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Carlos Suárez: El aliento de un héroe
Contará la leyenda, un día lejano, que cuando nadie creía, cuando todo era imposible, un capitán se vistió de héroe. Los números dirán que acabó con 4 puntos y 5 rebotes. Los que le vieron jugar de 5 contarán la verdad: la remontada lleva su nombre, la Eurocup lleva su nombre. Este es el relato de su día más grande

Foto EFE


Redacción, 8 Abr. 2017.- Cuando las primeras lágrimas ya habían salido, cuando el cuerpo ya dolía de tanto abrazo y cuando la garganta ya pedía tregua de tanto grito, minutos después de la ceremonia de campeones, Carlos Suárez atendía a Álvaro Paricio sin dejar de tener interrupciones entre pregunta y pregunta.

"¡Te lo mereces!", le dijo convencido un aficionado. "Carlitos, enhorabuena", añadió otro al poco tiempo. "Eres el mejor capitán del mundo", le gritó un tercero al oído, quizá como portavoz de cada persona que lloró con Unicaja aquella noche.

Y es que Suárez, Carlitos, fue Don Carlos en una final en la que su trascendencia fue mucho más allá de los números. Pero mucho más allá. Tópicos a un lado, clichés a otro. Y todo el honor del mundo para el único que, durante unos instantes, cuando hasta las nubes eran taronja, creyó ver el cielo verde, creyó que había alguna esperanza, creyó que se podía lograr.

Creyó más que cualquier otro jugador de su equipo, más que cualquier otro técnico, más que cualquier otro seguidor que hubiera en la grada valenciana, que hubiera en el Carpena viendo el partido en el videomarcador, que hubiera en Málaga sufriendo la final por televisión, radio o Twitter. Creyó más que cualquier aficionado imparcial, creyó en algo que ni el mismo público local hubiera creído. Creyó, Carlos simplemente creyó. Y el creer lo cambió todo.

Foto: Euroleague/Getty


Sin Musli, sin Omic. Trece puntos abajo, poco más de ocho minutos por jugar, balón para Valencia Basket. El que más se había indignado con la descalificación de Alen era ahora su sustituto. Tantos meses discutiendo si Suárez rendía mejor de 3 o de 4 y, de repente, Suárez se encontraba sin esperarlo jugando de 5, teniendo que frenar a la estrella rival y buscando la llave del milagro.

Alberto fue el MVP. Díez abrió la lata. Los puntos de Smith fueron vida. Brooks hizo el tapón de su vida en la imagen más icónica de la final. Pero Carlos, ay Carlos... sin Carlos, el Unicaja hoy no sería campeón. Punto.

Carlos fue alma, Carlos fue orgullo. Carlos fue la fe. Carlos fue el chaval que le pide salir a la más guapa de la clase, con todos riéndose esperando el no, para acabar conquistándola. Carlos fue el que aprobó ese examen imposible con preguntas que el profesor no había explicado. Carlos fue el capitán de barco que consiguió que los tripulantes no se volvieran locos tras acabar a la deriva, para acabar encontrando puerto. Carlos fue el ciclista que se lanzó en descenso como un loco, después de haberlo perdido todo en la subida, para volver a ser líder. Carlos fuiste tú en tu día a día, cuando te levantas tras un día malo, tras un momento malo, para gritarte a ti mismo que todo puede cambiar aunque ni tú mismo lo creyeras poco antes. Carlos fue respuesta ante la vida, ante el deporte, ante el básquet, ante el destino. Carlos fue Suárez. Suárez fue la remontada. Así se escribió su leyenda.



La secuencia del renacer

Nunca un solo jugador puede ganar un partido, está claro, mas a veces su actuación lo acaba determinando. Para las portadas, las crónicas, los boxscores y los vídeos, esas rachas imposibles de puntos y canasta, sí, pero en ningún resumen saldrá, más allá de algún tapón espectacular, esa serie de jugadas "invisibles" que cambian un partido desde atrás y sin ruido. A veces se dice, sin mesura ni fundamento, que todo el juego de un equipo pasa por un jugador. Unas pocas veces, el último cuarto de la final de Eurocup es un ejemplo, algo tan extraño ocurre. La revolución silenciosa llevó el 43. Prácticamente cualquier jugada en defensa o ataque den los últimos ocho minutos y medio llevó, de una forma u otra, su nombre. Esta es la secuencia del renacer del Unicaja.

Primer acto. 13 arriba Valencia Basket y Suárez de 5, sin disimulo, conteniendo a Dubljevic para que no reciba. Lo consigue. A continuación, en ataque, penetra y fuerza la falta. Se para, mira para abajo. Toma aliento. Se le ve absolutamente KO. Y aún le queda todo por hacer.

Llega el triple de Díez y vuelve a repetir jugada, "pegándose" con Dubljevic para que no le llegue la pelota, apurando los límites del reglamento. Finalmente, el montenegrino la recibe. No volverá a pasar en mucho tiempo. Falta personal y a repetir el proceso. Él es la pieza más importante en esa zona. Él es el responsable del robo del Unicaja en esa misma acción.

Toca atacar. Suárez pide el balón en la zona como si fuera un 5 de toda la vida y Dubljevic acaba obligado a cometer la falta. A continuación, bloqueo para la penetración de Smith, que deriva en dos tiros libres anotados. A ocho.

Suárez sufre con impotencia la siguiente posesión valenciana, con hasta cuatro rebotes en ataque. En el tercero grita de pura rabia y tras el cuarto se desquita: primero asusta a Sato, al que casi roba el balón y, a los pocos segundos, corta el pase de Sikma a Dubljevic. Robo y falta personal recibida. Suma y sigue.



Definitivamente, el Unicaja está en el partido. El Unicaja ha vuelto. Y él parece ominipresente, anulando a Dubljevic y yendo a por todos, absolutamente a por todos, cada vez que tiene la oportunidad. Le falta el aire y la cámara se centra en él, en otra de las imágenes de la final. Nuevamente cabizbajo, jadeando, pidiendo a gritos el cambio con su mirada y sus gestos si hubiera sido un partido normal. Pero no era un partido normal. Y esa final solo se podía ganar con él en pista, por mucho que pareciera al borde del colapso por el descomunal esfuerzo físico.

Ataca Unicaja. Nuevo bloqueo a Smith, que pasa a Díez. Triple, 5 abajo y otra oportunidad de lucirse en defensa, en otra jugada que resume su recta final. Corta la línea de pase de Van Rossom, corre hacia Sastre para impedirle la penetración y otra vez sale corriendo hacia Van Rossom para intimidar un triple que no entra.

Balón para los suyos, Smith se la juega, falla... y aparece Suárez para tocar lo suficiente el balón para que acabara en manos cajistas, en la jugada que dio origen al triple de Jamar para ponerse a 2. Otro momento álgido de la remontada. En defensa, vuelve a impedir que le llegue el balón a un Dubljevic que lleva 4 minutos sin tocarla. Falla Valencia Basket y Carlos toca el balón lo suficiente para alejarlo de Bojan y que, otra vez, el Unicaja se haga con el rebote. Es que está en todas. En todas. En todas.

"Tranquilo, tranquilo", le dice a Alberto en la jugada en la que Brooks acaba empatando a 56. Y cuando por fin le llega el balón a Dubljevic, otra gran defensa, con ayuda de Brooks para el dos contra uno, acaba en falta del americano. A continaución, se interpone en la penetración de San Emeterio, se queda parado en el aire con los brazos en alto y provoca el fallo de Fernando.

Posesión para los de Málaga, gesto de rabia de Suárez, el "sí se puede" malagueño sonando en La Fonteta y hasta gestos al banquillo del 43, más omnipresente que nunca. Y aún quedaba lo mejor. Falló Brooks el balón para adelantarse y Suárez coge uno de los rebotes más imposibles de su carrera, rodeado de 4 rivales, desequilibrado, con un pie rozando la línea de fondo y el otro cayendo hacia delante, congelando el tiempo entre la captura y su pase heroico a Díez, en la jugada que acaba con el triple ganador de Smith. Tres puntos arriba.



Suárez, poseído, corta con una falta inteligente la penetración de Van Rossom, vuelve a hacer invisible a Dubljevic en ataque y, por si fuera poco, cuando Sikma se lanza a por el aro rival aparece el de Aranjuez para intimidar y provocar su fallo. Otro balón verde. Otro "calma, calma", exclamado con su boca y sus manos. Y otra celebración cuando Alberto Díaz, con dos tiros libres, culminaba el 0-18 de parcial para un 56-61 que parecía de ciencia ficción seis minutos antes.

Fue como el fin de la labor de un Suárez que solo seguía en pie por su alma y garra, por no entrar en términos más castizos que media Europa citó al verle. No haría falta más heroicidades suyas tras un 0-18 que lo cambió todo. La final era del Unicaja y por fin pudo se tomó un respiro. En defensa, con el cambio en el bloqueo, se queda con Van Rossom y Alberto Díaz con Dubljevic, cometiendo falta. La única aparición de Bojan, los dos únicos tiros libres de la estrella rival, los dos solitarios puntos del Valencia Basket en los últimos ocho minutos y medio de final, fueron en el primer momento en el que Suárez no estaba. Nada cambió desde entonces.

El marcador no se movió tras los fallos de Smith, Van Rossom o Brooks y el propio estadounidense, con un tapón colosal, abría la puerta a la gloria, mientras Carlos seguía ejerciendo de capitán. Reunió a sus compañeros mientras Nedovic lanzaba tiros libres. Separó a todos en la tangana posterior, pidiéndole cabeza a sus compañeros para no tirar por la borda lo que ya estaba ganado. Fue el primero en felicitar y el que celebró con más rabia.

El beso a Patricia, la mirada a la grada, la valentía en carne y hueso. El último en recibir la medalla, el primero en levantar el trofeo. El guiño a Pablo Ráez, el orgullo de una ciudad, la historia de un equipo. Los minutos más heroicos de toda su carrera.

(Foto: Mariano Pozo


"El partido más completo"

"Estaba reventado, reventado... no podía más, porque Dubljevic me exigía en defensa y, además, yo tenía que estar en el rebote ofensivo", reconocía al finalizar el partido, consciente de la machada de todos y de la suya propia. "Unos están para anotar y otros para hacer un trabajo diferente. Unos tienen mucho talento y otros tenemos que poner otras cosas para jugar al básquet. Hay que echar garra y estoy muy contento por el partido que yo he hecho, no todo son puntos. Es el partido más completo que he hecho en todo el año". O en toda su vida.

"Dijimos de echarle un par de huevos", -sí, por más eufemismos que usemos, era inevitable que esta palabra no acabara saliendo en un artículo sobre Suárez- "y no dar un balón por perdido. La clave fue no dejar de creer. Es increíble, hemos dado un paso adelante cuando peor estaban las cosas", le confesaba emocionado a Paricio. Justo al término del choque, en los micrófonos de la SER, había sido aún más explícito: "Estábamos muertos, en la puta UVI y dimos ahí el corazón".

Su actuación, como el propio título del Unicaja, se valorará más con el tiempo, con el paso de los años, cuando la memoria y la épica se den la mano para cantar la leyenda, para narrarla a aquellos que no la vieron y emocionar a los que la lloraron alguna vez. A las horas de acabar el partido, su actuación ya recibía elogios. A los pocos días, esos minutos ya tienen consideración de claves, con parelelismos inimaginables, como aquel partido de Magic Johnson de 5 en el 7º contra los Sixers. Cuando el tiempo pase, sin restarle mérito a ningún compañero, ese Suárez de 5 será leyenda, como el triple de Garbajosa o el de Pepe Sánchez, como el desafío de la zona de 40 minutos de Scariolo, como la inenarrable canasta de McIntyre o la remontada contra Manresa para no descender. Suárez ya es historia.

Foto Unicaja B. Fotopress


"Yo no soy más que un simple capitán. Tú, en cambio, eres un héroe", escribió en "Cuore" Edmundo de Amicis, ignorando que, en ocasiones, capitán y héroe pueden ser uno. Suárez, que no ejerció ese rol ni en el Estudiantes ni en el Real Madrid, ejerció de faro cuando no había luz, contagiando a los que no creyeron, trasmitiendo fe cuando no la había y recordando al mejor Berni Rodríguez en los años dorados del Unicaja. Así sabe mejor. "Es algo muy importante en mi carrera, no es lo mismo que ganar con Madrid o Barça. El trabajo y el creer en uno mismo, da resultados, se ha demostrado. Dejamos al club en un lugar donde no tenía que haber dejado de estar, en Euroliga".

"Estoy muy contento por la ciudad que me acogió hace cuatro años", añadió. "Va por este club, que es maravilloso. Y por mi familia, que me apoya". ¿Quién no? Quizá aquel que, mirando las estadísticas, esas que en ocasiones susurran verdades y en otras exclaman mentiras, se quede con el hecho de que terminó con 4 puntos y 5 rebotes. ¿Y qué? Ahí está el vídeo, en ocho de los minutos más salvajes de su vida, entre los ocho minutos defensivos de un jugador más salvajes que el viejo continente ha visto en los últimos tiempos. Ahí estará el relato, el recuerdo, las palabras y las imágenes. La Eurocup terminó ahí. La leyenda empezó ahí. Con su jadeo, con su aliento. El aliento de un capitán. El aliento de un héroe.

Álvaro Paricio y Daniel Barranquero




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