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El Oro de Japón: El día que despertaron a la bestia
Situación contradictoria donde las haya. Grecia destrozó, contra todo pronóstico, a Estados Unidos en las semifinales del Mundial de Japón allanando el camino hacia el oro de los españoles. Tal fue la debacle americana que provocó en ellos una reacción de ira que dura hasta hoy en día, habiendo ganado 76 partidos de forma consecutiva. ¡Ese día despertaron a la bestia!

Contraste tras la final (ACB Photo)

Redacción, 1 Sep. 2016.- Hace justo una década que la bestia abrió los ojos. Diez años exactos en los que su rabia y sus ganas de morder han estado presentes en el panorama internacional. Desde ese día, nadie ha podido salir vivo de sus golpes. Absolutamente nadie. Y todo por una no tan simple derrota.

Corría el uno de septiembre de 2006. La gente en Japón se despertó esa mañana sin saber de la importancia que tendría esa fecha en el futuro. El país nipón acogía el Mundial de Baloncesto y solamente 18 mil afortunados tendrían el placer de ver las semifinales en directo entre Estados Unidos y Grecia.

El Saitama Super Arena, al norte de Tokio, se vestía de gala para recibir a los eternos favoritos. Y es que nadie dudaba del finalista en ese lado de cuadro. En cambio, todo el mundo se preguntaba si sería España o Argentina el rival de los norteamericanos.

Sea como fuere, la final enfrentaría a dos invictos, puesto que los cuatro sobrevivientes hasta el momento habían liderado sus respectivos grupos con un balance de 5-0. La salsa ya estaba sobre la comida y el plato listo para comer.

Diamantidis, defendiendo a Melo (ACB Photo)

LeBron James, Carmelo Anthony, Dwayne Wade, Chris Paul, Chris Bosh y Dwight Howard, entre otros, salieron con su uniforme de guerra y pronto se empezó a notar su superioridad. Como era de esperar, los de las barras y estrellas salieron calientes y desde muy pronto hicieron disfrutar al público asiático.

Grecia hacía lo posible por aguantar las embestidas del 'Tío Sam', recibiendo cada golpe en defensa mientras planeaba un futuro ataque. Y este no llegó hasta el minuto 14, coincidiendo con un triple de Joe Johnson que puso a los americanos a diez puntos de diferencia. Justo a diez. Justo en esa barrera mental que suele borrar las palabras fe y esperanza en muchas de las ocasiones de manera sistemática. Pero no, ese no es el estilo de los dueños del Olimpo.

Dale alas a la clase y ella misma volará sin preguntar. Y si algo tienen Diamantidis y Papaloukas es clase. Solo había que utilizarla de forma inteligente, y así lo hicieron. El primero, desquiciando a los todopoderosos en defensa; el segundo, aturdiéndolos en ataque cada vez que tocaba la pelota. O finalizaba él mismo su negocio o hacía las gestiones propias para delegar en Schortsianitis.

Fuerza bruta de Schortsianitis (ACB Photo)

Como equipo volvieron locos a los favoritos, que ni tan siquiera anotaban los tiros libres, y sacaron una renta bastante cómoda que les sirvió para estar a salvo de los intentos Carmelo, Dwayne y LeBron en diferentes partes del choque.

Al final, 101-95 para los europeos. Un hecho que cambió la historia y que no pasó desapercibido en los medios. "Epopeya griega", tituló el AS. "Grecia se carga a Estados Unidos y se mete en la final", escribió el Marca. El "Grecia da una lección a Estados Unidos" encabezó El País de ese día. El Mundo eligió el "Grecia rompe los sueños de EEUU".

Y claro. Esto, tras también haber avergonzado a los suyos en el Mundial de Indianápolis en 2002 y en los Juegos Olímpicos de Atenas en 2004, a un país intocable, le duele y mucho.

Desde entonces, los favoritos jamás se han dejado domesticar. Tanto que a toro pasado habría que haber escrito algo como "Grecia despertó a la bestia". Y es que ya son 76 partidos consecutivos terminados en 'W', además de tres oros olímpicos (Pekín 2008, Londres 2012 y Río 2016) y dos títulos mundiales (Turquía 2010 y España 2014).

James y Anthony, hablando (ACB Photo)

Sí, tal vez a Mike Krzyzewski le costó arrancar. Pero es que ni para el mítico y respetado entrenador de Duke fue fácil gestionar los egos en su comienzo. Ahora que lo deja, puede pasarle el testigo a Gregg Popovich con un tremendo balance de 88-1 y con la cabeza bien alta.

Y por otra parte, Grecia puede presumir de ser el único que ha roto los esquemas de la máxima potencia baloncestística del mundo y, por supuesto, de haber despertado a una bestia imparable.

Álex Conde
@AlexConde_R
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