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Julián Ortiz: La soledad es mala consejera
"Tuve una época muy buena, pero era joven, sin experiencia, y te crees una cosa que no es. No encontré una persona que me guiase para tomar decisiones importantes"

Julián Ortiz, en la etapa final de su carrera en Gijón.

Redacción, 6 Ene. 2014.- A mediados de los 80, la irrupción de cualquier pívot nacional que tuviese posibilidades era jaleada por todo el baloncesto español, deseosa de centímetros en la zona. Por eso Julián Ortiz supuso una gran esperanza cuando empezó a tener minutos por aquella época nada menos que en el Barcelona. El chico medía 2,05, que para la época era bastante, sabía fajarse bien, era rápido y rebañaba lo que podía debajo del aro.

Es de Corral de Almaguer, un pequeño pueblo de Toledo en el que empezó a jugar en el Colegio La Salle. Con 15 años fue convocado para una ‘operación altura’ en Lugo (“allí estaba también gente como Juan Antonio Orenga o Paco Zapata”) y, aunque él mismo mantiene que sus cualidades técnicas eran entonces escasas, recibió la oferta del Barça por mediación de Josep Clavet.

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