Crónica

El Unicaja le roba el corazón al Martín Carpena (88-75)
El Unicaja ha salvado el primer match-ball con una exhibición para vencer por 88-75 ante el Real Madrid en un Martín Carpena volcado y vestido más de verde que nunca. Caner-Medley, Vázquez o Granger, determinantes en un choque en que los cajistas llegaron a mandar por 24

Redacción, 11 Jun. 2014.- No hay dos sin tres. Tras dos partidos excepcionales en Madrid de semifinales, llegó el tercero, con un equipo está vez brillando con luz propia, una luz verde que provoca que la serie se vaya al cuarto partido.

El Unicaja tumbó al Real Madrid por 88-75 en un partido en el que llegó a rozar la perfección durante muchos minutos. Y eso que el Real Madrid salió fuerte (11-17, m.6) y resistió al empuje local hasta el segundo cuarto (29-34, m.13). Sin embargo, el cuadro malacitano le dio la vuelta al partido al descanso (50-45) y voló en un tercer cuarto inolvidable para un Martín Carpena que saboreó la locura (75-55, m.30).

Ahí acabó un partido en el que el Unicaja tuvo más de un héroe. Granger, Toolson, Vázquez, Caner-Medley y Suárez fueron los protagonistas de la mejor versión del Unicaja en la era plaza para impotencia de un Real Madrid que ya solo piensa en el cuarto partido.



Un tridente contra Llull

Málaga vuelve a ser Málaga. El verde es más verde y el infierno vuelve a quemar. Desde la presentación, los aficionados al Unicaja demostraron que el factor Carpena no es algo del pasado, una de esas leyendas que se cantan melancólicas, sino un factor importante en una serie tan igualada en la que cualquier detalle puede derribar el resto del dominó.

Granger supo contagiarse de la magia del ambiente, con todo un pabellón entregado a un himno, y estrenó el luminoso con respuesta inmediata de un Rudy que silenció los pitos con un triple en el primer balón que llegó a sus manos. El Unicaja era todo ímpetu mas el Real Madrid le aguantó la apuesta en los primeros, respondiendo cada golpe rival gracias a Llull y Darden. El primero, especialmente eléctrico en el parqué en el que se sintió rey del mundo tan solo hace 4 meses con una canasta eterna. El segundo, viejo conocido en Málaga, con unos minutos de apabullante sobriedad. Un tapón a Kuzminskas, un mate de concurso, dos triples sin moverse de la esquina derecha y a volar (11-17, m.6).

El Unicaja se reenganchó muy pronto al partido con tres nombres propios. Granger, Toolson, Vázquez. Vázquez, Toolson, Granger. El triunvirato. Hasta la última jugada del cuarto ningún otro jugador anotó un solo punto. Lo mismo aparecía Toolson con sus tiros desde más allá del 6,75 que Granger, el alma verde, con penetraciones que siempre encontraban sentido o siempre encontraban a Vázquez, la tercera pieza del tridente. El gallego, por momentos, parecía aquel chaval de 2005 que vivía por encima del aro, poniendo ilusión y garra en cada mate para deleite de un pabellón que se vino abajo con el 10-2 de su equipo (21-19, m.8) en solo un par de minutos.

La igualdad continuó hasta los últimos compases del cuarto, con un par de jugadas convertidas en metáforas de lo que era el partido. Llull, referente en ataque de su equipo, se cruzaba la pista veloz e inalcanzable para anotar la canasta final y Granger –máximo anotador, reboteador y asistente del Unicaja en el primer cuarto-, cuando todo eran dudas porque el tiempo agonizaba, corrió agresivo hacia la otra canasta para asistir a Hettsheimeir, que puso desde la línea de personal el 24-25 final en el cuarto. Un escándalo de cuarto.

(ACB Photo / Mariano Pozo)

El Unicaja toma el control

El Unicaja era buen movimiento de balón. El Unicaja era alegría en ataque. El Unicaja era talento. Pero, por encima de todo y en plena comunión con la grada verde, el Unicaja era corazón. Y en cuestiones de corazón, el Real Madrid tiene al mejor cardiólogo. Se llama Felipe, se apellida Reyes y él nunca abdica.

En un par de minutos le sacó 3 faltas a Hettsheimeir, se inventó un 2+1, capturó un rebote en ataque y asistió a Slaughter. Un tiro libre tras técnica a Plaza amenazó con el despegue blanco (29-34, m.13), aunque esa jugada al Real Madrid le dio solo un punto y al Unicaja, una presión tremenda determinante para su segundo gran impulso. La grada ya nunca dejaría de rugir.

Los malagueños volvieron muy pronto al partido. Vázquez avisaba, con una canasta tras reverso y un gran tapón a Reyes. Y Caner-Medley ponía muy pronto a su equipo por delante tras un tiro pisando la línea de triple (35-34, m.14). Más tarde lo volvería a hacer Calloway con un triple (41-40, m.17), tras la respuesta blanca. Entre tanto protagonista en primer plano, una constante alejada de los focos, que sumaba y sumaba sin hacer ruido. Su juego ya chillaba por él. Carlos Suárez emergía con rebotes en ataques, con sangre fría desde el tiro libre, con asistencias, con defensa. Suárez haciendo de Suárez.

El cuadro verde no ganó el partido en este cuarto, pese a que Calloway amenazó con romperlo tras su segundo triple (48-40, m.19), mas sentó las bases para dinamitarlo en el siguiente, con un pabellón rendido por lo que estaba viendo, que celebró en pie, las manos rojas de tanto aplaudir, el 50-45 con el que se llegó al descanso. Aún les quedaba lo mejor.

(ACB Photo / Mariano Pozo)

La perfección viste de verde

El partido, por momentos, desprendía el aroma de los dos primeros en Madrid. Un Unicaja muy fuerte de inicio, un Real Madrid a remolque y una fe inmensa, la blanca, capaz de minimizar los malos minutos y de rematar en el momento de la verdad a su rival. Por eso, todos los méritos malagueños en los primeros 20 minutos, que eran muchos, parecieron pequeños, muy pequeñitos, cuando Mirotic anotó el triple para abrir el tercer periodo para poner a los suyos a tan solo 2 puntos de su rival: 50-48. En esos momentos nadie lo pudo imaginar, pero el Real Madrid acababa de dar su último aliento, su última señal de vida.

Llegó la liberación del Unicaja. El viejo sueño verde que se quedó en los últimos años demasiadas veces en el camino a las primeras de cambio. El viejo grito del grande que se sintió como tal en un cuarto de locura, en los mejores minutos del Unicaja en el Playoff, en la temporada y puede que en sus últimos años. Granger encendió la llama, con dos canastas calcadas desde 5 metros, y Vázquez hizo explotar la primera bomba con un mate de catarsis, tras engañar amagando con el pase (56-48, m.23).

El Real Madrid notó el fuego de su rival y, repentinamente, se vino abajo. Hasta Rudy fallaba los tiros libres. Más tarde, el hambre de Caner-Medley le hizo poner el partido a sus pies, con un contraataque y un triple con aroma de sentencia. El de Toolson, a continuación, desató la locura en el Carpena (64-48, m.25). Quedaban 15 minutos y el Unicaja se sentía vencedor. Y ante eso, ni todo un campeón de la regular pudo hacer nada.

Darden rompió la sequía blanca, de casi 6 minutos, con un triple (64-51, m.26), si bien el Unicaja tenía el "modo perfección" activado. En una ocasión, sacaba de banda con solo un segundo de posesión. Caner-Medley recuperaba un rebote en ataque imposible y, más tarde, Suárez convertía el triple. Un canastón de Urtasun a continuación y la guinda de Hetthsheimeir, colocaban al Unicaja 20 puntos arriba (75-55) al final del tercer periodo. Lo nunca visto esta temporada con el Real Madrid, el equipo de los récords, como víctima. Tampoco se había encontrado muchas veces con un equipo en semejante estado de trance.

(ACB Photo / Mariano Pozo)

Confianza y amor propio

Quizá ambos equipos hubieran firmado que acabara ahí el encuentro, porque el último periodo no cambió nada. Sin embargo, esos 10 minutos sirvieron a cada uno, a su manera, como previa al partidazo del jueves. El Unicaja para darse un baño de confianza, sentirse más gigante que nunca y verse capaz de volver a Madrid para el quinto. El Real Madrid para ganar en orgullo, en amor propio, tan herido durante minutos, y aprender la lección para poder sentenciar en el cuarto encuentro.

Los malagueños no frenaron su festival. Uno a uno, en bucle, todos contribuían a la fiesta. Kuzminskas y su robo inicial, Hettsheimeir y sus triples (78-57, m.32), Urtasun imitándole desde el 6,75 (83-69, m.34) y Stimac poniendo su granito de arena con rebote y canasta para volver a poner la máxima en el ecuador del último cuarto (85-61).

El Real Madrid, al menos, salvó los muebles con su arreón final, con más carácter y acierto que en el resto del choque. Demasiado tarde. Los puntos de Mirotic, Carroll y Slaughter provocaron un 1-11 de parcial (86-71, m.38) que rompió Vázquez con un mate para disipar dudas. De ahí al 88-75 final, un bucle de “Sí se puede”, ola en el Carpena y los jugadores del Unicaja siendo despedidos como héroes tras cada cambio.

Habrá otro partido más, al menos, en una serie brillante, trepidante y soberbia, algo que se ganó el Unicaja tras su rendimiento en Madrid. Ahora, su rendimiento en Málaga amenaza con un quinto. Su afición está entregada, volvió la magia, y el Real Madrid, avisado. El jueves, cuarto capítulo.

Daniel Barranquero
@danibarranquero
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