Crónica

Eriksson se aprende la tradición (82-70)
El FC Barcelona Lassa es el último semifinalista de la Copa tras una gran reacción ante el Unicaja (82-70). Los azulgrana, que solo anotaron 28 tantos en el primer tiempo, voltearon el partido con 30 en el tercer cuarto. Fantástico Eriksson con 18 puntos. Se medirán al Valencia Basket (sábado, 21:00)

Redacción, 17 Feb. 2017.- Once de once. El Barça Lassa volvió a derrotar a uno de sus rivales históricos predilectos, un Unicaja que siempre se lo pone difícil para acabar cayendo. Esta vez, con otra remontada.

Los malacitanos, con un fantástico Alberto Díaz al frente, amenazó con escaparse (21-29, m.15) pero perdonó a un rival que se transformó en el tercer cuarto de la mano de un Eriksson imparable (58-51, m.30). Los puntos de Rice y los fallos de un Unicaja al que le pesó la historia, acabaron sentenciando.

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La herencia de Ciudad Jardín

Durante la mañana, en el coloquio por los 40 años del Unicaja, se habló de todo. Los orígenes, el crecimiento, los días dorados. Anécdotas, nombres propios y mil historias curiosas. Sin embargo, como si fuera tabú, nadie intentó encontrar respuesta a una pregunta que cada aficionado malagueño se hizo, eliminatoria tras eliminatoria, desde aquel lejano triple de Ansley: ¿qué clase de embrujo culé sufrieron? ¿Cuál fue el barcelonista que les echó una maldición tan infinita?

Triple de Pepe con sabor a Final Four a un lado, el balance en eliminatorias ACB era radiante para uno y desolador para otro. Cinco veces en Copa, cinco triunfos barcelonistas. Cinco veces en Playoff, cinco fiestas del Barça. Revelándose contra su destino, Fogg abría el marcador ignorando cualquier tipo de maldiciones. Al fin y al cabo, cuando Ciudad Jardín soñaba con la gloria, él cogía por primera vez un balón en la californiana Brea, allá donde los limones crecen sin pedir permiso. Rice, con un triple, le dio la única ventaja a su equipo antes de los primeros golpes severos de Musli y Brooks.

El balcánico, vieja escuela. El americano, siglo XXI. ¿Para qué palmear en lugar de machacar? Siempre le dolió más al rival (4-12, m.6). El Barça Lassa, algo anárquico en ataque, sumaba por impulsos. Unas Vezenkov, otras Renfroe o Eriksson. Sin continuidad, sin frescura, apostando al 6,75. A veces cerca, a veces menos, como cuando Alberto Díaz encestaba el triple para que su Unicaja finalizar el cuarto con 5 de ventaja (17-22). Era solo un aviso.

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La pócima Díaz no basta

Con más orgullo que continuidad, el FC Barcelona Lassa se vio, casi por inercia, solo uno abajo nada más arrancar el segundo cuarto, que dejó a ambos una sensación agridulce. Los catalanes, por no terminar de rematar. Los andaluces, por no saber escaparse. Quizá, en pleno laberinto, el único que sabía la salida era el de la tierra, el que sufrió desde niño la maldición blaugrana de su equipo. Se llama Alberto Díaz y su historia, por momento, recuerda a un cuento de hadas. El base de la cantera que sale para crecer, que regresa para demostrar. Que espera, al que le falta, que aprende, que sorprende. Y que termina por enamorar.

Ya no es solo su idilio con los triples. Su templanza, su inteligencia, su capacidad como revulsivo. Por momentos pasaba por sus manos todo el juego de un Unicaja que, cuando Suárez encestó de tres (21-29, m.15), tenía pinta de escaparse. Sin embargo, hacía falta algo más que un Díaz de dulce para hacerlo. Con sus aleros desaparecidos en combate, los de Málaga comprobaron con impotencia como al Barça Lassa le bastaba sumar algún que otro triple de vez en cuando y crecer en el rebote ofensivo para seguir con vida, a pesar de llegar con solo 28 puntos al descanso. Esas constantes vitales acabarían metiéndole en semifinales.

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El mito de Uppsala

En un par de minutos, el FC Barcelona Lassa mostró más intensidad que en toda la primera mitad. De tres en tres, la remontada fue instantánea. Koponen empataba a 33, Eriksson replicaba el acierto de Nedovic y Rice, como en los albores del encuentro, ponía por fin por delante a su equipo con otra bomba lejana (39-36, m.22). Los malagueños resistieron en principio con Nedovic haciendo de malabarista y Brooks contestando el segundo triple de Eriksson. Sin embargo, cuando el sueco volvió a aparecer, tras el 2+1 de Tomic, el encuentro cambió para siempre.

Hace ya seis temporadas, después de que Marcus Eriksson se convirtiera en el MVP del Torneo de L’Hospitalet, un vídeo se hizo viral. Al pasar las Navidades en su casa, la sueca Uppsala, Marcus empezó a lanzar triples como un loco, con sus chinos y su sudadera. Hasta 81 en 5 minutos. Marcó 78. 52 de ellos, seguidos. El chaval, ya en Manresa, tampoco tuvo una trayectoria sencilla, con lesiones que podían haber acabado la carrera de un jugador tan joven. Cuando puso a su equipo 6 arriba (50-44, m.27), tirando con la tranquilidad con la que lo hacía de adolescente, empezó a recordar.

Se lo había ganado. Su equipo, por momentos, no tenía nada que ver con el que venía de hacer su peor primera mitad en ataque en todas las Copas de este siglo. El Unicaja, náufrago en defensa, se iba dejando tiros libres por el camino y Eriksson, descarado e insolente, seguía pidiéndola para dinamitar el duelo. Lo hizo, vaya si lo hizo. Al cuarto triple ya se oyó el clásico “MVP”. Y al final del periodo, en el que su equipo había anotado treinta puntos (5/6 T2, 6/7 T3), dos más que en los veinte minutos anteriores, tras una exhibición que fue más allá de la inspiración de Marcus, el Barça Lassa sintió que la ruta hacia semifinales ahora era cuesta abajo.

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El peso de la historia

Eriksson seguía jugando con la insultante normalidad con la que la hacía en aquel garaje de Upssala para darle la máxima a su equipo nada más arrancar el último cuarto (60-51) y el Unicaja parecía acordarse de todas y cada una de las maldiciones que protagonizaban la previa. Y si se atrevían a acercarse, aparecía el otro gran protagonista del Barça Lassa, un Tyrese Rice que vino para esto. Exactamente para esto.

Para colmo, Tomic se hacía gigante en la zona, posteo por aquí, canasta por allá. Los malagueños, luchando contra su propio destino, lograron ponerse a tres tras una preciosa triangulación culminada por Suárez (64-61, m.34), si bien el balón empezó a pesarles cada vez más y más, como si además de aire, llevara historia y precedentes. Por el contrario, el FC Barcelona Lassa, después de semanas muy complicadas, después de una primera mitad para olvidar, había soltado todo el lastre en el tercer cuarto gracias a su genio de Suecia. Ahora sí disfrutaba.

El impulso de Renfroe fue letal, con 5 puntos consecutivos que olían a sentencia, ejecutada de la mano de Rice con un +12 (73-61) a falta de menos de 4 minutos imposible de remontar. Ni siquiera con triples más adicional de Nedovic. Hasta el aficionado más optimista del Unicaja se pasó preguntándose, de ahí al 82-70 final, si alguna vez verá a los suyos romper la historia contra el Barça Lassa. Ya van 11. El barcelonista, desde el paraíso de las semifinales, se hizo otra reflexión: si la historia pesa tanto… ¿por qué no volver a 2013? Allí, en esa misma pista, se vistió por última vez de campeón copero. El Valencia Basket espera.

Daniel Barranquero
@danibarranquero
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