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La hora de las campeonas
En la turística Praga, no hay visitante que reniegue a visitar su hermoso reloj astronómico, una joya arquitectónica que reúne a cientos de curiosos para ver el ritual con el que se marcan las horas. Laia Palau y Marta Xargay también ansían ver llegar su hora: la de repetir el título de la Euroliga

Praga 14 Abr. 2016.- La orgullosa Praga, la ciudad que tantas veces cayó y se reconstruyó, alberga en el corazón de la ciudad vieja su reloj astronómico. Una joya arquitectónica que es objeto de admiración por su belleza e historia.

Cuentan que muchos comerciantes se desviaban a la ciudad simplemente para contemplar la singularidad de su estructura y funcionamiento. Sin embargo, el premio para su creador no fue la fama y el reconocimiento, sino la tortura. Presos del temor a que fuera replicado, los ediles cegaron al maestro relojero. Como venganza, su ayudante introdujo su mano dentro del mecanismo y detuvo el reloj durante años.

Envuelto en el misticismo propio de las leyendas, la belleza actual del reloj radica tanto en su propio funcionamiento como en la historia de supervivencia a las guerras que ha sufrido. Éste es uno de los grandes reclamos y parada obligada de los miles de visitantes que merodean la plaza diariamente.

Entre ellos se confunden dos españolas que han hecho de Praga no un destino turístico, sino el lugar donde soñar con la grandeza del deporte. Hablamos de Laia Palau y Marta Xargay, emigrantes del baloncesto español que triunfan en el USK Praga, actual campeón de Europa.

Dos viajeras que comparten ruta de destino en Praga, pero que cargan con diferentes mochilas vitales como reflejo de sus experiencias: una repleta de éxitos y en plena etapa de madurez personal, otra con los miles de ilusiones y sueños propios de quien comienza a explorar los infinitos caminos del aprendizaje. En una y en otra encontramos diferentes historias, pero una ciudad y un club como cruce de caminos.

Laia Palau y Marta Xargay posan junto al reloj astronómico de Praga (Foto ACB.COM)

Laia: El acelerante del cambio

Se conoce a la Primavera de Praga como el proceso de liberación política que el país vivió a finales de los 60. Sirva de metáfora aquel momento para hablar de la primavera deportiva que vive en la actualidad Laia Palau.

A sus 35 años, la base vive un momento personal y deportivo excepcional. Líder de la Euroliga en asistencias, es el alma del campeón mientras la veteranía le hace disfrutar del día a día como nunca antes. Laia ha visto muchas historias en su carrera deportiva: de algunas salió victoriosa y de otras no... La experiencia ha curtido su baloncesto.

Para encontrar el origen de este reverdecer profesional, hay que remontarse al momento en el que la desaparición de Ciudad Ros Casares agitó su tranquila vida y le empujó a salir de España. Eso lo cambió todo. “Absolutamente. Ha sido una de las decisiones que han cambiado mi vida”, dice la base.

Las personas nos sabemos lo fuerte que podemos ser hasta que ser fuerte es nuestra única opción y Laia lo fue lejos de casa. “Me obligó a salir de mi zona de confort y eso es un cambio total. Yo pensaba que me quedaba en Valencia, que tenía mi vida montada y el hecho de decir esto no es así y tener que salir, y que saliera un año tan magnífico fue muy importante para mí. Esto me hizo aprender muchas cosas”, relata.

“La experiencia cuando estás fuera es doble. Tienes la experiencia normal con tu equipo y la experiencia vital del día a día: de ir al supermercado y tratar de descifrar qué narices pone en las etiquetas de lo que compras”, ejemplifica la jugadora.

Laia exploró más que nunca sus potencialidades y el líder que siempre llevó dentro lo exteriorizó más que nunca para hacer historia temporada tras temporada. Polkowice y USK Praga alcanzaron la Final Four como citas históricas y el año pasado el equipo checo dio la campanada al levantar el gran trofeo continental. “He coincidido en lugares donde han ido bien las cosas. En Polkowice teníamos un buen equipo, quizá no teníamos un supernivel pero en Polkowice teníamos a Belinda Snell y Nneka Ogwumike y teníamos un gran entrenador. Todo ello hizo que aprovecháramos el momento ganando a Oldenburgo... bueno, mira han ido así las cosas” dice con resignada humildad.

Luego llegó Praga y el triunfo en la pasada Euroliga. Un hito que desmontó por aceleración toda la planificación que el presidente Marek Kučera había realizado incluyendo el renovado pabellón. “La gran sorpresa fue el año sorpresa y este año. Quizá este año no era una sorpresa pero no era fácil”, comenta una Laia que nos cuenta que “en Praga siempre habían buenos equipos y no pasaba nada”. “Faltaba una Laia, no se habían dado cuenta” apostilla Marta Xargay. “Fichaban un poco al tran trán. Ficharon a una Lindsay Whalen o Ticha Penicheiro... Laia no es una Whalen en anotación, pero es que igual Praga no la necesitaba”, dice Marta.

Además de su influencia, para Laia el origen del cambio está en la llegada de la entrenadora Natália Hejková. “El trabajo de ‘Nata’ ha sido de saber escoger las correctas jugadoras para hacer un equipo. La mano de ‘Nata’ se ha notado porque primero la fichan y, poco a poco, va cogiendo más peso en las decisiones del club de quién fichar y quién no. Quizás algunos miren las estadísticas, pero ella busca otro tipo de baloncesto, por ejemplo, nuestra americana no es una número 1, pero ‘Nata’ sabe que trabajará, que hará trabajo de equipo y eso es lo que básicamente hemos ganado”.

(Foto Ludek Sipla)

En su tercera temporada, la ascendencia de Laia se extiende como mancha de aceite por todo el club y no sólo es que tenga las llaves del equipo y el club es que no dudamos que, si quisiera, también acabaría con las llaves de la ciudad. “Las llaves de la ciudad no, pero del club ya te digo yo que sí” salta Marta entre risas.

Verla entrenar es ver a una jugadora que sigue transmitiendo pasión por ganar. Pelea cada balón y discute con quién sea para no perder ni en los entrenamientos. Aunque no se cuantifique esta faena de imprimir carácter el frío equipo checo tiene un valor impagable. Carácter y compañerismo, pues Laia hace de pegamento en la pista (y fuera de ella) para que todas sonrían. “Yo sigo reivindicando los bases, esa figura capaz de crear un equilibrio y balance del equipo. Si tú no eres egoísta y repartes el balón, tus compañeras lo ven y es recíproco. Ellas luego son felices cuando las metes y todo ello genera una buena química de equipo”, reconoce.

Renovada un año más, Laia disfruta como nunca del momento. “Cuando el año pasado tomé la decisión de quedarme fue antes de ganar la Euroliga. Después fue como decir, “no me he equivocado” aunque más allá de los éxitos deportivos me gusta Praga porque la ciudad es un lugar donde se puede vivir y eso para mí es importante. A parte del baloncesto me gusta hacer cosas y, además, ahora mismo como proyecto deportivo es un proyecto sólido y, si ves la Euroliga, dejando de lado Rusia y Turquía, está Praga. No creo que nos hayamos equivocado ni Marta ni yo en elegir Praga”, cuenta.

Dejó atrás la presión por ganar que había en Valencia, se liberó de la auto exigencia de ser mejor cada día y ahora simplemente vive un carpe diem baloncestístico en el que también explota su faceta como entrenadora.

Y es que Laia Palau es la encargada en ocasiones de hacer entrenamientos específicos de técnica individual. Un salirse de la rutina habitual que Marta Xargay agradece y actúa de cómplice con Instagram de por medio. “Natalia deja hacer y confía en las jugadoras”, cuenta la catalana. “Yo me lo paso bien” dice, mientras que Marta Xargay, quien le envía links con ejercicios made in usa, asegura que “es el momento de fliparnos”.

“Son cosas que haría para mí y que comparto con las del equipo” señala Laia. “Hacemos cosas que no haríamos en un entrenamiento normal: ejercicios de bote, cambios de ritmo, pases...”, añade Marta. “Por ejemplo, las checas no tienen tradición de botar, no son tan jugonas como las españolas”, concluye una Laia Palau cuyo dulce momento deportivo y personal encuentra esta última ramificación con la que disfrutar.


Marta: Continuidad para seguir creciendo

La historia de Marta Xargay está todavía en sus primeros capítulos. Pero en ella hay un irreverente sentido del triunfo. Los títulos y medallas que para otras tanto costaron ganar a ella le ha resultado insultantemente fácil. Entiéndase, de la victoria Marta hizo una sana costumbre y hoy, en su primera experiencia foránea, exporta ese talento todoterreno que le hace servir como point forward... o, en castellano de toda la vida, Marta sirve para todo: lo mismo te cose un huevo que te fríe un alfiler.

“Fichamos a gente que hace el trabajo sucio y la última que se ha sumado a ese carro es Marta”, cuenta Laia Palau. En Praga valoran el perfil de la jugadora comprometida, inteligente y generosa; cualidades que lleva Marta en el ADN… “aunque tengo mis momentos selfish(egoísta)”, bromea Xargay.

Para Marta Xargay, el 2015 fue el año del cambio. El momento de dar el salto y dejar la Liga Femenina para enrolarse en un gran proyecto continental. Paciente y reflexiva, la jugadora de Girona supo aguardar los cantos de sirena procedentes de otras ligas hasta verse plenamente preparada, tanto como jugadora como persona, para salir también de su zona de confort.

(Foto Ludek Sipla)

“Hace un par de años tenía ofertas, pero creía que no era el momento. En Salamanca llevaba varios años, pero en ningún momento había destacado tanto para salir, o no me veía preparada para dirigir un equipo. El último año fue bastante duro y tenía claro que tenía que salir”, comenta.

Ella ha sido la última emigrante de la crisis del baloncesto español y lo ha hecho a lo grande: primero fichando por Phoenix Suns (campeón de la WNBA) y luego por Praga (firmó en enero). Su nombre siempre se asoció al éxito y por eso no resulta extraño verla destacar a ambos lados del Atlántico. “Firmé por Praga en enero, en febrero por Phoenix... era pensar “yo salgo por la puerta grande, a los dos campeones”. Es un reto porque debías estar en la Final Four como mínimo y eso era una responsabilidad y daba respeto”, asegura.

Sin embargo, tras lo brillante que resulta el visible triunfo deportivo, queda en la sombra un difícil proceso de adaptación a cambios que se escapan de lo que meramente es baloncesto. Marta reconoce que “ha sido difícil encontrar mi momento y lugar en el equipo ¿En el momento importante he aparecido? Sí, eso es lo bueno. Cuando el equipo me ha necesitado, he estado y es un poco mi carácter, aparezco cuando me veo apretada”, apostilla con una sonrisa.

El cambio de la pequeña y familiar Salamanca a la urbe cosmopolita que supone Praga ha sido importante para una Marta Xargay que tenía unas rutinas post partido en Salamanca con una afición donde era idolatrada. Ese calor no lo tienen ni Marta ni Laia porque, por desgracia, la afluencia de espectadores al pabellón dista mucho de lo que merece todo un campeón de Europa.

Sin embargo, esa frialdad queda de largo compensada por la acogida del equipo. En Praga Marta ha encontrado “un equipo muy familiar. A la tercera semana parecía que llevaba los seis años que llevaba a Salamanca. A nivel de club, aunque digan que no es competitivo, no les gusta perder. A nadie le gusta perder y aquí nadie hablaba de Final Four pero todos querían llegar”.

En lo deportivo, el cambio llega por la exigencia. Ella, que tanto mide las decisiones y se molesta con el error, sabe que para crecer debe dar más de sí y ser egoísta para brillar entre las mejores del continente. Xargay reconoce que ser protagonista “me cuesta bastante porque nunca he sido la anotadora del equipo… quizá en categorías inferiores. Desde Salamanca he tenido un papel secundario o un papel que no sale en las estadísticas. Siempre he tenido ese papel que no se veía en los números, pero sí es cierto que cuando vas fuera tienes que apretar y te tienes que hacer notar”.

Una presencia por la que trabaja diariamente porque sabe que de nada sirve la fama y el reconocimiento atesorado en el pasado. “Desde joven siempre lo tuve fácil, era la importante de las categorías inferiores, pero llegué a Salamanca y era el último mono y nadie te hacía caso. Entonces te sientes sola y es duro… pero llegas aquí y vuelves a estar sola porque o eres tú o nadie te ayuda” recuerda una Marta Xargay para la que el futuro se trabaja cada día.

“Cada día tienes que demostrar lo que vales, porque nadie se acuerda que Marta estuvo en Phoenix. Es lo bueno y malo del deportista, sólo está el presente para lo bueno y para lo malo”, afirma una Laia Palau que define la llegada de Marta al equipo como “añadir más madera. Es fantástica”. Para la base “este equipo necesita que haya una jugadora que me mande al banquillo porque me equivoco o tengo que tener descanso y el equipo necesita de una jugadora como ella que es contundente, es segura, es una tía muy sólida y eso da mucha estabilidad”.

La llamada chica maravilla es la jugadora ideal para USK Praga. Marta destaca en todo aquello que no sale en la estadística pero que tanto valoran los entrenadores. Junto Laia forman una curiosa dupla capaz de ser dominante en un partido compartiendo balón y sin necesidad de tirar. “Sabía lo que el equipo necesitaba, pero tampoco sabía muy bien cómo hacerlo”, afirma Xargay en relación al proceso de adaptación que ha llevado dentro de un grupo consolidado.

En un equipo donde los puntos y los titulares mediáticos los acaparan Kia Vaughn, Sonja Petrovic o Khaterina Elhotova, Laia da la clave para entender la importancia que tiene Xargay. “Me recuerda tanto a mí. Yo disfrutar del baloncesto lo he hecho en los últimos 5 años. He sufrido mucho y veo a Marta que está en el momento de saber quién es ella como jugadora y persona. Es una jugadora que piensa mucho y es muy consciente de todas las cosas que le pasan. No quiere cometer errores, no tiene carácter egoísta y así es difícil sobrevivir en este mundo porque la gente pide más. Aunque cada paso que da es magnífico para ella”.

“Mi juego es bastante reflejo de cómo soy yo como persona”, asegura una Marta que nos confiesa que en casa le piden que sonría más sobre la pista. “Mi madre siempre dice lo mismo “para todo lo que ríes fuera, dentro estás muy seria””.

En la seriedad podemos encontrar una similitud con el carácter checo, pero las semejanzas acaban ahí, porque tanto Marta como Laia son las encargadas de imprimir rabia y carácter al equipo en cada uno de los entrenamientos “¿Pelearse por un balón? Aquí nadie lo hace. Laia y yo nos peleamos por sacar cada vez y las demás nos miran pensando ¡qué hacéis locas de la vida! Eso nunca lo han visto y, poco a poco, lo entienden y no les sorprenden tanto”, nos cuenta Marta.

Es el otro trabajo oscuro de la conexión mediterránea: transmitir el carácter a veces irracional e impulsivo español dentro de una estructura social tan pasiva como la checa. Quién sabe si ese será el secreto para repetir triunfo en la Euroliga femenina.

Álvaro Paricio
@Alvaropc23
ACB.COM

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