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Justin Doellman: Latido mediterráneo

Justin Doellman no se ruboriza al sentirse líder de un Assignia que vuela alto y avisa: "Puedo ser uno de los mejores '4' de la Liga Endesa". De Cincinnati a Manresa al ritmo incesante de Coldplay, el ala-pívot repasa su carrera y desnuda su vida con un toque mediterráneo

(ACB Photo)
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“Estoy ahora en racha y el cielo está a la vista.
Mi corazón está latiendo y mis pulsos cobran vida"




Redacción, 8 Nov. 2011.- Justin abre los ojos, mira a su alrededor y vuelve a ponerse la canción. Eterno bucle. Suena Coldplay, su grupo favorito. Y sonríe, y recuerda, y vuela por su vida al ritmo de una música que le hace sentir más que ninguna.

Aquel primer día en el que cogió el balón de baloncesto, con 9 años de edad. Feliz fue su infancia, rodeado de una madre maravillosa, dos hermanas más pequeñas también deportistas y un padre al que imitar, especialmente por su amor a la pelota naranja.

“Él jugó al baloncesto toda su vida. Yo quería seguir sus pasos… y lo hice”.


Vaya si hizo. Tradición familiar, centímetros, ilusión y talento. ¿Para qué quería más? Llegaron sus primeros viajes, con la excusa del basket, y los primeros amigos, mucho más que simples compañeros de equipo.

Sus días de instituto parecían de película. Leyenda viva en Ryle High School, con 21,7 puntos y 8,5 rebotes de media como senior, su dorsal 11 retirado para la eternidad y una cantidad de récords con su nombre que quedan para la historia.

(ACB Photo / J. Marqués)


La Xavier University de Lionel Chalmers y Romain Sato le sedujo… y él se dejó seducir. Fueron cuatro años maravillosos y muy regulares (nadie ha jugado más partidos con esa Universidad que él), con una progresión que le llevó a acabar firmando 13,7 puntos y 5,5 rebotes por encuentro en su último año con los Musketeers. “En el instituto aprendí mucho como persona y en la universidad como jugador de baloncesto y como compañero de equipo. Xavier era una gran familia, con una afición enorme, fue un placer jugar cuatro años allí”.

La canción se detiene en un momento álgido. Verano de 2007. Tocaba draft, ese pirómano de sueños de cuatro letras, que le alejó de su ilusión NBA. “Resultó decepcionante aunque decidí ir a Europa porque me gustaba esa cultura y el tipo de vida del otro lado del charco. Ahora pienso en aquello y no fue una decepción… sino un cambio”.

Vuelve a sonar la música. De la hamburguesa a la fondue y de Cincinnati a Cholet. No tuvo problemas para adaptarse si bien el camino se llenó de espinas. “Fue muy duro mi estreno porque me lesioné. Me llegaron a cortar y a volver a fichar por la lesión, me dio mucha pena que me cortaran aunque cuando volví ganamos la Copa y jugué mejor, lo que me dio confianza”.

(Foto Euroleague/Getty)


Cambio de ciudad pero no de país y, en 2008, Justin hizo las maletas para volar hasta besançon, donde dobló los números de Cholet (14,7 puntos, 5,9 rebotes y 15,8 valoración por encuentro). “A nivel global no estuvimos a la altura pero individualmente me fue muy bien y me abrió la oportunidad de jugar en Orléans al año siguiente. Y llegó mi explosión”.

Especialmente en Euroliga (12,4 pt, 12,8 val), donde tuvo partidos brillantes, como aquel día que sumó 27 de valoración frente al Unicaja en 21 minutos de juego. Por fin dejaba de ser anónimo en el gran escaparate europeo. “Jugar contra los mejores de Europa fue tremendo, me divertí mucho y me sirvió para conseguir un contrato en España, que es donde quería estar”.

El Lucentum Alicante apostó por él y Justin respondió. Tardó en arrancar, mas su segunda vuelta dejó un gran sabor de boca y sus números resultan más que respetables para un primer año en la mejor liga del continente: 13 puntos, 6,2 rebotes y 13,4 de valoración media por choque. “Alicante es una gran ciudad donde jugar y mi experiencia allí fue fantástica”.

Sería su último paso antes de aterrizar en el Assignia Manresa, por el que firmó, por encima de todo, por un motivo: “Aquí hay mucha tradición de basket. Me encanta formar parte de esto”.

(ACB Photo / Surrallés)


Media docena de partidos le han bastado para convencerse. Su apuesta fue la idónea. La del club, también. El idilio debe durar. En 5 de los 6 encuentros ha sido el máximo anotador del equipo, con el que promedia 16,7 puntos (1º), 5 rebotes (2º) y 14,5 valoración (1º).

Tercero en anotación en toda la Liga Endesa jugando con el equipo que menos anota, líder de la competición en recuperaciones (2,17 por choque) y 8º que más faltas recibe, en Manresa ha nacido un líder. Él asiente. “Sí que me siento así, como un líder más del equipo. Tenemos un capitán, Montañez, otro capitán en pista, Javi Rodríguez, que controla el tempo del partido… y también estoy yo”.

La falsa modestia puede esperar. “Por supuesto que puedo ser ahora mismo uno de los mejores 4 de la liga, soy versátil, estoy mejorando cada día y espero seguir haciéndolo. Que siga todo así y sin lesiones, obviamente no se podrá ganar siempre pero ojalá el equipo y yo podamos mantener esta línea”.

El viento sopla a favor para Doellman, que se siente en el centro del paraíso. “El club es fantástico, el equipo es muy bueno y me llevo bien con los compañeros. Me gusta el entrenador y el staff técnico, nos ponen en franca disposición para ganar, como demostramos este fin de semana, y plantean entrenamientos muy interesantes”.

(ACB Photo / J. Alberch)


El iPod sigue sonando y Justin vuelve a soñar. Cierra los ojos y se ve en verano, montando en bicicleta o escalando con su mujer. Les encanta cualquier actividad al aire libre. Deportistas ambos, futbolista ella, de jugar en el Hércules femenino el pasado año a dar clases de inglés en este, a causa de su embarazo. Justin va a ser papá.

“Va a ser un pequeñito nacido en España. ¡Yo espero que sea niño!”


La NBA queda lejos para aquel jugador de Ohio que sorprende con frases en castellano y empieza a sentirse mediterráneo: “Es siempre un sueño pero se va haciendo más y más pequeño. Estamos felices en Europa… estamos felices en España. Estoy muy orgulloso de estar en la mejor liga de Europa y espero finalizar mi carrera en España. Mi objetivo es disfrutar todo lo que pueda en el baloncesto, no hay una mejor cosa en la vida, y después seguir criando a mis niños al lado de Meredith para hacer una gran familia”. Nada más.

“Subo la música, silencio al mundo exterior hasta que las luces vengan. Quizás las calles se enciendan, quizás los árboles se hayan ido. Mi corazón empieza a latir al son de mi canción favorita”

"Every Teardrop is a Waterfall" vuelve a perecer para volver a nacer en sus oídos, mientras Justin recuerda, sonríe... y late. El presente le espera. El Assignia le disfruta.