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Finales NBA: Un chico bueno contra el rey ogro
La sensación del año contra el dominador de la liga. Un chico que asombra con su juego y naturalidad contra el rey del baloncesto. Curry y James se miden en un duelo hegemónico que enfrenta a dos modelos antagónicos de liderazgo

Redacción, 3 Jun. 2015.- No era la final prevista al inicio de liga, pero sí la que todos querían ya por Navidad. Por encima del hecho de ver a los dos mejores equipos de la temporada, las Finales NBA dejan al espectador la posibilidad de ver a, con permiso de James Harden, los dos mejores jugadores del momento.

Frente a frente, Stephen Curry y LeBron James supone un duelo de estilos de entender el baloncesto que divide la lógica comprensión del deporte. Por un lado, Curry es el chico bueno de la temporada, el que acapara flashes sin perder la sonrisa. Su impacto mediático no ha tenido parangón, más si tenemos en cuenta que su carrera estaba ya lanzada a los 27 años y el salto hasta convertirse en marca global ha sido portentoso. Por otro lado, LeBron James, el rey midas del negocio como ejemplo de una carrera mediática desde sus primeras canastas. James es la antítesis de Curry; los focos también le persiguen pero con él no hay naturalidad ni gesto de complicidad, sólo una actitud orgullosa y desafiante inherente a las grandes personalidades que genera tantos detractores como seguidores y que a pocos (o ninguno) deja indiferente.

(Twitter @Warriors)

Dos actitudes vitales que se trasladan a la forma de ver y desarrollar el juego del baloncesto. Curry es la fantasía, la alegría de ver algo nuevo y diferente que refresca los ojos del espectador. James es la supremacía del físico, la exacerbación de una tendencia dominante en una época donde el cuerpo se impone sobre las facetas técnicas del juego NBA.

Ese comportamiento es también el que se dibuja en la radiografía visual de sus gestos. Si Curry sonríe cuando anota un triple, conecta con la grada al dar una asistencia sin mirar y se levanta cual una liviana hoja cuando su frágil cuerpo contacta con el parqué; LeBron James es todo lo contrario. Como si la vida le hubiera puesto ante una misión y él debiera cumplirla por encima de todas las cosas, el baloncesto no parece ser un juego cuando está en la pista. La virulencia de sus acciones o explosividad de su físico en el campo es acompañada por un serio rictus de concentración.

La comunicación no verbal en ellos es antagónica y su respuesta a la situación de estrés del encuentro también. James asume el peso de ganar por él y por el equipo, y su cuerpo y gestos reproducen una conducta de confrontación ante el desafío que se traduce en un constante estado de tensión (y enfado). Quizá porque algunas de las críticas que ha recibido es por la gestión de los minutos finales, James parece ser un hombre que tenga que justificarse en cada una de sus acciones y eso le resta naturalidad en su conducta. Natural de Akron, Ohio, James tomó su regreso a los Cavaliers como una cuestión de orgullo personal y desafío y así lo reflejó publicamente en cada oportunidad que tuvo. "Soy un tipo que cree en asuntos pendientes. Entendí lo que estas personas estaban pasando, la gente de aquí no sólo en Cleveland, sino en el noreste de Ohio y que todo el mundo que ama y sangra vino y oro.", dijo en referencia a los colores del equipo.

Por contra, Curry afronta estas situaciones de manera diametralmente opuesta. Al igual que juega con su protector bucal, Curry no se confronta con el estrés sino que lo coge de la mano y baila con él. A través de su zigzagueante movimiento de cintura e hipnótico manejo de balón, Curry domina cada uno de los retos que surgen durante los partidos y lleva con naturalidad las situaciones finales de partido. Su juego no pierde frescura y siempre logra que en ese baile los focos le iluminen en medio de la pista sin perder la sonrisa.

(EFE)

EL LIDERAZGO DE LAS ESTRELLAS

Curry y James trasladan sus diferencias en gestos y juego al modo de operar en sus discursos. Dos modelos contrapuestos de ejercer el liderazgo. El cooperativo en Curry, donde antepone el “Nosotros” al “Yo” e intenta hacer partícipe a todos de la magnificencia de la temporada. Curry sabe que no hay parcelas más o menos importantes en la retribución de los éxitos y que el cuerpo del equipo es la fuerza de unos Warriors corales donde la mejor versión de su juego siempre llega a través de un juego cooperativo que involucra a todos los jugadores.

Curry es un líder que necesita que sus compañeros se sientan bien para sentirse cómodo, y hace lo posible, y de manera invisible, para que el núcleo duro del equipo se sienta involucrado en todo lo que haga. Lo fácil para Curry sería reclamar su legítima cuota oligárquica de protagonismo, y sin embargo, lo reparte con tal naturalidad que, sobre su alargada figura, impone como principal reclamo del equipo la sociedad de Splash Brothers. Hacer a su segundo espada, Klay Thompson, su hermano, es la mejor muestra de cómo actúa Curry sobre el grupo. Esto quedó patente en su discurso de entrega del trofeo de MVP. La sencillez y naturalidad predominó en un speech donde repartió elogios con su compañero.

"Ustedes me empujan cada día. Voy a ir hablando individualmente de cada uno porque hay que destacarles como parte de este proceso, parte del equipo que hemos construido, y una razón de por qué este trofeo es que sentado aquí, y espero que otro trofeo se siente aquí en un par de meses", dijo Curry. Desde el entrenador Kerr, hasta los imperceptibles Kuzmic o McCadoo, Curry equiparó elogios, no dejó a nadie en el olvido e incluso restó relevancia a su trabajo como líder. “Tú eres la voz de este equipo", señaló sobre de Draymond Green. Loanza al grupo como refuerzo de la identidad de colectivo y ejemplo liderazgo silencioso. "Steph no habla mucho, él lidera con el ejemplo. Los chicos le siguen al completo, aunque él sigue el modelo Tim Duncan", asegura Kerr. "Viene a trabajar cada día, les enseña como se hace, pero no tiene mucho que decir", añade.



James responde más al perfil de líder como figura de imponente respeto (y cierto temor). En los playoffs sus discursos han quedado impregnados de un aroma de responsabilidad que le hacen comportarse por encima del bien y del mal en favor de un grupo del que se siente responsable absoluto y así lo reconoce. "He tenido que intensificar mi liderazgo. Tuve que ser muy paciente, cuando no soy muy paciente. Yo no soy un tipo muy paciente, pero yo sabía que tenía que trabajar en eso."

Cierto que otorga valor al grupo ("somos una hermandad" dijo tras alcanzar las Finales), pero lo hace desde la presión de la responsabilidad de líder. “Yo sólo trato de guiar a estos chicos, tratar de mostrarles el camino correcto para que ellos decidan qué camino quieren coger. Ellos escuchan mi mando. Exijo la excelencia de cada último de ellos, incluyéndome a mí, y yo sólo quieren que sean grandes”, declaró recientemente

Un liderazgo anunciado y proclamado a los cuatro vientos que se traduce en un juego donde la jerarquía del juego queda muy por encima de la lógica estratificación de funciones que se le puede atribuir a una plantilla extensa en cantidad y calidad. James puede anotar, rebotear o asistir para que anote otro compañero, pero su liderazgo consiste en la toma constante de decisiones. Él va a decidir lo que su equipo va a jugar y eso también ha quedado patente a lo largo de la temporada con los constantes rumores sobre su relación con el entrenador David Blatt y su firme postura a la hora de imponer decisiones y forma de jugar. Forzado liderazgo autoimpuesto que define muy bien roles y estructura el juego, pero que llena de presión a su figura… y la desgasta. “Es un hombre que predica con el ejemplo. Él lidera con el discurso y, desde luego, desde el punto de vista del rendimiento”, le defiende Blatt.

Es la voz que se escucha antes de salir a la pista, la que arenga a los compañeros y, tras la batalla, el vestuario muestra un silencio riguroso y de respeto al líder James cuando éste entra. Cleveland muestra con naturalidad la sumisión a un jugador omnisciente, pero a la par rebela el lado menos conocido del liderazgo de James. “Es grande tenerlo en el equipo y entrenar cada día con él. Te ayuda todo lo que puede, es el mejor jugador del mundo, y es muy comunicativo con lo que ayuda muchos a los jóvenes a desarrollar nuestro juego”, comenta Matt Dellavedova. Su faceta de mentor es cada vez más preponderante y, al igual que parlamenta con Blatt sobre el cómo jugar, sabe de la importancia de tutorizar a los jóvenes que acoge en su paraguas. El mismo que ha dado cobijo a otros jugadores en su etapa previa en Cleveland y posteriormente en Miami.

(Foto EFE)

En Oakland la visión es diferente y simplemente el vestuario disfruta del juego del compañero y aprovecha la estela de Curry. Sus sinergias son positivas, la alegría contagiosa. "Es excitante estar junto a dos tíos que tienen tantos puntos en sus manos. Ellos hacen un gran trabajo con sus lanzamientos abiertos. Son difíciles de parar y de eso nos beneficiamos el resto del equipo”, comenta Andre Iguodala. Aún en la difícil tesitura de verse en un lugar inhóspito para la mayoría de sus jugadores, ellos asumieron todo el año el éxito con naturalidad (“tenemos una buena oportunidad de hacer algo grande” confesaba David Lee en febrero) y sin la peligrosa lucha de egos que podría surgir en un equipo donde varios jugadores rozan con juego la infravaloración contractual (el caso más sangrante es el de Green que termina un contrato por el que esta temporada gana menos de un millón de dólares). Si Cleveland es el tercer equipo que más paga, Golden State sólo ocupa el puesto 14 en esta clasificación. Sin duda que la naturalidad y la forma de ser de su principal estrella reproduce la frescura de un equipo que por números ha hecho historia y ahora busca la grandeza del título bajo el auspicio de Curry.

Álvaro Paricio
@Alvaropc23
ACB.COM

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