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Andrés Nocioni: apología de lo rústico
Un guerrero entre estetas, Andrés Nocioni ha colmado todas las necesidades que llevaron al Real Madrid a ficharle. El gen competitivo es el salto de calidad que ha guiado a los blancos al ansiado título y, a él, al MVP



Pablo Laso, 17 de mayo: “Hay una cosa en baloncesto que no es tirar a canasta, defender, robar balones... Aquí dentro tiene que haber algo y el corazón del Chapu tiene que ser muy grande. Me alegro mucho por él, con una carrera tan larga como la suya, ha mostrado el hambre que sabíamos que tiene, lo ha demostrado y me alegro mucho por él”

Andrés Nocioni, 17 de mayo: “La verdad es que yo veía que podíamos salir campeones y tenía mucha confianza en el equipo, pero bueno, dada mi temporada nunca pensé que podía ser MVP. Pero bueno, siempre un viejo tiene algo para sorprender. Por suerte hoy me salió, metí lo que tenía que meter, rebotes, consistencia, fuerza, qué más te puedo decir...”


Andrés Nocioni es el hombre en el que los tópicos confluyen hasta alcanzar la verdad. La garra, el gen competitivo, el corazón del campeón, el hambre insaciable, los huevos, el corazón más grande... Porque la Final Four del Chapu ha sido un derroche de todo lo ya conocido.

Técnicamente por debajo de muchos de sus compañeros, Nocioni ha sido el factor diferencial en Madrid 2015. Su MVP no radica tanto en sus 12 puntos, 6 rebotes, 7 faltas recibidas, 1 asistencia, 1 tapón y 18 de valoración ante el Fenerbahçe ni sus 12 puntos, 7 rebotes, 2 asistencias, 2 tapones y 18 de valoración ante Olympiacos, porque su envoltorio es radical. Es tanto su triple como el gesto posterior a él, es tanto su falta como la mirada al compañero mientras aplaude, es tanto su tapón como la sensación de adrenalina del compañero que recoge el balón y sale al contraataque, es tanto el rebote como la confianza en él del exterior que va a recoger el balón para iniciar la transición.

Foto Euroleague/Getty


Es tanto el deseo, que a Nocioni los números le pueden dar el MVP, pero el dominio siempre lo darán las sensaciones. Las propias y las generadas.

Andrés Nocioni, 30 de septiembre: "El estilo seguirá porque es lo que nos gusta hacer. Le hemos puesto un punto más de rusticidad. Soy bastante rústico pero me puedo adaptar a hacer un juego bonito. Será bueno empezar a jugar al baloncesto a mis 35 años"

Andrés Nocioni, 17 de mayo: “A veces las finales no se ganan bonito, y hoy no jugamos bonito. No fue un partidazo técnicamente atractivo, pero sí emocionante, con mucha adrenalina. La diferencia se marcó al final, no es real”


Andrés Nocioni desembarcaba en verano en Madrid como parte de la remodelación para sustituir a la estrella Nikola Mirotic. También un cuatro abierto (esa posición que le ha permitido extender la gloria en esta parte más avanzada de su carrera), el Chapu suponía, hombre por hombre, un cambio que restaba en la consideración global del Real Madrid. Y era, además, una rara avis en un equipo formado por estetas, por hombres con sumo aprecio por el balón, por su mimo y especial consideración por cómo este alcanza el aro. Ante ellos, irrumpía la brutalidad del Chapu.

Foto Euroleague/Getty


Así que, en el albor de la temporada, Nocioni se definía a sí mismo como un jugador “rústico” que necesitaría adaptarse al “juego bonito” que había sido emblema del Real Madrid, tras una temporada histórica por victorias consecutivas y nivel de belleza en el juego, pero que había acabado en lo amargo, sin Euroliga ni Liga Endesa.

Pero el Chapu no era tanto un hombre para el camino como para el objetivo final. “A veces las finales no se ganan bonito”, decía una vez el título de Euroliga y el MVP ya estaban en su mano. Porque en lo álgido de las emociones, con la adrenalina segregándose a borbotones, el Chapu no entiende de bonito y de feo, de bruto o suave, de loco o cuerdo, sino de ganar. Y, cuando llegó, lo hizo.

Como si lo rústico fuera imperfecto, parecía a inicios de temporada que Nocioni no estaba a la altura del talento de este Real Madrid. Si sus triples en caliente, si sus miradas que encienden, si sus rebotes poderosos, si sus tapones desde la nada, si su empuje defensivo, si su cuerpo a cuerpo, si sus aplausos, si sus faltas que marcan territorio, si su salida a las ayudas, si sus bloqueos no son talento, que viva lo rústico.

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Sergio Scariolo, 17 de mayo: "Es un jugador hecho para estar en un equipo como este. El año pasado recuerdo muchas veces en las que hablábamos y me decía que no estaba para jugar 30 minutos y tener que hacer tantos tiros. Incluso lo vivía mal, desde un punto de vista nervioso, con una presión tremenda. Ha vuelto con nivel de calidad impresionante, concentrado su prestación en menos tiempo y firmando grandes triunfos de esta temporada porque en la Copa también tuvo un papel fundamental".

Andrés Nocioni, 17 de mayo: “Estuve en el Baskonia, que le di todo lo que le podía dar. Hasta que me di cuenta de que no era la mejor situación para mí ni para el Baskonia. Entonces tomé esta decisión que dolió mucho al principio. Solo un jugador que tiene ambición y ganas de seguir la toma. Otro se quedaría tranquilo, no tengo nada que ganar ya en mi vida. Pero me puse en la situación para ganar algo que no había ganado nunca”.


En un Baskonia que se había visto obligado a rebajar sus objetivos con respecto a la anterior etapa del argentino en el club, Nocioni sufría. Sufría porque sentía a la vez el mismo apego al lugar que la sensación de que estaba obligado a algo que ya no podía cumplir. En el Laboral Kutxa, Andrés Nocioni debía ser el hombre, el líder dentro de la cancha a lo largo de la temporada, titular, jugar muchos minutos para mantener el nivel, marcar el tono del equipo. Y su cuerpo ya no procesaba responder a necesidades tan continuadas. “Lo vivía mal”, reconoce ahora Sergio Scariolo, el que fuera su entrenador en el conjunto vitoriano la temporada pasada.

En Vitoria ya no le acompañarían los títulos. Él ya no podía guiar hacia ellos, así que salió hacia un lugar donde su papel decreciera y las posibilidades de ganar aumentaran. Y el Nocioni que viste de blanco es un jugador de rotación, un hombre que no ha alcanzado los 18 minutos de media en la Euroliga, tiempo en el que su cuerpo sí responde a las necesidades físicas de su juego y en el que el esquema del Real Madrid es capaz de procesar los extras que aporta el argentino.

EFE

Facu Campazzo, 17 de mayo: “Habla mucho, jode mucho, pero bueno... si me dan a elegir lo quiero en mi equipo, en todos mis equipos. Creo que todos pensamos igual”.

Andrés Nocioni, 17 de mayo: “Facu sabe muy bien de adentro cómo trabaja mi cabeza, y cómo a veces mi cabeza se exige tanto y se mete tanta presión y tanto nivel, que hay a veces que hasta no juego bien por la misma presión o por la misma fuerza que me quiero meter a mí mismo. También tengo que saber que tengo una edad y hay mañanas que el cuerpo no arranca y esa es la realidad”


En una Final Four en la que Vassilis Spanoulis volvió a despertar terror, el premio final en la categoría de carácter ganador acabó recayendo en Nocioni. Porque todas esas cualidades que el Olympiacos encarna y que le convertían en el equipo contra el que nunca apostar, acabaron repartidas entre los 203 centímetros del argentino.

Él fue la ira y la furia, la locura ganadora, el nunca dejar de creer, el control de las emociones, el derroche de energía... Todo lo que hacía temibles a los griegos quedó absorbido por el Chapu. Y si, tras las semis, Spanoulis era el ídolo al que rendir culto, Nocioni si convirtió tras la final en el hombre ese que “siempre en mi equipo”, como reconoce Facu Campazzo, que ha compartido vestuario con él en Peñarol, en la selección argentina y en el Madrid.

Y tras todo un año juntos, compartiendo habitación en los viajes, altibajos, confidencias y rabias, nadie como el base conoce esa mente imparable del Chapu. La que nunca frena, la que exige por encima incluso de las propias posibilidades, la que le convierte en ese animal competitivo que, cuando llegan los momentos de la verdad, quieres contigo.

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Andrés Nocioni, 16 de mayo: “Yo sigo puro... yo todavía no perdí ninguna”
Andrés Nocioni, 17 de mayo: ¿Seguís puro? “Honesto... Yo trato de ser honesto con la gente. Si un equipo apuesta por mí y sinceramente me da la satisfacción de meterme en una situación como esta, yo le dejo todo y lo hago...”


El sábado, el Real Madrid todavía llevaba cayendo en dos finales de Euroliga consecutivas. El bloque blanco no había podido con Olympiacos en Londres ni con Maccabi en Milán, dos citas en las que Nocioni no formaba parte del equipo. “¿Estás puro?”, le preguntaba un periodista argentino, buscando conocer ese ambiente de necesidad, ese apremio de ‘a la tercera va la vencida’.

Y Nocioni siguió puro. Porque la misma pregunta le llegó 24 horas después.

Pese a la longitud de su carrera, él nunca había disputado una Final Four. Se quedó cerca con el Baskonia, y siete temporadas y media en la NBA le impedirían estar más en esa tesitura. Y el Real Madrid le buscó por eso. Poco importaba que no hubiera disputado ninguna; su experiencia era algo así como infinita. A él le asaltaba la necesidad de victorias y al Madrid su genotipo; así que se obró la simbiosis que, de inicio, extrañaba por la rivalidad que había enfrentado a Baskonia y Madrid en los últimos tiempos.

Y Nocioni llegó y venció. Para seguir puro.

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Rudy Fernández, 17 de mayo: "En los días importantes ha sabido dar un paso adelante con su veteranía. Esa fuerza que tiene en la pista nos hace a todos tener más confianza".

Andrés Nocioni, 17 de mayo: “Yo le agradecí, ellos me agradecen, es normal. Yo quería estar en la situación donde pudiera jugar esta final y gracias a ellos estoy acá, porque mi temporada no es brillante durante todo el año. Pero me pusieron en esta situación y yo asumí que estar en esta situación era lo que yo quería y por eso mismo me salieron las cosas. Y luché como lucho siempre, toda mi vida. La verdad es que a veces me puede salir mejor, a veces me puede salir peor, alguno puede decir que estoy loco, alguno que no, pero es como juego y por suerte se dio. Ya está”.


Rudy Fernández es uno de los jugadores más importantes del Real Madrid. Uno de los culpables del altísimo nivel del equipo, de su acumulación de talento y de haber alcanzado la Final Four. Y, tras caer en dos finales de Euroliga consecutivas, aprecia públicamente el extra aportado por Nocioni. La temporada de Rudy Fernández le ha llevado al Segundo Quinteto de la Euroliga; la del argentino “no es brillante durante todo el año”, como el propio Nocioni reconoce.

Pero, en el momento en el que los títulos esperan, Rudy valora la veteranía, la fuerza y la confianza que anidan en el Chapu. En ese que habrá regalado algún codo de más y habrá puesto algún bloqueo menos amable de lo deseado en los entrenamientos, en ese que habrá mirado asesinamente, en ese que loco que te grita. Pero las estrellas reconocen al Chapu.

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Sergio Llull, 17 de mayo: “Ahora tienes más experiencia, los partidos se deciden por pequeños detalles, por ser agresivos, y en eso tenemos al rey, que es el Chapu. Nos ha dado un salto de calidad brutal”

Andrés Nocioni, 17 de mayo: “Especialista no sé... Yo creo que vine acá a jugar con fuerza, a darle algo distinto al equipo. Todos saben que yo le puedo dar algo diferente al equipo y por suerte salió bien. En los dos partidos me han salido las cosas, me han salido los tiros, rebotes, la fuerza y todo”


Para eso vino. El Real Madrid parecía adolecer de endeblez competitiva, a tenor de sus previas decepciones (una final perdida tras una gran remontada de Olympiacos, otra después de una prórroga), y tomó la decisión en verano de robustecerse con un perfil de jugador que pudiera rebajar la capacidad técnica, pero aumentar el nivel medio bajo presión. El Real Madrid se endurecía, sabedor de que no todos los títulos se ganan por talento. Que muchos partidos residen en el oficio, la fuerza y el deseo. Y que las finales acostumbran a ser algunos de ellos.

Y Sergio Llull también reconoce el “salto de calidad brutal” que les ha dado Nocioni. Como se viera en la final de la Copa del Rey 2015, donde el argentino fue empuje y espíritu en momentos decisivos, pese a jugar con un tobillo hinchado y amoratado, los blancos han variado un punto su genética, pero han ganado en capacidad competitiva.

Porque, si cuando se pierden las finales se recurre a los pequeños detalles, cuando se gana debe ser del mismo modo. Y Llull entrega la corona de los pequeños detalles a Nocioni. El salto de calidad.

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Andrés Nocioni, 14 de mayo: “No es mi caso solamente. Los cinco fichajes que hemos hecho son los que cambian el juego. Son los jugadores que pueden darte algo importante que jugadores anteriores no es que no lo tengan, sino que por diferentes situaciones no se pudo dar”

Gustavo Ayón, 17 de mayo: “Este equipo tiene muchísimo talento, aportamos quizá cosas que faltaban, pero este equipo está completo por todos los lados”


Jonas Maciulis, Gustavo Ayón, Andrés Nocioni, Facundo Campazzo y KC Rivers fueron los cinco refuerzos del Real Madrid en verano. Un quinteto que añadía, por un lado, mucha mayor profundidad de plantilla (que habían echado de menos en la recta final de la temporada), y crudeza, dureza, músculo, oficio, competitividad. Especialmente en la figura de los tres primeros: Maciulis, Ayón y Nocioni.

El Real Madrid fichaba para robustecerse de cara a las citas menos agradables, con Nocioni como epítome. Y el juego desplegado a lo largo de esta temporada ha perdido vistosidad con respecto al curso anterior, cuando el Madrid alcanzó cotas de belleza realmente destacadas. Pero ha ganado en detalles decisorios. Y, como reconoce Ayón, los fichajes aportaron cosas que faltaban. Él lo hizo en semifinales, espléndido (18 puntos, 7 rebotes, 6 asistencias, 30 de valoración); Nocioni lo inició ahí y lo remató en la final.

Ese era el diagnóstico popular a principio de temporada. Y, el título de Euroliga –además del de Copa del Rey– ha dejado en inmejorable lugar el proceso reconstitutivo del Real Madrid.

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Andrés Nocioni, 14 de mayo: “Esto es mucho vértigo, mucha adrenalina, son partidos que no siempre gana el mejor, siempre gana el que esté más fuerte, más bien de la cabeza. Son torneos físicamente y psicológicamente muy fuertes. El que gane o pierda siempre se lleva un golpe difícil de llevar para las próximas semanas”.

Andrés Nocioni, 17 de mayo: “Yo creo que ya mañana tarde cuando me levante empezaré a pensar que sería una temporada súper histórica, así que vamos por más, eso está claro”.


Andrés Nocioni era consciente ya antes de la Final Four de que una derrota allí era capaz de condicionar una temporada. De algún modo así fue el curso pasado, cuando tras ver como la prórroga coronaba al Maccabi en Milán, los blancos iniciaron una cuesta abajo anímica (además de un declive físico, lesiones incluidas) que les alejó del título de Liga Endesa, que acabó en manos del FC Barcelona.

Pero la historia se ha escrito diferente en 2015. El Real Madrid es el campeón de Europa, con ese extra psicológico. En verano, al talento sumó la calidad competitiva, y ahora le añade una confianza infinita en sus posibilidades. Porque los blancos se han deshecho del peso de los 20 años sin el título y, especialmente, de las dos finales consecutivas perdidas.

Y la recta final de temporada, con el título de liga regular ya en el bolsillo y la ventaja de campo asegurada en todas las rondas de Playoff, se presenta espléndida para los blancos. Ningún equipo en España alcanza el nivel de los blancos en el medidor de confianza.

Tras Copa del Rey y Euroliga, el Real Madrid afronta la oportunidad de esa “temporada súper histórica” a la que se refiere Nocioni. Un triplete (al que sumar la Supercopa Endesa) que el club solo ha logrado dos veces en su historia. Y ningún jugador había nacido para verlo: 1974 y 1965.

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Facu Campazzo, 17 de mayo: “Yo lo aguanté todo el año en la habitación. Fueron buenos momentos, malos momentos, que era un perro, que era el crack, que... Bueno, es Chapu. Hoy por hoy en Argentina, el argentino mismo se tiene que identificar por Chapu, porque él pone huevo, deja el alma por la camiseta –sea el equipo que sea–, entrega todo. Y la verdad es que estoy agradecido, estoy contento de lo que él pudo demostrar, porque creo que todos los argentinos sabíamos lo que podía demostrar en una cancha de basket”

James Harden: “Pablo hizo un gran trabajo. Siempre está listo para entrar con energía y ayudarnos en todo. Fue un gran acierto traerlo”


“El argentino mismo se tiene que identificar con Chapu”, decía Campazzo. Y unas horas más tarde con Pablo Prigioni. El domingo parecía la enésima resurrección de la generación dorada de Argentina. Nocioni se convertía en el MVP de la Final Four de la Euroliga y Prigioni se clasificaba para la final de la Conferencia Oeste en la NBA tras ser clave saliendo desde el banquillo en el séptimo partido ante los Clippers. En sus 20 minutos en pista aportó 4 puntos, 1 rebote, 4 asistencias y 3 robos, justo en el momento en el su equipo le necesitaba. Loado hasta por Harden, terminó con el mejor +/- de los Rockets (20).

En otro día para el orgullo del básquetbol argentino, todo de nuevo cogió aroma a albiceleste. Otro más. El penúltimo.

Porque con ellos, con Nocioni, siempre te tomas la penúltima.

David Vidal
ACB.COM

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