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Bové: Con T de Trainer
"La figura del ‘trainer' no se llegó a entender nunca en este país", confiesa Toni Bové días después de su homenaje. Descubre de su mano por qué fue tan importante su papel, en qué consistió y las mejores historias de una carrera de 34 años, con 9 Juegos Olímpicos y mil anécdotas con nombres ilustres

I- Bové, el jugador perico

El nombre de Toni Bové ya iba ligado al parqué mucho antes de sus más de tres décadas en el FC Barcelona como ‘trainer’. Precoz como pocos, su paso por la élite no fue testimonial. Y lo dio, paradójicamente, en las filas del Espanyol. El blaugrana quedaba entonces muy lejos. “Recuerdo que debuté con ellos en Primera teniendo 16 o 17 años. En total, desde niño, pasé aproximadamente 8 años en aquel equipo”.

Anécdotas hay para contar. “Era muy curioso porque, uno de mis compañeros era Manolo Flores, con el que luego me reencontraría en el Barça. Otro era el padre de los hermanos Jofresa. Cuando nos vemos, rememoramos estas historias. Yo, por aquel entonces, era el junior, el más joven, el que les llevaba las bolsas”.

El adolescente se hizo mayor y su vida y su carrera tenían tantos proyectos que no cabían en la pista de baloncesto. Al otro lado de ella, Toni Bové comenzó a ser Toni Bové. “Tras el Espanyol pasé dos o tres temporadas por L’Hospitalet. En ese tiempo ya estudiaba, hice Enfermería, y trabajaba en el Hospital Clínico de Barcelona, en el turno de noche, para que me diera tiempo a estudiar y a entrenar”. De las Urgencias del hospital a las que dictaría la cancha. Y todo de forma frenética. Tenía solo 28 años y su vida estaba a punto de cambiar.



II- Un libro de 34 años

Tras 18 años jugando al baloncesto de forma ininterrumpida, casi sin darse cuenta, Bové encontró su futuro de vida al otro lado de la pista. Inspirado por Ángel Mur“¿Cómo era posible que en el fútbol cuidaran a sus jugadores y en el basket, no?”, afirmó en una entrevista en Sport- y sus célebres incursiones en el campo con su inseparable toalla, Toni cambió de oficio sin separarse nunca del mundo del baloncesto.

Cinco años en L’Hospitalet, todo de forma amateur, una experiencia a camino entre fisio y delegado en Granollers y la llamada del Barça. Una llamada con truco. “Estaba en el Granollers y me avisaron de que tenía una llamada del Barcelona. Cuando respondí, me comentaron que tenían un libro para mí. Yo fui a recogerlo a las oficinas del club y, al llegar, me encontré con la sorpresa de que me proponían venir a trabajar con ellos. Dije sí y así comenzó mi etapa en el Barça”.

El camino no fue sencillo. “Cuando me retiré, a los 28, no existía la figura del fisioterapeuta en el mundo del deporte. Tuve que empezar como enfermero y luego ya me fui especializando hasta que fui a Estados Unidos en el 84”. Un 14 de agosto de 1981, llegó a la concentración del Barça de Antonio Serra en Alp (Girona). El libro acababa de empezar a escribirse.

III- Al otro lado del charco

Quizás una de las anécdotas que mejor ilustran las diferencias entre la épocas y los diferentes contextos del inicio y del final de su carrera, sea la del curandero. “El Brujo Torrado” se llamaba. Su apelativo lo inventó Emiliano tras recuperarse en tiempo récord y poder ir a unas Olimpiadas gracias a la medicina natural de José Luis Torrado. Él fue el que acompañó a la Selección Española de Baloncesto en su inolvidable participación de Los Ángeles 84.

Foto: @FCBBasket


“Aquí en España no había fisios en el equipo y el que estaba más o menos ligado a uno era el Brujo Torrado, con la Selección Española. En esos Juegos, a los que acudí con el COE como fisioterapeuta, pude comprobar cómo lo que se hacía fuera de España era muy diferente”, recuerda Bové, que siempre cita como referente a Roger McCann, un éx árbitro de la NBA, su mentor en aquellos inicios.

“A partir de ahí viajo en 1985 y en 1986. En ese año estuve con Franco Pinotti, periodista español, en Nueva York, buscando al trainer de los Knicks, que nos dejó estar una semana en el Madison Square Garden para ver cómo trabajaba él. Todo era diferente. Hasta el entrenador le decía a Pinotti que podía hacer fotos en el vestuario, algo que nos parecía impactante… ¡estamos hablando de hace 30 años!”, exclama aún asombrado.

Ya en el 88, otra experiencia imborrable. “Por primera vez, hice un stage con Los Angeles Lakers, con Riley de entrenador y mitos de la talla de Abdul Jabbar o Magic Johnson. Gracias a mi íntimo amigo Gary Vitti, que se ha retirado justo ahora también tras 31 años con los Lakers, pude entrar en el vestuario y no pudo ser mejor la experiencia. Todos me preguntaban por España, se interesaban por Barcelona, les parecía un poco extraterrestre. Me dejaron estar allí, me trataron genial. Para mí fue una universidad de la vida”.

IV- La rutina de los Juegos Olímpicos

Aficionados, jugadores. Entrenadores, periodistas. El sueño de cualquier persona que trabaje en el mundo del deporte o que lo ame como si fuera suyo es participar, aunque sea desde la grada y una sola vez, en unos Juegos Olímpicos. Toni Bové puede presumir de nueve. ¡De 9! Y todos como protagonista.



Versátil y todoterreno, capaz de dejar su huella en deportes tan diferentes como el hockey hierba, el béisbol, la gimnasia o, por supuesto, el baloncesto. Y modesto, siempre modesto, aquel que le echa siempre a Samaranch la “culpa” de su impulso inicial, tras ser casi una década su propio fisio. “Era una persona con gran humanidad, luego un gran deportista y, en tercer lugar, tenía una visión del mundo del deporte mucho más avanzada de lo que existía en la realidad. Para mí fue un tutor, un padre espiritual”.

“Son mis últimos Juegos”, aseguró antes de Londres. Afortunadamente, se equivocó. Bové empezó a ir a los Juegos en el 84 y, desde entonces, no se pierde ni unos, incluidos los de Río de Janeiro. Siete veces con el Comité Olímpico Español y otras dos con el propio Comité Organizador, siendo incluso el responsable del área de enfermería, fisioterapia y masaje en Barcelona 92. Y mil anécdotas por el camino, de la medalla de José Luis Abajo, ‘Pirri’, en esgrima –“días antes tenía lumbalgia, le ayudamos a recuperarse y, cuando ganó el metal, vino a decirnos que la mitad era nuestra”- a las sonrisas y lágrimas de la Villa Olímpica cuando los focos no miran. “En los Juegos el trabajo nuestro es muy fácil: los deportistas que compiten han de ganar. Si pasa cualquier cosa, espabílate”.

V- Los orígenes de la ACB

“Una anécdota que me encanta recordar y me gustaría remarcar es la que tengo con Eduardo Portela”, confiesa Toni Bové, que saca pecho a la hora de hablar de su histórica figura y de su relación personal con él. “Tengo la suerte de tener como amigo y de haber tenido también como entrenador al que fue presidente de la ACB Eduardo Portela, una persona a la que admiro enormemente”.

Bové, otra institución de este deporte en Barcelona, Cataluña y España, tiene un vínculo con la ACB que va incluso más allá de Portela. “Aparte, yo estuve de rebote cuando empezó a crearse lo que es la actual Asociación de Clubes de Baloncesto, cuando estuve en El Montanyà con el presidente del CAI Zaragoza, el presidente de El Ferrol y del Granollers. Así empezó a gestarse la ACB”.

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Además, otra anécdota que le gusta contar para ver cuánto han cambiado las cosas, es la del número de personas que viajaban con la expedición de cada equipo. Con el Granollers, como mucho, viajaban cuatro. Con el Barça no cambió la situación. “En la época de Antonio Serra, viajaban el propio técnico, además del segundo entrenador, el delegado y yo. Más tarde Aíto, al que le gustaba aplicar aspectos de la NBA, comentó que en Estados Unidos no viajaba el delegado sino el ‘trainer’, que redoblaba sus funciones. A veces viajamos solo Aíto García Reneses, Manolo Flores… y yo”. Eran otros tiempos, sí.

VI- El viaje europeo

El día en el que el Barça iba a jugar la final de la Euroliga de 2003, horas antes de proclamarse por primera vez rey de Europa, El Mundo Deportivo publicaba un artículo con Toni Bové como protagonista. “El superviviente”, desde ese día. Y es que el ‘trainer’ barcelonista era el único integrante, ya fuera dentro o fuera de la plantilla, que vivió en primera persona la decepción de Ginebra ’84. “Estoy seguro de que si hubiéramos ganado aquel año, habrían llegado más títulos los años siguientes. Sin embargo, fuimos a muchas Final Four con ansiedad y eso nos frenó. Gracias a Dios, se ganaron dos títulos y vendrán mucho más, ya lo veréis”.

Hasta entonces, la travesía fue dura. Y los contratiempos hacían más daño. “Recuerdo en el 91 que Audie Norris iba a machacar en un partido y, con la potencia que tenía, un jugador le frenó y acabó rompiéndose los ligamentos del hombro. Se decidió no operarle y estaba renqueante pero pudo jugar esa Final Four porque lo quiso y porque toda la vida fue un crack y un excelente profesional”.

Otro año Andreu se rompía un dedo y Karnisovas se lesionaba justo antes de la Final Four. Más milagros para su currículum. “Estas lesiones pasan y esa es la presión de un club profesional. El médico da el diagnóstico y, a partir de ahí juegas con el tiempo y con las sensaciones del jugador. Si él quiere, adelante, hay formas de tratarlas para que no puedan ir a más. El diagnóstico es que el jugador quiera… yo solo hago mi trabajo”. Cuando su equipo fue campeón de Europa por primera vez, en la citada final de 2003, Toni Bové sintió que todo había merecido la pena.

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VII- El guía

“Siempre oía eso de ¡Más que un club' pero no entendía bien el significado. Cuando llegué, quise saberlo y hablé con Toni Bové. Enseguida supe dónde estaba”. La anécdota que relató en más de una ocasión en su etapa culé Boniface Ndong, es perfecta para comprender hasta qué punto su figura iba mucho más allá del cuidado físico. El aspecto mental y psicológico siempre fue clave y, cuando el entrenamiento y la recuperación acababa, él seguía ahí para echar una mano.

“La pregunta de Ndong era lógica. Desde fuera que un equipo de fútbol tenga varias secciones profesionales que muevan a tantas personas y estrellas, es difícil de entender. Pero yo estoy aquí también para explicarles a dónde han venido”, admite, cargado de poderosas razones. “Cuando un jugador llega de fuera, por pura deferencia tienes que explicarle dónde va a vivir. Incluso, si es una persona abierta, recomendarle restaurantes o lugares. ¿Qué quieres comer pescado? Pues tal sitio. A mí, fuera de mi ciudad o de mi país, me gustaría que me ayudaran igual. ‘Mira Toni, tienes que probar tal sitio, tienes que ir a tal otro…’”

Y sí, más de una vez comprobó las caras de los que venían de fuera cuando veían el pescado fresco del día o cuando les sugería que fueran valientes con la gastronomía. “Es lo más difícil para los americanos, siempre les cuesta más. Y ya ni te digo si se atreven a probar delicias del tipo marisco gallego. ¡Eso ya les parece increíble!”

Foto Twitter @FCBbasket


VIII- El legado

Especialista en Fisioterapia. Diplomado. Especialista en Traumotología y Ortopedia. Enfermeo Especialista en Medicina del Trabajo. Especialista Universitario en Psicología Deportiva. Especialista en Ecografías Musculares... el currículum de Toni Bové parece interminable y sus méritos, también.

Pocos pueden presumir de haber recibido una insignia de oro del Espanyol y otra del Barça. Él sí. Medalla de bronce al mérito deportivo, medalla Pierre de Coubertain por parte del COI, algo reservado casi siempre exclusivamente a los deportistas. “Miembro de la National Athletics Trainers Association (Estados Unidos), de la Selección Italiana de Fisioterapeutas, ex miembro de la Comisión Médica de la FIBA. Capaz de estar en 9 Juegos, 7 con el COE y 2 en el Comité Organizador. Otro par de Juegos del Mediterráneo. Dos libros exitosos (“El vendaje funcional” y “El cuidador deportivo”) con su sello y 59 títulos celebrados por el camino.

Hasta un Centro de Fisioterapia con su nombre para desarrollar su trabajo y nombres ilustres como los de Sara Baras o Javier Bardem -“En el fondo en lo mismo, tienes a una persona y has de recuperarla para que haga su trabajo”- confiando en su labor. Eso sí, con todos los méritos de su carrera y de su vida, Toni Bové se queda con una pequeña espina clavada, como admite entre risas. “No se llegó a entender nunca en este país la figura del ‘trainer’ y en qué consistía”. 34 añitos de ejemplos dan para hacerse una idea.

IX- Los nombres propios de su carrera

“Cada vez quedan menos que me digan eso de ‘haz lo que quieras pero quiero jugar’, contó en una ocasión. Tiene explicación. “Sí que los hay pero ahora se juega el doble de partidos y el jugador es consciente de que debe aguantar más, no existe la presión de antes. Hubo jugadores que me preguntaron qué hacer para jugar”. Y la respuesta siempre fue sencilla: “Cuando saltaba a la pista por un jugador lesionado, no llevaba ni botiquín ni nada, estaba a expensas de la opinión del jugador. ¿Puede o no puedes? Oye, que puedo. Pues hacía cualquier cosa y a jugar, ya al final del partido veríamos qué había pasado”.

Foto Twitter @atomicdog14


Testigo de los grandes logros del Barça en las últimas tres décadas y media, Toni Bové se atreve a resumir qué suponen alguno de los nombres que más le marcaron en su carrera. “Solozábal era el gran capitán. Epi, el más listo. Simpson, el eléctrico. Norris, todo corazón. Navarro, el referente. Gasol, la estrella. Parecía tímido pero nunca lo fue. Recuerdo aquel tiempo muerto en el que le dijo a Jasikevicius que le pasara que se la iba a jugar él. Tenía 18 años”.

También se atreve con los técnicos, de Serra, al que admira, a Pascual. “Flores era trabajador. Su padre y el mío eran muy periquitos. Debutamos en el Espanyol y estuvimos también un año juntos, junto a Santillana, en el Colegio Pare Manyanet de Barcelona. Después para mí Reneses, persona menos de anécdotas, es el técnico que cambió el baloncesto español. Maljkovic creía en los jóvenes y los sacó. Comas, trabajador nato que llegó en un Barça con demasiada presión. A Montes le tengo un cariño especial porque cuando me retiré de jugador, era el 2º base del Espanyol. Para mí es el mejor entrenador de baloncesto base de este país. De Pesic destacaría lo listo que era en los últimos minutos de partido y lo que le gustaba provocar para tener al equipo en tensión. Ivanovic tenía dos facetas: la personal era encantadora y la profesional… era un entrenador muy duro. Y yo lo notaba. Y Pascual fue un gran estratega al que le encanta el baloncesto y manejar los tempos. Ahí están sus resultados”.

El ’trainer’ ha vivido de todo en sus 34 años en el Barça. Y no es una frase hecha. Incluso, le tocó hacer un día de “periodista de prensa rosa” para relatar la boda de Dejan Bodiroga. “Fue espectacular. Allí empieza la boda al mediodía y dura hasta el siguiente, con bailes y con todo en una ceremonia ortodoxa. Una experiencia nueva en mi vida”.

Foto Twitter @TToniBove


X- El penúltimo capítulo

En una entrevista tan sincera, Toni Bové no podía romper la línea a la hora de confesar, todo corazón, que le hubiera gustado seguir. El tiempo lo cura todo. Y la perspectiva, ahora, cambió. “Yo acababa contrato el 30 de junio y cuando me dijeron, en noviembre del pasado año, que no iba a seguir en el primer equipo, que mejor pasara a la formación para enseñar a gente joven, me costó entenderlo de entrada, ya que me encontraba física y mentalmente muy bien. Era decisión del club y no tenía más remedio que aceptarlo. Sin embargo, ahora lo entiendo y lo comprendo. Y, después del homenaje del otro día, lo entiendo aún más”.

Bové vivió uno de sus días más emotivos de su carrera el pasado 21 de octubre, cuando su club reconoció su labor, homenajeándole en el descanso del partido de Euroliga entre el Barça Lassa y el Fenerbahçe. El acto, presentado por su amigo Robirosa, contó con Navarro, Bladé y Bartomeu, por parte barcelonista. Tampoco faltaron en un día tan especial Francisco Roca y Eduardo Portela, por parte de la ACB, y de Jordi Bertomeu por parte de la Euroliga. Recibió una camiseta firmada por todo el equipo y dejó sus manos impresas en un molde con el que se hará una placa en su honor que se situará en la antesala del palco del Palau.

Ahora, su proyecto está en el Área FCB Universitas, dedicada a la investigación científica. Y no puede dejar de sentirse raro sin estar en una pretemporada o teniendo un fin de semana libre. ¡Él, que no descansaba ni uno! Ahora los aprovecha para disfrutar del baloncesto base y para estar con su familia. Casado y con cuatro hijos, a ellos también les cuesta acostumbrarse. ¡Ya les tocaba!




“Nos han parido para movernos siempre. En la vida todo es movimiento. Hay que vivir la vida… no pasar por ella”, dijo en una ocasión uno de los personajes más influyentes en el mundo del baloncesto nacional en las últimas décadas sin necesidad de encestar un balón. Y es que eso… también lo hizo en su día. Baloncesto se escribe con la B de Bové. Toni se escribe con la T de Trainer. Y a este libro aún le queda.

Daniel Barranquero
@danibarranquero
ACB.COM

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