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Peppe Poeta, cuando las apariencias engañan
Del niño que contaba el marcador en Battipaglia al hombre que cumplió su sueño jugando con la Virtus. Mirco Melloni, periodista del diario Tuttosport, repasa la trayectoria de Giuseppe Poeta, que vive su gran oportunidad en el Laboral Kutxa

7 Ene. 2013.- Otoño de 1997. Battipaglia juega su tercera temporada en la segunda división italiana, aunque esta vez el conjunto vive una situación económica complicada; el presupuesto es muy bajo, y existe el riesgo de trasladar el equipo a una ciudad de otra región, en Rieti. A pesar de ello, el club ficha a veteranos con experiencia en Europa (Bob McCann) y también con un glorioso pasado NBA (“Sugar” Ray Richardson). Pero el dinero no llega, y la identidad se va perdiendo; algunos medios e incluso la Federación confunden su nombre y se refieren a él como Napoli o Rieti, en vez de Battipaglia. Como consecuencia, la pasión de la afición desaparece.

Se cuenta incluso que el club no puede ni siquiera pagar el hotel para los jugadores en la pretemporada. Los jugadores se enfadan, y abandonan el club antes de que la liga empiece. Battipaglia juega los primeros choques con un equipo en el que solo hay un profesional (Giampaolo Di Lorenzo, hoy entrenador en Omegna) y jugadores del equipo juvenil, como el futuro internacional Valerio Amoroso, aunque consiguen ganar un partido ante Imola, futuro campeón de la liga.

Pero el dinero sigue faltando, e incluso el marcador electrónico del pabellón tiene problemas y no funciona. Es así como un chico de 12 años –pequeño, rubio, listo, con una increíble pasión por el baloncesto– se encarga de marcar los puntos sobre una pizarra, y enseñarla a los aficionados en las gradas. Todo el mundo en Battipaglia conoce a este chico: es el hijo de Franco, periodista y profesor que realiza las funciones de jefe de prensa del club. Este chico también es amigo de todos los jugadores del equipo, mucho más que una mascota. Todo el mundo le llama Zeppola, como el tradicional postre de la región de Campania: Zeppola di San Giuseppe. Y es que el chico se llama Giuseppe. Giuseppe Poeta. Pero con su físico, ¿hablamos de un jugador de baloncesto? Parece que no, que es algo imposible. Sin embargo, con Poeta, las apariencias siempre engañan, como así lo demuestra su trayectoria.

Ocho años después, contando él con 20, Giuseppe Poeta es un joven que juega a baloncesto soñando con conseguir un contrato profesional, aunque consciente de que con su físico (1.85 pero menos de 80 kilos) y sin una capacidad atlética destacable, lo tiene muy difícil. Pero allí donde no llega el físico, llega el corazón, el liderazgo, y la confianza, atributos con los que sí cuenta. Y no tiene miedo. En Italia la nueva generación es la de Andrea Bargnani, Marco Belinelli, Danilo Gallinari. Casi nadie conoce a Poeta, que juega de base en Veroli -ciudad entre Roma y Napoli- en la tercera división italiana, aunque bajo la disciplina de un entrenador especialista en el trabajo con jóvenes “olvidados”, Stefano Salieri.

Su historia empieza el 7 de noviembre de 2005: Veroli-Forlì, choque por la primera posición de la clasificación, Peppe juega con un dedo del pie roto. Pero juega, y anota, y anota, y anota… hasta llegar a los 51 puntos. Y es en ese momento cuando el baloncesto italiano descubre que Gianmarco Pozzecco puede tener un heredero, con su mismo físico, su misma historia de “flor tardía” (Pozzecco no habia jugado en Serie A antes de cumplir los 22 años), y con unas grandes dotes de liderazgo, mucho corazón y un gran espíritu.

El descubridor de esta nueva perla del baloncesto italiano es Walter Veltroni, un aficionado al baloncesto “ilustre” por ser el alcalde de Roma, y que en la década precedente había ocupado la vicepresidencia del Gobierno italiano. Antes de ser nombrado presidente honorario de la LEGA, Veltroni habla públicamente sobre baloncesto, y también habla de Peppe Poeta, vaticinando que el chico será famoso en poco tiempo. Sin embargo, esto no es suficiente para que Poeta pueda fichar por un club de primer nivel en la Serie A.

La primera oportunidad le llegará desde Teramo, que decide apostar por el corazón de Peppe. Una temporada (2006/07) en la que el equipo salvaría la categoría en el último partido y en la que Poeta juega el papel de reserva. Al año siguiente (2007/08), llega su premio: único italiano del quinteto titular, con Clay Tucker, el “Reverendo” Roger Powell, Nikoloz Tskitishvili y Brandon Brown como acompañantes.

Poeta empieza a destacar en la temporada 2007-08 (Foto Ciamillo/Castoria)

2008 es el año de su explosión, Peppe logra su primera oportunidad con el equipo nacional, en un verano muy difícil para la “azzurra”; sin jugadores NBA y con muchas ausencias –lesionados y jugadores NCAA que no reciben de sus universidades el permiso para quedarse hasta final del verano–. Poeta empieza como el “rookie” de la convocatoria, pero crece, crece y crece, y es una de las pocas caras que sonríen en un equipo que no gana, y que se queda sin billete para la fase final del Europeo. En el último partido de la ronda de clasificación, ante Bulgaria, el equipo de Carlo Recalcati debe ganar por un mínimo de 2 puntos y esperar que Serbia gane en Bulgaria en el partido siguiente. Peppe sale desde el banquillo y juega un partido fascinante, anota 21 puntos y se apropia de la última posesión, con Italia 1 punto por delante. Desgraciadamente, su tiro de media distancia no entra. Y la noche más dulce se transforma en una amarga jornada.

Un estribillo que se repetirá en la trayectoria de Poeta en los años siguientes.

En la temporada 2008/09, Peppe juega con galones de jefe en Teramo. Desde su pick and roll, y acompañado del rifle de Jaycee Carroll y la defensa de David Moss, su equipo completa una increíble liga regular, finalizando en tercera posición. El Playoff, sin embargo, acaba muy pronto, demasiado, en la primera ronda frente a Milán.

En 2010 Poeta recibe la llamada de sus sueños; la de la Virtus de Bolonia, su equipo favorito desde chico; aquella Virtus de Sasha Danilovic, Antoine Rigaudeau, Rasho Nesterovic, Manu Ginobili o Marko Jaric. Y es que el blanco y negro ha ocupado siempre un lugar de privilegio en el corazón de Poeta, aficionado del equipo blanquinegro más famoso del deporte italiano: la Juventus de Turín. Porque Peppe, conoce la obra y milagros de todos los jugadores “juventinos” desde Michel Platini hasta, sí, Fernando Llorente, al que acudió a aplaudir en el Juventus Stadium durante el reciente choque frente al Real Madrid.

Pero la Virtus de Poeta no es la misma Virtus que dominó la Euroliga. Terrell McIntyre llega como estrella pero se rinde a las lesiones (T-Mac se retira después de dos meses en Bolonia), y Poeta tiene la oportunidad de jugar como titular. El equipo completa una excelente temporada 2011/12, ganando dos veces a Siena (único equipo que hace 2-0 ante el Montepaschi de Simone Pianigiani en seis temporadas), pero el Playoff acaba de nuevo en la primera ronda, 0-3 contra Sassari con “buzzer beaters” de Drake Diener y Vanuzzo.

Giuseppe Poeta, con la camiseta de la Virtus (Foto Lega / Ciamillo-Castoria)

Poeta se convierte en el capitán de la “V”, pero la siguiente temporada (2012/13) es un calvario, plagada de lesiones, errores y problemas. Tras una temporada sin playoff, la nueva Virtus 2013/04 (con la leyenda Renato Villalta como presidente) decide iniciar la revolución. Así, el club decide apostar por la nueva sensación Matteo Imbrò, campeón de Europa Sub20 con Italia, y prescindir de Poeta.

Todo parecía encaminado a un mal final, pero sin embargo Poeta se gana una convocatoria para la fase final del Europeo, y además con un peso importante en el vestuario. Es el compañero que todos los jugadores aprecian, el compañero que tiene siempre la palabra adecuada en el momento justo. Es un jugador “símbolo” en un grupo sin un excesivo talento, sin altura en la pintura, pero que nunca se rinde, y que sin Bargnani, Gallinari, Hackett y el capitán Mancinelli logra ganar a Grecia, Turquía, Rusia y a España, después de una un increíble prorroga. Italia alcanza la “final” por la séptima posición, aunque finalmente y en el último momento se queda sin la clasificación para el Mundial de España.

A pesar de ello, la situación para él en Bolonia no mejora. Poeta se queda sin jugar partidos oficiales y el proceso de resolución de su contrato con la Virtus se alarga (dos meses), aunque no hay malas palabras entre ambas partes; Peppe quedó enamorado de la ciudad en sus años allí. Desde noviembre, Poeta se pone en el mercado, esperando ofertas. Recibe llamadas desde Francia, España e Italia, y cuando parecía que el año nuevo iba a comenzar como acababa el anterior, es decir, sin equipo, llega la solución. Y esa solución es la llamada del Baskonia, equipo con licencia A de la Euroliga, con un pabellón enorme, una tradición contundente, un entrenador como Sergio Scariolo, con un palmarés increíble, y un club célebre por su capacidad para descubrir jugadores.

Poeta, viendo a sus nuevos compañeros (ACB Photo / J. Izarra)

Es, sin duda, el momento más alto en la trayectoria profesional de Poeta, que nunca había jugado en la Euroliga, y que después de una temporada 2012/13 muy difícil con la Virtus corría el riesgo de haber perdido su último tren para jugar en Europa.

Así, Poeta ha encontrado la oportunidad más importante de su carrera, en el momento más inesperado... Porque con Poeta, nada es como parece a primera vista…

Mirco Melloni
Periodista del diario Tuttosport

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