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Los Reyes de Serena
¿Quién le iba a decir hace un mes a Fede y su mujer Eloisa que pasarían las mejores Navidades de su vida? La pequeña Serena vive hoy su primer día de Reyes tras ganar la batalla por su vida. Daniel Barranquero, tras hablar con Van Lacke, relata en forma de carta una historia muy emotiva con final feliz

Foto Rocío Quirante


Querida Serena:

Te voy a contar una historia. Tú no eres una niña como las demás. Tú eres más fuerte que nadie, tú eres más luchadora. Tú ya has ganado la batalla por tu vida. Quién nos lo iba a decir en aquel día de octubre.

Era martes, martes 7. Tres días antes íbamos a jugar un partido, el primero de la temporada. Por la mañana, en el entrenamiento, me lesioné. Esguince de tobillo. Y la lesión fue dura, nos asustamos un poco los médicos y yo. Les decía que en unos días daría a luz mi mujer, tu mamá Eloisa.

Me preguntaba como podría cogerte con muletas pero al tercer día le dije al doctor que las dejara a un lado. Y es que cuando te vi se me pasó el dolor. Te confieso que tuve suerte porque las enfermeras, las matronas y los doctores eran del Estu, y me traían mantas y almohadas. Me cuidaban más que a tu madre.



Todo fue perfecto en aquellos días. Qué alegría la primera vez que te llevamos a casa. Y qué felices los primeros 38 días allí. Aún recuerdo el número. Y no se me borra cada paso de la pesadilla que estaba a punto de comenzar. Vaya susto nos diste, niñita. Tu hermana Isabella comenzó un proceso de bronquiolitis la semana anterior, con vómitos y picos de fiebre altas. Pero ella, que ya rozaba los 3 años, al ser mayor que tú, tenía más defensas y su cuerpo combatía mejor ese tipo de virus. Estuvo unos 10 días malita pero temimos más por ti, que todavía eras una recién nacida.

En el hospital nos dijeron que estuviéramos alerta y que al primer síntoma tuyo tendríamos que ir a urgencias. Y así fue. Qué locura de fin de semana. Te llevamos un sábado, te mandaron de vuelta a casa y volvimos al día siguiente. Habías cogido el peor virus posible dentro de la bronquiolitis y te ingresaron en planta en el hospital San Rafael, tan desbordado por la gran cantidad de niños, para tenerte un par de días en observación. Pero fue mucho más que eso.

"Se moría, se moría"
, decía tu mamá, que tan mal lo pasó por ti. En un momento, dejaste de respirar y te nos ibas. Nos dejabas, Serena. Aún recuerdo la llamada de teléfono de tu mami en la que me dijo que te estabas muriendo. Justo cuando jugábamos en Zaragoza, te llevaron al hospital. Cuántas cosas pasaron esa semana.

Foto Rocío Quirante


Es lo peor que me ha ocurrido nunca. Y no te voy a engañar, no pude mantener la calma. Te pusiste muy enferma, te ingresaron en la UCI y tu salud era muy delicada. Generabas muchos moquitos, tus pulmones estaban muy dañados y al ser pequeña generaste infección, aparte del propio virus de la bronquiolitis. La primera información que tuvimos tuya la recibió tu madre, estando sola mientras yo iba al hospital a estar con vosotras. No le engañaron, no lo suavizaron. Le dijeron que estabas muy mal. Y no, no estoy llorando, me emociono ahora al recordarlo pero te lo cuento feliz porque tienes final feliz. Porque eres feliz. Porque nos haces feliz.

No respirabas, tus pulmones no respondían e imagina cómo nos quedamos cuando nos lo dijeron. Esa tarde pisé el acelerador más que nunca. Terminé de entrenar, recogí a tu hermana, que me preguntaba todo el rato por qué iba tan rápido. Mira que mamá y yo intentamos mantenerla en una burbuja y no asustarla demasiado, aunque yo ese día le dije que tú estabas malita, sin muchos más detalles. Tenía que saberlo.

Poco después vino tu tita. Tuvimos suerte con ella. Qué bien vino eso de que mis tíos llevaran 30 o 40 años en España. Y mejor aún que mi prima, doctora en el Infanta Leonor, asistiese al parto cuando naciste y que luego fuera la primera en estar conmigo cuando te llevaron a la UCI. Ella habló directamente con el doctor y nos tradujo su informe, lo que nos dio tranquilidad. Y es lo que necesitábamos justo después de la impresión tan grande que tuvimos ese primer día, al verte entubada, con todos los cables, tan delicada, tan feo todo.



Tu familia empezó a llegar. Tu abuela, mi suegra, volvió de Argentina tras haberse marchado. Los míos aterrizaron diez o quince días después. Pero es que tenías que haber visto cómo se portó tu Estu. Tu hermana es de Badalona y tú de Madrid. Pero como no me salgas del Estudiantes vamos a tener una charla tú y yo. ¿Sabes? Todos se volcaron con nosotros, mañana, tarde y noche. Juanjo, el médico del equipo. Javi, el delegado. Txus, el técnico. Y compañeros como Xabi Rabaseda también.

Jugadores, entrenador, cuerpo técnico, directivos, afición. No me dejaban nunca solo. Mensajes del básquet español, del argentino. Un día le dije a tu madre que algo bueno habríamos hecho para tener tantos amigos, para tener a tanta tente que nos quiere.

Serena
, todo el mundo se aprendió tu nombre esos días. Todo el mundo hizo fuerza para que tú salieras de esa, para que tú hoy sonrías. Los detallazos del delegado, que nos llevaba la comida al hospital para que no tuviéramos que salir de él. Vidorreta nos trajo un bizcocho que había hecho su mujer para nosotros. Slaughter nos acercó unos regalitos para vosotras. Mira que a mami le tiró siempre más el blaugrana y que yo ya soy un demente más pero ese día no importaron los colores y el gesto nos pareció precioso.



Y, ¡ay, Serena, cuando el teléfono sonaba! Un día lo cogí y era Porfi Fisac. Ya le conocerás de tanto que hablé de él. Cómo me emocionó ese día el maldito. Él es un motivador nato, siempre con ánimo y aliento, pero en aquella llamada fue más allá. Me recuerdo colgando, apretando los puños y diciendo que iba a cogerte, Serena, y juntos íbamos a salir adelante.

El baloncesto era secundario a tu lado, hija. Txus me apartó del equipo para que me centrara directamente en lo importante. Y lo importante eras tú. Cuidarte a ti, estar con tu madre y con tu hermana. No olvidaré ese gesto ni el respeto que tuvieron. Eran momentos delicados y pude estar con vosotras.

Pero aquel partido lo quería jugar, Serena. Necesitaba jugarlo. Ese partido eras tú y era tu lucha. No era mi falta de sueño, ni mis lágrimas. Ni siquiera los apoyos, el simbolismo o el propio deporte. Eras tú, hija. El jueves lo había hablado con Cabrerizo, qué gran tipo. Jugábamos el domingo y la decisión que se tomó fue que yo no viajara el sábado con el resto de compañeros. Mas en mi cabeza no entraba esa opción, siempre quiero estar con el equipo y deseaba dedicártelo a ti y gritarle al mundo que yo estaba allí e iba a poder con todo y más.

Foto Rocío Quirante


"No, no viajas", me decían. Pero surgió la opción de ir el domingo y yo respondí que espectacular.

- Lo único es que es a las 6:30 de la mañana.
- No pasa nada, llevo sin dormir 6 o 7 días, que no duerma un día más no pasa nada.

Llegué del hospital a las 11 de la ncohe, comí algo rápido, me acosté y a las 4 me levanté. Me di una ducha para espabilarme un poco, después el preparador físico me recogió y me llevó al aeropuerto. Llegamos a las 5:45, a las 6:30 cogimos el vuelo y a las 8 ya estaba en el hotel para desayunar con la plantilla. Vi el vídeo, jugué a las 12 y a las 4 ya estaba volviendo al hospital, donde tu madre y todo el personal médico habían estado pegados a la radio siguiendo el partido y sufriendo más que yo. Porque para colmo perdimos de uno, hija. "Dame una mano, una alegría por lo menos", gritaba esperando alguna respuesta a tanta mala suerte. Sin embargo, la alegría me la diste tú. Desde entonces fuiste evolucionando un poco cada día. Nunca dejarás de hacerlo.



Hay otros tres momentos que tengo muy grabados de esos días de tantos extremos. Uno fue en el partido del Real Madrid. Ya estabas mucho mejor, muy recuperada de la bronquiolitis. Sentíamos que era el final del camino. Eso sí, seguías con tus infecciones por mucosidad y sufrías todas las consecuencias de la sedación durante tantos días, sentías mono por la adicción y, para que pudieras estar relajada y sedada, tenían que darte metadona.

Es duro, Serena, es muy duro tener que ver cómo suministranesa droga a una personita tan pequeña como tú. No obstante, tú lo luchaste muchísimo, vaya tía estás hecha. Tenías 40 días días y batallaste por tu vida. Es para quitarse el sombrero, eres una campeona total. Y entonces vi la pancarta. La famosa pancarta.

"La Demencia está con Serena. Ánimo Fede". Te voy a ser sincero, hija. En el momento no me di cuenta. Imagínate, venía el Madrid invicto. Remontada, victoria, pabellón lleno, ambiente mágico, los reyes del mundo. Nacho Martín dedicándomelo por Televisión Española. Slokar abrazándome emocionado, el mundo como si se hubiera parado. Y nada más acabar la gente empieza a preguntarme por la pancarta. Tus abuelas, mi madre y mi suegra, en la grada llorando a más no poder, súper emocionadas. Fue un detalle muy bonito de la afición y de la Demencia en concreto. Me sentí muy arropado por el gesto. Aquel día ganamos más de un partido.



El segundo es el homenaje que busqué desde aquella madrugada sin dormir antes de Bilbao. ¿Quién me iba a decir que estaba a punto de hacer contra el Barça el partido de mi vida? Salió todo. Y tú eres la razón. En uno de los mensajes de agradecimiento respondí que necesitaba un encuentro así para devolver tanto cariño. 25 puntos, 33 de valoración. Los números tal vez los igualé en otra ocasión pero todo lo que había pasado aquel día en la cancha, con toda mi gente en la grada, con el Barça de rival, televisado en España y Argentina, remontando... fue muy emocionante. El partido de mi vida. Te lo merecías.

Y el tercero es el más importante y ocurrió entre ambos. Te tocaba irte del hospital. Y saliste, porque las niñas como tú no pueden estar encerradas. Y viviste, porque las niñas como tú no pueden dejar de latir. Ese 12 de diciembre supimos que íbamos a pasar las mejores Navidades de nuestra vida. Y que no podría haber mejor regalo que tu presencia. La cara de Isabella y Eloisa al estar todos juntos.

La bola con tu nombre en nuestro árbol de Navidad. Clemente el Demente -ese dichoso oso es más grande que yo- y su bufanda del Estudiantes siempre abrazado a vosotras. Y todos en casa en Nochebuena y Nochevieja, que no te queríamos sacar mucho a la calle esos días para no correr más riesgos al estar aún tan propensa a enfermedades.



Tus abuelas, tu mamá, tu hermana, que ya hace sus cartas para los Reyes y todo, tú y yo. Juntos, sanos, felices. Tan simple como eso, disfrutando de estar donde queremos estar. España, ACB, Estu. Y esta familia. Así da gusto celebrar cenas o cambiar de año. Así da gusto luchar y vivir. ¿Sabes? Me tocó entrenar este lunes 5 de enero pero te prometo que habrá muchas más Cabalgatas en el camino. Serena, disfruta este regalo que el tuyo fue mucho mayor. Disfruta de la vida tanto como lo has luchado. Y disfruta de estos Magos que vinieron a pedirte magia.

Feliz día de Reyes, Serena.

Daniel Barranquero
@danibarranquero
ACB.COM

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