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Play like Klay
Capaz de anotar 37 puntos en un cuarto y 60 en 29 minutos, la figura de Klay Thompson se sube a la ola mediática de otros jugadores y reclama su justo protagonismo

Redacción, 9 Dic. 2016.- Lo reconozco, soy muy de Klay Thompson y, como todo lo que en esta vida despierta más entusiasmo y satisfacción, esta emoción es irracional.

Lo fácil hubiera sido elegir una estrella más mediática y relevante en la pista, pero lo mío es una atracción motivada a mitad camino por su calidad como jugador, carácter como personaje y, reconozcámoslo, por ir a contracorriente de esa masa de acólitos que veneran a Stephen Curry como nuevo Mesías de la NBA.

Éste, encargado de cambiar la forma de entender el baloncesto y reinterpretarlo, es, además, un ejemplo de ortodoxia fuera de la pista: El chico ideal, historial intachable y conducta perfecta. No, Klay no es perfecto. Tiene un punto friki el saber que sus padres le “incautaron” su salario de novato y se lo gestionaron semanalmente mediante pagas, que ha coqueteado con la marihuana y picado de flor en flor con varias modelos de las de catálogo y pasarela. Como se puede ver, un chico terrenal.

Tampoco su carácter ayuda a que su fama sea mayor. Tímido con la gente y receloso de la prensa, es parco en palabras y distante en los gestos, sólo concede el desliz emocional de enseñarnos a su gran amigo, Rocco, el perro con el que está inmortalizado en un bobblehead (una figura cabezona). El confort lo muestra más con un balón entre sus manos que delante de un micro y cámara de televisión.

(Foto EFE)

La figura de Klay Thompson me parece cuanto menos peculiar. Si hubiera caído en otra franquicia su fama sería mucho mayor, si hubiera pedido el traspaso optaría a ser MVP de la NBA, pero él cayó en el equipo de otro y ahí sigue (pese a los rumores de traspaso) haciéndose un hueco... y en ocasiones incluso subiéndose a la hipérbole mediática de sus homólogos de estrellato.

Y es que Klay Thompson es un jugador efervescente. No es un término mío, pero que hago como tal tras verlo acuñado sobre Ronaldinho, para explicar su capacidad de explotar en unos minutos e ir perdiendo fuerza con el paso del encuentro. Klay tiene días que su juego es como menear un refresco gaseoso y después abrirlo: revienta y desborda a su alrededor, aunque también hay ocasiones en las que su burbuja anotadora pincha y desaparece. Klay es de extremos: capaz de anotar 37 puntos en un cuarto, 60 en menos de 30 minutos o pasar desapercibido en las Finales NBA que ha disputado.

La madrugada del lunes al martes vimos lo que se conoce como un orgasmo anotador. Un partido donde no importa el dónde o cómo, pero en lo que todo entra y por eso #NoTeLoPerdonaréKerr que lo quitarás de la pista a modo de coitus interruptus anotador. La NBA vive de este tipo de exhibicionismo individual y Klay tuvo una pulsión anotadora que pocas veces se da y que Steve Kerr nos arrebató de saber hasta dónde podría haber llegado: 60,70, 80... Nos quedamos sin descubrir si aparecería la moralidad del error en un jugador disonante o si hubiera batido marcas históricas (fue el cuarto jugador en la franquicia en llegar a 60 puntos en un partido tras Wilt Chamberlain, Joe Fulks y Rick Barry).



El éxtasis ofensivo protagonizado frente a Indiana Pacers roza lo obsceno porque en él fue capaz de lanzar sin rubor ni vergüenza y adaptándose a los nuevos tiempos en el equipo. Con Kevin Durant, Klay ha procesado la evolución de Cristiano Ronaldo en el Real Madrid: ha pasado de crear juego a convertirse en un finalizador puro y duro.

Contra a los Pacers anotó 60 puntos y sólo necesitó tener el balón en sus manos 90 segundos y hacer 11 acciones de bote. Es el efecto que ha tenido la llegada de Durant al equipo y que ha cercenado su incidencia en la creación de juego. Ahora sólo remata a puerta.

Si Curry representa la lejanía y plasticidad del lanzamiento, Thompson es el rey del catch and shoot. Un jugador capaz de recibir y tirar girando el cuerpo en el aire, retorciendo su figura y contorsionando el tronco para, en su suspensión, encontrar el tiro en equilibrio en una escena fulgurante, a veces, que escapa a la retina del espectador si éste parpadea o distrae alguno de sus sentidos.

Lo dicho, puede que no sea un jugador que enamore a las masas, que su personalidad no sea mediática y que en la pista otros muestren más recursos pero en días como el vivido sólo se me ocurre gritar: “Ni Curry ni Durant, Thompson es nuestro crack”. Klay a11 day.

Álvaro Paricio
@Alvaropc23
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