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El camino de Shane Larkin
Convertido en una de las grandes sensaciones de la liga, el base de Baskonia impresiona por números y estilo de juego. Un espectáculo sobre el parqué que intenta crecer alejado de camino fáciles y superando las obstáculos de quienes dudaron de su talento

Redacción, 23 nov. 2016.- La vida siempre ofrece múltiples caminos: algunos son cortos y rápidos; otros tienen curvas, cuestas y valles deslizantes; y otros, sencillamente, son largos e inhóspitos.

A Shane Larkin, la vida le ofreció la posibilidad de escoger ese primer camino; el fácil y allanado donde todo cuesta poco y llegar a la meta parece sencillo. Su padre, Barry Larkin fue una estrella del béisbol y eso hubiera bastado para simplificarle la vida. La fama, el dinero y todo lo que ello conlleva, no fue, sin embargo, motivo suficiente para que Shane optara por vivir a la sombra del éxito de su progenitor, y entendió que el camino fácil pocas veces es el más satisfactorio. Lo que fácil viene, fácil se va.

Con sólo siete años, Larkin decidió que el béisbol no era su deporte y emprendió su propio camino… aunque, eso sí, con el mejor tutelaje posible, el de su padre. “Él siempre ha estado en mi oído diciéndome lo que tengo que hacer, los pasos que tengo que tomar para ser un profesional de éxito y siempre es alguien en quien puedo apoyarme cada vez que algo sucede. Siempre he tenido esa ventaja”, recordaba en una entrevista a la web de NBA. Criado en un entorno deportivo, Shane aprendió las normas no escritas del deporte profesional y decidió que su vida estaría unida a la de un balón de baloncesto. Quería crecer lejos de la alargada sombra profesional de su padre y crearse su propia fama… ser dueño de su propio destino.

(EFE)

Estrella en la Universidad de Miami, Larkin fue incluido en el mejor quinteto de novatos de la Atlantic Coast Conference y un año más tarde creció su aportación para ser uno de los referentes universitarios nacionales. Estuvo presente en el mejor quinteto de la ACC, fue elegido Jugador del Año, galardonado con el Premio Lute Olson al jugador más destacado de la NCAA y fue incluido en el 2º equipo All-American por la prensa y la NABC.

Con semejante curriculum de reconocimientos, las dudas que su estatura siempre arrojaron sobre él fueron pasado y salto a la NBA se hizo inevitable siendo, en 2013, elegido en 18ª posición por Atlanta Hawks. Sin vestirse la camiseta de los Hawks, fue traspasado a Dallas pero en el último entrenamiento antes de viajar a la Summer League de aquel año vio se rompió el tobillo. Su sueño de triunfar en la NBA había comenzado a complicarse incluso antes de empezar.

El base tuvo que ser operado antes de afrontar una larga recuperación de cuatro meses que le impidió encontrar el ritmo necesario para integrarse de pleno en Dallas Mavericks. Pronto descubrió Larkin que el camino que uno elige no siempre se encuentra asfaltado.

Pese a las primeras cuestas de su caminar, Larkin no cejó en su empeño e intentó reactivar a Dallas con José Manuel Calderón de compañero de equipo. “Sí es cierto. Pero si piensas que no volveré más fuerte que antes, entonces tienes al tipo equivocado”, escribía en Twitter tras conocerse la gravedad de la lesión. Él, que decidió siempre labrarse su propia suerte, no iba a detenerse en este punto de su carrera.

Sin embargo, aquellos Mavericks estaban tan necesitados de resultaos a corto plazo que entrar en Playoffs y perder 4-3 en primera ronda frente a San Antonio Spurs (a la postre campeón) les resultó poco y al siguiente verano le enviaron a New York Knicks. En la Gran Manzana siguió afrontando las adversidades propias de un jugador joven en una liga donde las oportunidades llegan pero se deben consolidar. Para Larkin no hubo oportunidad de ello, ni en los Knicks ni en los Nets un año después. Una vez más tenía que luchar contra las voces críticas que siempre dudaron de sus capacidades.

Tres temporadas, tres franquicias y cada año con la sensación de crecer pero en equipos cada vez más lejos de sus anhelos competitivos. Había llegado el tiempo para mirar su pulsera, aquella que reza Fueled by doubt ('Alimentado por las dudas'), y tomar la decisión de qué camino afrontar.

(ACB Photo / E. Otxoa)

Con promedios de 7,3 puntos y 4,4 asistencias en sus tres temporadas, lo fácil hubiera sido aceptar alguno de los contratos que le llegaron y aprovechar la bonanza económica que ofrecieron las televisiones a la NBA. Sin embargo, ya dijimos que Larkin no era de ese tipo de jugador y, por encima de cuestiones económicas, antepuso su desarrollo profesional. Vista sus experiencias más recientes, entendió que, si quería crecer como jugador, su maleta debía hacer… y eligió España y jugar en la Liga Endesa. “Firmé por Baskonia porque tiene una gran historia, tiene un gran equipo con muy buenos jugadores y Sito es un gran entrenador. Pensé que este equipo me ofrecía la mejor oportunidad para ser mejor jugador de baloncesto. Es cierto que tuve algunas ofertas de equipos NBA, pero no eran las mejores condiciones por lo que consideré que esta era la mejor situación para desarrollar y crecer en mi joven carrera como jugador”, cuenta el jugador.

Un viaje lejano y no siempre fácil cuando se viene de un mundo tan diferente como la NBA, especialmente si eres joven. Empero, el impacto de Shane Larkin en la Liga Endesa ha sido inmediato relativizando el tan manido proceso de adaptación. “Sólo hay unas pocas cosas que son diferentes y que a mí se me han hecho un poco difíciles, pero creo que he llevado un buen proceso de adaptación y espero que pueda seguir mejorando”, asegura un Larkin que destaca la calidad de la Liga Endesa y Euroliga. “En el baloncesto europeo todos los jugadores son talentosos, se mueven bien, cualquiera puede anotar y creo que hay buenos entrenadores”, dice.

Con 12,4 puntos y 5,9 asistencias por partido (14 puntos de valoración), el jugador de Cincinnati es uno de los grandes focos de interés de la competición (es quinto en asistencias y segundo en recuperaciones de balón) aunque él prefiere ir con calma y sabe que un par de meses no bastan para valorar su aportación al equipo. Sobre su estilo de juego en Baskonia afirma que “cada noche intentó jugar duro y el equipo me está ayudando a tener una temporada fantástica así que espero seguir consiguiendo victorias para el equipo”.

Lo suyo no es una tarea fácil pues el pasado reciente en Vitoria lo marcan las huellas dejadas por la dupla de bases que formaron Darius Adams y Mike James. Los dos jugadores fueron protagonistas del sensacional año pasado con la clasificación para la Final Four de la Euroliga. Larkin lo sabe pero tampoco rehuye a su preponderancia en un equipo donde asoma su liderazgo. “Sé que soy uno de los puntos en los que se focaliza el equipo y yo lo que intento es jugar fuerte cada partido. A veces puedo anotar y otras veces trato de involucrar a otros jugadores y disponerles de buenas opciones para que puedan conseguir puntos fáciles”, comenta sabedor que su función en Baskonia es la de “trabajar para que podamos ser el mejor equipo posible”.

(ACB Photo / I. Martín)

En ese camino está y sabe que cuanto mejor le vayan las cosas al equipo, más cerca estará de cumplir con el objetivo por el que vino a España. “Quiero ser mejor jugador cada partido. Vine a esta liga a ser mejor jugador, pero esto se trata del equipo y no de un jugador. Puedo meter 20 puntos, dar 10 asistencias o hacer otras cosas, pero eso no importa si el equipo no gana. Estoy centrado en que el equipo pueda ganar partidos”, afirma.

Ganar es su obsesión y el leitmotiv de un club y una afición que ya le ha transmitido el sentido Carácter Baskonia. “Es un gran carácter. Nosotros siempre luchamos porque los aficionados siempre nos alientan en cada partido hasta el final. No importa el rival, los fans siempre nos animan hasta poder vencer”, asegura. Remontadas como las conseguidas en Euroliga frente a Brose Baskets o Liga Endesa contra Tecnyconta Zaragoza atestiguan la realidad de ese carácter que les hace irreductibles hasta lograr la victoria y con el que, desde la adversidad propia y la constante lucha frente a quienes dudan de sus capacidades, él también se identifica. Insubordinado a la crítica, Larkin crece cada día.

Vitoria está lejos de Nueva York, pero al norte de España y en la Liga Endesa, el base norteamericano ha encontrado un hogar donde desarrollarse como jugador. Estar a las órdenes de Sito Alonso le ayuda a comprender mejor el juego, ser el base de un equipo importante le hace asumir responsabilidades y madurar sus decisiones en cada partido. Además, Vitoria y Baskonia le ofrecen un ambiente y cariño como pocos lugares pueden hacerlo. Él, como contraprestación, persigue devolverles la grandeza más reciente en forma de títulos.

Por eso, y aunque aún falte mucho para la cita, a Larkin no se le escapa que este año Vitoria tiene marcada en el calendario las fechas de la disputa de la Copa del Rey. Un torneo especial y en el que comenzará a verse la realidad del proyecto baskonista. “La Copa del Rey es un gran evento y la gente me habla mucho de ello. Este año somos el anfitrión por lo que espero llegar bien, que podamos jugar intensos y ganarla para nuestros seguidores”, dice.

Sin duda que Shane Larkin ha elegido ser dueño de su propio destino y marcar sus pasos por una senda larga, nunca fácil y cuya meta todavía no se vislumbra. Sin embargo, sabe que los caminos más difíciles siempre dejan las vistas más hermosas.

Álvaro Paricio
@Alvaropc23
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