Crónica

El Unicaja revive en su infierno (89-84)
¡Espectacular Unicaja! En un Martín Carpena volcado, los malagueños han batido por 89-84 al FC Barcelona tras una prórroga, a la que se llegó al errar Justin Doellman el tiro decisivo. Carlos Suárez y Fran Vázquez estuvieron a un nivel extrardinario



Redacción, 10 Jun. 2015. -Y al tercer partido, resucitó. El Unicaja por fin se encontró a sí mismo en la serie contra el Barça forzando el cuarto partido tras un intensísimo choque resuelto en la prórroga por 89-84.

Tras un gran inicio local, Satoransky guió un parcial de 0-13 barcelonista. El cuadro blaugrana llevó la iniciativa desde entonces (38-42, D), amenazando con romper el partido en el tercer periodo (46-57, m.28), justo antes de que tres triples cajistas provocaran un último cuarto de infarto. De Suárez a Thomas, de Vázquez a Tomic, cada canasta de un equipo encontraba réplica, llegándose al 74-74 final tras fallo de Doellman.

En el tiempo extra, el jugador que había tenido un día más aciago, Will Thomas, emergió con un minuto mágico en el que rompió el partido, prolongando la vida de un Unicaja que buscará el viernes devolver la serie al Palau.

Un himno frente a Satoransky

”Porque vuela el Carpena y Málaga sueña…” Todo tan verde, todo tan emocionante, todo tan de Playoff. Sí, Playoff, eso que sintió Unicaja en cuartos frente al Laboral Kutxa y que dejó en el limbo en el Palau, allá donde la serie solo tuvo un dueño llamado Barça. Un dueño que por primera vez en la serie vio los dientes a su rival, con cinco minutos iniciales llenos de mordiscos.

ACB Photo / M. Pozo

Los de Stefansson, con 5 puntos seguidos. Los de Fran, vaya Playoff el suyo. Los de Granger, con un par de canastas de media distancia. Y el último, el que pareció más desgarrador, del propio Vázquez, con un rebote en ataque transformado en mate que encendió aún más el ambiente. El Unicaja asustaba (14-6, m.5), el pabellón rugía y el Barça pensaba por primera vez que para salir vivo tendría que tirarse al barro y sufrir. Como se sufre en la vida. Como se sufre en Playoff.

Ojalá hubiera un remedio como Satoransky para todos los problemas, pensará Xavi Pascual. Que te falla el gas, llamas al checo. Que se te pincha una rueda, Tomas al rescate. En pista, el de Praga, en el momento de juego más dulce de su vida, está para remiendos y soluciones. Sobre todo, soluciones. Un triple por aquí, un par de robos culminados en mate por allá, dos rebotes, una asistencia. 10 de valoración en solo 6 minutos y un Barça nuevo, con el disfraz del Palau.

El Unicaja convirtió en papel mojado todos los méritos del primer cuarto y, guiado por Satoransky, el Barça le endosaba un 0-13 de parcial que cambiaba el partido (20-24, m.10). No había respuesta más contundente contra la magia de un himno.

Suárez evita la escapada barcelonista

Es complicado entrar un partido con la motivación intacta tras un +52 en el global de unas semis. Mas el Barça pronto había visto que el Unicaja, cuando el verde manda, es otro. E intentó escaparse por la vía rápida, con otro par de robos al inicio del periodo. Doellman corría, Oleson culminaba.

Pero con 7 abajo, con la pólvora mojada, el cuadro malagueño encontró lo que necesitaba en las manos de Suárez. En las manos y en su alma, claro. Además de puntos, que también los anotó, Carlos le ofreció al Unicaja algo mucho más valioso que alguna canasta suelta. Le ofreció su fe, le ofreció su grito, le ofreció un camino. Cuando acabó detrás del banquillo cajista en pos de un balón, el público se puso en pie. Cuando, en esa misma jugada, tiró un triple y cogió el propio rechace para forzar la falta y anotar desde la personal, el pabellón se vino abajo. Si había alguna forma, era esa.

ACB Photo / M. Pozo

Fue Suárez (5 pt, 6 reb, 12 val al descanso) y fue Vázquez. Fue el Unicaja y fue el Carpena. El Barça, que todo lo hacía tan sobrio, que todo lo hacía tan correcto, construyendo su juego desde atrás, no se sentía cómodo y no lograba escaparse (29-29, m.14, tras canasta de un Gabriel que culeó como en Lisboa), lastrado por los rebotes, que el público local celebraba casi como triples. Sin embargo, Thomas aparecía como su tercer triple, Huertas se sumaba con algún picotazo y en el baile de tiros libres fue sumando cual hormiga una ventaja que al descanso (38-42) bien valía una final.

Triples contra el de Indiana

Cuando naces en Indiana y tus padres te ponen DeShaun, con tu “S” mayúscula y todo, es que has nacido para jugar al baloncesto. Thomas, con nombre y halo de estrella desde el primer día que cogió un balón, encendió su alarma cuando el Unicaja empató a 42 en un solo minuto, con aciertos de Markovic y Suárez. El mate del americano trascendía los dos puntos del luminoso.

Como el día en el que debutó en la Universidad de Ohio con 24 puntos y 8 rebotes contra North Carolina. Como en aquella ocasión en la que, cabreado por no poder asistir al nacimiento de su hijo, anotó 20 puntos en una parte para dedicárselo a la madre, en pleno parto. Como cuando en su primer partido con la camiseta de los Spurs, territorio liga de verano, asombró con 18 puntos. Como el jugador que llegó sin ruido de Nanterre y se ha convertido en una pieza clave para Pascual. Como todos esos Thomas a la vez, el de Fort Wayne volvía a silenciar la grada con una canasta para llegar a los 15 puntos cuando los malagueños más apretaban (46-49, m.24).

El FC Barcelona, además, podía presumir de Doellman, que a veces, sin pedir permiso, se coge el traje de MVP Orange que se confeccionó en Valencia para romper cualquier partido. Al primer balón, triple. Mirada a Brad y guiño para repetir. A la siguiente, otro enceste desde el 6,75. Para más inri, una técnica a Gabriel estiraba la ventaja barcelonista hasta una máxima de +9 (47-56, m.28), con el conjunto catalán mirando de reojo el billete a la gran final.

En ese momento, el Unicaja se acordó de sí mismo. Del Unicaja líder durante tantas jornadas. Del Unicaja que enamoró durante tantos tramos de la temporada. Del Unicaja que sintió que había vuelto. Del Unicaja que había recuperado la ilusión de un público que se volcó en la previa. De Isco a Dani García pasando por Diana Navarro. Del aficionado de la primera fila de tribuna y del de la última detrás de canasta. Hasta se acordó de David, que empujaba desde Hong Kong. Con tres triples seguidos, uno de Kuzminskas y otros dos de Toolson, minimizó la inspiración de Thomas y Doellman. Con tres triples acababa de dibujar un partido nuevo (56-58, m.29). Y mataría por ganarlo.

Foto EFE

Una prórroga por corazón

Ni la canasta final de Huertas al final del tercer cuarto frenó el ímpetu de un Unicaja que hasta creía en el “Sí se puede”. Gabriel, de desterrado a héroe, encestó desde Caracas un balón que se lo pensó mil veces para entrar y, en defensa, intimidó para darle a su equipo la primera oportunidad de ponerse por delante en mucho tiempo. La aprovechó Vázquez y el Carpena y su suelo por momentos fueron Ciudad Jardín.

El FC Barcelona, sangre fría es poco, no quería un cuarto encuentro. En su mejor momento de la campaña –“Hasta nosotros nos sorprendemos del nivel en estas semanas, lo metemos todo”, decía Abrines en ambiente distendido antes de duelo-, con el modo imparable activado y con el hambre del que nunca supo acabar con las manos vacías. Cada puñetazo local tenía réplica del Barça. Que Suárez aparecía, Thomas respondía. Que Markovic o Green ponían al rojo vivo el partido con sus triples (71-68, m.37), Satoransky o Tomic contestaban desde el tiro libre. El croata, especialmente omnipresente, veía el aro como una piscina con cada tiro libre, igualando a 74 en el último minuto, cuando el balón más quemaba.

El Unicaja-Barça, marcado históricamente por el triple de Ansley, parecía estar destinado a un final simbólico. En la cancha nadie más se parecía al bueno de Mike que Green. Él asumió la bola. Él se jugó el triple. Él fue fiel a la historia, con un fallo que tampoco aprovecharon ni Doellman ni Oleson sobre la bocina. Marcador inalterable (74-74). Habría prórroga.



Héroe Will Thomas

El Unicaja dio primero, con puntos de Granger y Suárez para verse en una situación en la que no se había encontrado en toda la serie (78-74, m.42). A continuación, Oleson contenía la euforia con un triple justo antes de que Will Thomas irrumpiese en el partido con impacto total.

ACB Photo / M. Pozo

Quizá no fue el minuto mágico de Garbajosa pero el minuto de Will, el mejor para él con la elástica verde a la espalda, valió el cuarto partido. Así, sin más. Tras un 0/6 en el tiro y en negativo, el de Baltimore, forjado en Europa entre Bélgica y Georgia, que se dice pronto, saludó con un 2+1. Más tarde, un rebote en ataque de esos que cambian una prórroga. A continuación, otra canasta. Y la guinda un tapón de Oleson descomunal, que le hizo quedarse gritando bajo el aro, de pura rabia, en lugar de unirse al ataque de sus compañeros. No importaba, el contraataque lo continuó Markovic para poner, a falta de dos minutos, un 85-77 con aroma a sentencia. Cuando abandonó la pista, ya en el último minuto, ninguno de los aficionados que en pie le ovacionaban lo dudaban lo más mínimo: Will, heroico, les había ganado el partido.

De ahí al 89-84 final tiempo para el disfrute, entre olas y odas a Suárez, de una afición que tiene déjà vu de esa serie vibrante contra el Real Madrid del pasado Playoff. Si los dos primeros partidos en el Palau fueron tan diferentes a aquellos… ¿por qué no pensar en un resultado final distinto?, se preguntan en Málaga. En Barcelona ni se lo plantean. La final les sigue quedando a un triunfo de distancia.

Daniel Barranquero
@danibarranquero
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