Olimpiada de Pekín. Aquella vez no hubo ni bronca ni problemas, en todo caso frialdad y un punto de ausencia de tensión. Entonces España volvió a ganar y lo hizo después de un demoledor parcial de 24 a 5 entre el final del segundo cuarto y el inicio del tercero. Aquella victoria sería el primer paso hacia la plata olímpica.

Finalmente, el último precedente lo tenemos hace un año en Katowice, la ciudad polaca donde España volvió a ofrecer la mejor versión de sí misma para superar a Grecia y alcanzar el oro. Entonces también estaban Gasol y Navarro, pero la victoria fue una labor de equipo y con jugadores como Carlos Cabezas y Sergio Llull fundamentales en la segunda parte.

Cuatro torneos, cuatro medallas. Cinco partidos, cinco victorias. Un España-Grecia es sinónimo de buena suerte, la selección parece tenerle tomada la medida a su rival, pero éste seguro que tendrá ganas de revertir la historia y acabar con su particular bestia negra.

Protagonistas de la rivalidad

Toda historia que se precie necesita de unos buenos actores y los duelos entre españoles y griegos se llena de curiosidades y protagonistas. El primero de ellos es Álex Mumbrú, el alero catalán nunca olvidará a Grecia porque contra ella se produjo su debut oficial en la selección.

Después de mucho tiempo sonando para el primer equipo, el alero vivía un estreno cuanto menos particular. España estaba disputando la fase de previa del Eurobasket y en mitad de su gira de partidos, Navarro se lesionó en Bélgica. La selección tenía que viajar directamente a Grecia y por ello una llamada urgencia a Mumbrú hizo que éste volara sólo desde España para incorporarse directamente en Atenas con el grupo. Pese a la derrota en aquella ocasión, el alero no olvidará este encuentro pues además de significar el estreno con el equipo español, él firmó una destacada actuación con 16 puntos, tres rebotes y tres asistencias.

Para Marc Gasol, Grecia no supuso ningún debut, pero sí el partido que definitivamente impulsó su carrera. El pívot llegó en el 2006 como sustituto de Fran Vázquez y, poco a poco, fue creciendo en el campeonato. Su confiaba e importancia avanzaban, pero lo que no sabía es que en la final, esa progresión daría dos o tres pasos de golpe. Si la ausencia de Pau Gasol ya era especial para todo el equipo, todavía más si cabe lo era para Marc. Primero por el hecho de ser su hermano y segundo por tener que asumir la responsabilidad de ser su sustituto y tener que parar al que por entonces pasaba por ser la principal arma de los griegos. Sofoklis Schortsianitis.

El pívot heleno había deslumbrado al mundo entero con su poderío frente a Dwight Howard y el resto de americanos pero nada pudo hacer ante la defensa de Marc y España. Aquel día Marc Gasol ganó algo más que una medalla y por eso será difícil que el paso de los años pueda borrar el recuerdo de Saitama.

Como en el teatro, dejamos para el final a la gran estrella y principal protagonista españoles de estos duelos, Juan Carlos Navarro. El escolta está llamado a protagonizar un papel estelar en la historia que escriban estos dos equipos el sábado y él lo sabe. Sin su amigo Pau, Navarro será el hombre a parar por parte de Grecia, pues nadie más que él ha roto los sueños de medalla en aquel país también del Mediterráneo. En los últimos cuatro partidos contra Grecia, Navarro promedia 13 puntos, pero por encima de incluso de esta cifra está la sensación de miedo que el escolta provoca en el rival.

Todo parece que está en favor de España, los precedentes y los protagonistas abrazan la posibilidad de una nueva victoria, pero el baloncesto es imprevisible. Ojalá que la historia de esta rivalidad vuelva a tener el mismo final de siempre.