Nota de agencia

Jeleel Akindele, el pívot que quería ser futbolista
Jeleel Akindele quería ser una estrella del fútbol y fue su llegada a una universidad de Estados Unidos la que cambió su destino. En una entrevista a EFE, el pívot del Montakit Fuenlabrada recuerda sus inicios en el baloncesto, además de reconocer que cada vez se va encontrando mejor: "Creo que el progreso se puede ver"



Miguel Ángel Moreno. Fuenlabrada (Madrid), 6 nov. 2014 (EFE).- El pívot nigeriano del Montakit Fuenlabrada Jeleel Akindele, el jugador más valorado de la quinta jornada de la Liga Endesa, explicó en una entrevista con EFE que su ilusión de niño era ser futbolista, aunque se decidió por el baloncesto en la etapa universitaria.

'Deji' Akindele (Ogun, Nigeria, 1983) es un pívot de 31 años y 2,16 metros de estatura que de niño soñaba con emular a los grandes jugadores de la 'Águilas Verdes' de Nigeria, campeones olímpicos en 1996 con futbolistas como Nwanko Kanu o 'Jay Jay' Okocha, aunque cuando fue a Estados Unidos para ir a la Universidad el baloncesto se cruzó en su vida.

"Hasta los 16 yo era sobre todo un jugador de fútbol. Luego comencé a ir a la Universidad, para tener una beca había que practicar deporte y empecé a jugar al baloncesto porque era alto. No sabía jugar pero fui aprendiendo. Aprendí muy rápido, y por suerte el baloncesto fue la elección correcta", explica.

ACB Photo / Antonio Martín

"Cuando yo crecí en Nigeria había muy buenos jugadores, todos queríamos ser profesionales como Kanu, Okocha, (Rashidi) Yekini. Éramos muy buenos en África. Pero todos los que crecen en América quieren jugar al baloncesto, porque lo que ven allí es baloncesto", agrega el pívot formado en la Universidad de Chicago, que bien podría haber sido futbolista, o ingeniero informático, si hubiera continuado con sus estudios.

El pívot nigeriano fue la última incorporación del Montakit Fuenlabrada, al que se unió cuando sus compañeros llevaban seis semanas de trabajo. "Cada entrenamiento, cada semana me voy encontrando mejor. Creo que el progreso se puede ver", asegura.

Es por esto que el técnico del Montakit Fuenlabrada, Luis Casimiro Palomo, ha dosificado sus minutos progresivamente, desde los 20 que jugó en la primera jornada ante Bilbao Basket a los 30 que disputó el pasado domingo contra el Tuenti Móvil Estudiantes.

"Luis es una gran persona, desde que llegué ha sido muy atento conmigo. No todos los entrenadores entienden que si llegas seis semanas después necesitas algo de tiempo para ajustarte y ponerte en forma. Ha sido muy comprensivo, intenta animarme a que haga más, a que busque la canasta si tengo el balón, a que sea agresivo", explica sobre su entrenador.

Ante Tuenti Móvil Estudiantes, Akindele dio una clase magistral bajo los aros con 24 puntos, 14 rebotes y 35 de valoración. Sin embargo, esta gran actuación no sirvió para que los fuenlabreños se llevaran la victoria, ya que el acierto exterior colegial les condenó (86-79).

El poste nigeriano cree que el Montakit Fuenlabrada es un "buen equipo defensivamente", pero que la anotación y la falta de experiencia les están jugando malas pasadas en finales apretados como el del Tuenti Móvil Estudiantes o el del partido contra el CAI Zaragoza (67-69).

Pese a ello, cree que este equipo puede hacer algo "especial" en esta Liga Endesa, aunque el próximo rival sea el Real Madrid, invicto de momento tanto en la competición doméstica como en la Euroliga.

"No tenemos nada que perder, todo el mundo piensa que contra el Real Madrid ellos son los favoritos, pero eso es agradable porque podemos salir y jugar como queramos, libremente, sin presión", afirmó alguien que sabe lo que es batir al conjunto blanco, ya que participó en el Montepaschi Siena que derrotó al Real Madrid en la lucha por el tercer puesto de la final de la Euroliga 2011.

Este trotamundos del baloncesto ha jugado en países tan dispares como Estados Unidos, Francia, Italia, Rusia, Montenegro, Irán, China o Líbano. Identifica el baloncesto estadounidense más como un "entretenimiento", mientras que en Europa asegura que se pone más presión sobre los jugadores.

"En América el baloncesto es placer, la gente va a los partidos, no se vuelven locos. Cogen sus patatas, sus cervezas, y luego se van a casa. Pero aquí es más como una religión, son creyentes. Aquí hay más presión para el jugador, para el entrenador, para el equipo", opina.

Sin embargo, es esa competitividad la que le atrae del baloncesto europeo. "En la NBA todo es espectáculo y no importa quién gana hasta los 'playoff'. En Europa cada partido es como si se jugara un campeonato, me interesa más", explica Akindele, el pívot del Montakit Fuenlabrada que tomó "la decisión correcta" al elegir el baloncesto frente a sus sueños futbolísticos.

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