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Darius Adams: Soñar en grande
Las ciudades pequeñas albergan grandes anhelos y los lugares comunes esconden grandes historias como las de Darius Adams. El base de Laboral Kutxa disfruta de su gran momento mientras recuerda con orgullo un viaje que nace en un pequeño pueblo en el que aprendió a soñar con ser grande

Redacción, 12 Nov. 2015.- Esta historia nace y se cuenta hoy en día en lugares comunes. Un origen y un destino en ciudades tan dispares como Decatur y Vitoria pero con idiosincrasia compartida. Espacios donde el tiempo transcurre a una velocidad diferente, donde se saborean los placeres de la vida; pero también pequeñas ciudades donde el frío del invierno y el pasado industrial curten el carácter de sus ciudadanos. Estaciones de partida y llegada en la vida de Darius Adams.

Con sólo 26 años, el base de Laboral Kutxa recorre un viaje vital donde desde bien pronto descubrió las vicisitudes del trayecto, pero del que disfruta siendo en la actualidad el líder del conjunto vitoriano y demostrando como el carácter de una pequeña ciudad de Illinois y otra del norte de España pueden tener mucho en común.



Situada en el sur de Illinois, Decatur es una de esas ciudades donde nada parece pasar y donde no es fácil prosperar pues escasean las oportunidades. “Decatur es una ciudad pequeña”, dice un jugador que reconoce haber vivido “una dura infancia” allí. Un lugar de paso en el que pocos se quedan, donde los focos no alumbran a sus vecinos y las sombras acechan a aquellos a los que la vida parece dar la espalda. Eso pronto lo aprendió la familia Adams quien tuvo a una madre como sacrificada cabeza de familia.

Michelle Pettus fue una superviviente del día a día en el que compaginó durante años varios trabajos para la subsistencia de los suyos. “Mi madre ha estado trabajando durante mucho tiempo y me he cansado de verla trabajar en dos sitios”, afirmaba Adams en una entrevista hace unos años. El base, quien tiene en el cuello tatuado el rostro de su madre, nos reconoce que “la familia lo es todo” y por eso aseguraba hace tiempo que “no quiero que mi hija se preocupe por nada. Quiero que sea capaz de ir donde quiera y hacer lo que quiera hacer en la vida”.

Aquellos días son puestos en valor en la actualidad cuando la feliz realidad de Darius Adams y su madre les permite reconocer como aquellas apreturas económicas y dificultades existenciales les posibilitaron ser las personas que hoy son. Impulsados por la necesidad, comprendieron que sólo las personas que trabajan duro logran alcanzar los sueños con los que todos dormimos. “Ella ha sido fundamental para mí porque lo ha hecho todo para que la familia estuviera bien. Ha trabajado muy duro en dos trabajos para asegurarnos un buen futuro, pero también nos ha enfocado para que estemos en la correcta dirección y tuviéramos todas las oportunidades para triunfar”, nos cuenta.

Todo lo hecho por aquella madre estaba encaminado para que el pequeño Darius no tuviera nada más que pensar en lo que importa cuando se es un niño: aplicarse en el estudio, disfrutar de los amigos de la infancia y progresar en el baloncesto soñando con ser una estrella de la NBA. Criado en la cuna de Chicago Bulls y creciendo bajo el esplendor de Michael Jordan, Adams reconoce lo atractivo que resultaba caer en el influjo de un equipo y un jugador que hicieron historia en el baloncesto.

El mito de “be like Mike” con el que todo niño de los noventa soñó es más fuerte en el epicentro de sus logros y por eso Adams siempre soñó con brillar donde los más grandes lo hacen. “Creo que casi todos los niños lo que sueñan es en jugar en la NBA o al menos llegar a ser profesionales”, afirma.

Darius Adams, jugando en su época de intstituto (Foto Darius Adams)

Piedras en el camino, que no en el espíritu

Darius Adams, quien ha hecho de su cuerpo un mapa de experiencias vividas, tiene relatado en forma de tatuajes su caminar por la vida y un recorrido por ellos permite conocer las vivencias acontecidas así como los países a los que el baloncesto le ha llevado a visitar. Un camino que nunca fue fácil para el base de Laboral Kutxa puesto que, si bien su juego no pasó nunca desapercibido allí donde jugó, destacar lejos de una urbe como Nueva York, Los Angeles o la propia Chicago dificultó que los ojos del estrellato se posaran sobre sus hombros.

Tampoco lo hicieron en su etapa universitaria aunque, primero en Lincoln College y posteriormente en la Universidad de Indianápolis, Adams no dejó de luchar por su sueño de alcanzar el Draft de la NBA. Ese empeño le llevó a tener noches estelares como en la que endosó 41 puntos a la Universidad de Springfield, pero incluso en esos instantes de dulce proyección deportiva, el infortunio no se alejó de él.

La vida no suele regalar momentos de felicidad completa y, cuando todo parecía transitar por el buen camino y acelerar hacía el destino ansiado, la fatalidad se cruzó en la vida del mejor amigo de Darius Adams. El permanente recuerdo en su memoria y el nombre y rostro del amigo perdido grabado en sus manos son las marcas que dejan un incidente que no podrá olvidar. “Murió en mi último año de universidad. Era mi mejor amigo, como un hermano y quise tener algo de él para recordarlo siempre”, relató Adams en una entrevista en el programa Clubbers de Movistar+. Adams nos confiesa que “fue el momento más duro de mi vida” mientras enseña como un dibujo en su hombro ilustra ese dramático suceso. Unas palomas en honor a la libertad que espera encontrase su amigo le atan al recuerdo de lo perdido y al deseo por volar alto. “Cuando mi amigo murió fue como si lo dejaran libre, como soltar a una paloma. Fue como si ya fuera libre, como si ya no tuviera que sufrir”, señaló al programa televisivo.

En aquellos días de tristeza fue el baloncesto lo que le mantuvo centrado y, cuando lo peor es dejar libre la mente, el motivo que ocupó sus pensamientos. “Definitivamente el baloncesto me mantuvo concentrado en aquellos momentos. Me hizo ser fuerte y centrarme en entrenar y tener la visión de que todo iría a mejor. Venir de un pequeño pueblo te hace también tener que estar superándote constantemente y probando tu valía”, cuenta. El anhelo de su sueño desde entonces tuvo otro impulso para luchar e ir acumulando noches de gloria deportiva que lo elevaran a los más altos registros de la historia de su universidad. En su último año, Adams anotó 10 o más puntos en todos sus partidos (promedió 23,2 puntos) y fue nombrado para el segundo equipo All-America en NCAA Division II.

Logros que reforzaron su creencia y autoconvencimiento en el potencial que tenía dentro y que le hicieron recorrer el país semanas antes del Draft buscando en los Pre-Draft workouts la mirada de aquellos ojeadores que no le habían situado bajo su radar. Fueron semanas intensas en lo físico y agotadoras en lo mental que, no obstante, no tuvieron el premio anhelado.

Empero, quedar fuera del Draft no le hizo desistir de su objetivo… simplemente lo aparcó por el momento pues la vida ya le había enseñado que todo lo bueno nunca es fácil y se hace esperar. Los caminos para Darius siempre escondieron piedras y ésta no le iba hacer tropezar. Quizá por ello, cambiar el lujo de la NBA por la exótica liga venezolana no fue visto con desánimo, sino como una bendición por poder demostrar al mundo quien era Darius Adams.

“Fue una bendición y tengo que dar gracias a Dios por ello. Agradezco al equipo que me diera aquella oportunidad y poder dar el primer paso en mi carrera. Fue importante para poder seguir creciendo y dar pasos adelante”, revela a la par que destaca el papel de su entrenador, Paco Díez. “Me trató como a su hijo. Me dio mucha confianza y me hizo sentir muy cómodo”, afirmó en una entrevista en su país.

Allí, en Isla Margarita, un lugar que invita más al relax placentero bajo una sombrilla que al esfuerzo, Adams comenzó a trabajar en su nueva vida. Aunque reconoce que “es una gran ciudad que está en una isla muy turística y es un lugar muy bonito para vivir”, durante su estancia no tuvo tiempo para el recreo jugueteando con la arena de sus cristalinas playas, su mente sólo tenía un claro y único focus point: el baloncesto. En Guaiqueríes de Margarita llegó a jugar y ser el MVP del All Star de la liga, pero también volvió a encontrarse con un obstáculo en modo de pelea con el rocoso pívot venezolano Richard Lugo. Un partido de sanción y la consecuente multa económica no restaron brilló a aquella primera toma de contacto con el profesionalismo. De Venezuela (donde promedió 18,9 puntos y 3,4 asistencias en 31 partidos) saltó a la República Dominicana para competir en dos breves períodos de tiempo con Los Prados y Reales de la Vega.



Tras aquellos primeros días de aprendizaje acelerado, nuevamente tocó hacer la maleta y cruzar el charco para conocer la vida y el baloncesto en Europa. Sc Kryvbas en Ucrania (con medias de 19,1 puntos y 5,1 asistencias en 14 encuentros), un breve paso por Entente Orléanais, y dos temporadas más, primero en el Eisbären Bremerhaven (donde acabó como máximo anotador de la liga con 18 puntos de media además de promediar 4 asistencias) alemán y luego en Sluc Nancy, confirmaron la imparable progresión de un jugador que, con pasos cortos pero firmes, fue acumulando reconocimientos allá donde fue para, ahora sí, captar las miradas negadas antaño. “Tengo la suerte de no haber vivido malos momentos en Europa, estoy agradecido por haber viajado mucho, haber conocido a muchos compañeros, entrenadores y muchas ciudades. Me siento un afortunado”, declara el base.

Con el reconocimiento de MVP de la Jornada 5 en la pasada Eurocup, a finales de 2014 Adams llamó la atención de Laboral Kutxa, un equipo agitado por un convulso inicio de temporada y que se fue reconstruyendo sobre la marcha. Desde la dirección se pensó en dos arquitectos americanos como Mike James y Darius Adams para revertir la situación. Para el joven de Decatur, Vitoria era volver a sus orígenes, y Laboral Kutxa la oportunidad de ser grande en un grande en Europa.

(ACB Photo / I. Martín)

El líder del resurgir baskonista

Como lógico proceso de adaptación a una nueva realidad en exigencia y competitividad, su llegada al equipo baskonista necesitó de un período de aclimatación que hoy recuerda. “Ahora estoy más cómodo aquí. El año pasado llegué a mitad de temporada y este año tengo toda la temporada para demostrar de lo que soy capaz”, aseguraba en el programa Clubbers. Un peaje necesario y que el base superó con nota para ya este año acabar explotando. Darius Adams ha mejorado en siete puntos sus promedios con respecto a la pasada temporada (de 9 ha pasado a 16 puntos), al igual que ha subido sus prestaciones reboteadoras (2,4 rebotes) y en asistencias (3). Mejoría que ha duplicado su valoración (11) con respecto al anterior curso (5,88) y que es la evidencia cuantitativa de la exigencia hacia el colectivo que él mismo se marca. “Ayudar al equipo, aportar energía y liderazgo. Simplemente predicar con el ejemplo”, es lo que Adams puede aportar.

Desde el plano personal, el base ejemplifica la metamorfosis experimentada por un equipo que ha empezado siendo una de las grandes sensaciones de la temporada. Encaramado a la parte noble de la Liga Endesa y la Euroliga, el conjunto vitoriano está compitiendo de tú a tú con los grandes del continente. “Definitivamente es bueno estar jugando bien contra grandes rivales y ganar en partidos apretados. A veces ganamos y otras perdemos, pero lo importante es aprender las lecciones que nos dejan los partidos para el futuro y seguir mejorando como equipo”

El cambio de caras en el vestuario y en la dirección ha transformado el corazón del vestuario baskonista y cincelado una nueva mentalidad a la hora de competir. “Está siendo un gran inicio de temporada; han habido cambios en el equipo, pero lo fundamental es que se ha creado una gran química dentro del vestuario y eso es esencial para tener una temporada exitosa. La química ha cambiado con respecto al año pasado, somos un gran grupo”, reconoce.

Pero no sólo es química lo que se esconde tras este buen arranque, también los números avalan el proyecto de Velimir Perasovic en Vitoria. Laboral Kutxa ha asimilado la filosofía del técnico y su éxito se encuentra sólidamente basado en la defensa siendo el cuarto equipo de la Liga Endesa en rebotes y primero en tapones (3,4) y recuperaciones (10,4 por encuentro). Además, Perasovic es uno de los responsables directos del crecimiento de Adams esta temporada dándole su confianza y total libertad para desarrollar en pista todo su potencial. “Es bueno tener un entrenador exigente. Él quiere que el equipo tenga mucha presión defensiva sobre el rival pero nos da mucha libertad en ataque” señala mientras asegura que a nivel particular “lo principal que me pide es que juegue fuerte en defensa, nunca me rinda y lidere al equipo”.

Un liderazgo que desde el puesto de base comparte junto a Mike James. Los dos forman una dupla de directores americanos nada habitual en los equipos de Liga Endesa, pero ampliamente justificada por los resultados globales y la eficiencia individual de dos jugadores que se complementan tanto dentro como fuera de la pista. Al respecto, Adams asegura que “tenemos una gran relación. Tenemos un gran entendimiento tanto dentro de la pista como fuera de ella. No importa quién está en la cancha y quién sale del banco o si estamos los dos en pista, lo que queremos es hacer mantener la intensidad al equipo y que no se pierda la concentración cuando estemos jugando”.

Ellos dos, junto al resto del equipo baskonista, han empezado a refundar el famoso Carácter Baskonia ese que les hace ser implacables al desaliento y que les está llevando a firmar un balance global de 7 victorias y 2 derrotas entre Liga Endesa y Euroliga. Felices con el arranque, todos ellos saben que lo importante llegará a partir de febrero y que ahora es momento de trabajar por los futuros sueños. Esos mismos que se marcan en la piel de Darius Adams.

(ACB Photo/I. Martín)

Bajo el lema de "Small City, Big Dreams”, el brazo derecho de Adams recuerda que los orígenes humildes forjan grandes ambiciones y él, criado en la modesta e industrial Decatur, ha trabajado duro para llegar a una nueva ciudad de orgulloso carácter para seguir haciendo grandes sus sueños. “Todos los que venimos de ciudades pequeñas tenemos sueños por cumplir en la gran ciudad”, afirmaba en Clubbers.

Él, que ha ido cumpliendo todos y cada unos que se propuso, disfruta de su gran inicio de temporada y no eleva la mirada más allá del siguiente partido. Adams confiesa no tener más expectativas que las de dar siempre el máximo como también reza uno de sus tatuajes. Acostumbrado a competir en desventaja contra tipos con más grandes y con mayor reputación, el carácter de Adams es el que enamora en Vitoria. “No tengo más expectativas que las de salir a jugar los más duro posible y ganar el mayor número de partidos para el equipo. Simplemente trato de hacerlo lo mejor que pueda en cada partido”, dice.

Bajo ese lema labrado en la mente y marcado bajo su piel, el viaje de Adams ha llegado a una ciudad que recuerda a su origen pero donde todo es diferente. Sus sueños se han cumplido gracias a su esfuerzo y talento, pero como el deseo no entiende de conformismo ya tiene en mente el siguiente: ser grande en Europa con Laboral Kutxa. Ese es su objetivo a corto plazo y sabe que si lo alcanza estará más cerca de lograr su gran anhelo de “jugar en la NBA”, confiesa. Conseguirlo está en sus manos y su empeño, el mismo que le ha llevado, estación tras estación, por un camino en el que convivieron dificultades y sinsabores hasta alcanzar el éxito final. Darius sueña, Vitoria sueña con él.

Álvaro Paricio
@Alvaropc23
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