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Pete Maravich, la historia de un jugador genial (III)
Javier Gancedo continúa su repaso a la vida de Pete Maravich, uno de los grandes genios que ha dado el baloncesto. Tras finalizar su periplo universitario en LSU y pese a sus devaneos con la ABA, el base llegó a la NBA en 1970 de la mano de los Atlanta Hawks, pero sus inicios no fueron fáciles. Maravich tuvo una difícil adaptación y un rendimiento irregular, viéndose afectado por la caída profesional de su padre y el suicidio de su madre, alcohólica


Pete Maravich no tuvo un comienzo fácil en la NBA (Foto NBAE/Getty Images)

Tras finalizar su exitososo periplo universitario, Pete Maravich debió afrontar el salto al profesionalismo. Cuando llegaba el decisivo momento del draft, era tentado por ABA y NBA, las dos ligas del momento. Entonces, a Pistol se le comparaba con Bob Cousy o Dick McGuire por su manejo de balón, aunque era además un excepcional tirador

Los Atlanta Hawks, buscando rejuvenecer su plantilla, mandaron a Zelmo Beaty, a San Francisco a cambio del número tres del draft. Una vez en el mismo, Detroit eligió en el número uno a Bob Lanier, y sorprendentemente, los Rockets fueron a por Rudy Tomjanovich, pues al parecer Elvin Hayes no estaba muy dispuesto a compartir el balón con nadie más. De este modo, los Hawks tuvieron vía libre para elegir a nuestro protagonista. Mientras tanto, en la ABA, fueron los Carolina Cougars quienes obtuvieron los derechos por Pete. La idea era ver si Maravich se inclinaría por el espectáculo de la ABA o por la más consolidada NBA, que en aquella época estaba dominada por grandes egos en la era donde el individualismo en el juego ha sido mayor. Se habla de que en un partido, Elvin Hayes hizo 28 tiros habiendo tocado 29 veces la pelota en juego. Además, el dinero recibido por determinados rookies era un obstáculo, ya que enfatizaba la envidia de determinados veteranos con contratos inferiores. Por primera vez en la historia, el dinero fluía en las arcas de la NBA, allá por 1970, y las comparaciones eran odiosas entre viejos y nuevos contratos.

La primera opción de Pete siempre fue la NBA, ya que tenía un plan de pensiones a 30 años y ya entonces, 6 años antes de que sucediese, había rumores de fusión entre ambas ligas. Además, el propio Pistol siempre quiso jugar en la liga donde brillaron sus mayores ídolos, Jerry West y Oscar Robertson. Aún así, los Maravich fueron a New York a hablar con los Cougars. Las negociaciones eran directas, sin intermediarios de por medio, y los Maravich no tenían demasiado dinero. Después de intensas reuniones que acabaron a las 5 de la mañana, ambas partes quedaron emplazadas para otra reunión la siguiente semana. Cuando fueron a abandonar el hotel, vieron que los Cougars no habían pagado su habitación. Press Maravich tenía 83 dólares encima, Pete tenía 10. La factura de hotel fue de 82 dólares, más 10 de taxi al aeropuerto y uno de propina a un taxista... que los miró como si fuesen pedigüeños.

Fue el final de la historia de Pete con la ABA. Pocos días después, Pistol firmaría el contrato de su vida con Atlanta y se convertiría en millonario: entre 1,600,000 y 2,000,000 dólares a repartir en 5 años, además de un flamante coche. Maravich llegó a un equipo con siete jugadores de color y portaría el número 44 en honor a su espectacular media de anotación NCAA. Los Hawks eran un buen equipo. Su estrella era Lou Hudson, un fino alero de movimientos felinos que superaba con facilidad los 20 puntos día sí, día también. Además de Sweet Lou estaban Bill Bridges, cuarto reboteador de la liga pese a sus dos metros; Joe Caldwell, un defensor prodigioso del que se decía que podía saltar, sin carrerilla, por encima de coches; el base Walt Hazzard y el pívot Walt Bellamy, 'Big Bells', una superestrella de la liga, que su año rookie en el 61 pasó de 30 por partido. Su rendimiento bajó de forma progresiva en su carrera. Su entrenador era Richie Guerin, que había sido un gran jugador en la liga y había alternado las funciones de jugador y entrenador desde su llegada a los Hawks.

Maravich se instaló en Atlanta sin su padre, quien tuvo que volver a casa ya que los problemas de alcoholismo de su mujer eran cada vez mayores. Además, Joe Caldwell decidió pedir en su renovación un dólar más de lo que ganaba Pistol, con lo cual salió del equipo buscando fortuna en la ABA. Para colmo de males, el equipo no le entendía, lo cual era previsible: no captaban sus pases y recibía pocas ayudas tras cada dos contra uno. Además, Maravich era un tipo tranquilo y bastante tímido, con lo cual no conectó en un equipo con un ambiente nada parecido al de LSU. El resultado fue que Pete no empezó su primera temporada como titular. En pretemporada, perdieron de 50 puntos ante los Bucks de Alcindor y Robertson, que serían su primer rival en la Regular Season, tras la que el cronista local escribió que era 'la peor exhibición de baloncesto que haya visto jamás'. Perdieron, ya en Regular Season, 97-108, y Maravich hizo un partido pésimo con 3/13 en tiro. De hecho, Pete encadenó varios partidos pésimos, repletos de pérdidas de balón y desacierto en el tiro. Todos los que le envidiaban por el dinero que ganaba salieron en su contra. Se iba a tener que ganar ese dinero centavo a centavo. Irónicamente, Caldwell firmaba por los Carolina Cougars en la ABA, el equipo que pretendió a Pistol, y los Hawks, visto lo visto, lo echaban de menos. Tras 16 partidos, el balance era 4-12. El año anterior lograron un balance de 48-34 y la química en el equipo no existía. Sus compañeros boicoteaban las entrevistas, hartos de preguntas sobre Maravich: era el enemigo público número 1.

De repente, Pete despertó: tres partidos seguidos con 32 puntos, ya como titular, y 40 ante los Knicks en el Garden, con todo el equipo animando desde el banquillo. Después consiguió que Jerry West, que había tenido dos partidos ante los Hawks por encima de 50 puntos la temporada anterior, se quedase sólo en 24. Su media de pérdidas de balón por partido comenzó a bajar a mitad de temporada, simplemente limitando todos los riesgos innecesarios, y sus compañeros finalmente lo aceptaron en el vestuario a regañadientes en vez de buscar el hueco dejado por Campbell. Tras el All-Star, los Hawks tuvieron récord ganador, Maravich hizo varios partidos rondando los 40 puntos y se situaba en la carrera para ser rookie del año frente a Dave Cowens y Geoff Petrie, quienes empataron finalmente por el galardón pese a los 23.2 puntos por partido de Pistol Pete, que fue tercero a mucha distancia de ambos.

Los Hawks alcanzaron los Playoffs, pero se enfrentaban a los campeones en ejercicio: los Knicks, que les vencieron 4-1. Pete sólo brilló en el último, con 31 puntos, en el que lo tuvieron que parar a golpes y codazos. El último, de Greg Fillmore, lo dejó viendo doble y la ventaja de los Hawks, con Pistol en el banquillo, se esfumó.

Los dos años siguientes de Maravich en la liga fueron los más duros. No tenía amigos en Atlanta y sus compañeros lo tenían por un tipo muy extraño. Empezó a practicar artes marciales en verano para mejorar su movilidad, pero justo al final del verano contrajo una mononucleosis que le hizo perder más de 15 kilos. De hecho Pete, con sus ansias de jugar, hizo que su rendimiento fuese inferior al habitual durante gran parte de la temporada, ya que volvió a las canchas mucho antes de lo que debería.

La situación con su padre también le influyó. Press Maravich fue despedido por los malos resultados de LSU tras la marcha de su hijo. Herido en su orgullo y pese a ser considerado una de las mentes baloncestísticas más clarividentes de su generación, Press buscó trabajo en cualquier equipo, donde fuese, en vez de esperar una mejor oportunidad, y aceptó el puesto de entrenador jefe en la minúscula universidad de Appalachian State, donde, por su ubicación en las montañas y a muchas horas en coche del aeropuerto más cercano, fue incapaz de reclutar buenos jugadores. A Maravich no le fue nada bien, ni individual ni colectivamente. Sus 19,3 puntos por partido y casi 6 asistencias le confirmaban como un buen jugador NBA, pero no una estrella. Pese a todo, fue incluido en el segundo equipo NBA. Boston se cruzó en el camino de los Hawks, que los eliminó en primera ronda de Playoff

Ya en su tercer año en Atlanta, su madre estaba cada vez más afectada por sus problemas con el alcohol, pese a contar con ayuda profesional. Encima el propio Pete, una vez superados sus problemas físicos, notó un extraño 'tic' en su ojo derecho la noche antes de un partido en el Garden. Su párpado no se cerraba y le fue diagnosticado una parálisis facial temporal, sin saberse a ciencia cierta cuánto tardaría en desaparecer. Pistol intentó jugar el partido, pero el riesgo a sufrir un contacto en su ojo que pudiese dejarle ciego era importante. Además, el hecho de que el propio aire del pabellón hacía que el ojo prácticamente le ardiera le retiró del partido. Consiguió jugar con gafas protectoras en partidos posteriores, bajando mucho su rendimiento, hasta que la parálisis desapareció y Maravich recuperó su mejor nivel. Entonces sucedió la tragedia.

Pistol recibió una llamada de Ronnie, su hermano. Su madre se había pegado un tiro en la cabeza y estaba en estado crítico. Para cuando Pete llegó a Charlotte, donde su familia residía, su madre había fallecido. Por primera vez en su vida, Maravich se encontraba con una situación en la que el baloncesto no podía remediar nada. Aún así, hizo de tripas corazón, sacando pases imposibles, volviendo a arriesgar en cada jugada para conseguir entrar en el primer equipo NBA tras promediar 26.1 puntos y casi 7 asistencias por choque. Colectivamente, las cosas no fueron ni mejor ni peor: los Hawks volvieron a caer, en primera ronda, otra vez en seis partidos... y otra vez ante los Celtics de Havlicek y Cowens.

Siendo culpado de que su equipo no llegara al siguiente nivel, Pete Maravich no tardaría mucho en ser traspasado en uno de los episodios más extraños de los intercambios NBA, por cómo se desarrolló y por el resultado final del mismo. En los New Orleans Jazz habría más luces y sombras, la constante de un jugador genial que se recuperaría para el baloncesto en su nuevo equipo. Aún así, nuevos problemas estarían por venir.

Javier Gancedo
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