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Cuatro filosofías distintas, un objetivo común: ser campeón de la NCAA
El University of Phoenix Stadium, con capacidad para más de 70.000 espectadores, será el escenario final del March Madness de este año 2017. El marco perfecto para la lucha definitiva por un título de campeón de la NCAA al que ya únicamente aspiran cuatro universidades. North Carolina, Gonzaga, Oregon y South Carolina, cuatro filosofías muy distintas con un objetivo común

Redacción, 1 de abril de 2017.- Únicamente 4 equipos. Y un título en juego. Phoenix será el escenario perfecto de la gran batalla final por el campeonato nacional de la NCAA. Cinco veces campeona ha sido toda una clásica como North Carolina, que partirá como gran favorita en esta cita final. Oregon únicamente ha sido capaz de levantar el título en una única ocasión, ya en el lejano 1939 en la primera edición del March Madnesss. Y para Gonzaga y South Carolina será una experiencia única, en su primera Final Four de la historia. ¿Y qué mejor forma de celebrar un hito así que cortando las redes? Un objetivo común, una ilusión y un sueño que únicamente un equipo podrá celebrar. North Carolina, Oregon, Gonzaga y South Carolina: cuatro nombres y un ansiado destino.

  • La Final Four, en datos


  • Experiencia y físico en la gran candidata: North Carolina

    Un último tiro de Kris Jenkins evitó el título de los Tar Heels la pasada temporada ante Villanova. Y los de Roy Williams llegan a esta Final Four dispuestos a recuperar lo que es suyo. North Carolina llega a Phoenix, indiscutiblemente, como gran favorita. Su superioridad física, su amplia experiencia en varios de sus principales referentes y ese punto extra de venganza, sus mayores peligros.

    North Carolina presentará en Phoenix un bloque tan compacto como indestructible. Notablemente superiores cerca del aro, agresivos y ambiciosos en una férrea defensa y capaces de dominar ritmo y dinámicas de partido por veteranía, carácter y banquillo. Un histórico como Roy Williams, con dos títulos ya como técnico de los Tar Heels, sabe que tiene en sus manos un equipo que puede llegar a ser invencible. Y que, tras titubear dos veces ante Arkansas y Kentucky, llegará a la Final Four con la confianza renovada y el objetivo de olvidar el tropiezo del año anterior.

    Con Justin Jackson y Joel Berry como líderes, North Carolina construye todo su arsenal desde lo más básico: el control del rebote. La pintura es propiedad de Kennedy Meeks, un fornido interior dominante bajo tableros. A su lado, Williams puede optar por el tiro exterior del sorprendente y heroico Luke Maye o por la versatilidad y potencia de Isaiah Hicks. En el perímetro, el todoterreno Jackson y su mejor socio, Joel Berry, un base de carácter y galones. Y todo un arsenal de obreros incansables para completar la rotación. Theo Pinson, Nate Britt o el prometedor y esbelto Tony Bradley son otras opciones de una North Carolina, incluso, demasiado favorita. El título ya parece suyo. Y eso siempre es una peligrosa arma de doble filo…



    Gonzaga: ¿ahora o nunca?

    Indudablemente, Gonzaga ha conseguido reunir esta campaña la mejor plantilla de su historia. Experimentada, talentosa, física y profunda. Un trabajo realmente difícil de lograr para cualquier universidad y más aún para una que no forme parte de una de las grandes conferencias de la NCAA. En su pequeña reserva de la West Coast Conference, Mark Few ha conseguido dominar la liga de forma tiránica, llegando incluso a ser más que una sorpresa que Gonzaga pierda un único partido.

    Parecía que la falta de competitividad de la WCC podría ser, una vez más, un hándicap más que notorio para estos Bulldogs. Sin embargo, esta vez, el equipo ha superado esta y otras circunstancias. El camino de esta Gonzaga hasta la Final Four no ha vivido grandes sobresaltos ni tampoco trampas muy peligrosas (Arizona, el número 2, cayó ante una Xavier que también eliminó al número 3, Florida State), pero eso no debe quitarle mérito ni opciones a un equipo dispuesto a hacer historia.

    Un bloque edificado desde un eje central clásico y efectivo. Un excelente base director de juego y capaz de anotar, Nigel Williams Goss, y un pívot rocoso, corpulento y apto para ser referencia interior, Przemek Karnowski. Desde esta columna vertebral, Mark Few ha construido un equipo con variadas opciones ofensivas en las que la línea de tres puntos es un denominador común. Josh Perkins, Silas Melson, Jordan Mathews, el poderoso Johnathan Williams o, incluso, un falso cinco como Zach Collins deben aportar amenaza perimetral para poder garantizar espacios a Karnowski en la zona y a Williams Goss en sus incisivas penetraciones. Si los triples entran, vencer a esta Gonzaga puede convertirse en una empresa casi imposible. Sin embargo, si dicho acierto no existe, Gonzaga sufre. Y es ahí donde su inexperiencia en una cita así les puede jugar en contra. Su primera Final Four. Su primera cita enorme con un título nacional en juego. No pueden ni deben fallar. La presión será máxima desde el primer salto inicial.



    Oregon Ducks: rebosantes de una confianza esencial

    Sin un siete pies en su plantilla y con un pívot de apenas dos metros de altura, las opciones de Oregon pasan, indiscutiblemente, por el perímetro. Los Ducks llegarán a Phoenix pletóricos, con una filosofía tan clara como ambiguamente peligrosa y el objetivo marcado de regresar con el título de campeón de la NCAA. Los de Dana Altman han sabido brillar como nunca en este March Madness, rozando la perfección para eliminar a una Kansas que parecía ganadora incluso antes de disputarse el encuentro. Y en su segunda Final Four, la primera en color (su única participación data del 1939), están dispuestos a ametrallar a cualquier rival desde el perímetro.

    Y es que, indudablemente, sus opciones pasan por el acierto desde la línea de tres puntos. Más aún después de la lesión en este tramo final de temporada de un hombre clave cerca del aro como Chris Boucher. Sin este espigado y atlético alapívot, Oregon ha decantado aún más su juego hacia el exterior, dejando en la zona y con más espacios a su mejor guerrero: Jordan Bell. Con sus apenas dos metros de altura, Bell ha sido capaz de agigantarse ante rivales de mayor tamaño a base de coraje, energía incansable y enorme capacidad de trabajo.

    Bell vive en un mundo aparte, aislado del resto de sus compañeros en enormes fases del partido. El trabajo de Bell es conseguir todos los balones rechazados en los tiros de sus socios. Y al frente de dicho pelotón de artillería, un griego. Tyler Dorsey, en su segundo año, ejerce ya como líder anotador y referencia absoluta de esta Oregon que vive al ritmo de “Mr. March”. Un mote tan justo como adecuado para un anotador incansable que adora vivir al límite. Su escudero fiel, Dillon Brooks, es un alero canadiense de buen físico y mejor muñeca… y que fue antaño también general. Brooks ha sabido entender su degradación de rol de una forma magnífica y ahora es, incluso, más peligroso. Y en los espacios generados por Dorsey y Brooks, esperarán las afinadas muñecas del zurdo Casey Benson, el freshman Payton Pritchard o el veterano e imprevisible Dylan Ennis. Cinco cañones por banda y el osado Bell en la zona. ¿Ecuación perfecta para levantar el título?



    South Carolina: a sus órdenes, mi sargento

  • Frank Martin, aires cubanos en la Final Four


  • Con una marcada disciplina militar, Frank Martin ha llevado a esta modesta universidad al mayor logro de su historia. Bajo la gigantesca sombra de su exitoso equipo de fútbol americano, la trayectoria de estos Gamecocks ha vivido en una realidad paralela. Lejos de la durísima ACC en la que conviven vecinas como Duke, North Carolina o NC State, el equipo de baloncesto de South Carolina únicamente había llegado al torneo final de la NCAA en ocho ocasiones en su historia. Y, evidentemente, nadie en su sano juicio esperaba ver a estos Gamecocks en la gran Final Four.

    La temporada de los de Frank Martin ha tenido tantas luces como sombras, siendo capaces de perder ante la peor Memphis de los últimos años o, incluso, de caer en cuartos de final de su torneo de conferencia ante una débil Alabama. Sin embargo, pese a su balance final de 26-10, South Carolina llegó al March Madness. Y ahí, hemos visto al ejército perfecto que tanto ansiaba su entrenador.

    Esta es la gran virtud de estos Gamecocks. Un equipo tremendamente rocoso y fiable que trabaja como una unidad. Defensivamente, South Carolina presenta un bloque imponente cerca del aro que consigue dominar física y mentalmente a su rival (papel esencial del interior Chris Silva), desgastándolo a medida que pasan los minutos. Vencer todas esas pequeñas batallas significa poder vencer la guerra. Y esto lo tiene más que claro un Frank Martin que ha delegado ofensivamente el trabajo a su gran estrella: Sindarius Thornwell.

    Un extraordinario alero hecho a fuego lento y que vive el mejor momento de su larga y exitosa carrera. Formado en el prestigioso instituto Oak Hill, Thornwell ha vivido una experiencia radicalmente distinta a sus compañeros de generación como Andrew Wiggins, Julius Randle o Zach LaVine. Letal en larga distancia, mortífero en penetración y con un carácter ganador único. Thornwell y Martin han sido dos almas gemelas destinadas a encontrarse. Sin embargo, evidentemente, Thornwell no puede hacerlo todo. Y a su lado, tiradores tan intermitentes como amenazadores como PJ Dozier, Rakym Felder o Duane Notice, deben aparecer. Si Thornwell queda solo ante el peligro, no habrá conquista para el sargento Martin.

    Gerard Solé
    @gsole14

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