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"Nuestra vida cambió un 11": Del infierno al cielo blanco
La decepción del año, la estrella venida a menos, el lesionado jugando gratis, el salpicado de polémica y el técnico en el que nadie parecería creer. Del Chacho a Reyes, de Maciulis a Bourousis y de Nocioni a Mejri... pasando por Laso. Vidas paralelas que cambiaron de 2011 a 2015. Del infierno al cielo blanco

Redacción, 27 Jun. 2015.- Fue el momento más incómodo de su rueda de prensa de presentación. Pablo Laso se repitió a sí mismo en su cabeza la pregunta que le acababan de hacer: ¿”La afición preocupada por mi llegada”?, se dijo. Puso cara de circunstancias e intentó salir del paso lo mejor que pudo: "Conozco a la afición, si está preocupada es bueno porque es que les importa su equipo y seguro de que la gente querrá verle e identificarse con él. La tendremos a favor y no creo que su reacción sea por mi llegada y si lo es tendré que trabajar mucho. Esperamos que esta movilización dé la vuelta y apoye al equipo".

Foto EFE


Pablo Laso llegaba del GBC y su bagaje aún era modesto respecto a otros técnicos que sonaron en aquel verano de 2011. En los foros y en las redes sociales hubo bastante sorpresa tras su nombramiento e incluso más de uno fue escéptico e incluso pesimista tras su designación como técnico del Real Madrid.

Cuatro años después, es héroe del madridismo, ha conseguido lo que ningún técnico pudo lograr, cuatro títulos en una misma temporada en un histórico repoker y lleva cuatro campañas sumando 9 títulos, 13 finales y un sinfín de récords. Su trayectoria cambió en aquel verano de 2011. Y, de su mano, la de muchos de sus jugadores.

Es curioso pero aquel momento fue el más bajo de alguno de los jugadores que hoy son héroes en el Real Madrid y quedarán para la historia como los que consiguieron el soñado póker. Casos como los de Felipe Reyes, Sergio Rodríguez, Jonas Maciulis o Ioannis Bourousis redondean aún más el cuento de hadas de Pablo Laso. Cuatro años pueden cambiar una vida.

En aquel verano, Jonas Maciulis vivía sus peores días en su carrera profesional En mayo de 2011 había sufrido una grave lesión en el ligamento cruzado de su rodilla. Se perdió el Eurobasket, quedó en el dique seco durante 9 meses y los grandes del continente se olvidaron de él. Tanto que tuvo que empezar a entrenar con el Kauno Baltai lituano, un modesto conjunto asociado al Zalgiris, con el que acabó jugando de forma gratuita y con la promesa de que si llegaba un equipo más fuerte le dejaban jugar. El Panathinaikos llamó a su puerta en 2012 pero hasta entonces el lituano había vuelto a empezar desde abajo del todo.

Foto Euroleague/Getty


Más polémico fue el caso de Ioannis Bourousis, al que unas escuchas telefónicas le metieron en un buen lío. De líder y referente en el Olympiacos a ver al conjunto heleno rescindiéndole el contrato en verano de 2011 y acabar saliendo por la puerta de atrás del equipo en el que se había convertido en uno de los mejores pívots de Europa. El Milan salió en su auxilio y como blanco acabó disfrutando cada título.

En el Real Madrid, dos eran los hombres a los que costaba verles sonreír en aquel 2011. Por un lado, Sergio Rodríguez era considerado en ese momento, casi de forma unánime, la gran decepción de la temporada 2010-11. Llegaba de la NBA, su contrato era alto, la ilusión máxima y el base canario se mostró errático durante muchas fases de la campaña, sin capaz de superar los 6 de valoración ni en Liga Endesa (6,1 puntos) ni en Euroliga (7). Scariolo le dejó sin Eurobasket, las críticas no cesaban y hasta que no llegó Laso el base no volvió a ofrecer su mejor versión.

Más preocupante aún, por edad, fue el caso de un Felipe Reyes que venía de firmar su temporada más gris, con un Playoff para el olvido, promediando 5,5 val de media contra el Bilbao Basket, cayendo en semis. “Esto nos ha venido grande”, dijo tras la Final Four. Se lesionó durante el curso el tobillo y, además, fue salpicado en la polémica de Messina tras la marcha del técnico, que alimentó la polémica con unas declaraciones.

El madridista fue claro en una entrevista en aquel 2011 en el MARCA: “No me reconozco a mí mismo. No estoy jugando en 2011 al nivel que tenía. Es una situación complicada porque no estoy bien físicamente. Cuando el cuerpo no te responde cuesta coger confianza y mi autoestima no está muy alta. Lo normal es que Scariolo no me llame jugando así”.

ACB Photo / Arrizabalaga


“Espero no estar acabando una época en el Real Madrid, quiero jugar muchos años más aquí y mi sueño es retirarme como capitán madridista. Ahora solo estoy pasando una mala racha”. Llegó Laso y cambió todo, MVP del Playoff Final 2013 o de la Liga Endesa 2014-15 incluido. Y, ahora, renovado otras dos campañas. Menos mal que estaba viejo.

Otros dos casos curiosos son los de Rudy Fernández y Andrés Nocioni. El balear, el mismo 24 de junio en el que este año ha ganado la Liga Endesa, veía cómo Portland le daba salida al fin tras una situación más complicada y le mandaba destino Dallas. “Estoy intranquilo”, decía Fernández ese verano, mitad ilusionado por llegar al campeón de la NBA y mitad preocupado tanto por el lock-out como por no saber si tenía sitio. Desde que llegó Laso el alero llegó al real Madrid para jugar con el lock-out, volvió a la NBA cuando terminó el bloqueo, fue traspasado a Denver, promedió 8,6 puntos y regresó en la 2012-13 al Real Madrid para ser feliz.

Del mismo modo, Andrés Nocioni venía de firmar su peor temporada en números y sensaciones en la NBA, con los Sixers, y aprovechaba el lock-out para volver a su país. En 2011, el argentino comenzó la temporada en el Peñarol, con un contrato simbólico. El club tenía que pagar 50.000 dólares por el seguro de Andrés y el Chapu tenía tantas ganas de jugar que al final lo hizo sin seguro con tal de no demorarlo más. Meses después, tras un paso para el olvido por Philadelphia, el mito baskonista volvía a Vitoria antes de firmar en esta 2014-15 por el Real Madrid, donde ha sido uno de los grandes puntales del éxito blanco.

No a todos les iba mal. Carroll venía de ser el máximo anotador ACB durante dos años seguidos en el Granca, Llull comenzaba a gustarse tras jugar un par de meses como base, asentando los cimientos de lo que hoy es, Slaughter llamaba la atención desde Valladolid del Brose Baskets Bamberg, Ayón comenzaba a despuntar y Rivers, pese a la inconsistencia y los cambios de equipo, había anotado con facilidad en Bolonia.

Foto EFE


Pero, en general, 2011 fue un punto de inflexión para la mayoría de jugadores de la actual plantilla del Real Madrid. Fue el caso de Campazzo, que pasó de niño maravilla a realidad. En el Peñarol, Tato Rodríguez tuvo un problema cardiaco y Sergio Hernández decidió no buscar un fichaje para sustituirlo: “El base titular de mi equipo será Campazzo. El joven argentino lo aprovechó pasando de 6,9 puntos por partido a 14,3 en la campaña siguiente y aumentando su nivel hasta el punto de firmar por el actual campeón de Europa.

Tampoco nadie hubiera podido adivinar en 2011 que un jugador que promediaba 4,9 puntos y 7 de valoración por partido en el modesto Port of Antwerp Giants de Bélgica iba a firmar dos años más tarde por el Real Madrid. Pero Mejri cambió su vida desde ese 2011. Fue clave en verano para que Túnez ganara su primer Afrobasket de la historia, un año después fichó por el Obra y su talento le llevó al Real Madrid donde ha vivido en primera persona un repoker casi impensable para él en 2014.

Nadie puede decir que Pablo Laso mintiera en aquella rueda de prensa de presentación con el Real Madrid, cuando nadie creía en él. “Si ganamos la Supercopa va a ser poco porque querremos ganar el resto, así que prefiero hablar de máximos que es intentar ganar todos los títulos”, dijo profético aquel que en su primer día al mando del Real Madrid prometió algo que, incluso en las derrotas, nunca dejó de cumplir: “Mi sueño sería que no cambiaran mis ideas, independientemente de las victorias y las derrotas. Me gustaría que fuera un equipo que transmitiera a la grada, que la grada reconociera a su equipo. Que haya esa comunión entre grada, equipo y club”.

ACB Photo


“Nuestra vida cambió un once”, podría ser una frase que firmaría dos tercios de la plantilla. Y hasta el más pequeño que ya asoma, teniendo en cuenta que los 54 puntos de Doncic con el Olimpija en una final infantil en Roma le llevaron al Real Madrid. ¿Cuándo? La respuesta es obvia… en 2011.

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