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Joan Peñarroya: un grado de separación
Pupilo de Pedro Martínez, Salva Maldonado y Xavi Pascual, Joan Peñarroya tiene ahora como rivales a los que fueron sus entrenadores. Una rara avis conectada con media liga por un único grado de separación. De la Copa de Valladolid 1996 a su meteórico ascenso como entrenador, de Albert Oliver a Joan Creus a Germán Gabriel a José Luis Galilea

Redacción, 13 Nov. 2014.- Joan Peñarroya es una rara avis nacida de ese instante tan preciso en el tiempo que permite que tus excompañeros sean todavía jugadores y que tus exentrenadores sean todavía entrenadores. El escolta de Terrassa, ahora dirigiendo al MoraBanc Andorra en su regreso a la Liga Endesa, estuvo a las órdenes de tres entrenadores que todavía están dirigiendo en la competición. Mentores que son ahora rivales: Pedro Martínez, Salva Maldonado y Xavi Pascual.

Maldonado, Peñarroya y Martínez, pasado común (ACB Photo)

Retirado hace apenas una década tras tres lustros en la élite, Peñarroya conserva conexiones directas con prácticamente todos los equipos de la Liga Endesa. En dos grados de separación, el vínculo ya abarcaría prácticamente a todos los actores de la competición. Y es que, entrenadores y jugadores aparte, el egarense compartió vestuario con tres hombres que ahora diseñan deportivamente a tres equipos: Joan Creus (director deportivo del FC Barcelona, compañero suyo en Manresa), José Luis Galilea (director general y deportivo del Baloncesto Sevilla, compañero en León y Ourense) y Ferran López (director deportivo del Montakit Fuenlabrada, compañero en Manresa). “Todo esto es una muestra de que el tiempo pasa y que, como es normal, ahora muchos de mis excompañeros empiezan a ocupar puestos en la dirección de los clubes, o algunos ya llevan mucho tiempo. Lo que creo, y además espero, es que a medida que pasen los años se vayan incorporando más profesionales de este tipo a los clubes”, explica el propio Joan Peñarroya, razonando sobre el paso del tiempo. Y, en el fondo, sobre lo cerrado del mundo del baloncesto de élite, capaz de excluir con rotundidad y, sobre todo, de volver a reconocer como propios a los que un día ya formaron parte de él.

El paso del tiempo aumenta la rareza, de la mano de Jesús Chagoyen, Germán Gabriel y Albert Oliver, que fueron compañeros del ahora técnico del MoraBanc Andorra y se mantienen en activo, ya como veteranos. “Es un motivo de alegría”, responde Peñarroya ante esas sensaciones que traen consigo las visitas a los pabellones y los reencuentros día sí, día también, “y más después de los años que hace que no me encontraba con ellos en los pabellones, porque ya hace un tiempo que yo no estaba en la liga”.

Por particular, la rareza la cierra Albert Oliver. Nacido en Terrassa como él, con su familia todavía en Terrasa como él y formado en el mismo club que él, el Sferic. Con nueve años de diferencia, Oliver coincidió en el pabellón de la calle Faraday con un Peñarroya, su hermano. David Peñarroya compartió entrenamientos y unos contra unos con el que luego sería compañero de su hermano en ACB. “Es uno de los jugadores con los que jugué con los que he mantenido a lo largo de los años una gran relación”, comenta Joan tras repasar la conexión deportivo-familiar.


De jugador a entrenador

Joan Peñarroya es el único técnico que ha sido dirigido por un entrenador que todavía lleve las riendas de un equipo en Liga Endesa. Velimir Perasovic, Joaquín Ruiz Lorente y Pablo Laso no pueden enfrentarse a sus tutores en ACB; tampoco, claro, Aíto García Renseses.

Cinco exjugadores, cuatro de ellos nacionales, metidos a entrenador, una figura que Joan Peñarroya siempre ha reivindicado. “Me parecen muchos ahora, porque es algo que sí que es muy normal en el baloncesto americano y en el resto de Europa, pero es anormal en el baloncesto español”, comenta. “Debe ser récord esta temporada que haya –si hablamos de nacionales, al margen de Perasovic– cuatro jugadores que hayan sido jugadores profesionales anteriormente. Es una figura que parecía en un momento que no estaba bien vista, como si tuviera demasiadas facilidades o que no llegaran preparados para ocupar este cargo y yo creo que, evidentemente, ser entrenador no es lo mismo que ser jugador, todo necesita un periodo de adaptación y preparación, pero ayuda haber sido jugador para desempeñar la labor de entrenador”, reivindica una vez más Peñarroya, como miembro de una rareza que siente no debería ser tal.

De Rafa López, el entrenador en su etapa en el Sferic de Terrassa a Rafa Loyola, su último técnico en una etapa ya amateur en Olesa, Peñarroya ha tenido una larga lista de entrenadores de élite: Flor Meléndez, Pedro Martínez, Salva Maldonado, Edu Torres, Sergio Valdeolmillos, Ricard Casas o Xavi Pascual. “Todos los entrenadores te marcan”, explica ahora con una década de perspectiva sobre su concluida trayectoria como jugador. “Rafa López en mis inicios fue un entrenador súper importante, porque ahí se empieza a formar el carácter y la personalidad en la pista del jugador, y después está el entrenador que realmente apuesta por uno para dar el salto a ACB, que fue Flor Meléndez” en Manresa. “Tengo la suerte de tener muchos entrenadores que han demostrado su valía estando muchos años”, comenta. Tres de ellos, lo siguen haciendo en la Liga Endesa.


Pedro Martínez, iniciando el éxito en Manresa

Durante tres años, Pedro Martínez (con Maldonado de ayudante) dirigió el despegue de la carrera de Joan Peñarroya. “Pedro es el entrenador de la reafirmación, el que hace que yo me convierta en un jugador relativamente importante en la Liga”, explica. “Con Pedro, a nivel personal, jugué mis mejores temporadas de jugador”: 13,5 puntos el primer año, 11,9 el segundo y 12,6 el tercero.

Aunque reconoce que apenas comentaron sobre el pasado conjunto en la visita de su MoraBanc Andorra a Manresa (el veterano derrotó al que fuera su pupilo: 88-80), sí explicita el cariño especial por alguien de la relevancia que tuvo Pedro Martínez en su carrera profesional.

Más de 20 años después, Martínez ha vuelto a Manresa, proyecto al que empezó a poner alas: “Pedro fue el impulsor del cambio de mentalidad en un club como Manresa. De ser un club que parecía sin ambición a convertirlo en un equipo para luchar por Playoff, apostando por gente joven. Se dio un cambio en la mentalidad en el club que llevó luego, con la continuidad de Salva, a vivir los mejores años de Manresa”. A Martínez le sucede su ayudante Maldonado.

Pedro Martínez y Salva Maldonado se saludan en una imagen histórica (Foto Penya.com)

Salva Maldonado y la Copa del Rey de Murcia

En la temporada 1994-95, Salva Maldonado tomas las riendas del TDK Manresa tras la marcha de Martínez al Joventut. En la capital del Bages continúa Joan Peñarroya, que ve como sus minutos se reducen en sus dos primeras temporadas, pero vive el mayor éxito de su carrera deportiva.

“Con Salva me tocó continuar un proyecto en Manresa que llevaba una línea ascendente. Y no solo siguió esa línea, sino que el equipo fue capaz de continuar mejorando e incluso de ganar un título de Copa del Rey”. En Murcia, el TDK Manresa logró el gran título en la carrera de Peñarroya. Con Harper Williams, Linton Townes y Tellis Frank como trío de extracomunitarios, la mejor temporada en la carrera de Roger Esteller y Joan Creus de extraordinario director ya avistando los 40, Peñarroya era una pieza de rotación, que promedió 9,3 puntos en aquella Copa del Rey y 5,6 en esa temporada ACB.

Este sábado 15 (21:00 horas), cuando el MoraBanc Andorra reciba al FIATC Joventut en la Jornada 6, Joan Peñarroya volverá a ponerse a prueba ante otro de sus ex. “Con los tres (Martínez, Maldonado y Pascual), cuando yo estuve, eran sus inicios. Eran entrenadores muy jóvenes, con mucha ilusión, con mucha ambición y con mucha preparación, en un momento en que el baloncesto iba en una clara línea ascendente”. Pedro Martínez le empezó a entrenar con 30, Maldonado con 35 y Pascual con 31. Lo que casi borra la juventud de los 45 de Joan Peñarroya. La rareza de haber sido exjugador y seguir un camino desde el inicio hacia la Liga Endesa reduce la vida útil del entrenador.


Xavi Pascual y la locura de Aracena

En 2003, en lo que empezarían a ser los estertores de su carrera, con 34 años, Peñarroya ficha por el CB Aracena entrenado por un jovencísimo Xavi Pascual. Con 31 años, el entrenador era más joven que él y varios de sus compañeros. “Eso fue lo más normal de ese año”, se ríe Peñarroya, recordando el desastre de una temporada en la que todo tipo de problemas acabaron con el equipo último, perdiendo la categoría y desapareciendo del mapa.

Un equipo nómada que había logrado aquel 2003 su ascenso a la LEB, culminando así una trayectoria (cinco ascensos en ocho años) tan meteórica como sus traslados. Ponts era la sexta sede de un equipo que cambiaba de localidad al parecer de su peculiar propietario, el empresario Julio Gálvez, cuyo proceder le valía comparaciones en la época con un Dimitri Piterman que por entonces empezaba a acumular amigos en Santander.

“Fue un año en el que vivimos situaciones de muy diversa índole y que tanto a él como a mí nos sirvieron para evolucionar en el futuro”, rememora. “Xavi era un entrenador joven, pero con mucha experiencia en EBA, categoría que, y lo sé por experiencia, te curte mucho y te ayuda mucho a la relación con la gente. A relacionarte con diferentes tipos de personalidades, tanto por las necesidades y las edades como por las inquietudes de los componentes, que son muy diversos en un equipo”. La temporada posterior al descenso, Pascual firmó por el FC Barcelona, para dirigir al equipo EBA y encargarse de la dirección técnica de la cantera; a los dos años pasaba a ser ayudante de Dusko Ivanovic; a los cuatro se hacía cargo del equipo; a los cinco ganaba la Liga ACB, y, a los seis, la Euroliga. De la locura de Aracena al éxito más absoluto en un periodo de tiempo imposible: “Cuando estás en un club como Aracena, y encima te toca vivir el desengaño de un descenso, nunca piensas que puede acabar en relativamente poco tiempo entrenando al FC Barcelona y siendo campeón de Euroliga. Pero bueno, el trabajo, la valía, el estar en el momento adecuado tiene estas cosas, y Xavi ha demostrado que si está donde está y si ha ganado lo que ha ganado es porque se lo ha ganado a pulso y porque tiene el nivel de sobra demostrado para estar”.


Y empezar el camino propio

Tras Aracena, Joan Peñarroya abandonó el profesionalismo. El Olesa de EBA fue su último equipo, dirigido primero por Agustí Julbe, que se fue a mitad de temporada, y luego por Rafa Loyola. Una experiencia que Peñarroya ya excluye de su carrera profesional: “Esa temporada en EBA no la contabilizo mucho. Para mí mi último entrenador profesional fue Xavi Pascual en el Aracena”.

Y, con la idea de seguir vinculado al baloncesto, Peñarroya empezó su carrera como técnico, en Olesa, tras una temporada con las botas colgadas. “No por el hecho de haber sido jugador uno está preparado para ser entrenador, ni mucho menos. Hay que prepararse, evidentemente”, dice ahora que cumple su novena temporada en los banquillos.

ACB Photo / Albert Martín

Su reivindicación del exjugador metido a entrenador no excluye la necesidad de la adaptación a una nueva responsabilidad, y de la preparación para ello. Preguntado por las experiencias recientes de Jason Kidd y Derek Fisher, que se han hecho cargo de un equipo NBA apenas un instante después de abandonar la práctica activa del baloncesto, Peñarroya reivindica: “Yo no lo veo normal. No pienso que un exjugador que se acaba de retirar de golpe y porrazo tenga que llevar ya un equipo de primer nivel. Yo creo que se requiere una preparación, cada uno tiene que coger su camino, hay muchos caminos y como en todo en la vida nunca sabes cuál es el bueno, pero sí que se necesita un periodo de adaptación, de asimilación a una nueva forma de vivir el baloncesto”. Una reivindicación del proceso formativo, sea cual sea este. El camino, en argot Peñarroya.

Su proceso le llevó a empezar en EBA (cuatro años), luego dos en LEB Plata, tres veranos como ayudante en selecciones españolas Sub20 y Sub18 y dos en LEB Oro antes de desembarcar en la Liga Endesa. Casi determinista, resume: “Cada uno toma su camino o toma el camino que le toca. A mí me ha tocado este. Yo estoy contento de mis cuatro años, que me ayudaron mucho a conocer la profesión, a coger una base para luego desarrollarme en categorías más profesionales. Y después, cuatro años en Andorra y siempre consiguiendo dar pasos adelante, consiguiendo objetivos”.

Su proceso le llevó al éxito, con un título de EBA, un título de LEB Plata, una medalla de oro Sub20, una medalla de oro Sub20, una Copa Príncipe y un título de LEB Oro: “Sí que es cierto que siempre consiguiendo victorias o consiguiendo éxitos, pero también he tenido temporadas muy duras, con grandes decepciones que también te curten. Esa ha sido mi formación, una formación que no sé si es corta o es rápida, pero es la que me ha tocado vivir”.

A diferencia de otros exjugadores, que empiezan directamente como ayudantes en la élite hasta que les llega la oportunidad de hacerse con el cargo de primer entrenador, Peñarroya empezó desde el inicio. A diferencia de muchos entrenadores, que pasan por las canteras de clubes ACB y van escalando hasta el primer equipo, Peñarroya empezó directamente en EBA. “La formación yo creo que ha sido muy buena y ahora, si la miras con perspectiva, pues me ha ido muy bien: esos cuatro años en EBA, dos años en Plata, dos años en Oro, y siempre ganando, como bien dice la trayectoria, ganando mucho y perdiendo poco, pero cuando he perdido, he perdido bien, he perdido a lo grande”.

A lo grande es ser campeón de EBA con Olesa y no poder confirmar el ascenso a LEB Plata por la desaparición del club. Es tener dos tiros libres en el último segundo del quinto partido del Playoff para ascender a LEB Oro con el Andorra y fallar. Es ir primero durante toda la temporada en su debut en LEB Oro con Andorra y acabar perdiendo la opción de ascenso por partida doble: primero en la liga regular y luego en el Playoff.

David Vidal
ACB.COM

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