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Damian Lillard: La respuesta del carácter
Creció en uno de esos barrios donde el peligro se esconde en cada esquina y te forja el carácter. El mismo que impulsó una carrera empecinada en llevar la contraria a quienes infravaloran el talento y la personalidad del que se crece ante la presión y la envergadura del desafío

Redacción, 12 Jul. 2015.- El baloncesto como reflejo de la vida… la vida como reflejo del baloncesto. Para Damian Lillard nunca hubo diferenciación y entendió que en su desarrollo el baloncesto no iba a ser ajeno a su vida y que ésta le daría lecciones a aplicar en el baloncesto.

Depredador del aro, insaciable consumidor de retos autoimpuestos para acallar quienes ningunean su talento y figura, Damian Lillard es la estrella infravalorada que se empeña en tumbar con juego las injerencias de críticos y entendidos que le relegan a un papel menor del que le corresponde por valor deportivo.

(Foto Adidas)

Carácter de superviviente cultivado desde su juventud en las calles de Brookfield Village (Oakland), una de las zonas urbanas más conflictivas del país. Allí no hay tierna infancia y pronto se aprende a ver (que no siempre a distinguir y elegir) el camino del bien y del mal. En el lugar donde el mal convive cada día y retrata imágenes de pesar fundidas con el sonio de fondo que hace resonar sirenas y disparos. En ese jardín de infancia creció un jugador que moldeó su carácter para alejarse de la tétrica escena criminal que le rodeaba para ser autosuficiente en las pistas callejeras y enfrentarse a los big fellas que buscaron intimidar a un jugador que utilizó la crudeza de su entorno para alejarse del miedo y reírse de la presión.

Porque no hay mayor presión que la propia supervivencia, la vida inculcó en Lillard un instinto de superviviente que floreció en su formación deportiva y le cubrió con una coraza a modo de carácter contestatario con el que responder a quienes quisieron minar su calidad e infravalorar su status como jugador; primero con una baja elección en un draft no sobrado de talento y luego descolgándolo del Team USA en la Copa del Mundo o un All Star al que finalmente acudió por la baja de Blake Griffin y en medio de un clamor popular que incluso lleva a la NBA a plantear ampliar la convocatoria de jugadores para el partido de las estrellas.

Ese apoyo popular ha sido su principal acompañante, además de una familia pegada a él como quien le protege de los peligros, en su carrera al éxito y que le apoyó en su nueva y fulgurante carrera mediática. Aquella en la que se sumerge actualmente como nuevo icono publicitario con su propia línea de zapatillas, las D Lillard 1.

(Foto EFE)

La confianza del que se sabe ganador

El momento le sonríe y él devuelve la sonrisa. “Es fantástico, me siento muy orgulloso de poder participar en el partido de las estrellas. Estoy muy orgulloso de formar parte de este grupo de jugadores y competir con los mejores. Es divertido”, confiesa un Damian Lillard que es feliz al saborear un triunfo del que cree ser pleno merecedor. “Siento que he trabajado duro para darme la oportunidad de lograr el éxito en mi carrera. Pero es cierto que las cosas han llegado muy rápido. Ahora hay que mantener esta progresión, debo seguir trabajando duro”, nos contestaba en una entrevista organizada por la marca deportiva Adidas en el pasado All Star.

El deseo por superar retos siempre fue el acelerador que prendía la llama de su juego, ya fuera en las calles o en el instituto. Allí un carácter a veces indomable le valía el recelo de universidades que por talento hubieran apostado por el base pero que dejaron de lado este propósito por hacer prevalecer una decisión que supusiera una menor conflictividad potencial. Eso le llevó a Webber State, un recóndito lugar de Utah donde nadie le hizo sombra, pero eso también le alejó de las grandes luces de la NCAA. Fue su último año universitario con 24,5 puntos, 5 rebotes y cuatro rebotes de media quien dio más brillo a su paso y junto a su campaña de video autopromocionales “License to Lillard” quien lo puso en una escena importante.

Ello le empujó en el draft pero no lo esperado, siendo elegido en el sexto lugar (por detrás de jugadores como Michael Kidd-Gilchrist, Bradley Beal, Dion Waiters y, el caso más sangrante, Thomas Robinson). Sólo el número uno de aquella noche, Anthony Davis, parece estar a la altura de un jugador que llegó a Portland para que los Trail Blazers le entregaran las llaves del equipo.

Su impacto fue inmediato y, por números y espectacularidad de juego, Lillard llegó a convertirse junto a LaMarcus Aldridge en el referente de un equipo que ha crecido en paralelo a un jugador que fue novato del año y que ha asumido la responsabilidad de liderar a la franquicia de Oregón en los momentos finales de los partidos. El denominado Clutch Time (partidos que entran en los cinco minutos finales con una diferencia de cinco o menos puntos) es el lugar donde su salvaje naturaleza depredadora de triunfos mejor se desenvuelve. “Me siento cómodo en estas situaciones. Creo que puedo hacerlo bien y creo que puedo ayudar a mi equipo a tener la mejor oportunidad de ganar”, nos revela.

Declaración sincera sobre una autoestima que ha ido creciendo con las victorias y que esconde un secreto. “Me siento con confianza, intento limpiar mi mente cuando esos momentos llegan, intento no pensar en las consecuencias de poder fallar o acertar, simplemente me dedico a jugar”, rebela Lillard, que se consagró como Clutch Player la noche que selló con un triple la clasificación para segunda ronda en el sexto partido de su eliminatoria frente a Houston Rockets.



Aquella fue la primera vez en 14 años que los Blazers superaban una ronda y aunque su eliminación posterior frente a los Spurs fue muy contundente, no dejó de suponer un logro en una franquicia que pese al desmembramiento sufrido este verano no pierde la esperanza por lograr un anillo de campeón. “Queremos ganar el campeonato, entendemos que para ellos debemos ser mejores, debemos mantenernos en esta progresión y mejorar lo que hicimos el año pasado”, asegura.

Buenas intenciones que, el paso de los meses y la sobrecarga de minutos que expuso Terry Stots a sus jugadores, les llevó a la extenuación y a la retahíla de lesiones. Primero Robin Lopez y luego Wesley Matthews, Nico Batum y LaMarcus Adridge fueron cayendo, haciendo que sobre sus espaldas recaiga quizá más peso del que su edad así lo aconsejara. Él lo asume con naturalidad y destaca el esfuerzo del equipo por avanzar pese a las dificultades. “Todo el mundo debe mantener su progresión y buscar la mejoría. Todos tienen que dar un paso adelante y querer hacer lo posible para llegar a las finales, pelear por el anillo. Todo el mundo debe formar parte de este deseo”, cuenta reforzando su liderazgo y compromiso con el equipo.

Damian Lillard, cuanto menos mantuvo su nivel hasta playoffs con actuaciones portentosas como en la que anotó 40 puntos incluyendo un triple para forzar la prórroga contra los Thunder o cuando anotó 43 puntos para ganar tras triple prórroga a los Spurs. Lillard es en la actualidad el jugador que más kilómetros ha recorrido en la temporada (283,4) con una media de algo más de cuatro kilómetros por partido. Además, es el segundo que más puntos metió en penetraciones (475 puntos) y el tercero que más balones toca en la liga (6082) sólo por detrás de John Wall y Chris Paul.

Una importancia que se incrementa cuando el tiempo aprieta y la presión del marcador despierta su fuego interior. Sus ansias por ser mejor y ayudar a los Blazers le hacen ser el que más lanza y asiste en el denominado Clutch Time, siendo incluso el jugador de referencia de la franquicia por encima de LaMarcus Aldridge. Es innegable la importancia de Lillard cuando el tiempo se agota y la virtud que tiene para liderar a un equipo que aún sueña con hacer algo importante. Llegado el momento de la verdad es el Dame Time. “Al final del partido tu ganas o pierdes y eso dependerá de si los mejores jugadores da un paso adelante o no lo dan. Yo salgo fuera y no quiero perder”, respondía Lillard en una entrevista a la revista SLAM.

(Foto EFE)

Su momento

El empeoramiento de la vida deportiva de Portland este verano le ha vuelto a marcar un reto para superar. Si cabe el más difícil de superar. Con anterioridad su lucha siempre se basó en él contra sus críticos, contra sus rivales, en definitiva, contra el mundo. Ahora no luchará por él únicamente, sino por hacer que los desmantelados Portland Trail Blazers no caigan en el olvido de la reconstrucción.

El verano ha comenzado con el desmantelamiento de un quinteto titular donde sólo queda él. Traspasaron a Nico Batum, se marcharon Robin Lopez y Wes Matthews y ni sus intentos por renovar a LaMarcus Aldridge (incluso viajó a California para convencerle) sirvieron para retenerle en Portland. Ahora él es la única cabeza visible del equipo pero deberá contar con todos los recursos del equipo para superar la difícil tarea coral de acallar a quienes ven en los Blazers a un equipo sin aspiraciones.

El esfuerzo del base obtuvo la pasada temporada recompensa con el título de la Northwest Division, algo que no conseguían los Blazers desde la temporada 1991-92 (en la 2008-2009 lo compartieron con Denver Nuggets). Ahora sabe que toca formatear la memoria, liderar un proyecto que vuelva a ser ganador con él como única estrella. “Lo veo como un desafío y me gustan los desafíos. No tengo lo que tenía. Ya no tengo a LaMarcus Aldridge, Wes Matthews, Nic Batum ni a Robin Lopez. Es un reto no tener a estos tíos por primera vez y es un reto para el que voy a estar preparado”, señaló en la rueda de prensa donde se anunció su renovación.

Tras su decepcionante actuación en playoffs, Lillard tiene que dar un paso al frente y ser el líder consistente y la referencia de cada noche. “Estoy listo para dirigir el equipo. Mucha gente se refiere a ella como " mi equipo " pero yo no quiero que sea así porque quiero que todos trabajemos juntos para ganar y dar la vuelta a la situación y poner al equipo en la dirección correcta”, aseguraba tras garantizar su futuro con los Blazers los próximos cinco años a razón de 25 millones de dólares por temporada.



Con el carácter del que ve en el baloncesto un reflejo de la vida, Lillard mantiene la ambición y el mismo deseo de crecer que desde pequeño le alejaron del conflicto y le forjaron una fuerte personalidad. “Mucha gente puede decir que fueron una o dos veces All Star, pero nunca estuvieron en Finales o las ganaron”, dice el base. El no quiere flashes ni portadas efímeras, sino labrarse un futuro por el que pocos apostaban. “Es difícil ser un All Star perenne, estar en Playoffs cada año, avanzar en ellos cada año. Creo que ese es el reto como sólo así te separas del resto de la gente”.

Lillard quiere separarse de la clase media y quizá por ello que no le incluyan en las listas de los mejores base o se caiga del Team USA hacen “que desee probarme a mí mismo” para mejorar. “Definitivamente soy un base Top 5. Especialmente con las listas que he visto que hacían sobre los cinco mejores bases de esta temporada. Yo soy uno de los dos o tres bases que promedian más de 22 puntos, 6 asistencias y 5 rebotes. Si estamos hablando de esta temporada, estoy ganando y estoy produciendo a un nivel alto", respondía a la entrevista a SLAM. Lillard, quien antes ya marcó sus metas y las superó ante la reticente fe de otros, vuelve a marcar su destino. La presión con la que siempre convivió sólo alimentará su deseo por alcanzarlo.

Álvaro Paricio
@Alvaropc23
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