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Sitapha Savané: Vuelve el corazón del CID

El seis de mayo de 2012, Sitapha Savané jugaba su último partido como jugador amarillo tras ocho años en la entidad claretiana. Este 30 de diciembre, el máximo anotador y reboteador en la élite del CB Gran Canaria vuelve a casa

ACB Photo / M. Henríquez
© ACB Photo / Miguel Henríquez
  

Redacción, 26 de diciembre de 2012.- Las gradas del Centro Insular, aun vacías, guardan siempre un corazón. Aun cuando el baloncesto no vive en él, sí lo hace una sonrisa que iluminó el camino de un equipo durante ocho años. Contará la leyenda que una vez vino un hombre de tierras africanas para convertirse en un ídolo inmortal y en un amigo en el que confiar. La leyenda contará también lo que ocurra el próximo 30 de diciembre.


Decía Ralph Waldo Emerson que “un amigo es una persona con la que se puede pensar en voz alta”. Hasta hace no mucho tiempo, los aficionados que cada dos domingos acudían al Centro Insular de los Deportes sabían que iban a tener en la cancha a un amigo. Y lo sabían no porque ellos fuesen a apoyarse en él, sino porque aquel hombre llegado de Dakar años atrás iba a hablar en voz alta sin decir una palabra. Con sus saltos, sus tapones y su mirada, Sitapha Savané protegió la casa del Herbalife Gran Canaria durante ocho años. Se convirtió en amigo de 5.000 personas. De toda una isla. En líder de la religión de la Avenida Marítima.

Tras ocho temporadas en el club, este domingo día 30 el pívot senegalés vuelve a la que siempre será su casa. Lo hace defendiendo los colores verdinegros del FIATC Joventut. Y no empleamos lo de “defender” a la ligera: Sitapha Savané se dejará la piel en cada balón y cada rebote para ayudar a ganar a su equipo. Tan buen amigo es.

El comienzo de la leyenda

Sitapha Savané llegó al club claretiano en el verano de 2004. Era un refuerzo de calidad, y el objetivo del jugador era “asentarme en la élite”. Llegaba del Unelco Tenerife, con el que ya había tenido un gran año en la por entonces Liga ACB. La estrella del equipo de la isla vecina aterrizaba en Gran Canaria. Él, sin embargo, no notó ninguna diferencia significativa. “El recibimiento que he tenido en las dos ha sido muy bueno y ya tenía muchas referencias del equipo y de la isla” afirma.

Llegó como cualquier otro joven jugador había llegado. La afición estaba emocionada pero, a su vez, era consciente de que quizás le perdiera al año, o quizá a las dos temporadas. El equipo era una catapulta para prometedores baloncestistas que, a menudo, aprovechaban sus minutos en la isla para obtener una oportunidad en un club de mayor enjundia en Europa. Nadie se imaginaba que aquel fortísimo pívot que había llegado como un chaval de saltos interminables se convertiría en una leyenda de sombra eterna. Si alguien lo hubiese imaginado, bueno, no hubiese tenido tanta gracia.

Inmediatamente el senegalés caló hondo en la afición amarilla. Se convirtió en uno de los líderes del equipo y, renovación tras renovación, se fue erigiendo en el santo y seña del club. En estos tiempos modernos, la identificación con un jugador es algo tan preciado como difícil de encontrar, y muchas veces se debe recurrir al islote canterano. Sin embargo, la parroquia amarilla vibraba con su estrella que, a su vez, era su capitán.

Los ocho años de Savané

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Muchos hablaron en su momento de que Taph, como coloquialmente le conocen todos, achacaría su falta de centímetros. Pero este pívot de 2,01 fue el arquetipo, el icono paradigmático de la grandeza del Club Baloncesto Gran Canaria en la primera decena del siglo XXI. Luchando contra jugadores muchos más altos que él, el africano lideró al equipo amarillo a gestas inolvidables en el Centro Insular, recinto en el que cayeron clubes de mayores presupuestos y objetivos. Gran Canaria fue Savané.

Una de estas gestas es la victoria por 70-67 ante el por entonces Winterthur FC Barcelona en la temporada 2006/07. Con 27 puntos, 10 rebotes y 33 de valoración, es según los números el mejor partido de Savané como jugador amarillo. “Recuerdo ese partido y unos cuantos más. La valoración no es muchas veces la mejor manera de valorar un partido”, señala, mientras añade que “recuerdo ese partido como recuerdo casi todos los partidos contra equipos como el Barcelona o el Real Madrid, sobre todo en el CID donde fuimos capaces de derrotar a muchos”.

Dejando a un lado las estadísticas, para el pívot es difícil hablar en términos de ‘mejor partido’. “Es difícil destacar alguno porque han sido muchos y con muy grandes sensaciones. Quizá destacaría los partidos de Playoff, como el de Málaga cuando ganamos. No quizá por el tema personal, sino por decir que uno ha sido muy importante en una victoria histórica para el club”. Una victoria histórica en la que uno de los protagonistas es la historia viva del club. Y es que Savané abandonó las filas amarillas siendo el máximo anotador histórico del equipo en la máxima categoría (2.503 puntos), el máximo reboteador (1.265 capturas) y el máximo taponador (279).

Ocho temporadas dan para muchísimo. Él afirma que es difícil hablar de los mejores momentos porque “son demasiados para enumerar”. “En los últimos años recuerdo dar la vuelta a la cancha saludando a la afición, que es algo que se te queda muy grabado Eran días muy felices” asiente sin dudar. Se detiene un poco para pensar en los malos momentos, aunque le sale rápidamente que son, sin duda, “cada uno de los días de la Copa del Rey y esos últimos partidos de Playoff que acabamos perdiendo”.

Pero ocho años también dan para hacer muchas cosas, o dejar de hacer tantas otras. ¿Se arrepiente Sitapha Savané de hacer algo, o dejar de hacerlo? “Me siento bastante satisfecho con las cosas que he hecho, y con cómo han pasado las cosas. Ninguna despedida es perfecta”, se apresura a decir, “y lo que siempre se te queda ahí es no haber podido dar ese paso más en las Copas del Rey o en el Playoff. Pero no me arrepiento de nada que haya hecho allí”.

Dos tiros libres para la posteridad
Foto Sonia Cañada
Era 27 de mayo de 2007. El Grupo Dunas Gran Canaria, con uno de los presupuestos más bajos de la élite, enfrentaba el cuarto encuentro del Playoff contra el DKV Joventut. Tras perder los dos partidos en Badalona, los amarillos habían logrado el triunfo en el tercero. Se llegaba al final del cuarto partido con un marcador muy ajustado de 67-69. Rudy Fernández había dado un recital y los verdinegros apuntaban a cerrar la serie.

Sin embargo, a falta de cero segundos, Sitapha Savané conseguía sacarle una falta a Robert Archibald. El equipo perdía de dos y, sin tiempo en el cronómetro, el senegalés debía convertir los dos tiros libres para forzar la prórroga. No habría segundas oportunidades. “Eso sí que fue inolvidable” resopla el jugador a la par que ríe. “Fue un momento de máxima tensión. Muchos jugadores nunca tienen que vivir eso en su carrera, para bien o para mal” indica de manera acertada. “En mi caso salió bien. La verdad es que se agradece muchísimo por todo el trabajo que habíamos hecho en esta serie y porque nos merecíamos llegar al quinto partido”.

También lo recuerda Moran cuando se le pregunta por un recuerdo especial que tenga junto al africano. “Es mi recuerdo favorito junto a Taph” afirma. “Taph convirtió dos tiros libres al final del partido para mandarlo a la prórroga, en la que ganamos” recuerda nostálgico. “Recuerdo ese partido como si hubiese ocurrido ayer. Estaba tan feliz por él… Y todavía tengo la imagen en la que salto sobre su espalda celebrando la victoria”. Un tiro libre para la historia que quedará guardado en la retina de toda la afición amarilla. “Fue un gran partido para los jugadores y para los fans del ‘Pio Pio Palace’”.


Sin James no hay Sitapha

No es nada normal que un jugador llegado de fuera pase ocho cursos en tu equipo y acabe convirtiéndose en el capitán y en un hombre más de la casa. Pero menos común es tener, junto a él, otro jugador que lleve más años todavía. Jim Moran pasó diez temporadas en el equipo claretiano, y la amistad que une al senegalés y al neoyorquino es una que jamás nada podrá separar.

No obstante, hay que destacar que Savané guarda muchas otras amistades de su experiencia en Gran Canaria. Así lo indica cuando debe hacer un quinteto conformado con compañeros suyos en la isla. “Sería algo muy difícil”, ríe mientras se pone a pensar. “Me dejaría llevar por el tiempo que he pasado con algunos, sería algo muy subjetivo. Tendríamos a Marcus Norris y Jim Moran, elecciones muy obvias. También Roberto Guerra como compañero de muchas batallas. Y… bueno, contándome a mí que empiezo el quinteto”, se detiene para volver a reír, “faltaría un hombre alto. Sería más difícil porque hemos tenido muchos pívots muy buenos... Pero pondría a Joel Freeland por el cariño de hermano pequeño que le tengo”.

El tono de voz le cambia completamente cuando habla de Jim Moran. Como a cualquiera de nosotros nos cambia cuando debemos hablar de una persona querida, única y de quien conoce a uno como la palma de su mano. “Yo siempre digo que somos dos chicos que nacieron el mismo año en dos continentes diferentes, en dos países totalmente diferentes, pero que recibimos valores muy similares y terminamos siendo personas bastantes similares a la hora de entender qué es ser un deportista profesional: entregar todo y hacer mejores a los demás y ayudarles en todo lo posible”.

Y James Moran también tiene única y exclusivamente buenas palabras para el senegalés. Desde su Nueva York natal, ciudad en la que se encuentra “disfrutando de los cumpleaños y fiestas de mis sobrinos que me había perdido’’, Moran nos habla del jugador africano con admiración profunda. “Creo que Taph es la leyenda que es en Gran Canaria porque es un gran jugador y una mejor persona. Siempre hace lo que el equipo necesita para ganar. Además es muy activo en las vidas de las personas que le rodean” señala. “Se preocupa por todo lo que ocurre fuera de la pista y eso es lo que le hace tan especial. Con su fundación y su involucración en la comunidad, Taph intenta ayudar a aquellos que le rodean. Esa es una de las muchas cosas que admiro sobre él”.

Foto cbgrancanaria.net

Moran se encuentra descansando en Nueva York, desde donde no pierde de vista la Liga Endesa. “Cada domingo me meto en ACB.com y veo lo que están haciendo mis compañeros” relata. “Primero veo cómo lo ha hecho el Herbalife y cómo han rendido Tomás, Xavi, Roberto, Óscar, Javi y Spencer”. Se detiene y hace un inciso para alabar a sus ex compañeros. “Estoy muy feliz de que el equipo vaya bien ¡y espero que ganen en la Copa del Rey, pío pío!” exclama con una sonrisa. “Mi segundo equipo es el FIATC Joventut de mi mejor amigo Savané. Sigo hablando durante la temporada con él y le pregunto cómo le va”. En tercer lugar, admite que sigue de manera especial al Asefa Estudiantes. “Converso regularmente con Josh Fisher y Carl English” indica, mientras finaliza con que “una de las mejores cosas de mi experiencia en España es toda la genial gente que se ha convertido en cercana para m풒.

La distancia jamás afecta a la amistad. Igual que los aplausos de la afición amarilla resonarán en toda la isla de Gran Canaria el domingo cuando ovacione a Savané, Moran estará atento para ver cómo lo hace su mejor amigo, con el que sigue hablando “una vez por semana, aunque a veces menos” admite. “Echo de menos llamarle y quedar para almorzar juntos”, pero se alegra cuando dice que “muchas veces no hablamos de baloncesto, sino de la vida, de nuestras rutinas… Valoro muchísimo su opinión y es una gran persona a la que pedir consejo”.

La leyenda contra su historia

Pocas veces en el baloncesto europeo se habrá dado lo que se dará el próximo domingo en el Centro Insular. Un jugador, un capitán, una leyenda del club que empleó ocho años de su carrera en hacer grande al equipo, vuelve al pabellón que le idolatra. La ovación será majestuosa y la afición, a buen seguro, llenará las gradas de La Roca desde muy temprano para alabar a su otrora ídolo. Ya hemos hablado de todo lo que significará la vuelta, ¿pero cómo se imagina el protagonista ese momento?

“La verdad es que por ahora no lo he pensado” dice algo dubitativo, como asombrándose por la mera idea de lo que ocurrirá. “Ahora mismo lo que tengo es muchísimas ganas de pisar el CID, de ver a toda la gente allá: los propios trabajadores en los pasillos, los del club, compañeros, aficionados a los que veré tras el partido,…” enumera sin fin, aunque no duda cuando dice que “lo que quiero es ayudar a mi equipo en todo lo posible, porque ahora mismo todo el mundo está necesitado de victorias”, afirma riendo. “Es un partido muy emotivo para mí e intentaré tanto disfrutar del momento como ayudar a mi equipo a poder ganar un encuentro muy importante”.

Moran no se puede ni imaginar cómo será la situación. Dice, eso sí, que da “gracias a que es Sitapha quien debe jugar en el Centro Insular como visitante, y no yo”. Admite que “sería muy difícil para mí jugar contra todos mis fans y amigos en Gran Canaria. Solo jugué para un equipo como profesional y siempre fue llevando mi camiseta amarilla favorita”. Se ríe al recordar que “una vez tuve que jugar con una camiseta blanca del Bilbao en un partido como visitante, ¡y odié ese momento!” carcajea divertido.

El alero neyorquino piensa que el 30 será un día “muy loco y emotivo” para su amigo Savané, pero no duda ni por un instante en la profesionalidad del de Dakar, y en que “una vez empiece el partido solo estará pensando en una cosa, y será en qué hacer para ayudar a ganar a su equipo”.

De Dakar a Nueva York en una amistad de corazón
Foto cbgrancanaria.net
El baloncesto es capaz de todo. De lo mejor y de lo peor. De crear y destruir en un bote, en un giro de muñeca, en un reverso a la velocidad de la luz. Es capaz, sin lugar a dudas, de crear una amistad que perdure en el tiempo y trascienda su propia entidad intrínseca. Es lo que ha ocurrido con Sitapha Savané y Jim Moran.

El norteamericano, desde Nueva York, habla de cómo conoció a Savané y de cómo fue el inicio de su amistad. “La primera vez que me encontré a Taph fue cuando jugamos el uno contra el otro en la universidad, y él nos ganó” rememora. “No tenía ni idea de que en unos cinco años íbamos a convertirnos en tan grandes amigos”. También se acuerda de “jugar contra él en Tenerife”. Tras su espectacular año en la isla vecina, promediando 2,13 tapones por encuentro, firmó por el Gran Canaria, momento que Moran también menciona.

“Un verano, cuando estaba en casa en Nueva York, leí que el Gran Canaria había fichado a Taph para el siguiente año. Supe que iba a ser una gran adquisición para nuestro equipo” asevera, y que “desde el principio nos convertimos en grandes amigos y nuestra amistad se hizo más y más grande”.

Tanto, que asegura sin ninguna duda que “es un verdadero hermano para mí”. Y así quedó demostrando el verano de 2010, cuando se confirmó la baja de Moran. “Estaba en Atlanta con Taph, entrenando en verano para la temporada siguiente. Al final del verano descubrí que no seguiría jugando en Gran Canaria” alega pensativo. “Estaba muy triste y decepcionado por el fin de mi carrera en Gran Canaria. Cuando pienso en aquel día me alegro muchísimo de haber tenido a Taph conmigo. Fueron unos días muy, muy duros y fue una bendición tener a un amigo tan bueno a mi lado para ayudarme a superarlo”.

De su amigo recordará muchas cosas, pero se queda con una anécdota que, según él, solo el senegalés y él conocen. Hasta ahora, claro. “Una cosa de la que siempre me río es de nuestros viajes” recuerda. “Siempre entraba en mi habitación, deshacía la maleta, doblaba mi ropa y la colocaba limpia y ordenadamente”. Tanto, que “Taph siempre se reía de mí y hacía bromas”. Y tan marcado quedó, que “ahora siempre que viajo, estoy en un hotel y deshago la maleta, me río porque sé que Taph haría alguna broma si pudiera verme”.


Sitapha Savané: de 2004 a 2012

Tras debutar el tres de octubre de 2004 con la camiseta amarilla en la Fonteta, Savané cerró su historial como amarillo el seis de mayo de 2012 en San Sebastián, jugando contra el Lagun Aro GBC. Casi ocho años completos que, para el ojo del aficionado amarillo, pasó como un simple minuto. Mil y una sensaciones, la gran mayoría positivas, y mil y una historias que contar a sus nietos en las que el protagonista siempre será el eterno capitán de sonrisa perenne. Y, sin embargo, los ochos años pasaron volando.

Según el propio Savané, “cualquier persona en ocho años crece o, por lo menos, debe de crecer” afirma. “En mi caso noto una diferencia enorme porque llegué siendo uno de los jóvenes del equipo y me fui siendo el capitán y el veterano del grupo. Antes aprendía de veteranos como Gonzalo Martínez o Harper Williams y ahora soy yo el que enseña a los jóvenes con los que juego”.

Un capitán y veterano que, para Jim Moran, es “el mejor que puede haber”. “Creo que cualquier persona que pueda pasar un rato con Sitapha sabe lo gran persona que es. Taph trabaja muy duro en la cancha para ser el mejor jugador que pueda llegar a ser”, recalca el alero de un pívot de apenas dos metros que ha sido uno de los grandes taponadores de lo que llevamos de siglo en la Liga Endesa. “Hace a todos sus compañeros mejores. Eso es lo que hace que Taph sea tan especial: su habilidad para ayudar y hacer mejorar a todas y cada una de las personas que le rodean”.

Todavía quedan varios días para el partido entre Herbalife Gran Canaria y el FIATC Joventut. El Centro Insular, vacío en sus gradas, sigue guardando un corazón en él. El de Savané. Aun vacío, cualquiera que camine por la Avenida Marítima de Las Palmas de Gran Canaria puede escuchar cómo cinco mil almas corean el nombre de su capitán inmortal. El domingo día 30 las voces inundarán todas las montañas y playas de la isla. La sonrisa de Senegal volverá a inundar los espíritus felices de la parroquia grancanaria.

Foto ACB Photo / M. Henríquez

Y ello lo verá muy detenidamente Jim Moran. Estará atento desde Nueva York. Y desde allí quiso dejarle su regalo navideño a la otra parte de la más bella amistad que jamás el baloncesto haya creado:

“Espero que tengas un gran partido Taph. Sé que los fans te mostrarán lo muchísimo que te aman y lo agradecidos que están por todos tus años en Gran Canaria. Te deseo todo lo mejor y espero que en verano, después de la temporada, te vengas a Nueva York. Dale un abrazo muy grande a Rob Guerra por mí. Y también a Tomi Gun, Javi, Osquita, Spencer y Dominic Di CoCo. ¡Y no tapones las bombitas de Tomás! Sé que sigues teniendo pesadillas porque nunca pudiste taponar ninguno de mis tiros, y eso que entrenamos juntos todos los días durante siete años. Quizá algún día te deje taponar alguno. Buena suerte Taph. Tu hermano en Nueva York te estará viendo”.


El 30 de diciembre la eternidad se hará un instante. Un instante en el que 5.000 almas explotarán de júbilo al recibir a una leyenda viva. Al escribir, ellos mismos, una leyenda eterna en la historia del baloncesto español.