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El Triple de Pepe cumple una década
Un 12 de abril de 2007 el Unicaja protagonizó una de las gestas más grandes de la historia del deporte malagueño, llegando a la F4. En mitad de la resaca europea, el Triple de Pepe Sánchez cumple 10 años

Redacción, 12 Abr. 2017.- "Tremendo, tremendo. Tengo 17 años y nunca he tenido esta sensación de alegría y cansancio por lo que he chillado y saltado". El comentario de un forero en el hilo de Unicaja de ACB.COM podía pecar de ilusión pero nunca de desmesura. Málaga aún se frotaba los ojos por lo que acababa de vivir aquel 12 de abril de 2007. Y Scariolo, en rueda de prensa, iba un paso más lejos: "Lo que acaba de pasar es el éxito deportivo que más valoro de mi carrera deportiva". El Unicaja estaba entre los cuatro más grandes del viejo continente.

Foto Euroleague


El contexto

Fue un año raro. La presión de defender el título liguero, la marcha de Garbajosa, el comienzo del fin de aquella generación irrepetible que le dio a Málaga sus días de baloncesto más dorados, incluidos los trofeos de la Copa y la Liga ACB. Las lesiones, las apuestas fallidas y una irregularidad constante de aquel capaz de pasar del cielo al infierno, y viceversa, con una facilidad pasmosa.

Fue el año del 17-17 en liga regular, sí. Y de la derrota de los 53 puntos (105-52) en Badalona, también. Sin embargo, diez años después, solo hay una frase posible para hablar de aquel Unicaja: fue el año de la Final Four.

El rival en cuartos, la mayor bestia negra que jamás tuvo el cuadro malagueño, un Wintenthur FC Barcelona que, desde aquel triple de Ansley, parecía empeñado en aparecer en todos sus momentos grandes para destrozarlos sin piedad. Sin embargo, en aquella serie al mejor de tres encuentros, los malagueños parecieron ser capaces de superar de una vez los fantasmas del pasado.

En el primer acto, exhibición en el Martín Carpena. Con 27-36 en el luminoso a favor de los barcelonistas, un parcial de 19-4 en cuatro minutos de la mano de Iñaki De Miguel (13-7) y Marko Tusek (11), cambió por siempre la historia del encuentro. Funcionó Faison (15), funcionó Berni (12), funcionó Jiménez (10). Y la brújula de un Pepe Sánchez que ya avisaba. El Barça, que echó de menos a Fran Vázquez, acabó destrozado en la pintura, acusando ese imprevisto 46-40 al descanso y desfondándose hasta el 91-75 definitivo.



En la segunda cita, en Barcelona, la historia resultó completamente distinta. Los de Ivanovic salieron muy enchufados, defendiendo como los ángeles y el Palau fue el de las grandes noches, con Navarro desatando la locura en el tercer cuarto. Quince puntos sin fallo de la estrella barcelonista (25 puntos en 18 minutos aquel día) transformó la victoria en exhibición, la derrota en varapalo. 80-58 y al tercero. La vendetta barcelonista se había consumado. Mas la venganza completa nunca terminiría de llegar.

"Ellos han tenido a un jugador NBA que actúa en Europa", se lamentaba Scariolo tras la exhibición de Juan Carlos. "Ahora lo tenemos más claro que antes del primer partido", comentaba Ivanovic. "Hubiera firmado hace tiempo la situación actual con los ojos cerrados", replicaba el propio entrenador de Unicaja. El duelo estaba servido.

El Triple de Pepe Sánchez

No pudo empezar peor aquel 12 de abril para el cuadro malagueño, que confirmaba la peor de las noticias. Lo que parecía un susto, un golpe de Daniel Santiago en el segundo partido de la serie, se transformaba en pesadilla. El de Puerto Rico tendría que pasar por el quirófano por su desprendimiento de retina. En ese momento, el maleficio de antaño (una dinámica que, pese a aquel día, se prolongó hasta la actualidad) pidiendo sitio en la previa y la contundencia de los precedentes tomando protagonismo: 5 de 5 para los barcelonistas en Playoff (luego llegarían otras 4) y 2 de 2 en Copa (faltaban 3). Lo que nadie sabía es que ese día, ahora sí, se cerraría por fin el círculo: el triple de Ansley tendría su epílogo.

El ambiente no podía ser más ensordecedor, más emocionante. Ni un hueco en el Carpena, ni un silencio. Ni siquiera un amago de tregua. Un mensaje de ánimo en el videomarcador de Garbajosa, justo antes de arrancar el encuentro, subió aún más la temperatura. El infierno verde era aquello. El Unicaja, con sus malagueños Berni y Cabezas de líderes, empezó mejor (21-18). Un par de aciertos lejanos de Pepe amenazó con el despegue local si bien el Barça supo resistir con triples hasta el descanso: 38-32.



Con el temporero Tusek tirando de galones, el Unicaja tomó una renta de 10 puntos (46-36) en el luminoso que, en un encuentro con tanteos tan bajos, amenazó con ser definitivo. Sin embargo, Vázquez, en su mejor partido en el Carpena desde su salida del club, dio un paso al frente, Trias le acompañó y el Barça fue otro. Partido empatado. Incluso, el conjunto barcelonista, con Ukic haciendo mucho daño con sus penetraciones, llegó a estirar el parcial hasta el 3-16, para poner a los suyos 5 arriba con menos de 5 minutos por jugar.

51-56. Y la historia europea del Unicaja a punto de cambiar por siempre. Sin Fran en pista fue más fácil. Con Tusek y Welsch de pívots -haciendo un Suárez diez años antes de Suárez-, el encuentro entró en una dinámica diferente. Emocionante, bella en su agonía, de esas que duelen o liberan por siempre. 56-56. 58-58. 60-60. Ukic quiso romper el encuentro pero Berni, a falta de 50 segundos, volvió a igualar a 62, justo antes de los minutos -que duró ocho- más inolvidables que jamás vivió esa ciudad.

Navarro, defendido de forma excelente aquel día, quiso ser héroe. Y lo hubiera logrado si no fuera porque Berni Rodríguez se quedó congelado en el aire, tapándole el aro, obligándole a fallar sin más remedio. El balón se quedó en las manos de Jiménez, que muy pronto se lo pasó a Pepe Sánchez. Era su balón, era su partido, era su destino.

Un bote, dos, tres, mil. Pepe miraba y miraba, como el que ve la vida pasar, como si la mayor gloria continental de la historia de su equipo no estuviera a punto de ocurri. Pepe pensaba y pensaba, como solo piensan los genios. Berni fue parte del plan. El capitán malacitano se acercó, le pidió el balón y, desde el uno contra uno frente a Basile nunca dejó de mirar de reojo al argentino. Cuando Rodríguez superó al italiano, Navarro acudió al rescate, dispuesto a impedirle la entrada a canasta. En ese momento, el pase.

Foto Youtube


Hay historias de amor menos románticas que la de Pepe con aquel balón. Hay cuentos de hadas menos creíbles que la de Pepe con aquel tiro. Basile, incansable, a punto estuvo en su esfuerzo de llegar a rozar la pelota, pero solo pudo rozar la historia. Desequilibrado, ya sin el esférico en sus manos, el Carpena vivió la mayor de sus paradojas, con todos poniéndose en pie mientras el héroe se sentaba. Ocurrió en centésimas, pero en Málaga nadie olvida dónde estaba o cómo celebró aquel Triple de Pepe. Así, en mayúsculas. Así, sin más adornos.

Cuando el balón besó la red, Pepe Sánchez, en el suelo ya, sentado como quien va de picnic a la playa, levantó tímidamente el brazo antes de regresar con prisas a defender. Porque el griterío fue tal que nadie, absolutamente nadie, se dio cuenta de que el partido ya estaba parado por el tiempo muerto. Incluso se celebró el triple errado por Lakovic, que jamás hubiera contado.

Aún quedaron 7 segundos que se transformaron en minutos. De tiempo en muerto en tiempo muerto, de tiro libre en tiro libre. Los de Navarro, sin fallo. Los del retornado Brown, que tras un año en el dique seco lanzaba desde la personal con la misma confianza con la que en junio del año anterior había certificado el título liguero de su equipo en Vitoria. El error desde el 4,60 de Lakovic, el segundo a fallar. El caos del rebote, el balón para Unicaja. La patada futbolera de Welsch con el bocinazo final, el grito quebrado del Carpena. La locura. La Final Four.



En el corazón de Pepe

El Unicaja se había metido entre los cuatro mejores equipos de Europa. El Unicaja se había convertido en el sexto equipo español en llegar a una Final Four. Tusek lloraba, como la mitad de la grada. El "I will survive" sonaba, como en las noches de histeria verde. "Sí, sí, sí, Atenas ya está aquí". Y champán para celebrarlo, aún con los oídos pitando -y de qué forma- tras un par de horas de un ruido que no podía ser sano para la salud.

Scariolo, vestido del Inter de Milán en la rueda de prensa por lo mal que acabó su traje con tanta celebración, le ponía perspectiva al asunto, con la célebre frase de que era su mayor orgullo en cuanto a éxitos. "Esto que digo no es fruto de la euforia. Aconsejo y animo a la afición a que disfrute de este momento". Diez años después, aún lo saborean.

Pepe Sánchez, el gran héroe de aquel día, lo resumía bien nada más acabar el encuentro: "El triple ha sido el éxtasis, a la altura de los grandes momentos de mi carrera. Es como conseguir un título, es muy bonito ver feliz a la gente". Con los años, el análisis fue más sosegado. Pero no menos emocionante: "La Final Four era lo que le faltaba a ese proyecto. Conocía la historia del triple de Ansley que no entró y me di cuenta de que era algo especial, contra el mismo rival. Comprendí el significado de ese tiro y sentí que tapé el fallo de Ansley. Una partecita de la historia nos pertenecía", confesó en 2016 en los micrófonos de la SER.

"Ese triple lo llevo en el corazón, sentí que con él la gente de Málaga se sacaba una espina clavada", confesaría en otra entrevista, esta en el Málaga Hoy. "Aquel pabelló generaba tal mística que pensábamos que todo era posible. De los clubes por los que pasé, Málaga tiene un lugar capital de mi corazón. Es el club con el que me identifico. Que ganen siempre".



Aquel equipo cayó en semifinales contra el CSKA pero la memoria colectiva solo prefiere recordar la catarsis del Carpena, que este miércoles sopla velas. Hoy se cumplen diez años de aquella noche, de aquella fiesta, de aquella narración histórica de Sandinoy Campos. Y la efeméride tiene el mismo aroma de resaca feliz, justo una semana más tarde del siguiente gran capítulo en la historia del club. Una semana más tarde de la Eurocup, de los héroes de Valencia. Dos caminos paralelos que se cruzan en un día señalado. Los doce de abril ya nunca serán iguales en Málaga. San Pepe cumple una década.

Daniel Barranquero
@danibarranquero
ACB.COM

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