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Real Madrid: un último cuarto para romperlo todo
"Supimos manejar esa energía", "hemos estado acertados, moviendo mejor el balón", "hemos empezado a jugar con más confianza, más alegres", "metimos muchos tiros". El Real Madrid describe ese majestuoso último cuarto que les da el primer punto de la serie, en el que anotaron en todos sus ataques hasta que faltaron 1:08 para el final

Madrid, 3 Jun. 2016.- Conocido y reconocido por sus momentos de esplendor ofensivo, el Real Madrid dio en el primer partido de semifinales del Playoff ante Valencia Basket una muestra más de su inusual capacidad para explotar y romper en un espacio de tiempo tan estrecho como impredecible.

Los de Pablo Laso se apuntaron el primer punto en la serie gracias a un último cuarto majestuoso, en el que todo fue diferente al resto del partido. Su acierto se multiplicó, su ritmo creció, su defensa ahogó los espacios taronja, su rebote ofensivo se impuso al defensivo del oponente... Aunque para Andrés Nocioni todo, como habitualmente, es cuestión de energía: “Al principio nos faltó un poquito de energía, pero cuando supimos manejar esa energía, levantar en defensa y jugar más en contraataque pudimos romper el partido”, explicaba tras el choque el argentino, pieza clave en ese momento definitivo, junto a Sergio Llull, Jaycee Carroll, Rudy Fernández y Felipe Reyes.

ACB Photo/V. Carretero

Si bien es cierto que el Real Madrid derrochó energía en algunos instantes de ese espléndido último cuarto, por momentos esta fue consecuencia del acierto desbordante del equipo. “Nos ha costado al principio, sobre todo en la primera parte” –reconocía Sergio Llull en el vestuario– “creo que no defendíamos del todo mal, pero en ataque no estábamos cómodos, no atacábamos fluido. En el último cuarto hemos podido romper un poco el partido, hemos estado más acertados, moviendo mejor el balón, siguiendo con una defensa fuerte, controlando el rebote”. Al diagnóstico de Llull le asisten todos los números posibles: arranque fulgurante (12-2) y rotura temprana de partido en el último periodo; acierto del 90% en tiros de dos, 50% en triples y 100% en tiros libres; solo una pérdida, y, claro, el rebote...

Porque el Real Madrid no estuvo extraordinariamente acertado de inicio, pero ahí estaba Felipe Reyes. Cuando una batería exterior del calibre de la blanca dispone de un imán para los tiros errados como el de Reyes, todo se transforma. El pívot fue el bastión blanco al inicio del cuarto periodo. Felipe capturó el triple de rebotes ofensivos en el periodo decisivo que el global de rebotes defensivos de Valencia Basket.

Un rebote defensivo en todo el último cuarto para los de Pedro Martínez.

Cuando Nocioni falló su penetración, Reyes palmeó de inmediato; cuando Llull erró su triple, capturó su propio rebote para anotar; cuando el que fallaba el triple era Rudy, allí estaba de nuevo Felipe para hacerse con el balón, forzar la falta y anotar los dos tiros libres; si era Nocioni el que no lo convertía, volvía a aparecer Felipe. El escándalo ofensivo del Real Madrid era de artillería exterior y de guerra en el rebote en la canasta contraria.

“Hasta ese momento estuvimos muy enfadados, ansiosos, no sé cómo lo diría. Pero en el último cuarto nos hemos relajado, hemos empezado a jugar con más confianza, más alegres, y eso cambió el partido. En el último cuarto, 35 puntos son muchos puntos”, resumía Carroll tras el choque. Y es que el Real Madrid anotó en todos los ataques del último periodo, todos, hasta que faltaron 1:08 para el final del partido. Si no había canasta (ese 9/10 en tiros de dos, ese 4/8 en triples), un rebote ofensivo lo solucionaba.

Doncic erraría un triple con el partido ya bien entrado en los minutos de la basura. Ese sería el único rebote defensivo de los valencianos en los últimos diez minutos. Al siguiente ataque, el esloveno perdió el balón. En diez minutos, dos ataques blancos no terminaron en canasta.

“Empezamos a jugar un poco mejor ofensivamente. Evidentemente, metimos muchos tiros, metimos muchos triples. Ellos fallaban los suyos, no han tirado muy bien de tres hoy”, comentaba Jeffery Taylor, que anotó tantos triples (2) como todo el equipo rival (“Sí... no creo que eso vuelva a pasar”). Y aludía también a la defensa desplegada a lo largo del partido: “Hemos jugado bien, buena defensa durante el partido y empezamos a meter los tiros”.

Como haría también Nocioni: “Nos costó un poquito agarrar el ritmo del partido, pero me parece que en defensa en todo momento estuvimos bastante bien, agresivos doblando, tratando de sacar a ellos de su juego y creo que resultó muy bien”. Porque, más allá de esos momentos de ignición que convierten al Real Madrid en una maquinaria ofensiva devastadora, los blancos también construyeron desde la defensa en ese cuarto mágico. Con buena presión defensiva, con cambios en los bloqueos y saliendo triunfadores de prácticamente todos los desajustes hombre grande-hombre pequeño, con excelentes ajustes defensivos cubriendo espacios, con gran actividad de manos para interceptar balones...

Y de ahí ese extra de energía, de intensidad, que llevó a los de Pablo Laso a esa sensación de partido roto que sobrevuela al galopar de sus transiciones. Cuando al triple de Carroll del 56-44 le sigue el de Llull en una semitransición en la que el balear anota antes de que se forme la defensa rival, el Madrid rompe (59-44). Solo habían transcurrido 2:44 minutos del último cuarto. ‘Empujón’, lo llamaba Llull: “Al principio nos han llevado a su juego, y creo que al final hemos podido cansarles y dar ese empujón cuando era necesario y ganar de forma abultada”.

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