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El Unicaja conquista la eternidad (58-63)
¡Espectacular final! Remontando en el último cuarto, el Unicaja se ha proclamado campeón al imponerse a un gran Valencia Basket por 58-63. Los malagueños, que han ganado todas sus eliminatorias con factor cancha en contra, conquistan de este modo su segundo título continental y logran el billete a la Euroliga

Foto Unicaja B. Fotopress)

Redacción, 5 Abr. 2017.-"Nadie en Europa sabía, quién era aquel equipazo...". Como en tiempos de Ciudad Jardín, como en una epopeya escrita. Un sueño verde, una gloria que jamás olvidará. El Unicaja escribió una de las páginas más bellas de sus 40 años de historia con un título heroico, imposible por momentos, frente a un guerrero Valencia Basket que se quedó sin fuerzas cuando más cerca tenía la gloria.

Con Alberto Díaz de MVP, orgullo para su filosofía y para su gran cantera, y con una remontada que ya es eterna, con un 0-18 en el cuarto final para transfomar un -13 en un +5 que le dio la llave del título a los malagueños. Y el billete a la Euroliga, ese pasaporte tan deseado.

Los de Joan Plaza conquistan su 4º título, tras la Korac 2001, Copa 2005 y Liga Endesa 2006, convirtiéndose también en el 4º conjunto español en ganar la Eurocup. Málaga conquistó Europa. Unicaja es más grande.

Foto Euroleague/Getty


Caldera Dubljevic

Cinco columnas de fuego, un mosaico emocionante, miles de globos explotando al unísono y una pancarta gigante con un mensaje muy claro: reyes de Europa. El balón quemaba más, el aire pesaba más, las voces sonaban más, la final lucía más. La Caldera Taronja era eso. Sin embargo, ni todo el ruido del mundo hacía retroceder al valiente Alberto Díaz, dispuesto a consagrarse donde los grandes se sienten más cómodos, donde los héroes piden paso, donde exigen sus tres letras. Hace 5 años, saltaba por sorpresa al primer equipo, descubierto por Luis Casimiro, para certificar la Euroliga de su equipo. Un lustro más tarde, ya con galones de líder, buscaba un objetivo similar por un camino mucho más bello. "Mis amigos me ayudaron a mejorar el tiro en verano", confesaba tímido en octubre aquel que abrió el partido con 5 puntos sin pestañear. Un triple de Waczynski y la constante Brooks, tapón y canasta, confirmaban el órdago cajista de inicio (2-10, m.4) y el propio Alberto, qué templanza, qué descaro, replicaba el primer golpe de Thomas con otro enceste de los que llevan sello.

Al Valencia Basket no le había salido bien su apuesta de sacar a Dubljevic desde el banquillo. O sí, en realidad sí, pues pese al 6-14 inicial de los malagueños, todo cambió cuando el de Niksic saltó a la pista dispuesto a quemarlo todo. Unicaja se volvió loco, de esas locuras mezcla de impotencia y de admiración, de respeto y rencor. De no saber dónde meterse o cómo volver al pasado más inmediato. Bojan puso la final en sus manos desde su canasta inicial y, con un Sastre de escándalo ayudándole al principio y luego solo contra el mundo, el primer cuarto cambió de acento malagueño a montenegrino.

El partido hablaba Dubi, La Fonteta gritaba Dubi, el Valencia Basket era Dubi. De tres en tres, Bojan adelantaba a su equipo por primera vez (17-16, m.8) para poner el pabellón a sus pies y convertía otro triple para gritarle a su rival que para abrazar el título, 205 centímetros de talento y garra tendrían que ser derribados, como simbolizó en la última jugada del cuarto, con posteo, ganchito, canastón para cerrar el cuarto (22-18) a treinta minutos de la gloria más soñada. Entre tanto fuego, nadie ardía más que él.

Foto: Euroleague/Getty


Remontada por inercia

"Dije que podíamos ganar un título... y es este", avisaba Bojan en la previa, tan convencido de sus palabras como comprometido con un taronja que pareció marcar su vida desde mucho antes de llegar a Valencia. Y es que, con el público aún en pie por lo visto poco antes, Dubljevic abrió el segundo cuarto con rebote ofensivo y canasta para una serie de 12 puntos (3/3 T2, 2/2 T2), 2 rebotes y 14 de valoración... ¡en menos de 5 minutos!

Quedaban aún 8 minutos para el descanso pero el Unicaja hubiera sacado bandera blanca, sin dudarlo, para frenar tanto caos. Tres minutos sin anotar, Vives estirando el parcial hasta el 20-4, Okouo, hoy sí, superado por la situación. Nedovic, anulado. Los triples, sin entrar. Una defensa rival asfixiante, bella en su agonía. Y hasta el plus del rebote perdido en el limbo. Sikma hurgaba en la herida con un triple y Sato amenazaba con el despegue definitivo (31-21, m.16), tras unos minutos locales, simplemente, de campeón.

El Unicaja se agarró a su defensa y a la fe de Omic, capaz de cambiar un error arbitral a su favor o de mantener con vida a los suyos con sus tapones y puntos sufridos en la zona. Y es que, justo al contrario que en la primera mitad del primer partido, ahora era el cuadro malagueño el que, en pleno sometimiento, con un Valencia Basket muy superior, minimizaba pérdidas desde el tiro libre, llegando a acercarse a tan solo 3 puntos al descanso (33-30) tras una elegante penetración de Nedovic. Casi sin saber cómo, habían vuelto. O eso creían.

Foto Unicaja B. Fotopress


Valencia BC se lanza a por el título

Para completar la carambola, Brooks tuvo el triple para empatar el partido nada más empezar el tercer cuarto. Pero en el baloncesto, los resultados pueden engañar, mas las sensaciones no. Y estas, tarde o temprano, acaban imponiéndose. San Emeterio, con su canasta de tres puntos, marcó el camino. Y pese a que Alberto Díaz, siempre él, contuvo la rabia taronja, el Valencia Basket acabó despegando por pura inercia.

Van Rossom ponía una vez más de pie a los suyos con un acierto lejano y San Emeterio, después de una circulación de libro, estiraba la máxima hasta los 12 (47-35, m.26). Los malagueños, perdidos en el triple, perdidos en la final, tenían algún destello para amagar con entrar con el partido, si bien siempre encontraba respuesta rival, como demostró nuevamente Van Rossom con otro triple con sangre. Encima, cuando volvió a ponerse de pie, tras unos minutos muy productivos de Díez y Suárez (50-43, m.28), pareció borrarse del todo tras una absurda tangana que acabó con Omic descalificado.

La Caldera Taronja, así, en mayúsculas, volvía a arder. Volvía a ser fuego, calor, deseo y pasión, con un título que pareció más cerca que nunca cuando Sato y su 2+1 dejaron al Valencia Basket con 11 de ventaja antes del periodo final. Antes de su mayor pesadilla.

(Foto Unicaja B. Fotopress)


Un 0-18 para la historia

Si alguien hubiera parado el tiempo cuando Will Thomas dejaba el luminoso en 56-43, este cuento hubiera sido muy distinto. Ningún valenciano, ninguno, podía ocultar una sonrisa más que justificada. Sonrisa de orgullo, sonrisa de nerviosismo, sonrisa de disfrute. Las caras cajistas, llenas de rabia, de la resignación del que cae habiéndolo dado todo. Y con esa mirada del que aún piensa que por qué no intentarlo una vez más. ¿Por qué, si había que morir, no hacerlo dejando el alma en aquella ardiente pista?

Si el alma es un vaso que solo se llena con eternidad, el Unicaja es eterno. Y el Unicaja no solo es eterno por su título, no. El Unicaja es eterno por su reacción, absolutamente inesperada, heroica. O muerte romántica o vida eterna, como eternos son los que ganan un título por primera vez para un club. Como eterno es el verde cuando significa esperanza. Como eterna la vida cuando la vida cambia.

Sin pívots, con Suárez pidiéndole unos centímetros prestados a Omic y Musli y dejando en la pista todo lo que hace capitán a un capitán, sin dejar que Dubljevic oliera un balón. Todos captaron el mensaje, en los minutos más serios en defensa de los malagueños en años. Como 13 primaveras antes, cuando Scariolo creyó en aquella zona de 40 minutos que cruzó el destino de dos equipos, los de Plaza supieron que los triples rivales terminarían por dejar de entrar. Y ahí estarían ellos para la revolución.

Díez, con un par de bombas lejanas consecutivas, abrió la lata para no volverla a cerrar jamás. Ni los rebotes ofensivos del Valencia Basket, ni el aliento de Diot desde el banquillo, ni la reacción del bravo público local. Smith volvió a ser Jamar y su tiro lejano pareció de playground. Y cuando Brooks igualó a 56, en la siguiente jugada, empezaba un partido nuevo con solo tres minutos y medio de vida.

Un partido que Unicaja hubiera firmado desde que arrancó los cuartos frente al Bayern, en esa serie imposible de remontadas y factor cancha en contra para acabar besando el título. Un partido que el Unicaja soñó, con toda la presión del mundo para un Valencia Basket que tiraba y tiraba sin éxito, empezando a plantearse si su primera derrota en casa tras 22 triunfos seguidos iba a ser justo ahora, en el peor de los escenarios, en el más cruel de los desenlaces.

Foto Unicaja B. Fotopress


Un Unicaja eterno

Otro uno contra uno maravilloso de Jamar Smith hizo gritar a los héroes de la grada verde, al público que abarratoba desde la distancia el Carpena. Y a Málaga entera, a camino de frotarse los ojos por incredulidad y por las lágrimas. Una vez más Alberto Díez, el niño que vio el último título de su equipo amado desde el mismísimo colegio, apareció para estirar la sangría visitante hasta un 0-18 de escándalo, para un 56-61, a poco más de un minuto, que nadie hubiera imaginado cuando Will Thomas paró el tiempo a comienzos de cuarto.



Dubljevic, orgullo sin premio, puso a su Valencia Basket a tiro de triple, mas la final ya tenía color, el verde intenso, verdísimo, que le dio Brooks con un tapón al triple final de Martínez, con guiño a Ráez y al mismo cielo. La imagen incónica de la final. La instantánea de una era. El bocinazo aún tardó en llegar, entre tanganas, vídeos revisados y tiros libres de sentencia (58-63). Cuando lo hizo, Plaza sintió, como dijo de rodillas en la previa, que ya podría morirse tranquilo, tras ser el único en llegar a la final con tres equipos diferentes, el tercero en ganarla con dos colores distintos. Y el único en hacerlo de una forma tan poética e imposible.

Si es verdad que el tiempo es una imagen móvil de la eternidad, el que lo paró para guardarlo en una caja y disfrutarlo una y otra vez en el futuro, una y otra vez en su vida, fue un Unicaja que lloró el título como el que llora un amor, como el que llora la más intensas de las alegrías, una de esas que con tanta emoción hubiera narrado Rengel.

40 años, mil momentos. Cuatro títulos, mil recuerdos. Esta Eurocup es historia. Este Unicaja es eterno.


VALENCIA BASKET CLUB58
NNombreMinPT2T3TLR.T.RDROASBRBPTFTCFPFRVAL
0THOMAS, WILL16:4861/41/11/21 1 21 1212
8DIOT, ANTOINEDNP---------------
9VAN ROSSOM, SAM22:4560/22/7-4224 139
10SATO, ROMAIN17:0352/40/21/1532 116
14DUBLJEVIC, BOJAN24:57164/82/42/2642111 13619
16VIVES, GUILLEM17:15 0/10/5-44 5 12211
17MARTINEZ, RAFA17:2631/20/51/122 1 152-4
18ORIOLA, PIERRE15:0342/40/1-312 212122
19SAN EMETERIO, FERNANDO22:5771/61/32/2321 212
30SASTRE, JOAN22:3481/12/6-1 12 1 13 2
42FERRANDO, LUISDNP---------------
43SIKMA, LUKE23:1230/11/2-7342 3 414
Total5812/339/367/8402317153928241846


UNICAJA63
NNombreMinPT2T3TLR.T.RDROASBRBPTFTCFPFRVAL
2OKOUO, VINY04:25 --- 1 -1
8FOGG, KYLE12:0421/20/2-11 1 1 111-1
9DIAZ, ALBERTO24:53122/32/32/2 22 1 4112
11DIEZ, DANIEL22:4790/13/4-33 1 1 10
15SMITH, JAMAR19:47101/52/42/211 322 311
16NEDOVIC, NEMANJA21:0062/50/22/42114 221257
20LAFAYETTE, OLIVER03:03 -0/1- 1 -2
21WACZYNSKI, ADAM16:263-1/3-66 1 2 4
23BROOKS, JEFF27:5392/50/45/65411 2 3410
43SUAREZ, CARLOS24:5642/30/2-532 2 1 3612
44MUSLI, DEJANDNP---------------
92OMIC, ALEN22:4683/6-2/533 11 335
Total6313/308/2513/1937298116882202378

Árbitros: Radovic (CRO), Ryzhyk (UCR) y Majkic (SLO). Eliminaron por falta descalificante a Omic (m.28) y a Rafa Martínez (m.40).

Incidencias: tercer y último partido de la final de la Eurocopa disputado en el pabellón de la Fuente de San Luis ante 8.600 espectadores.

Daniel Barranquero
@danibarranquero
ACB.COM

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