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Descubriendo a Víctor Claver
Tímido en el trato y humilde en las palabras, Víctor Claver es para muchos un desconocido. Una personalidad introvertida que a veces choca con un mundo rodeado de egos desmesurados. Su infancia, la llegada a la ACB, su relación con la Selección… el alero valenciano se sincera en esta profunda entrevista y nos deja descubrir lo que se esconde tras el jugador

Redacción, 26 Nov. 2014.- Su andar no engaña: andar compasado, moviendo 205 centímetros de humanidad que intimidan tanto como su profunda voz (el cine se ha perdido una voz espectacular). Una imagen personal que destaca entre la gente con la que comparte caminar, pero que con un apretón de mano y una sonrisa deja entrever la proximidad de la personalidad, humilde y tímida, que hay tras gafas de sol que le protegen del sol valenciano.

A sus 26 años, de Víctor Claver conocemos más sobre su juego que sobre su persona. Los focos mediáticos del baloncesto siempre le apuntaron y se acostumbró a destacar y asumir responsabilidades impropias de la edad que vivía. Siempre estuvo en el radar de las expectativas y nunca falló con su cita en las diferentes selecciones en categorías de formación. Programado genéticamente para el mundo de la canasta, muchos pusieron sobre su figura el pesado titular de ser el alero europeo del Siglo XXI.

Carga que nunca ha reclamado para sí mismo y que durante su carrera ha provocado la frustración de algunos que ni tan siquiera se molestaron en cruzar palabra con él. El hijo pródigo de la cantera valenciana logró la difícil tarea de ser profeta en su tierra y ahora, vive su propio sueño disfrutando de lo que es competir con los mejores del mundo.


La normalidad como virtud

Una exitosa carrera nunca se programa, pero tampoco se consigue sin una planificación o la coherencia necesaria para marcar un camino que, con pasos seguros, llevaran a Víctor Claver de jugar en el recreo en el patio del Colegio Maristas de Valencia a hacerlo en la NBA.

Sin embargo, la historia bien podría haber sido muy diferente y en buena lógica nadie se hubiera extrañado que el hoy jugador de Portland Trail Blazers siguiera el legado de su padre Javier en alguna pista de la liga Asobal. Jugador y entrenador profesional, Javier Claver obtuvo un amplio reconocimiento y llegó a ganar como técnico la Copa EHF en 1994. No obstante no fue su figura paterna sino la casualidad la que hizo que Víctor se decantase por la pelota naranja. “En el colegio estaban los tres deportes: baloncesto, balonmano y fútbol sala, pero el equipo que había de balonmano era de gente un poco más mayor, no había de mi edad. Entonces en el equipo de baloncesto había un compañero de clase, un amigo”, recuerda un Claver que confiesa la precocidad de su juego. “Empecé el año anterior a mis compañeros, los de mi edad todavía no jugaban, pero a partir de ahí empecé a jugar, me gustó y hasta ahora”.

Sólo tenía siete años cuando comenzó a dar sus primeros botes encauzados en los equipos escolares de Maristas. Empero, su primera canasta fue incluso antes, pues en el recuerdo de Victor están los duelos con su hermano Javier en la canasta que colocaron sus padres en el hogar veraniego de la familiar Claver. “Antes de ir a la playa nos bajábamos a jugar un uno contra uno en la canasta que teníamos”, señala. Recuerdo éste que no sólo perdura en la memoria de Víctor sino que también “tenemos a los amigos del primer piso que todavía nos recuerdan que aquellos días nosotros les despertábamos por la mañana con el ruido que hacíamos jugando al baloncesto”.


Claver más que de rivalidad, el recuerdo de aquellos duelos es el de entrenamientos con un compañero con el que mejorar la pista. “Él empezó tarde y tampoco ha sido una relación de mucha rivalidad, al contrario, cuando jugaba contra él me ha servido para mejorar en verano cuando jugábamos. Siempre ha sido más apoyo que rival. Además, actualmente él es entrenador y desde ese punto de vista intenta aportar consejos y ayuda”, comenta. Unos consejos que ahora sigue impartiendo tanto a los pequeños niños que dirige en colegio como al propio Claver. “No corrige mucho, pero él se fija más en detalles que a lo mejor no se ven en la pista y siempre desde la opinión personal de un hermano. Sin meterse mucho, intentar aportar cosas para mejorar”, reconoce Víctor Claver.

Pero si importante fue y es tener un apoyo como el que él encuentra en su hermano Javier, el jugador de los Blazers reconoce que “mi padre era la clave de mi desarrollo, evidentemente como persona, pero también como jugador. Fue jugador profesional de balonmano y entrenador, y conocía el mundo del deporte profesional. Él fue quien iba marcando los pasos de mi evolución y tanto él como mi madre fueron los encargados de que las cosas fueran siempre por el camino correcto”. Unos padres que siempre le inculcaron la humildad del trabajo, la honestidad del esfuerzo y que con la unión familiar que siempre ejemplificaron le ayudaron a digerir una carrera en la que comenzó a destacar tanto como lo hacía su físico

Ser un chico alto espigado y pelirrojo siempre hizo que no pasara desapercibido en el colegio “Sí, sí...además hijo de profesor...”, agrega con sonrisa pícara. Y es que eso de tener un padre en el aula no es algo habitual y alguna vez que otra puede dar lugar a la broma entre compañeros. Nunca fue el caso de Víctor (“siempre me he hecho de respetar”, dice). Él tuvo la suerte de encontrarse con un padre querido y respetado como se puede ver con la gente que aún hoy en la calle le para durante la entrevista y recuerda sus años como alumno de Javier Claver. “Mi padre era un profesor muy querido, yo tuve siempre muchos amigos, así que tuve unos años de colegio perfectos”, comenta. Javier, profesor de física y química, siempre le enseñó el respeto a la normalidad y con sus consejos siempre pretendió que su hijo tuviera los pies en la tierra y distinguiera la realidad diaria que le rodea, con el mundo de fantasía que suele envolver al deporte profesional.

Aunque reconoce que sólo fue consciente de sus posibilidades deportivas a partir de su etapa junior, Víctor Claver se puede considerar un privilegiado porque desde pequeño siempre convivió con el deporte de máximo rendimiento. “Siempre he estado en selecciones, siempre he ido a las concentraciones de la federación desde alevín que jugué el campeonato de España con la selección valenciana. En la primera concentración éramos 50 de toda España, pero luego llegó la copa BAM y ya fuimos 10. Fue emocionante porque suponía el primer campeonato en el que competía fuera de España”. Fue con la Selección U14 y ya por entonces el fenómeno del chico pelirrojo era muy seguido en Valencia Basket.

(Foto EFE)

Fueron Toni Muedra y Manolo Real quienes siguieron con detalle sus progresos y los que, tras no convencerle para que ingresara en la entidad taronja, programaron una estrategia para que fueran dotando a su juego de mayores exigencias competitivas sin sacarlo de su hábitat escolar. “El colegio me daba a mí esa tranquilidad de tener estudios y baloncesto unidos. Además, tenía a mis amigos con los que había jugado toda la vida y, bueno, como eran mayores eso me servía para mejorar. Sí que es verdad que los últimos años, sobre todo, Valencia Basket ayudaba al colegio para que me ayudara a mí y hubiese una ayuda mutua tanto cuando estaba allí como cuando me fui a Valencia Basket”, señala un Víctor Claver que asegura que “tener ese apoyo fue bueno tanto para mí como para el colegio”.

Aunque tuvo ofertas para salir a otros equipos y viajar a otras ciudades, Victor siempre encontró en casa todo lo necesario para dar los últimos pasos antes de llegar al profesionalismo ¡“Qué mejor sitio que Valencia!”, exclama el propio jugador.

Un titular, un poster y una copa

A orillas del Mediterráneo labró su carrera, pero esta vio la luz en la meseta peninsular. Y no fue una luz clara, sino más bien tenue porque la primera toma de contacto de Víctor Claver con el baloncesto de élite fue a través de su convocatoria para la Copa del Rey de 2006. “La verdad es que fue una sorpresa pues, aunque ya entrenaba ese año con el primer equipo, no iba a ningún partido. Fue esa misma semana que me dijeron que tenía que ir a Madrid porque faltaban dos jugadores”, señala. Carles Biviá y él fueron los elegidos y de aquella experiencia aún hoy mantiene muchos recuerdos. “Fue la primera vez que nos dimos cuenta de cómo funciona un equipo ACB, la competición, la vida en el hotel… Además, en Madrid, con todo lo que conlleva: la prensa en el hall del hotel, el hospitality de Nike que era enorme, muchas cosas que, hasta que no llegas a ese punto de tu carrera, no llegas a ser consciente de cómo son en realidad”, dice.

La primera toma de contacto de Víctor Claver con el profesionalismo se tradujo en un sorpresivo subcampeonato copero, aunque cuando realmente disfrutó lo que es la competición de primer nivel fue una temporada más tarde. Ya dentro de la dinámica de equipo, Fotis Katsikaris fue dándole cada vez más minutos hasta que llegó el partido en Girona frente Akasvayu. Aquel día llegó su primera canasta en ACB, el primer gran día de Víctor (ocho puntos en 10 minutos). “El que más repercusión tuvo, seguro”, apostilla. “El primero que tuvo repercusión porque fue el primer partido en el que realmente pude aportar más, y por cómo fue el partido, remontando 18 puntos en el último cuarto”. Claver recuerda, además, que “ese partido fue un punto de inflexión en la temporada. A partir de la lesión de Milojevic tuve más minutos y quizá ese partido me sirvió para coger más confianza y jugar un poco mejor”.

Ese fue su primer titular, pero la primera imagen que de él se recuerda es la del mate con el que posterizó a Axel Hervelle en los playoffs de esa misma temporada. Un partido muy recordado por suponer el primero de Playoff que jugó en casa y por protagonizar un lance del juego que todavía hoy le recuerdan. “Sí, sí esta jugada también marcó un poco mi trayectoria”, reconoce. Sin embargo, el alero valenciano va más allá del hecho puntual de la acción y si ese día fue especial “por todo el partido no solo por esa jugada. Veníamos de haber perdido en Madrid por pocos puntos y, además, por una jugada un poco polémica. Les teníamos ganas”, aclara. “Luego ya en el partido empecé a jugar, a sentirme bien, estaba cómodo y salió esa jugada que levantó al público”, añade.

(Foto Álvaro Paricio)

De aquella imagen muchos también le recuerdan el posterior gesto de potencia y un punto chulesco tan propio del mate. Reacción visceral que sus detractores piden constantemente en su repertorio gestual. Empero Claver no es así. No lo hace falta gritar de rabia o gesticular para motivarse; quizá eso le haría conectar más con el público, ganar adeptos y restar críticos, pero ello conllevaría forzar una actitud que no va consigo. “Un poco mi personalidad es la de tener un carácter tranquilo y aunque no pegue un grito por dentro sí estoy activo o emocionado. Es verdad que a veces lo debería hacer de cara a los demás, no sólo para mí, pero bueno, sé que a veces no transmito todo lo que estoy sintiendo”, declara Claver. El jugador reconoce que “en ocasiones, estoy muy metido en el encuentro y llega un compañero y me dice ‘eh espabila’ pero por dentro pienso que estoy muy metido y concentrado”.

Fotis Katsikaris le brindó la oportunidad de debutar, pero fue la mano balcánica la que direccionó su carrera. El técnico griego siempre lo consideró como un ala pívot, pero tanto Neven Spahija como Svetislav Pesic y Velimir Perasovic sacaron lo mejor de su juego colocándolo como alero. Una disyuntiva que arrastra desde siempre y que difícilmente podrá evitar. Para Claver “donde he jugado más tiempo es como tres, que es como jugué casi todos los años en Valencia y es donde me siento más cómodo porque es lo que hecho siempre”. No obstante, el propio jugador señala que “por mi altura he tenido la posibilidad de jugar de cuatro y sé que en esa posición puedo hacer cosas más concretas. Por el contrario, de tres puedo aprovechar mi altura y tener esa ventaja con otros jugadores”. Un baile de posiciones aún por resolver tal y como él mismo se encarga de indicar. “He cambiado tanto de posición que no sabría qué decir... Prefiero pensar que soy un tres que puede jugar de cuatro”.

Como una esponja que absorbe conocimiento, del tridente de entrenadores balcánicos que tuvo, Víctor aprendió “sobre todo a ser duro y a estar siempre metido en el partido”. Cada uno con sus detalles y consejos, pero todos validos para modelar una trayectoria de la que tanto él como Valencia Basket salieron beneficiados. “Con Neven el equipo jugó muy bien, con él lo teníamos todo muy mecanizado y yo sabía lo que tenía que hacer. Luego con Pesic recuerdo que el primer día nos puso las pilas a todos y puede ser que con él fuera con quien mejor jugué. Además fue el año de Euroliga. Sabía que tenía su confianza para hacer lo que yo podía hacer y funcionó”, asevera.

Sin embargo, de aquellos años también queda el recuerdo de su primera gran lesión. Fue en 2008 y le supuso perderse más de tres meses de competición. “Fue una etapa de mi vida muy dura, además nunca había tenido una lesión relevante. En el principio estás motivado porque piensas que vas a ser fuerte y lo vas a sacar adelante, pero cuando peor se pasa es cuando estás llegando al final, quieres jugar y no puedes. Estar tanta horas de gimnasio y ‘fisio’ y no poder jugar es lo más duro para un deportista”, recuerda.

Con el paso de las temporadas Victor Claver fue creciendo en juego y sintiéndose cada vez más importante en un equipo del que ya no era únicamente un puntal en la pista, sino la imagen y el referente al convertirse en capitán. Como tal, en 2010 vivió su mejor momento como profesional levantando la copa de campeón de la Eurocup. Sin embargo, no lo hizo solo sino que quiso compartir aquel momento con su compañero Matt Nielsen.


Antes de que otros compartieran ceremonias de entrega o cedieran sus honores como capitán, Víctor Claver tuvo un gesto que es fiel reflejo del tipo de persona que hay tras el profesional. “Éramos los capitanes, él llevaba poco tiempo en el equipo pero ya era un jugador muy importante en el vestuario. Yo tenía 21 años y era capitán porque era la imagen. En la pista podía tener más liderazgo, pero fuera de ella quizá me faltaba experiencia y en ese sentido Matt era clave”, comenta un Claver que recuerda como se produjo aquel momento. “Se lo dije nada más acabar el partido. Creía que tenía que levantar la copa conmigo y, además, ¿para la foto queda mejor, no?”.


Una historia por reescribir
Como parte del eterno debate de lo que es y lo que podía ser, la relación entre Víctor Claver y la Selección siempre ha sido objeto de conversaciones. Tras ser referente en las categorías de formación, Víctor tuvo una integración progresiva dentro de un grupo en el que comenzó como invitado. Veranos de convivencia y preparación culminaron en 2009, momento en el que estrenó internacionalidad en un gran torneo.

(Foto FIBA Europe)

Lo suyo nunca ha sido fácil. En primer lugar porque la sombra de Carlos Jiménez siempre sobrevoló su juego. Una posición tan compleja como la del alero alto produjo más de un dolor de cabeza al equipo y la inevitable (y odiosa) comparación desde la opinión pública. “Como alero se nos ha podido comprar pero nunca intenté hacer lo que hacía él. Ha habido un cambio en la selección con su salida. Era un jugador clave y el capitán durante muchos años. Desde su salida no se ha buscado reemplazarlo, sino se ha cambiado la idea de equipo en su configuración. Es verdad que llevo el mismo número que él, pero en el campo no he sido su sustituto”, señala.

Tampoco ayudó el transcurrir de la competición en el Eurobasket de Polonia en 2009. Una primera fase complicada llevada al extremo con la derrota frente a Turquía hizo que la rotación se redujera y se difuminara por completo su participación. “Fue algo difícil de llevar, pero luego el equipo fue una apisonadora, entendí la situación y me dediqué más a disfrutar de la experiencia que a pensar en que no estaba jugando”, reconoce un jugador que siempre ha vivido en la disyuntiva del éxito colectivo y la necesidad individual de ser más protagonista.

Lo fue en 2013 cuando, con un equipo mermado por las ausencias, él se consolidó como titular. Notable fue su participación y meritoria la plata del equipo en el Eurobasket de Eslovenia. “Me quedo con la dificultad que fue cambiar un poco el equipo. Faltaron jugadores importantes de los últimos años, fue el primer campeonato de Juan Orenga y todos teníamos que dar un paso adelante y pensar que “han cambiado las cosas pero podemos conseguirlo nosotros”. Fue una pena perder el partido de Francia en la prórroga, pero creo que lo hicimos bien para la situación de cambio. Fue una medalla de mérito”, reconoce.

Y podía haber sido mejor si no llega a salirse el palmeo final del propio Claver o los colegiados pitan la falta que Tony Parker cometió sobre él. “Fue un momento tan intenso y de milésimas de segundo que en ese instante no lo protestas. Acabas el partido y te vas a la prórroga, pero luego lo ves repetido y ves claro que vino a por mí”, aclara.

Bien podría pensar Claver lo injusta que es la vida del deporte que sólo glorifica el presente y no recuerda que unos centímetros le separaron de meter al equipo una nueva final... sin embargo él no se detiene en ese pensamiento. “Lo injusto fue que no entrara la pelota”, repele. “El deporte es así: a veces la suerte hay que buscarla y a veces por centímetros o milésimas de segundo cambia, sino que se lo digan a Nocioni que también cambió la historia del baloncesto español”, recuerda Claver.

(Foto FIBA Europe/Elio Castoria)

Ahora que la decepción es tan reciente, Claver reconoce la oportunidad perdida en el Mundial a la par que agradece el apoyo de la afición. “Ahora son palmadas de ánimo lo que te da la gente, los que te quieren dar collejas no se atreven”, bromea. El reto es cambiar esa sensación de tristeza por una nueva alegría, esta selección siempre se levantó tras caer.

En lo particular, Víctor Claver confía en ser importante dentro de un grupo que ha hecho historia en el baloncesto, aunque tampoco desdeña seguir compartiendo un sueño del que aprende cada año. “Siempre te gusta aportar más, pero en mi caso nunca he pensado en negativo. Prefiero ver la situación en positivo y pensar que estoy en una selección muy grande, que ha ganado dos europeos seguidos, que es plata en los Juegos Olímpicos y de la que puedo aprender. Esa es mi mentalidad”, asegura.

Por ello, para Claver “estar en la selección es lo máximo y es muy especial. Siempre he estado dispuesto a ir, tanto cuando he tenido una buena temporada, como cuando a nivel físico o deportivo, por lesiones, era mejor descansar. Es algo a lo que no puedes decir que no. Si los entrenadores me llaman siempre estaré dispuesto a ir”, concluye.


(ACB Photo/M. A. Polo)

Una carrera de fondo aún por recorrer

Ese día en Vitoria, Víctor Claver se consagró entre sus seres queridos y con su afición. Con ella se mezcló y a ella ofreció la copa. La imagen del capitán bajando por las gradas entre la marea taronja es un momento de perfecta comunión… pero no siempre ha sido así.

“Al principio cuesta, cuando empiezas con 18 años todo te viene de nuevo. Desde el primer momento siempre se me ha exigido mucho, todos esperaban mucho de mí, pero yo siempre he ido a mi ritmo, sabiendo que esto era un proceso. Esto a veces no siempre se ha entendido y alguna parte de la afición pedía que hiciera algo más. Unos lo han entendido, otros no”, asegura un Claver que siempre ha sido honesto con su cita con el esfuerzo. “He intentado dar siempre el máximo, me considero un jugador trabajador, que intenta dar el máximo de mí mismo. Sé que hay gente que me tiene mucho cariño y otra que simplemente no le gusta como juego... bueno esto es parte de este mundo”, revela.

Claver no rehúye el principal punto de debate sobre su carrera. Un potencial ilimitado para muchos, condiciones extraordinarias para todos, pero también un exceso de conformismo para sus críticos conforman una mezcla explosiva que al final tratan de minusvalorar una trayectoria que no se puede cuestionar. “Entiendo que a la gente lo que le gusta es tener un jugador en su equipo que coge la pelota y la mete. A lo mejor haces un mate y luego la gente piensa “¿por qué no haces eso cada día?” Bueno delante hay un rival que hace su trabajo para que tú no luzcas y no siempre esto se entiende. Comprendo su postura, soy aficionado a otros deportes y hay cosas que me gustan más y menos. Desde el respeto se puede opinar y para eso estamos. Estamos expuestos al público y éste puede opinar”, reconoce un Claver que sabe que en este mundo del deporte profesional todo es relativo y las críticas de hoy, pueden ser halagos mañana… y viceversa.

Lo del egoísmo no va con él. Muchos le exigen que grite en cada mate, que tire más, en definitiva: que sea más protagonistas… cuando él sólo quiere hacer lo que el equipo necesite para ganar. Los focos compartidos queman menos y dan más brillo a los protagonistas. “Mi mentalidad se ajusta a lo que me dijo un entrenador en Portland: “vosotros los españoles jugáis para ganar””, confiesa.

Teniendo una forma de ver y entender la vida mucho más cooperativa, quizá sea una contradicción vivir en un mundo individualista y donde se ensalza tanto las estadísticas. “Llegado el momento puede ser que piense que en ataque la mejor opción no es tirar, y si es poner un bloqueo o dar un pase lo voy a intentar hacer. Esa es la forma de pensar que tengo cuando juego. Intento hacer las cosas para que el equipo juegue bien y gane, y si un día estoy mejor y me la tengo jugar, lo haré; pero si otro día no toca, intentaré otras cosas”, afirma un Claver que piensa que el ser una estrella no está reñido con la generosidad en la pista. “Ser buen jugador no quita para ser buena persona y creo que sí, que hay jugadores, sobre todo las estrellas, que pueden pecar de egoístas, pero también hay otros jugadores que no son estrellas y también son egoístas; hay un poco de todo y cada uno debe buscar dónde ir”.

Por suerte, hace tiempo que nadie marca los pasos de Víctor y él es el único dueño de sus decisiones. Sabe donde quiere llegar y, quizá por toda esta idiosincrasia, enfoca su carrera como “una carrera de fondo”. En su opinión “creo que no he tenido ningún momento de boom o explosión que llame la atención, sino más bien todo ha sido un proceso continuo que viene desde niño. Es una carrera de fondo, con momentos mejores y peores, donde he seguido la misma línea y, de hecho, es como me gustaría que fuera hasta el final”.


Un final aún muy lejano por mucho que parezca que ha pasado toda una vida desde que despertara a sus vecinos veraniegos botando su balón. Hoy ese chico pelirrojo es campeón de Europa, subcampeón olímpico y ganador de una Eurocup. “La verdad es que son logros que cuando te van llegando te vas acostumbrando y quizá no debiéramos. Lo ves como algo normal, pero sí que es verdad que cuando empecé esto no lo imaginaba”, declara un jugador que recuerda que “el primer año con Pamesa Valencia fui invitado con la selección y el verano anterior habíamos sido campeones del mundo. Yo pensaba ¿qué hago aquí con estos tíos que son tan buenos?”. Ahora su currículum comienza a asemejarse a los que antes admiraba y eso es algo que ni el más exigente crítico puede negar.

Centrado en crecer en la NBA y disfrutar del paso que dio hace tres temporada, Víctor Claver lucha para desdecir a aquellos que piensan que su techo ya ha sido alcanzado. “Espero que me quede todavía mucha carrera. Sí que es verdad que ahora parece que se ha estanco un poco esa carrera, pero cada día hago lo posible para seguir hacia arriba y avanzar”.

Son muchos los kilómetros que desea recorrer en una carrera maratoniana que no sabe dónde le llevara pero a la que le pide “lo que tengo ahora: el poder estar donde quiero estar, porque al final es una suerte elegir donde estar”. Para Claver “conseguir algún título más no estaría mal y, sobre todo, no recordar la carrera como una donde las lesiones no le han podido dar el máximo”. Sincera reflexión final de un hombre tranquilo que se despide con una sonrisa y un agradecimiento por la conversación mantenida; él no sabe que la gratitud es mutua por habernos permitido conocer a un jugador atípico que sueña con la normalidad en un mundo extraño.

Álvaro Paricio
@Alvaropc23
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