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Bo McCalebb: el hacedor de fortuna
Su vida no fue fácil: luchó contra la adversidad, ganó a un huracán y se labró una carrera desde el anonimato haciendo grande a un pequeño país. La historia de Lester “Bo” McCalebb no es una historia cualquiera, es la de un tipo que desde el infortunio hace fortuna

Redacción, 1 Feb. 2017.- Ante las adversidades, el ser humano tiene diversas formas de reaccionar. Muy comprensible es tener un momento de duda y dar un paso atrás, pero otras muchas personas acuden a la tan de moda actitud resiliente para afrontar el infortunio con el suficiente carácter para salir adelante y convertir un paso atrás en el impulso necesario para avanzar.

(ACB Photo)

Lester “Bo” McCalebb no se encuentra en ninguno de estos dos grupos de personas. Él, simplemente, convierte la desventura en fortuna para sí mismo y quienes le rodean. Criado en las calles de Nueva Orleáns, seguidor de los Saints (su equipo de fútbol) y fiel a las raíces de su hogar, se hizo hombre convirtiendo su nombre en leyenda por todo aquel que pisara la ciudad.

Otros jugadores tenían más renombre, algunos mejores números, pero Bo McCalebb tuvo lo que nadie más: Lealtad. Fiel a su origen, McCalebb comenzó a jugar a baloncesto siguiendo los pasos de su padre, un jugador popular en las calles de la ciudad. Su talento se fue cincelando entre la ortodoxia académica del instituto y el carácter que sólo se encuentra en las calles de Algiers jugando en el McDonogh Playground y en la dureza de una vida compleja (se crío con su abuela). Se formó en la Universidad de New Orleans y con los Privateers promedió 29 puntos por partido. Pero en pleno desarrollo profesional, el huracán Katrina no sólo asoló la ciudad sino que convulsionó su vida y la de su familia.

Como el resto de la ciudad, tuvo que ser desalojado por el peligro que suponía la amenaza meteorológica. Pasó dos meses con su entrenador mientras el lugar se recomponía y su vida volvía a posicionarse con aires de cambio. La NCAA permitió a todos los jugadores de la universidad cambiar de equipo sin la penalización de un año sin jugar, pero eso no fue motivo para el cambio y McCalebb continuó siendo fiel al único equipo del que sentía formar parte.

Otras universidades le llamaron, pero él pensó que si antes no le ofrecieron oportunidades (LSU quiso ficharle como Frehsman y se echó atrás tras fichar a Tack Minor, y Oklahoma State también se comprometió verbalmente a ficharle) ahora él era quien no quería ofrecérselas y prefirió reconstruir un vida, una ciudad y un equipo de baloncesto.

Con los Privateers logró ser el mejor jugador de la conferencia y cerró la etapa universitaria siendo el máximo anotador de la historia de la UNO. Ello, sin embargo, no fue suficiente para que la NBA pusiera sus ojos y oportunidades en el base, pero la recompensa a todo lo ofrecido en sus años académicos no vino por la vía del deporte, sino por la más importante: la emocional. Hace unos meses la universidad rindió sentido homenaje a su lealtad deportiva y personal plasmando en el parqué de la pista de juego la firma del jugador que no les abandonó cuando la desgracia les azotó.

Él, quién todavía pasa los veranos entrenando en las instalaciones de la universidad y ayuda a jóvenes jugadores a ser mejores dentro y fuera de las pistas, reconoce ese sentimiento de gratitud que la ciudad procesa a su persona y devuelve afecto al único hogar que conoce. “Significa mucho. Siento mucho amor por mi ciudad. He crecido allí, jugado en la universidad y cuando no estoy en Europa, estoy allí. Adoro Nueva Orleáns, a sus calles y su gente”, nos cuenta.

(Foto Euroleague/Getty)

Sin la oportunidad de jugar en la gran liga americana, la vida le invitó a hacer la maleta y hacer un viaje que jamás soñó realizar. El pequeño equipo turco de Mersin fue la primera parada europea de una travesía en la que su desconocido nombre se hizo grande y todo el continente se hizo eco de las virtudes de su juego.

Con las dosis de talento que su baloncesto siempre tuvo, y el esfuerzo y la pasión de su trabajo, McCalebb tuvo la enorme virtud de hacer fortuna allá donde fue y cada uno de los muros que la vida construyó, como ya sucediera con Katrina, los convirtió en peldaños hacia el éxito.

Hizo historia con Partizán de Belgrado llegando a la Final Four de París 2010 tras 12 años sin que lo hiciera el equipo serbio. En semifinales 21 puntos, cuatro asistencias y cuatro recuperaciones, casi colapsaron al millonario proyecto que era aquel Olympiacos de Teodosic, Papaloukas, Schortsianitis, Josh Childress, Linas Kleiza, Patrick Beverly y Bourousis. Sólo la prórroga evitó que aquel milagro serbio fuera más histórico (80-83).

Con aquella portentosa temporada a sus espaldas, McCalebb firmó por Montepaschi Siena y en Italia impuso la tiranía de un equipo dominador (ganó las ligas y copa de 2011 y 2012). Fueron años donde se convirtió en el base más determinante de Europa, fue el MVP de la LEGA, de la Final de 2012 y ese mismo año ganó el trofeo Alphonso Ford como máximo anotador de la Euroliga. Un año antes llegaría el segundo gran hito de su carrera.

McCalebb, todavía jugando en Serbia, recibió la llamada de la Federación de Macedonia quien había pensado en él como el jugador naturalizado que cada selección podía tener en su plantilla. McCalebb no se lo pensó (el pasaporte le abría muchas y cuantiosas posibilidades en Europa) y, tras viajar a Skopje al día siguiente de la llamada, aceptó la oferta. Bo McCalebb pasó a ser Borche McCalebbovski.

(Foto FIBA Europe/Castoria)

Y como tal el base jugó el Eurobasket de 2011. Una auténtica historia de cenicienta que volvía a vivir pero magnificada porque esta vez no era un histórico club que volvía a ser grande, sino que era el héroe de un pequeño país sin pasado relevante que fue capaz de llegar a semifinales del torneo continental tras batir a la anfitriona selección lituana. McCalebb volvía a hacer fortuna y llenar su memoria con un recuerdo imborrable. “Ambos momentos significaron mucho porque para mí lo más importante es ganar y los dos recuerdos significan que ganamos partidos y llegamos lejos. Llegar a la Final Four con Partizan y a semifinales con Macedonia fue muy especial porque gracias a ello mucha gente pudo conocerme y conocer el baloncesto que hay en Macedonia”, reconoce el jugador.

Por desgracia para aquel pequeño país y su base, en semifinales se encontraron a España y, en concreto, a un jugador superlativo como Juan Carlos Navarro. El jugador completó la mejor semana de su carrera profesional y acudió al rescate español con 35 puntos. “Fue un partido durísimo. España tenía cinco jugadores NBA en su plantilla, pero nosotros luchamos y competimos fantásticamente durante 32 o 33 minutos. Al final Navarro decidió que el partido se tenía que terminar e hizo que España ganase”, recuerda.

Con la fama ganada, Fenerbahçe le presentó una irrechazable oferta para hacer de él el líder de un equipo que quería conquistar Europa. Estuvo dos temporadas y tuvo dos oportunidades de conseguirlo... pero el transatlántico que era aquel equipo encalló en sus propios errores. Fenerbahçe no pudo ser grande de Europa, aunque McCalebb siguió vistiendo a sus equipos con trofeos y el equipo turco ganó la Supercopa y Copa de 2013 y la liga de 2014.

Con algún escarceo a modo de oferta de San Antonio Spurs, la NBA parecía haber sido una puerta que a sus 30 años estaba cerrada. Sin embargo, y cuando las lesiones cortaron su progresión y con el Bayern Munich vivió su etapa más oscura, nuevamente de la desgracia sacaba una oportunidad: New Orleans Pelicans le ofrecía su primer contrato NBA.

Era el sueño de su vida, jugar en casa. Por mor de las lesiones de Jrue Holiday, Norris Cole y Tyreke Evans, los Pelicans recurrían a aquel chico que creció en sus calles y reclamaron su leyenda para ayudarles en su reconstrucción. Antes de que le llegase la oportunidad, la franquicia sólo había firmado a un jugador del estado (Linton Johnson) por lo que su incorporación al equipo tenía un simbolismo especial.

Pese a su talento y esfuerzo el sueño de su infancia no se cumplió del todo y McCalebb fue cortado poco más tarde ¿Decepción? Él no lo ve así. “No, al final el baloncesto es baloncesto y es lo que quiero hacer: jugar a baloncesto donde sea. Desde joven he jugado en el extranjero y todavía lo hago, así que no me preocupa no haber tenido esa oportunidad, se sincera.

(ACB Photo / Arrizabalaga)

Así, y tras una recuperación deportiva en Limoges, Bo McCalebb ha llegado a nuestra liga. Uno de los anhelos más recientes del aficionado español se ha hecho realidad y Herbalife Gran Canaria nos permite ver semanalmente a uno de los grandes talentos del baloncesto en Europa.

“Esta es una liga muy dura, la más importante de Europa y donde se juega duro cada semana”, señala un jugador que reconoce que la Liga Endesa “es una gran liga. Es obvio que fuera de la NBA es la mejor liga. Tiene a los mejores jugadores españoles y a grandísimos jugadores extranjeros, por lo que estoy encantando de por fin poder jugar en España”.

Y tal y como ya hiciera a lo largo de su carrera. Herbalife Gran Canaria se ha beneficiado de esa virtud que tiene McCalebb de convertir en ganador cada proyecto en el que está. Como un alquimista griego o habilidoso tahúr, el base llegó a la liga con el primer gran trofeo para la vitrinas canarias: la Supercopa Endesa.

Casualidad o no, McCalebb resta valor a esa habilidad para ganar y prefiere seguir trabajando en el día a día junto a un equipo con el que aspira ser aún más grande. “El deporte es deporte. A veces ganar y a veces pierdes. Es lo bueno y lo malo del deporte, por eso el equipo tiene que estar por encima de resultados puntuales y trabajar para ser mejor y conseguir el mejor registro al final de la liga regular”, confiesa.

Cerca de cumplir 32 años, McCalebb es una persona que pone en una balanza cada situación que vive y cada hecho que acontece. La vida le ha hecho relativizar los sucesos, comprender los malos momentos y disfrutar de los buenos. Una filosofía que tiene muy en mente a la hora de hablar de su actual estado de forma. “Me encuentro bien, doy las gracias por estar sano y eso es lo más importante. Si me mantengo sin lesiones todo va a ir bien”.

Ese es el deseo también de Herbalife Gran Canaria quien espera que su timón le haga llegar a un puerto aún desconocido y siga ofreciendo mayores épicas. McCalebb así lo desea y trabaja por ello sin fijarse mayores horizontes. “Ahora el objetivo es ganar el mayor número de partidos que podamos sin pensar mucho más allá en el futuro. Sólo quiero pensar en el día a día”, asegura.

Hay personas que nacen con suerte, algunas que lo hacen sin estrellas y otras como Lester “Bo” McCalebb, que se especializan en convertir los reveses de la vida en su buena suerte.

Álvaro Paricio
@Alvaropc23
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