Crónica

Una exhibición coral, un Real Madrid de récord (101-84)
Sin espacio para la sorpresa. El Real Madrid batió el récord de asistencias (26) y de valoración (136) en la historia de la Copa del Rey y derrotó al Montakit Fuenlabrada por 101-84 para pasar a semifinales

101-84

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Redacción, 19 Feb. 2016.- Por la puerta grande. Con buen juego. Con 7 jugadores en dobles dígitos en anotación. Con 7 jugadores en dobles dígitos de valoración. Con la mejor marca de asistencias (26) vista nunca en la Copa. Con un 75% en tiros de 2, lo que nunca se logró en fases finales. Y con una valoración, a veces tramposa, hoy fiel, de 136, que jamás nadie pudo hacer en el torneo.

Nocioni lo celebra con el público (ACB Photo)

El Real Madrid pasa a semifinales por la puerta grande al vencer al Montakit Fuenlabrada por 101-84 en un partido que dominó desde el inicio, con un gran Ayón en el primer periodo (25-21) y un Taylor espectacular y decisivo en el segundo, repleto de parciales. Del 7-0 al 0-8 y de ahí a un 22-3 que rompió definitivamente el partido antes del descanso (54-32).

De ahí al final, exhibición coral madridista y lección de orgullo de un Montakit Fuenlabrada que jamás dejó de luchar en su “gran noche”, que acabó teñida de blanco.

Gustavo Ayón impone su físico en la pintura (ACB Photo)


La gran noche de Ayón

¿Quién no ha cantado Raphael? Tu madre y mi padre, quizá algún día en la misma fiesta, se quedaron un día afónicos con sus himnos de vida. Tú y yo, mejor no recordarlo, también nos dejamos alguna que otra vez la voz con alguno de sus clásicos. Hasta Marko Popovic, un tipo nacido en Zadar, lanzaba esta mañana a cansata, durante la última sesión de su equipo antes de la Copa, canturreando ”Mi gran noche”. “Prefiero cantarla de noche”, dijo, soñando con otra machada del equipo que se habituó a las gestas en una temporada.

El Real Madrid, avisado tras las dos machadas del jueves, se encomendó al jugador de su plantilla que mejor conocía a su rival. Se llama Gustavo Ayón, nació en Nayarit en el seno de una familia de currantes, a los 18 años vio por primera y única vez llorar a su padre, cuando le dejó en Puebla para labrarse su destino, abandonando el voleibol para dedicarse por fin al básquet. A los 24 años su reto era destacar en LEB Plata. A Ayón no le expliques, por muy dorado que sea su presente, lo que es la humildad. Y eso le hace más fuerte, como comprobó un Montakit que pese a su valiente inicio (2-5, m.2), pronto empezó a sufrir al mexicano, que asistía, reboteaba, cargaba a los pívots rivales de falta y hasta se permitía contraataques con robo finalizados en mate (12-5, m.7).

Los fuenlabreños, incapaces de pararle, aumentaron su velocidad de juego, con Stevic haciendo estruendo en su puesta en escena. 6 puntos suyos seguidos, todos calcados, todos trabajados, contenían el despegue blanco (14-13, m.7), si bien el Real Madrid se seguía encontrando muy cómodo en ataque. Si no era Llull era Maciulis, o el omnipresente Ayón (16 de valoración en el primer periodo) el que daba réplica a la eléctrica apuesta rival. Aún así, la inspiración de Paunic y un triple de Tabu permitieron que el encuentro siguiera en un puño (25-21) cuando la bocina gritó basta. Sería su penúltima celebración. La gran noche pintaba blanca.

Taylor, colgado del aro (ACB Photo)


La sentencia se llama Taylor

El Real Madrid no frenó su intensidad. Con Nocioni en pista, la vida es más sencilla. Andrés, al primer rebote ofensivo que cogió, dio un par de pasos atrás y lanzó un triple sin pensárselo demasiado. Dentro. Más tarde, tras el Chacho y sus filigranas, el argentino anotó otra canasta en suspensión para el 7-0 madridista y la primera ventaja seria del paritdo (32-21, m.13).

Los de Cuspinera, todo orgullo, respondieron pagando con la misma moneda. Y con algo de propina. Entre Sobin, Urtasun y Paunic, el mejor de su equipo en A Coruña, se sacaron de la chistera un 0-8 cargado de amor propio (32-29, m.13). “Defensa, defensa”, gritaban desde el banquillo. Y Úriz se tiraba al suelo a por la bola como si hubiera visto un trofeo sin dueño en el parqué. Quién sabe cómo podría haber sido el partido si el Montakit se hubiera adelantado. O si, simplemente, a Taylor no se hubiera ocurrido hacer una de las jugadas del campeonato cuando recibió en el lateral, amagó, penetró y se colgó del aro de forma escandalosa para abrir un parcial infinito. Para romper el partido. Para mostrar el camino de semis. Llull corría, Rodríguez dirigía y hsta Lima parecía llevar en el equipo unos cuantos años. Cuando Nocioni volvió a encestar un triple, su Real Madrid se encontró con la máxima (41-29, m.17).

Del 7-0 al 0-8 y de ahí al 9-0. La lógica dictaba un 0-10 y el juego del ratón y el gato amagaba con repetirse con el triple de Urtasun. Sin embargo, lo que llegó fue un 13-0 en los tres minutos finales que lo sentenció todo. El Real Madrid doblaba en el rebote a su rival, que para colmo se desquiciaba desde el 6,75. Y la puntilla era un Taylor, en sus mejores minutos con la camiseta blanco (12 puntos sin fallo en este cuarto, uno cada medio minuto), que emergía desde el contraataque o con triples. El segundo, para el +22 (54-32), selló la semifinal tras la exhibición ofensiva de los de Laso en un cuarto que valió una victoria.

Maciulis intenta taponar a González (ACB Photo)


Un monumento a lo colectivo

Qué raro queda un partido cuando queda tan mutilado. Y eso que el Montakit Fuenlabrada, entre la canasta sobre la bocina de Tabu al filo del descanso y los aciertos de Paunic, le endosó un 0-6 a su oponente que parecía una propuesta para volver a la guerra. No la hubo. Dos triples de Carroll al minuto siguiente devolvieron al choque a un escenario con los madridistas jugando muy cómodos, avisando de lo que esperaba hasta al final.

Y no, no fue aburrimiento, pese a la poca emoción del marcador. Porque cuando tienes a Jaycee desatado desde el exterior, a Reyes exprimiendo sus minutos como nadie (6 puntos seguidos para el 71-46, m.27), a Rodríguez y Llull asistiendo como si no hubiera mañana, el baloncesto no puede ser aburrido. Maciulis se animó a la fiesta al final del tercer cuarto (77-59) y solo el coraje y clase de Paunic (27) y Urtasun (22) evitaron que el huracán blanco alcanzara una diferencia escandalosa, algo que habría pasado con muchos otros rivales delante de un rival tan desatado.

Los fuenlabreños, incluso, se permitieron como último homenajes a sí mismos y a los incansables que le apoyaban desde la grada, meterse algo en el partido tras varias acciones positivas de Paunic y Chema González (84-72, m.34). Fue el último capítulo de un sueño que se inició en Zaragoza, en su histórica machada para entrar en el torneo, y que promete más episodios a lo largo de la temporada.

Empero, otra vez Carroll sacó el fusil y en los últimos minutos el único rival del Real Madrid fue la propia historia, sus propios límites. Y volvieron a ganar. El juego coral blanco se reflejó en el récord total de asistencias en el torneo (26), en el porcentaje en tiros de 2 (nunca se llegó a su 75%) y en la mejor marca de valoración (¡136!) jamás vista en una Copa del Rey, con una delicatesen de Doncic y una canasta de Hernangómez para el 101-84 final como guindas definitivas a su monumento a lo colectivo. Las semifinales tiemblan.

Daniel Barranquero
@danibarranquero
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