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Rudy Fernández cumple su tradición (85-73)
El Real Madrid estará un año más en semifinales tras batir por 85-73 al CAI Zaragoza. Los blancos han tenido que remontar tras irse debajo al descanso, ante un CAI de alto nivel

86-78

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Robo y mate de RudyContraataque del CAI


Redacción, 20 Feb. 2015-. El Real Madrid ya está en semifinales tras remontar en la segunda parte a un CAI Zaragoza bravísimo que soñó durante muchos minutos con romper su maldición contra el conjunto de Pablo Laso.

Si al conjunto madrileño se le da bien el CAI también a un Rudy Fernández que cumplió una vez más su tradición de fulminar al cuadro zaragozano. Los de Joaquín Lorente, con un Norel soberbio, avisaron en el primer cuarto (22-22) y, con Landry ganado para la causa, llegó a ponerse 7 arriba al comienzo del tercer cuarto (39-46, m.21), pero un 15-0 de la mano de Ayón y el propio Rudy culminó la remontada y cambió por siempre la historia del partido hasta el 85-73 final.

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La inspiración de un gancho

Por la mañana, en el último entrenamiento del CAI Zaragoza antes de estrenarse en la Copa del Rey, los jugadores se picaron entre ellos, en un torneo del K.O que ríete tú de una final olímpica. Eliminado a eliminado, los gritos se sucedían entre la banda, metiendo presión a los pocos que quedaban. Cuando quedaban solo Sergi García y Henk Norel, el holandés corrió hacia atrás y tiró el triple más raro de su vida. Un gancho perfecto, cayendo, de espaldas, de esos que se hacen virales si a algún iluminado se le ocurre grabarlo en vídeo. Y entró, bendito sea, entró. ¡Y cómo lo celebró!

Cualquiera de los que estaban allí, la veintena de integrantes del CAI y otros tantos periodistas, hubieran jurado que nada podía hacer más Norel en todo el día para impresionarles más que con ese triple. Pero el de Amsterdam salió dispuesto a superarse a sí mismo. Desde su primera canasta y a pesar del arranque de genialidad de Rivers (6 puntos para el 10-5 en el ecuador del primer cuarto), la pintura llevó su nombre. Una canasta y adicional le dio la primera ventaja a un CAI (10-11, m.6) que creía y hacía creer.

Rudy Fernández, al que de pequeño algún adolescente zaragozano le debió quitar una novia porque desde entonces CAI que ve, CAI que fulmina, era el encargado de darle réplica y de asistir a Reyes para la reacción blanca (21-17, m.9). Sin embargo, Landry se sumó a la guerrilla maña, de esas que plantean mil pequeñas batallas en lugar de una gigante cara a cara, y con su ayuda los de Ruiz Lorente consiguieron nivelar el partido al final del tercer cuarto: 22-22. Era el resultado más justo.

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El orgullo de un técnico

El Real Madrid se sentía incómodo por más que Carroll volviera a hacerle ponerse por delante con un triple (26-23, m.12). Al CAI le estaba yendo bien con eso de balones a Landry, que volvió a darle la vuelta al partido en muy poco tiempo (26-27, m.12).

Para colmo, Katic se convertía en la tercera alternativa del cuadro rojillo haciendo mucho daño en la pintura y ganándole la partida a cada defensor, amagando, anotando, dándole solidez a un equipo cuyo gran inicio, a esas alturas, ya no parecía una anécdota (28-32, m.13).

Joaquín Ruiz sonreía en pista, consciente de que un día de febrero de hace 25 años, en esta tierra, tocó el cielo en la Copa, aquella a la que un mago llamado Mark Davis dio para siempre nombre y apellidos. Sus chicos, estos por los que tanto dio la cara en la previa, estaban jugando con la misma ilusión con la que habían celebrado ese infantil torneo del K.O. durante la matinal. Y Norel, el del gancho imposible, se hartaba de capturas rebotes en ataque que sus compañeros aprovechaban (33-39, m.18).

No es que el CAI estuviera resistiendo con vida al Real Madrid, de una forma tan diferente a la vivida en las semifinales de Málaga. Es que, simplemente, el CAI mandaba en sensaciones muy por encima de lo que el resultado al descanso (37-41, y a Rudy gracias) indicaba. Inmensos.

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El campeón aparece

Dice el diccionario que un campeón es aquel que obtiene la primacía en un campeonato. Pero no, el diccionario no sabe nada de los mandamientos y deberes de un campeón. Y campeón no es solo el que gana. Un campeón es el que defiende su corona. Y el Real Madrid, campeón, eterna Copa desde aquel tiro de Llull en la que el tiempo se congeló, no podía irse de Gran Canaria sin sentir que luchó hasta el último segundo por defender lo que suyo fue.

Desde su regreso de vestuarios, el equipo fue otro. Un equipo tan fuerte mentalmente que ni siquiera la primera alarma seria de despegue zaragozano (39-46 tras canasta de la constante Landry le hizo pestañear. A su partido, más allá de los puntos de Rudy o un par de niveles más de intensidad defensiva, le faltaba un gesto. Un guiño, un grito, una reacción, un golpe en la mesa. Lo que fuera… pero ya. Y Ayón, el único jugador junto a Rivers que jamás celebró una Copa en cualquier parte del mundo, le dio al Real Madrid este gesto simbólico de la forma salvaje, con un mate de puro desahogo, a una mano, que valió mucho más que dos puntos.

A partir de ahí, barra libre. En uno de sus cuartos más brillantes de la temporada, el Real Madrid encarriló su pase a semifinales con unos minutos de locura. Rivers le siguió con un triple y Rudy Fernández con otro para darle al Real Madrid una ventaja que ya no perdería hasta el bocinazo final (47-46, m.23). 8-0. Y lo que estaba por venir.

Rudy, siempre Rudy, hacía más escandaloso el parcial con otra canasta de 3 puntos y Ayón completó el parcial que él mismo empezó con otro acierto en la pintura para estirarlo hasta un sangrante 15-0 en solo cuatro minutos (54-46, m.25). Y quedaba el guiño final de Rudy. 14,5 puntos y 16,6 de valoración de media en los 11 encuentros anteriores contra el CAI. No se puede decir que no les hubiera avisado. Cuando tras robo y contraataque se colgó para poner a su equipo 10 arriba (61-51, m.27), el choque pareció más blanco que nunca. Y pese a un arreón final del CAI –olés incluidos en una jugada colosal culminada por Katic, un 2+1 de Llull y un triple del Chacho sobre la bocina confirmaba las sensaciones. 30-15 en el tercer cuarto, 67-56 en el luminoso y un hecho aún más importante: el campeón ejercía de campeón.

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Carroll sentencia

No hubo mucho más. No fue el paseo de las semifinales de 2014, ni tampoco el plácido camino hasta la victoria del Real Madrid en el último partido liguero. Tampoco dio la sensación de que uno le hubiera ganado 14 veces seguidas al otro, viendo el ímpetu del CAI, la puesta en escena de la primera parte o el orgullo del mismo Katic, que moriría en la pista antes de aceptar una derrota (67-60, m.32).

El Real Madrid, tras perdonar en varias ocasiones, terminó su sequía de 4 minutos sin anotar con un par de triples letales para la eliminatoria. Carroll, ejecutor desde el 6,75, hacía más amplio el parcial de un Real Madrid (78-64, m.36) que, con el trabajo ya hecho, se dedicó a saborear su triunfo hasta el 85-73 final.

16 puntos, 8 rebotes, 6 asistencias, 25 de valoración. Rudy Fernández reía, mientras Norel, tan heroico de inicio, tan perfecto su día, se despedía cabizbajo compartiendo un único consuelo con sus compañeros. Había sido una derrota digna.

Daniel Barranquero
@danibarranquero
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