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Kyle Kuric: La ley del driveway
Desde su esquina izquierda, el mundo parece mejor. Así se escribe la historia de un tirador atípico. El americano que pudo ser eslovaco, el tímido que pidió matrimonio delante de todos, el suplente sin beca que pasó a la historia del Freedom Hall. Kyle Kuric: el heredero del driveway, el último héroe estudiantil

Redacción, 20 Mayo 2014.- Al sur de Indiana, en la curva, allá donde gira el Ohio, que alimenta al Misisipi. Condado de Vanderburgh. Evansville, la ciudad del río. Evansville, “la bèlle rivière”. Aquel coqueto lugar, el tercero más grande del estado, donde se fabricaban en blanco y negro los temibles P-47, aviones de caza que sembraban miedo y muerte en la Segunda Guerra Mundial. La Evansville que, 70 años más tarde, aparece en cada lista de ciudades en las que mejor se vive en todo el país.

ACB Photo/A.Martín


Podría haber nacido en el corazón de Kosice. O, por darle un toque más romántico, en cualquier barrio con alma de Zagreb o Sarajevo. De bisabuelos eslovacos, Kuric suena a tirador. Y poniéndole un Aleksandar, un Darko, un Luka o un mero Velimir delante, a cañonero balcánico. De antepasados emigrantes, ya los abuelos, pese a hablar en la lengua eslava, hicieron su vida en Estados Unidos, al igual que su padre. Al igual que Kyle.

Los viajes a la cercana Chicago. Los días de Bulls y Jordan. Los muñecos de nieve en invierno, maldito frío. Las barbacoas cuando el sol despertaba de su letargo. Y la canasta en mitad del caminito de entrada, aquella extraña canasta que definió su infancia, su adolescencia y hasta su trabajo y vida

Por una esquina izquierda

Cuando tienes dos añitos y tus abuelos te hacen un regalo, solo hay dos caminos, sin término medio. O es algo que dejas de lado y solo reaparece en cada visita familiar, para que tus padres no queden mal por tu culpa... o bien eres tú el que no quiere soltarlo jamás, como el viejo peluche al que tienes más cariño que a ninguno del que solo te despides tras la primera broma del amigo que entra en tu cuarto, ya en plena adolescencia.

Con Kyle, nacido en un caluroso agosto del 89 a la orilla del bello río, sus abuelos maternos acertaron. "“Me compraron una canasta con dos añitos y, desde entonces, me pasé todo el día tirando”". Era pequeña, claro, no llegaba ni a los 2 metros, pero al pequeño de los Kuric nadie le podía sacar del sótano, testigo de sus horas probando puntería. Steven, su padre, tuvo una idea que, indirectamente, terminaría forjando el estilo de su hijo. Pondrían una canasta en el exterior. Ya que el niño no dejaba de tirar, qué menos que le diera el sol.



"“Recuerdo a mi padre pintando las líneas de tiro libre, de triple, las marcas de la zona y todo eso. Y claro, yo crecí sin salir de ahí, lanzando a cada rato”". Con una particularidad. La canasta, situada en el caminito de acceso a la casa –el -driveway americano-, no lo ponía fácil. A un lado, suelo estable y recto. A otro, un pequeño desnivel. Y Kuric, cansado de perder la bola en cada bote o perseguirla cuesta abajo tras cada mal rechace del aro, se acostumbró a lanzar solamente desde la esquina izquierda, hasta convertir la preferencia en obsesión. "“Por alguna razón, solo podía hacerlo desde la esquina izquierda. Tiraba mucho desde ahí y acabó convirtiéndose en mi lugar favorito en la universidad”".

Antes, una adolescencia unida al baloncesto y un sueño alentado por sus propias raíces. “"Mi padre era neurocirujano y siempre estaba trabajando. Jugaba conmigo al basket cada vez que podía y me llevaba al gimnasio siempre. Mi madre, enfermera, también me dio todo lo que necesitaba. Ambos me enseñaron muchas cosas y siempre les estaré agradecido”". Pese a su habilidad para el lanzamiento, mitad virtud natural, mitad virtud trabajada, Kyle Kuric podría haberse quedado en uno más de esos chavales con un don en el tiro que se acaban dedicando a otra cosa, por falta de físico o por por pura condición unidimensional. Sin embargo, el de Evansville dejó un hueco, entre triple y triple, para construir, desde su cuerpo, algo más que un triplista. “"En verano siempre estaba tirando y quería ser mejor, entrené mucho para hacerlo. Y, desde los 13 o 14 años, trabajé bastante mi salto vertical”".

Los primeros mates, poco tímidos, llegaron en el instituto, el Ritz Memorial High School de Evansville, en el que instintivamente, cada vez que el base marcaba el pick and roll, él corría hacia la esquina izquierda, esperando abierto el pase para lanzar el triple. Y parecía incapaz de fallar si nadie le sacaba de ese sitio, la orilla izquierda del driveway. Exhibición tras exhibición en el equipo de sus amigos, con más de 20 puntos por partido en sus últimos dos años, varias universidades de prestigio, como Michigan o Duke, se fijaron en su tiro. Pero la leyenda de Pitino pesó más y, en octubre de 2007, Kuric, al que ya llamaban King Kyle, se comprometió con Louisville. Sin embargo, un año después, cuando terminó su etapa en el instituto, la situación se complicó.

Foto ESPN


Louisville solo le propuso un hueco como walk-on, sin beca para jugar en el equipo, obligado a costearse los caros estudios de su bolsillo. Butler sí se la ofreció pero Kyle, con unos padres que podían asumir el coste de su universidad, arriesgó en busca de la gloria. "“Había más centros pero Louisville me gustaba mucho e influía la habilidad de Pitino para desarrollar jugadores. Suponía una oportunidad demasiado grande como para rechazarla”".

Tardó en encontrar premio tanta valentía. En su primer año, el monstruo Terrence Williams lo arrasaba todo. Imposible arañar minutos. Imposible, incluso, salir vivo de cada entreno, donde la superioridad de Terrence era insultante. "“Jamás había jugado contra nadie tan bueno. De repente, me veía midiéndome a él en los entrenamientos. ¡Y en sesiones dirigidas por un técnico como Pitino! Era todo muy complicado”. Y, al mismo tiempo, una especie de master de baloncesto –y buen dinero que costaba- al amparo de una leyenda de los banquillos NCAA, un mentor de cancha y vida con un estilo de juego propio y reconocible. "“No sabía mucho de Pitino hasta que llegué a Louisville, más allá de lo que ya se conoce. Él es duro y, a la vez, un apasionado total del juego. Está siempre concentrado, es increíble. Ayuda mucho en el equipo y, por encima de todo, es muy buen tío. Le tengo mucho cariño”".

En la 2008-09 solo pudo sumar 5 minutos por partido (1,6 pt) en una temporada en la que su Louisville conquistó la Big East. Sin embargo él, que como walk-on había cambiado su mentalidad, aprendió a disfrutar de los pocos ratos en la pista y muchos en el banquillo. Su actitud empujó a Louisville a convertirle en becado en la 2009-10. En esa campaña, pese a que Terrence Williams ya estaba en los Nets, tampoco pudo acumular demasiado tiempo en pista (14 minutos y 4 puntos de media), porque Reginald Delk estaba por delante en la rotación. Hasta aquel día. Hasta aquel 6 de marzo. Hasta aquella noche inolvidable en el Freedom Hall.



La leyenda, el mate y el grito

Si un guionista dibujara todo lo que rodeó el encuentro que cambió para siempre la carrera de Kyle Kuric, todos le criticarían por poco realista, por exagerado, por fantasioso. 22.000 espectadores en las gradas para decirle adiós, con honores, al Freedom Hall, mítico pabellón de Louisville, sinónimo de Final Fours en los lejanos 60. El pabellón pintado de rojo para el último baile, para la última leyenda. Enfrente, la Syracuse de Wesley Johnson y Andy Rautins. La número 1 del país en ese momento. La noche de los seniors. Las leyendas históricas de Louisville invitadas al adiós final. 54 años de baloncesto que murieron felices en las manos de Kyle Kuric. En el día que comenzó todo.

Syracuse ganaba por 5 al descanso (35-30), al que llegó Kuric sin estrenar su casillero de puntos. En vestuarios, Pitino se le acercó y le mandó un mensaje claro. “"Te voy a meter en pista y quiero que tires. Si no tiras, pondré a alguien que lo haga en tu lugar”". Y es que el titular Jerry Smith se había lesionado. Todo muy de película. Todo muy real, como el mate con el que se presentó al partido. Luego llegó el robo y canasta, para que su Louisville por fin se sintiera por encima. Y el triple desde la esquina izquierda para poner en pie al Freedom Hall. Pudieron ser solo 7 puntos decisivos, mas Kyle tenía hambre de leyenda. De ahí al final, la locura. Triples de todos los colores desde el mismo lugar en el que tiraba en el driveway de su casa en Evansville. Mates con la fuerza generada desde los 13 años, cuando empezó a trabajar el salto vertical. Y un par de alley oops para sentenciar el partido. Golpes en el pecho, los compañeros chocándose las manos. El público en estado de catarsis, saltando, llorando. El mítico “You gotta be kidding me!” de los comentaristas televisivos. 78-68 en el marcador. 22 puntos (5/5 T2, 4/6 T3) de Kuric tras el descanso. Y la última página del Freedom Hall con su nombre para la eternidad.



"“Legendario. Podría no anotar una canasta más el resto de su vida que su partido seguiría siendo recordado para siempre"”, escribía una crónica del día siguiente. Hasta Pitino se frotó los ojos tras ver a la Cenicienta disfrazada de héroe para superar una situación límite. "“He entrenado a Knicks, Celtics, Kentucky y Louisville. He jugado 5 Final Four y 2 partidos por el campeonato y jamás sentí presión. Esta noche sí. Había demasiadas celebraciones, recibíamos al número 1 y era la despedida del pabellón. Me desperté a las 2 de la mañana y me dije… ¿y si perdemos?"” Kyle Kuric reescribió un nuevo guion, inaugurando una nueva etapa en el equipo.

Tras su capítulo de gloria en el Freedom Hall, se ganó la confianza y los minutos que le faltaban en la siguiente temporada, la 2010-11, en la que promedió 10,8 puntos por encuentro, con un 45% en triples, el tercer mejor porcentaje de toda la conferencia. Si solo contaran los triples desde la parte izquierda –donde llegó a rozar el 70%- no hubiera existido récord histórico que no temblase. Hubo canastas ganadoras, hubo exhibiciones anotadoras pero sobre todo hubo, como un año antes, otro instante fugaz y eterno, para llamar la atención de todo un país. En un encuentro frente a Notre Dame, a pocos segundos para el descanso, le llegó la bola a él, en pleno contraataque. Y Kuric voló. Voló, como no había volado nunca, por encima de su rival, para dejar helado el pabellón visitante. Las caras de las cheerleaders, el salto del banquillo rival. El mate de su vida. Y el mate del año para la NCAA, como así eligieron los propios aficionados.



Si el reflejo de su tercera temporada fue una imagen, la plasticidad de un mate, el símbolo de la cuarta, la de su despedida, fue un grito. En aquella 2011-12, en la que se fue hasta los 12,6 puntos, su menor acierto (33% en el triple) lo compensó con un paso al frente en cuanto a carácter y liderazgo. Aún se ríe Pitino cuando recuerda que una vez le señalaron una técnica a su jugador más tímido. “"¡Vamos, hombre! ¡Pero si lleva 3 años siendo un mimo, no dice nada! Es el tío más majo del equipo”" Salvo aquel día. Salvo aquel 24 de marzo en el que el sueño de la Final Four se le escapaba a su Louisville. Era también su sueño y él, que en su último año volvió a renunciar a su beca para que se pudiese reconstruir fel equipo, quizá lo vivía más que nadie.

Los Florida Gators vencían por 11. Faltaban solo 8 minutos para el final. En un tiempo muerto, por sorpresa, se puso a dar órdenes gritando, ejerciendo de capitán. La primera vez que levantó la voz. "“Todo está en nuestra contra, las cosas no salen. ¿Cómo vamos a salir de esta? ¿Queréis superarlo o nos rendimos ya?"” Sus compañeros primero le miraron extrañados y luego entendieron el mensaje. 18-3 de parcial y una remontada que valió el pase a la Final Four de la NCAA. “"Soy el tipo más sorprendido ahora mismo en todo el mundo viendo lo que ha pasado. No suele ponerse así”", reconocía atónito Pitino en la rueda de prensa. La Kentucky de Davis, Kidd-Gilchrist, Teague y compañía despertó a Kuric y a sus Cardinals en semifinales, pero al de Evansville nadie le podrá quitar jamás el hecho de haber jugado su último partido de la NCAA como capitán, en toda una Final Four y ante 73.361 espectadores del Superdome de Louisiana. No está mal para un walk-on…

Foto Instagram Taraneh_uofl


Va por Taraneh

En un abrir y cerrar de ojos, la etapa de Kuric en Louisville había finalizado. Las humillaciones en cada entrenamiento de Terrence Williams ya quedaban muy lejanas. Entre apuntes y apuntes de Económicas, mañanas enteras siguiendo el mercado bursátil, tardes viendo a su hermana jugar en el equipo de fútbol de la universidad o reuniones con los profesores como delegado estudiantil, el tiempo había pasado volando. Las alegrías en la cancha, culpables. "“Fueron increíbles esas sensaciones. Y todo llegó tras ese partido contra Syracuse, tras una segunda parte que no me creía ni yo. De no jugar mucho a acabar en una Final Four. Es un recuerdo realmente bonito para mí”".

Y hasta el instante final, en su universidad, protagonizó momentos especiales. Claro que lo último que se podía imaginar Taraneh, su novia, es lo que viviría en plena graduación. Cuando le llegó a ella el momento de recoger el diploma, apareció Kyle, se puso de rodillas y le pidió matrimonio, con todos aplaudiendo. Y ese “sí” valió más que la machada de Freedom Hall o que cualquier Final Four. “"Salió a la tercera. Antes lo intenté dos veces pero había cosas que hacían que no fuese perfecto. Y yo lo quería perfecto. Le pedí permiso a la universidad, aceptó y ocurrió. Ella no tenía ni idea. Quedó todo fenomenal y fue un día maravilloso, de los mejores de mi vida"”, relata emocionado el jugador, que esperó al momento en el que pudieran estar ambas familias presentes para atreverse. "“Es tan tímido, no puedo creer que haya hecho eso"”, confesaba Taraneh. “Estoy más nervioso que en la Final Four”, respondía su futuro marido.



Ahora sí, empezaba una nueva etapa, para desgracia de sus fans de Louisville. Y su objetivo no era otro que llegar a la NBA. A favor, que poco tenía que ver con el estereotipo, siempre injusto, de blanco tirador, blando y débil. Kyle contaba con físico sólido y lo trabajó aún más, con largas sesiones de pesas, antes del draft. Sin embargo, los más escépticos pensaban que le faltaban centímetros para poder rendir de exterior en la NBA y su prueba como base, en el PIT, jugó totalmente en su contra. Perdió balones, se sintió muy inseguro y se esfumaron muchas de sus opciones de encontrar equipo. “"Supuso una nueva situación para mí porque nunca había jugado de base. Resultó frustrante y me sentí realmente incómodo”".

Su nombre nunca sonó aquella noche de junio de 2012 y él, convencido de sus posibilidades, apostó por su futuro como profesional en las pistas y no en Wall Street. Europa llamó a la puerta. "“Hubo un par de opciones y estuve a punto de acabar en Grecia, aunque no tenía pasaporte eslovaco y contaba como americano. El Estu me llamó y me pareció la mejor oportunidad posible"”. Llegó avalado por Himar Ojeda y por la opinión de Juan Palacios, que le conocía bien. Nada más aterrizar, un nombre empezó a perseguirle. El de un tal Carl English. "“No le conocía cuando vine aquí. Pronto noté que era un gran tirador y en unos meses me enseñó mucho. Para mí fue una oportunidad para aprender cosas de él”".



Kuric, que había pasado del dorsal 34 al 24 al llegar al instituto y luego al 14 en la universidad, no se quedó con el 4 sino que repitió número, por ver si le daba suerte en un inicio complicado. Tan pronto lograba la actuación perfecta (17 puntos sin fallo para tumbar al Valencia Basket), como se pasaba varios partidos sin anotar triple, como al final de la primera vuelta, que terminó con una sensación agridulce por su irregularidad. No era sencilla la aclimatación, empezando por el idioma. ”Dos años de español en el instituto igual a fracaso”, llegó a lamentarse, incapaz de poder preguntar en la tienda qué tipo de carne estaba comprando. Pronto empezó a ser un menor problema. “"Creo que he mejorado y he aprendido bastante, aunque no es perfecto aún”. Mucho le ayudó Jayson Granger". El hoy jugador del Unicaja y su novia Ariadna se convirtieron en inseparables de Kyle y Taraneh. Del pavo en Acción de Gracias a las risas en un zoo, pasando por cenas y escapadas juntos. Así cualquiera no se adapta.

El de Evansville terminó la temporada muy enchufado, con dobles figuras en los últimos 9 partidos de Liga Endesa, incluidos 17 triples en las 6 jornadas finales, destrozando al UCAM Murcia con 27 puntos o asaltando el Buesa Arena con 25. Con 11,2 puntos por partido (6º mejor en tiros de 2, con un 60%) en su temporada de debut como profesional, su continuidad en el Estudiantes estaba garantizada. Y bien lo celebró en verano, casándose con Taraneh en una ceremonia mitad persa, mitad americana. Al día siguiente, estaba jugando la liga de verano de Orlando (7,8 pt, 55% T3) con los Thunder. Y llegó como nuevo a Madrid, asegurando haber perfeccionado -e incluso variado- su tiro en verano y prometiendo un Kuric más agresivo y que forzase más penetraciones a canasta en la siguiente temporada.



Y pareció funcionar, con una impecable puesta en escena en pretemporada, en la que acabó como tercer máximo anotador de Liga Endesa (16,1 pt), tan solo por detrás de Doellman y Carroll. Sin embargo, y por sorpresa, Kuric no consiguió sentirse cómodo en el arranque liguero. Nada le entraba, con un 3/30 en triples en las primeras 6 jornadas. 17 puntos en el derbi frente al Real Madrid, con 3/5 en triples, pusieron punto y final a la negatividad inicial. Aunque la explosión definitiva tuvo culpables concretos. "“Al principio no tiraba bien por muchas cosas. Tuve bastantes partidos seguidos malos. En Navidades, vinieron a visitarnos mis padres. Un día, me fui con él a lanzar durante más de una hora. Me dijo que confiara en mi tiro y que necesitaba un partido bueno. Ese día llegó en Santiago"”. 21 pt (27 val), 5/5 triples y una nueva temporada donde por fin volver a vestirse de King Kyle.

"“A partir de ahí he continuado tirando muy bien”". Y tanto. Su segunda vuelta es demencial. Inspiración, estado de forma y tiro, mucho tiro. 17,4 puntos de media para colocarse como 7º mejor anotador en Liga Endesa (13,7), 3º en triples (2,41, con un 40,5% de acierto), 6º en porcentaje de tiros libres (88,9%) y 10º en minutos (28). Referente anotador del Tuenti Móvil Estudiantes y segundo más valorado tras Ivanov. Solo ha bajado en una ocasión de la decena de puntos y de valoración. Por el camino, mucho fuego a discreción. 24 puntos al Bilbao Basket y Fuenla, 25 al Laboral Kutxa o la inolvidable actuación frente al Cajasol, con 31 puntos (34 val) y 8 triples. Y él, orgulloso del cambio. El 3/30 ya es historia. “"Partidos como esos, en la que muchos dicen que es la segunda mejor liga del mundo, para mí suponen un objetivo realizado, un reto más cumplido"”. Otro más en el camino. Va por Taraneh.

ACB Photo/ A. Martín


The World's Korner

Hace año y medio, un americano con ganas de picarle un poco, le puso por Twitter que la NBA había tenido suerte de que no acabara en esa liga. "“4 meses después, aún hay bromas sobre el draft. ¡Al menos estoy haciendo lo que quiero”", replicó él. Taraneh se creció más aún: “"Ah, ¿y por qué íbamos a querer dejar Madrid por la NBA?” Es una anécdota solo, sí, aunque es un reflejo de lo cómodo que están tanto él como su mujer en esta etapa. "“Me encanta esta situación actual. Madrid es una gran ciudad. Sin ser Nueva York, siempre hay mucho que hacer después de los partidos. Comer en restaurantes, ir a pasear con la perra al parque, salir de compras… siempre que los entrenamientos me dejen, tratamos de movernos mucho. Resultó el lugar perfecto para mis primeros años como profesional”".

Taraneh, además, se ha ganado a la afición desde el primer día, fotografiándose con los seguidores y siendo una estudiantil más, como si hubiera salido del Ramiro de Maeztu. “"Sé que se ha convertido un ídolo de la afición”, comenta entre carcajadas. “Es que es una tía muy grande. No fue fácil para ella graduarse y dejarlo todo, incluso a su familia, por venir aquí. Estoy muy agradecido por todo lo que ha hecho y haré muchas cosas por ella"”. Aunque solo sea por lo bien que se lo pasa en el Nouruz, el año nuevo persa. "“No sabía nada de la cultura persa más allá de alguna película y ahora mira. Encima, disfruto de la comida ya que ella es una gran cocinera. Me lo paso genial, descubro cosas y quien sabe si lo celebraremos algún día en Irán”".

En febrero, mientras se jugaba la Copa, sin billete para su Tuenti Móvil Estudiantes, aprovechó varios días libres para una escapada a Finlandia. Esto es como un Erasmus pero con pareja. Viajes, experiencias y aprendizajes, tres en uno. “"Y en verano, a Italia. Hace poco a Sevilla, También Segovia… ¡es que hay muchas cosas que ver"!” Lo mismo uno de los próximos es a Eslovaquia, para poder tener el pasaporte por sus antepasados y así jugar como comunitario. “"Espero conseguirlo pronto, estoy trabajando duro con ese objetivo"”.

Foto Instagram Taraneh_uofl



De Star Wars a El Dictador y de Spin City a Big Bang Theory. Amante de los libros de viajes a través del tiempo y de Ferrari, de los M&Ms y de la comida india, a Kyle solo hay algo que no le gusta nada. Pero nada de nada. “"Mira que escucho música, hasta pop español he escuchado por aquí, pero es que no puedo con el country. ¡No me gusta nada!"” Entre tanta afición, una que le atrapa como en sus días de universidad. Un hobby que quizás sea trabajo el día en el que cuelgue las botas. “"Me gusta mucho todo lo que rodea la Bolsa. Quizás después del basket haga algo relacionado con eso, aunque aún no estoy muy seguro”".

Un día, en su etapa en Lousiville, Kyle visitó un campamento de niños que luchaban contra el cáncer y se quedó tan impactado por la fuerza de los chicos, que decidió cambiar de prioridades. “"A los fans nunca podré pagarles todo lo que me han dado pero quizás sí pueda devolverles algo a esos niños"”, afirmó. Primero participó durante dos meses en una organización benéfica pero, más tarde, creó él mismo otro proyecto. “Kyle’'s Korner”, la esquina de Kyle, la ya mítica esquina izquierda donde arrasaba con Louisville. El “Kyle'’s Korner for Kids” le ilusionó desde el primer día por la respuesta recibida. “Fue tremenda, es que la gente es increíble”. Hasta el punto de haber recogido 2.606 juguetes en la última iniciativa navideña, con un fuerte impulso desde Madrid. “"Incluso habiéndome graduado hace ya 2 años, siguen viniendo y ayudándome mucho. Recogemos juguetes y se los llevamos a los niños a los hospitales. El año que viene, esté donde esté, espero volver a hacerlo”".

"“Esta experiencia española me está cambiando"”, asegura reflexivo, haciendo balance, mirando al futuro. "“Mi mayor sueño era llegar a una Final Four y lo conseguí. En profesionales deseaba llegar a la NBA aunque estoy aquí, en España, y no me puedo quejar. Me siento muy agradecido por todo esto, de verdad me encanta. Ojalá pueda jugar muchas temporadas. Quizás en un par de años tener hijos, seguir viajando lo más posible. Antes, estando allí, entendía menos qué ocurre en el mundo. Esta experiencia me ha transformado y me ha ayudado"”. Hoy, Kuric es otro Kuric.

Foto Tuenti Móvil Estudiantes



De la "bèlle rivière" al Manzanares, donde gritaban "No pasarán". De guerras sabía Evansville, cuyo último P-47 construido, ya en color y casi noventero, solo bombardea con un balón de baloncesto. La muerte más dulce. La condena de Kyle, que pudo llamarse Luka y jugar mil Europeos pero que acabó siendo el rey del baile de su universidad americana, el eterno King Kyle, para acabar pegado a su corona al otro lado del charco. La gravedad grita que todo lo que sube baja. Y bien lo sabía su balón, perdido por el desnivel. Su ley empezó a dictarse en la puerta de casa, anclado en la esquina izquierda. Siempre a la esquina izquierda. Así se escribe su historia. Así es la ley del driveway.

Daniel Barranquero
@danibarranquero
ACB.COM

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