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Laia Palau, una década en la excelencia
Desde 2005 Laia Palau juega en la élite continental. 10 años en los que siempre ha estado jugando con equipos que competían con los mejores de Europa; a veces luchando por la Euroliga y otras simplemente haciendo historia con equipos a los que ha elevado hasta donde nunca antes habían llegado

Redacción, 03 Abr. 2014.- 10 años en el baloncesto profesional es toda una vida. Muchas carreras no alcanzan en longevidad la década y, en general, ese espacio de tiempo da para realizar muchas cosas... y pocas a la vez. Una década es un mundo, con momentos felices y momentos malos que todo deportista debe sobrellevar porque son raros los casos donde el éxito se presenta de manera perenne.

Sin embargo, la trayectoria deportiva de Laia Palau en todo este tiempo sólo ha tenido un denominador común: la excelencia competitiva. Y es que, desde que en 2005 alcanzara los cuartos de final con el equipo francés del Bourges, la base española nunca se ha bajado del Top8 de la máxima competición continental del baloncesto. Un logro sólo al alcance de las más grandes y que recoge el período más exitoso de una carrera deportiva marcada por el triunfo.

(Foto Cipriano Fornas/FEB)

Curiosamente, esta etapa entre las mejores de la Euroliga se inicia y cierra (por el momento) lejos de España. Hace años, la joven Laia tomó la decisión de viajar a Francia para explorar nuevos desafíos y vivir experiencias. Sin embargo, hace dos años, y después de seis temporadas en Ciudad Ros Casares, tuvo que volver hacer las maletas... aunque en este caso no por voluntad propia.

Ya con el contrato renovado y en plena concentración con la Selección Española, Palau conoció la desaparición del equipo valenciano. Todo un impacto en la Liga Femenina que sacudió a la jugadora toda vez la mayoría de los grandes equipos de Europa ya tenían cerradas sus plantillas.

Casi a la carrera, tuvo que viajar a Polonia e iniciar nuevamente una aventura foránea, primero en Polkowice y, esta temporada, en Praga. Dos años locos que, pese a todo, dejan un buen sabor de boca en la jugadora. “El balance de lo vivido es positivo 100%. Es cierto que he perdido bastantes cosas por el camino, pero también he ganado muchas otras” señala Laia Palau. La base reconoce que “tuve mucha suerte de poder disfrutar de ese Ros Casares y estoy muy contenta de mi 'transición' en Polkowice. Fue un año mágico en el que nos salió todo rodado y ahora me toca bailar en Praga, y por el momento, ¡no hemos perdido el compás!”.

Para Laia, el recuerdo de los años vividos en Valencia y, en concreto, dentro de un club como Ros Casares está tan arraigado que no duda en afirmar que “¡no cambiaría por nada del mundo mis años en el Ros! Es el club donde me he forjado más como jugadora, sobre todo por la competitividad y la exigencia”. Sin embargo, es cierto que también la presión de ganar y jugar bien siempre podía llegar a desgastar, por lo que, visto en perspectiva, ahora a Laia Palau le toca vivir una nueva experiencia donde intenta poner en práctica todo lo vivido y disfrutar el baloncesto de otra forma. “Ahora estoy repartiendo todo lo que aprendí durante aquella época y también es cierto que con la edad se ven las cosas desde otra perspectiva. Aparte, tengo otro rol en los equipos que me permite desarrollar otras partes de mi juego”.

(Foto FIBA Europe)

Brillar entre las estrellas

Un rol claramente más protagonista que se exacerbó en Polkowice, siendo el pilar de un equipo que causó una enorme sorpresa en 2013 metiéndose en la Final Eight de Euroliga y conquistando la liga polaca. Un año de ensueño que está grabado en el corazón de Laia. “Para mí, Polkowice fue una gran lección de vida y lo voy a recordar siempre como un lugar muy especial. Pasó algo mágico allí. Teníamos buenas jugadoras y un buen entrenador. Pero, aparte, hubo algún ingrediente más que nos hizo creer que podíamos ser un buen equipo. Aprovechamos la coyuntura del momento y que Wisla tuvo un año complicado”.

Un modesto equipo de una región dedicada a la minería industrial que encontró su particular filón en una jugadora circunstancialmente en el paro. Ella devolvió la confianza con un liderazgo firme, una entrega encomiable y unos números que le han convertido en la mejor pasadora de la Euroliga en las dos últimas temporadas. Un nivel que la situó en la élite de las estrellas de la Euroliga y en el radar de los mejores equipos de la competición.

De todos ellos, el ganador en la puja por Laia Palau fue el USK Praga. Un equipo que quizá no contaba con los mismos recursos económicos que otras potencias baloncestísticas pero que sí tenía a su favor el factor ciudad y amistad. Y es que Laia Palau es una jugadora pasional y se mueve por sentimientos, con lo que decantó su decisión el vivir en la mágica Praga y compartir vestuario con su amiga del Ros, Jana Veselá, o ex entrenadora Natália Hejková.

Una decisión a todas las luces acertada y que nos devuelve la versión más protagonista de una jugadora diferente, de esas que con chispa y garra, hace que merezca la pena ver baloncesto. “Juego muchos minutos y la pelota está en mis manos mucho rato, con lo que es mas fácil hacer números así. Y por supuesto, porque tengo a grandes tiradoras dispuestas a matar a mi lado”, asegura la combativa jugadora que, esta temporada, además de ser la mejor asistente de la Euroliga, también ha batido su récord personal de rebotes.

Protagonismo que viene acompañado de la serenidad que aportan los títulos conseguidos y los años, por eso la versión que vemos hoy de Laia Palau es… “más mayor, seguro”, bromea. Ella se vea a sí misma “con mas experiencia” y piensa que “mientras el físico aguante, es mas fácil leer el baloncesto porque ya has estado en esas situaciones más veces”.

Una inteligencia deportiva y emocional que ha puesto en práctica dentro de un conjunto con referencias internacionales como Kia Vaughn, Jelena Dubljevic, Katarina Elhotova o Milka Bjelica. Quizá Praga no tenga el mejor equipo, pero seguro que tienen una mezcla perfecta de jugadoras que comparten el balón y ofrecen una química perfecta en la pista. Una visión que la propia Laia Palau reconoce señalando que la clave del éxito de este equipo está en el “equilibrio”. Para Laia, “todas las jugadoras han encontrado su sitio en la pista y esto hace que sea un equipo mas sólido. Y, sobre todo, creo en la dinámica de ganar. Porque el equipo se acostumbra a esto y porque creo que en defensa hemos hecho grandes partidos”.

Una dinámica de ganar que se ha visto fortalecida en Euroliga, donde ha perdido únicamente tres partidos (por cinco, dos y un punto), colocándose entre las favoritas para la Final Eight. Hábito de ganar que históricamente está construido en una liga nacional donde ha ganado los 32 partidos disputados con una media de 40 puntos de diferencia. “La liga checa no nos plantea ninguna dificultad a nivel de competición, exceptuando Brno”, asegura una jugadora que, no obstante, ve la otra cara de la realidad: la de la falta de competitividad. “Esto supone que solo competimos en Europa y para mí es un hándicap a la hora de mantener el ritmo. Es cierto que te permite un respiro, pero creo que a la larga no beneficia al equipo porque hay que enchufarse y desenchufarse continuamente”.

(FIBA Europe)

Diferentes objetivos pero una misma ilusión por ganar

A las puertas de una nueva cita con el título de Euroliga, Laia Palau valora lo vivido en estos 10 años de éxitos de manera muy positiva. “Estoy muy satisfecha de poder estar siempre en equipos competitivos. Esta es siempre mi primera prioridad cuando decido dónde quiero jugar. Es cierto que para mí es una gran recompensa, sobre todo con Polkowice siendo un club tan joven, y, ahora, Praga, que parecía que estaba maldito en Europa”.

Dos equipos con los que no se esperaba contar a estas alturas de competición, pero que se legitimaron su derecho para soñar. Eso sí, siempre con los pies en la tierra porque, si bien con Ciudad Ros Casares ganar era el objetivo cuando se llegaba a abril, ahora Laia Palau sabe que la historia es diferente. “Los objetivos de estos clubes son más modestos. En el Ros no bastaba ir a la Final Four o Final Eight. Íbamos allí a ganar o intentarlo. En Polkowice no habían ganado la liga nunca, ni habían ido a la Final Eight, allí fue doble alegría. Para mí, este año hemos cumplido ya uno de los máximos objetivos del club. Ahora hay que ver si nos podemos colar en ‘semis’”, asegura.

Lograrlo será difícil, pues se encuentra dentro de un complicado grupo donde competirá contra su ex equipo, Bourges, el Nadezhda ruso de Anna Cruz y el Galatasaray de Alba Torrens. “Soy consciente que esto ya va ser toda una odisea. No sé si estamos al mismo nivel que durante la liga regular, que nos permitió hacer un buen baloncesto y obtener buenos resultados. Aparte, la Final Eight es otra historia, otro formato… tres partidos seguidos y varias opciones dentro del grupo”.

Sin embargo, y con indiferencia de lo que suceda en abril, lo que sí es seguro para Laia Palau es que esta experiencia de dos años fuera de España ha merecido la pena. “Por supuesto. No solo a nivel de baloncesto, sino a nivel personal. Es una riqueza añadida a la mochila de experiencias vitales” afirma. Dos años que sobre todo le han permitido “conocer dos nacionalidades distintas. Siempre amplia tus horizontes saber que hay mucha gente en el mundo diferente a ti. Y también el frío lo he conocido de más cerca” bromea. “Este año, además, tengo la oportunidad de vivir en Praga que es una ciudad preciosa y llena de música”, comenta Laia, apasionada de la música.

En el balance de lo que la lejanía arroja queda la distancia con tus seres queridos “se echa mucho de menos la gente, la familia y el clima”, confiesa. Empero, un espíritu tan jovial y vital como el de Laia Palau no es difícil que encuentre amigos allá por donde pase y ella misma reconoce que “hay que intentar hacerse 'familias' nuevas allá donde vayas. Es muy importante para mí tener a gente cerca con la que puedas ser tu misma”.

Ahora, cuando el esplendor de la primavera comienza a dejar entrever la belleza de Praga, Laia Palau disfruta de su momento. Durante años vivió la presión de ganar… y lo ganó todo, pero hoy en día el viento que direcciona las velas de su destino tienen otra dirección y, aunque ella prefiere no revelarla, la tiene clara. “tengo el barco preparado y con rumbo fijo, pero no puedo desvelar el mapa del tesoro”, asegura. En estos casos, solo queda enviarle ánimos y, como se dice en Valencia, desearle Bon vent i barca nova!

Álvaro Paricio
@Alvaropc23
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