Crónica

El rugido del CAI puede con el anfitrión (74-79)
Como en el pasado Playoff, el CAI Zaragoza ha vuelto a dar la sorpresa en cuartos de final, derrotando al anfitrión Unicaja por 74-79. Sanikidze, Shermadini y rudez, claves. El equipo maño se las verá en semifinales (sábado 19:10h, La1 HD y Orange Arena) con el Real Madrid

74-79

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Rueda prensa AbósRueda prensa Plaza
Roll sufre luxaciónSanikidze: "Esto es genial"
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ACBTV: Resumen del choqueDe Georgia a las semis


Redacción, 6 Feb. 2014.- Fue un golpe en la mesa, fue una reivindicación, fue una declaración de intenciones. Fue un verdadero rugido de un equipo que piensa y juega como un grande, con resultados recientes de grande y con una sangre fría y sobriedad que le hacen soñar con mayores cotas, una vez eliminado a todo un anfitrión cabeza de serie.

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El CAI Zaragoza, mejor desde el inicio tras un parcial de 0-11, perdió su ventaja en el segundo periodo tras unos minutos llenos de magia de Kuzminskas, con 13 puntos sin fallo que le dieron al vuelta al partido. El Unicaja, a base de correr, pareció escaparse en el tercer cuarto (45-35, m.23) pero entre Jones, Roll y Sanikidze cambiaron por completo el escenario del choque, con un 6-21 arrollador que le dio al CAI la manija del choque (51-56, m.30). Ya no la volvería a perder.

El anfitrión lo intentó por última vez gracias al corazón de Dragic (64-66, m.35), pero un triple de Tabu y otro de Rudez confirmaron el primer bombazo copero. 74-79. El CAI, a semifinales

Un 0-11 para tomar el poder

Quizá su condición de anfitrión. Quizá la ausencia de un base puro de inicio, con Vidal en pista. Quizá su ausencia en la pasada edición. O quizá el miedo frente a un rival que le había ganado en las últimas 4 ocasiones. Sea cual sea el motivo, el Unicaja salió errático y perdido, por mucho que Caner-Medley estrenase el marcador con un triple tras mil intentos.

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El CAI Zaragoza tenía las ideas mucho más claras. Shermadini en el centro de la zona. Pidiéndola, intimidando, generando todo tipo de cambios y ayudas en la defensa rival. Un mate suyo fue el primer grito del cuadro maño. 6 puntos suyos casi seguidos le dieron la manija del partido a los de Abós (5-8, m.4). Y solo la sangría en el rebote impedía un despegue mayor.

Como si llevaran toda la vida jugando Copas, dejando en silencio la cancha del anfitrión, el equipo aragonés marcaba el ritmo sin ningún tipo de complejos. Sanikidze completaba la conexión georgiana y Rudez anotaba el triple para poner el 0-11 (5-13, m.6). en la cancha donde comenzó todo, el lugar en el que su mal inicio de temporada se convirtió en una racha dulce de juego y acierto en el tiro. Lo de hoy lo superó.

Al equipo malagueño, con Caner-Medley abusando del tiro, le salvó la salida a pista de Stimac. El serbio solo anotó una canasta pero a Shermadini se le hizo de noche. La dureza e intensidad del pívot mitigó el primer mal cuarto de los de casa, que concluyeron el periodo a solo 4 de su rival: 11-15. Muy poco premio para la lección de seriedad y sangre fría del CAI en los primeros diez minutos de partido.

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El rugido de Kuzminskas

El “Waiting for a roar” (“esperando un rugido”) del mítico “Midnight City”de M83 sonó con más fuerza antes del segundo cuarto. El partido, más allá de seriedad y buenas defensas, necesitaba un golpe en la mesa, una celebración o un quejido, qué más daba. Pero en Copa o se ruge o se pierde.

Seguramente era el más frío de los 10 hombres que estaban en pista. Nació en Vilna pero bien podría haberlo en hecho en la Novosibirsk de la leyenda Babkov. Se llama Kuzminskas, lleva una temporada lejos de todo lo que puede ofrecer y eligió el día más grande del año hasta el momento, los cuartos de la Copa, para presentarse en sociedad en Málaga. Lo del lituano fue un escándalo, con 6 puntos en dos minutos de locura con la guinda de un mate colosal. El estruendo del chico callado. Granger culminó la remontada anotando (21-20, m.14) y, pese a que Jones lo retrasó con sus mates, la explosión de Kuzminskas era imparable. En 7 minutos enseñó todo lo que lleva dentro, cual menú degustación. Penetración con el balón cambiado de manos en el aire. Triple para incendiar el partido. Corte en la zona para anotar a placer. Sin fallo. 6/6, 13 puntos –tope como cajista- y un partido nuevo de su mano (31-24, m.18).

Por el camino, mucho más. El Unicaja jugaba a correr, desarbolando al CAI por la agresividad de Granger al coger el balón. El uruguayo corría y asistía a placer. La zona visitante no funcionaba y Dragic emergía como tercer vértice del triángulo que, definitivamente, se escapaba tras un 25-8 de parcial: 38-26 (m.18). Sin embargo, un último esfuerzo de Roll y Shermadini dejaban la desventaja zaragozana en 7 puntos: 38-31. Ni imaginaban entonces qué importante había sido ese sprint final.

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Pelear para ganar

Kuzminskas ni se inmutó. El héroe del segundo periodo, crecido tras la ovación del Carpena, volvió a jugársela las dos primeras veces que les llegó el balón. Y de su mano salieron 5 puntos, gracias al último triple que le volvía a dar la decena de ventaja a su equipo: 45-35. Lejos de encontrar la tranquilidad, despertó a la bestia.

Y cuando se habla del CAI y de bestias, Jones tiene mucho que decir. Infravalorado como pocos en esta liga, su impagable trabajo –oscuro en la mayoría de ocasiones- en la pintura de cada parte de la pista impidió la escapada malagueña. Roll y Sanikidze, todo motivación, creaban con sus puntos un partido nuevo (45-42, m.25) en el que hasta los errores se convertían en buenas noticias.

Tras un par de canastas de Unicaja, en el siguiente ataque del CAI, Sanikidze pasaba el balón al puro limbo. El georgiano le recriminaba a Rudez que había perdido su posición y el croata le replicaba esgrimiendo que el pase malo había sido suyo. La pequeña discusión, en lugar de descentrarles, acabó por ser el detonante final de la remontada maña. Sanikidze volvía al partido con un triple, Rudez cogía el relevo con una canasta para ponerse a 2 y con otro triple para darle la vuelta al partido: 49-50 (m.28).

En el Martín Carpena, por momentos, solo se escuchaba a la afición del CAI Zaragoza. La pista era un reflejo, con solo un equipo en el parqué. El otro, sin correr, se había diluido. Sanikize y Rudez, en pleno trance -el primero taponaba a Suárez, el segundo convertía un canastón- estiraban diferencias y Shermadini, algo desaparecido desde su gran inicio, volvía a hacer ruido para redondear el parcial de 6-21 al final del tercer periodo. 51-56. El partido, otra vez, estaba en sus manos.

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Una triple maldición y una confirmación

Después de rozar la excelencia en el tercer periodo, el CAI Zaragoza se sentía muy cómodo en pista. Y el intercambio de canastas con el que comenzó el periodo era su situación soñada, con Rudez elevando la renta visitante hasta los 8 puntos (58-66, min.34) tras triple. Después de otro de Sanikidze, claro. La conexión de ambos tras su discusión seguía dominando el partido. Unicaja, a falta de ideas y con Kuzminskas en el banquillo, se agarró a su alma. El corazón de Dragic, la mayor amenaza malagueña en los siguientes minutos. El esloveno se las jugaba, sin que la pelota le quemase lo más mínimo. Sus puntos habían impedido que el CAI se fuese de forma definitiva y el 2+1 de Stimac volvió a encender el verde esperanza malacitano.

A continuación, entre Granger y el propio Dragic, el partido cambió de escenario. Un robo de Zoran, que derivó en antideportiva al CAI, pareció ser el anticipo de la remontada. Con 64-66, el Martín Carpena vibró como no lo había hecho en todo el partido, con las gradas temblando y oliendo a victoria épica. Sin embargo, Granger falló el tiro que hubiera empatado el partido y Tabu se inventó otro triple. Fue entonces cuando el CAI se sintió ganador (64-69, m.37). En solo dos jugadas, habían cambiado tantas cosas... ¡todo!

No inventó fórmulas extrañas Abós. No pidió imposibles, ni se aferró a heroicidad alguna. Simplemente, aplicó la misma seriedad y la misma sangre fría con la que saltó a la cancha en el primer minuto de partido y con la que le había pegado un zarpazo en un tercer cuarto que ya es historia en el conjunto zaragozano.

Nadie mejor que Rudez, en su ya cancha favorita, para cerrar el choque con su última canasta de tres puntos letal (65-72, m.39), culminando la triple maldición malacitana. La del anfitrión, la de las cuartos en Málaga y la nueva, la de un CAI inmenso que le tiene tomada la medida. Solo Dragic, siempre él, metió algo de miedo en el último minuto a un equipo que, un año después de debutar en una Copa y colarse entre los 4 mejores en un Playoff, vuelve a demostrar que lo de sentirse grande no es una moda pasajera. 74-79. El rugido del CAI seguirá sonando mucho tiempo...

Daniel Barranquero
@danibarranquero
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