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10 momentos de la primera Liga Nacional
De la ilusión y nervios del estreno a las cuentas con calculadora de la última jornada. Remontadas, sorpresas, cambios de liderato, exhibiciones... repasa 10 de los grandes momentos de la primera Liga

I- El estreno

El 31 de marzo de 1957 es una fecha que debe estar marcada en rojo en la historia del baloncesto español. Ese día comenzó la Liga Nacional de forma oficial. Tras algún intento fallido por el camino, por fin se inventó un formato de competición realista y regular, que pudiera perpetuarse en el tiempo, abriéndose a más equipos con los años. "Nos pasamos temporadas con únicamente 4 o 5 partidos interesantes. Con la Liga habrá que superarse constantemente”, aseguraba Ruiz Argiles, entrenador estudiantil. Con esa premisa y siempre de la mano de Saporta, aquel último día de marzo comenzó una competición que generó mucha expectación.



2 sedes, 6 equipos, 10 partidos, 13 jornadas, 49 días. La noticia se hizo un hueco en los periódicos, tantos deportivos como generalistas. La lluvia de fichajes en verano, con importantes movimientos entre los principales clubes nacionales. El atractivo precio de las entradas, a partir de solo 5 pesetas -y hasta 20, en las mejores localidades-, buscando el lleno total. Y el formato, que veía ver dos partidos por jornada y día ya fuera en la sede de Madrid o Barcelona. A las 18h de aquel día empezaba el espectáculo. El público respondió y la Liga Nacional, por fin, ya era un hecho. 60 años después, la importancia de ese día aún es más gigant.

II- Una remontada imposible

Curiosamente aquel 31 de marzo, en aquella primera jornada de Liga Nacional, aparte de todo lo que se vivió fuera de la pista, hubo un partido digno de mención. Aquel Barça-Aismalíbar pareció durante muchísimos minutos un duelo para los barcelonistas, que mandaron de principio a final, con una gran actuación de varios de sus jóvenes. Sin embargo, tuvieron un error. A falta de 8 minutos, ganando por solo 3 puntos, comenzaron a retener el balón, esperando que pasara el tiempo y con una actitud conservadora, en lugar de rematar del todo a su rival, con bastantes dificultades hasta el momento.

Cuando el cuadro blaugrana ganaba por 5 a tres minutos del final, un hecho terminó de cambiar el partido. La quinta falta personal de Canals dio alas al Aismalíbar y asustó al equipo que iba por encima, que se quedó bloqueado. Finalmente, tras 39 minutos y 40 segundos a remolque, el equipo de Montcada se adelantó con dos tiros libres de Coello -el mejor aquel día, con 11 puntos-, y otro tiro libre de Riera puso el 45-43 final. En el relato de El Mundo Deportivo de la fecha, el cronista no podía estar más disconforme con el resultado definitivo: "Tanteo a todas luces desacorde con lo que fue este partido, con patente superioridad del Barcelona". Pero era el Aismalíbar el que, con el mítico Kucharski al frente, pudieron reír el último y mejor, cantando victoria y logrando un triunfo que, a la larga, acabó siendo determinante en el trascurso de aquella Liga Nacional.

Recorte de la portada de Mundo Deportivo del 1 de abril de 1957


III- El partido de las dos prórrogas

Otra vez el Barça a escena. Y otra vez con una derrota, de esas de las que se acordaría siete semanas después, cuando se quedó a las puertas del título lamentando su mal inicio. El verdugo, el Orillo Verde. Los de Sabadell protagonizaron el encuentro más igualado de aquella Liga Nacional, donde no hubo nunca tregua. Al final del primer tiempo, 18-18. Al término de los 40 minutos reglamentarios, 38-38. Tras la primera prórroga, 44-44. Y ya en la segunda, por fin, el equilibrio de fuerzas se rompió, con 55-48 para el Orillo Verde.

Nuevamente al Barcelona se le fue un partido que parecía controlado, paralizado por los arreones de su rival. Otra vez mandaba por 6 puntos (35-29) a falta de tres minutos, aunque el miedo a ganar volvió a invadirle. Quedando un minuto, el Orillo Verde se puso a (4). Dos tiros libres le dejaron a tiro de canasta y en la última jugada, un enceste cuando el tiempo agozinaba, con el reloj casi a cero, forzó la prórroga. "Durante estos compases la emoción alcanzó grados difícilmente superables", relataba la crónica deportiva del día siguiente. Los puntos de Massaguer (16), Oller (12) y Lluís (12) terminaron por romper tanta igualdad, en un partido que ponía muy alto el listón de la emoción para el resto de la liga.

IV- Monumento al basket en Madrid

Si el último día de competición el Barça se acordó del partido del Orillo Verde para explicar el porqué de su derrota final, el último día el Real Madrid también se acordaría del equipo de Sabadell para explicar el porqué de su victoria. Ambos conjuntos protagonizaron el segundo encuentro con más puntos en la competición -el primero tendrá su lugar también en esta lista- y otro para el podium de los más emocionantes. En cancha barcelonesa, con el Orillo Verde haciendo las veces de local y con el apoyo de su público. De esa forma llegó al descanso con tres puntos de ventaja (29-26), aunque la sensación era de que, en cualquier momento, el Real Madrid podía despertar.

Las cuentas de la primera Liga Nacional (Revista Baloncesto)


Y lo hizo, vaya si lo hizo. En una segunda parte apoteósica, realmente anotadora para los canones de la época, el conjunto madridista logró tomar la iniciativa, no sin dificultades. Alfonso Martínez anotaba y anotaba (19 aquel día), Brindle (16) se sumaba a la fiesta y la exhibición de Lluís (20) no servía para que el Orillo Verde se pusiera por delante. El arbitraje, según las crónicas, pasó de favorecer al Real Madrid a favorecer a los blancos en unas últimas jugadas muy controvertidas. Sin embargo, los de Ignacio Pinedo supieron mantener la calma en los segndos finales y, tras sumar 49 puntos tras el descanso, se acabaron llevando la victoria por 73-75. Una victoria que, a la larga, fue medio título de Liga.

V- La amenaza de sorpresa

El Real Madrid se sintió campeón antes de tiempo. Sin embargo, el CB Aismalíbar tenía mucho que decir. La Liga Nacional estaba calando y cada jornada era un éxito de público y tenía bastante repercusión en los medios. Por eso no extrañó que aquel día en Barcelona, feo, lluvioso y desapacible, la afición barcelonesa respondiera para aquel partido en la cumbre. Los madridistas dominaron en los compases iniciales, con rentas escasas de entre 2 y 4 puntos, pero cuando el local Cuello empató a 14, el Aismalíbar se entonó, llegando a irse por 5 (22-17). No obstante, hubo reacción madridista y, al descanso, el partido estaba en un puño: 27-26.

Jorge Cuello salta hacia canasta con Eduardo Kucharski al fondo (70 Años de Basket en España)


La igualdad persistió en la reanudación, con un toma y daca que llevó el partido hasta el 44-44, justo antes del despegue definitivo de los de Moncada. Navarro, 23 puntos aquel día, no dejaba de sumar acciones positivas en ataque y su equipo, con un juego serio e inteligente, se adueñó del todo del partido, escapándose por 8 puntos tras los aciertos de Cuello y Ordá. Cuando los de la capital reaccionaron, ya fue tarde. A pesar de ponerse a tan solo 3 puntos de distancia, Kucharski, entrenador-jugador del equipo catalán, ordenó conservar el balón con posesiones interminables, sin ponerse nervioso por las constantes faltas personales del Real Madrid y sentenciando desde la personal el 65-58 definitivo. Era solo la Jornada 4, mas el Aismalíbar se ponía líder e iría a por todas en la competición.

VI- Un gran duelo de canteras

En la Jornada 5, el mismo 13 de abril en el que el Real Madrid superó por 73-55 al Barça dejando a los catalanes casi fuera de toda opción, Estudiantes y Juventud, como entonces se le llamaba de forma castellanizada al cuadro catalán, disputaron el partido más divertido de toda la competición, lleno de emociones y puntos. En el duelo de canteras, el Estudiantes mostró su mejor versión, frente a un Juventud que fue diluyéndose con el paso de las jornadas, muy tocado tras perder en Madrid un partido que estuvo en sus manos. Y lo rozó gracias a Enseñat, el jugador más bajo de toda la competición, con solo 1,68, pero un gigante cada vez que pisaba la cancha. Aquel día anotó hasta 29 puntos, con otros 16 de su compañero Ballester.

Brunet tuvo la bola para darle la victoria a su equipo pero falló el último balón, con 64-64 en el marcador, y el duelo se fue hasta la prórroga. Ahí, el imparable Codina -30 puntazos aquel día- y las penetraciones de Díaz-Miguel -sí, el futuro técnico de la selección española- fueron determinantes, lo que acabó dándole el triunfo al equipo colegial por un resultado de 78-74. 152 puntos entre los jóvenes de cada equipo y una fiesta total en el equipo de Madrid, que viviría pocas alegrías más en aquella primera edición de la Liga Nacional. Ambos quedarían quinto y sexto.

Soro lanza frente a Navarro. Al fondo, Folgosa y Lluís (Fons Josep Maria Soro Bergua/Fundació Bàsquet Català)


VII- La pizarra de Font

Mucho antes de que los Plaza, Laso, Alonso, Martínez y compañía consiguieran victorias imposibles tras remontadas en las que nadie creía, la pizarra de los entrenadores de la época ya se hacían notar en pista. En aquel Orillo Verde-Aismalíbar, disputado en el Palacio Municipal de Deportes de Barcelona, los de Moncada, que hacían de visitantes, salieron muy motivados. Y acertados. Todo le entraba al equipo de Kucharski, que del 5-12 inicial pasó a un 20-29 que auguraba una nueva victoria y un golpe de mano a la Liga Nacional.

Sin embargo, el antiguo seleccionador nacional Fernando Font lo cambió todo con su táctica. Kucharski (19 al final del partido, pero errático en la 2ª mitad) acabó casi neutralizado, el Aismalíbar se quedó sin ideas y los jóvenes del Orillo Verde empezaron a nadar contracorriente hasta empatar a 44 justo antes del final del partido. Prórroga. Una más. La Liga Nacional de las prórrogas. En ella, el imparable José Massaguer rompió el escenario nivelado, alcanzando los 31 puntos en su casillero individual y venciendo por 56-49. Font lo había conseguido. La Liga Nacional era cada vez más imprevisible.

VIII- Locura por el liderato

El Aismalíbar ya había presentado su candidatura. El Orillo Verde se acababa de meter en la pugna. El Barça iba remontando, de menos a más. Y el Real Madrid, que parecía tenerlo en su mano, falló en uno de los días, a priori, más sencillos, para dar un golpe casi definitivo a sus perseguidores. En aquel derbi frente a su vecino Estudiantes, con quien tan buenas migas había hecho al compartir cada viaje a Barcelona, nadie hubiera apostado por un triunfo colegial.

Abreu y Laborde, en una imagen de la época (Club Estudiantes)


Sin embargo el Estu, cuya lucha ya se centraba en quedar entre los 4 mejores para poder clasificarse para la Copa, dio la gran sorpresa de la Liga Nacional de la mano de Díaz Miguel (15 puntos) y Colina (10). Tanto al descanso (27-21) como al término del choque (68-63), el resultado fue irrebatible, sin que los 17 puntos de Hernández para el Real Madrid pudieran cambiar algo. Los blancos, en lugar de escaparse del todo en la tabla, veía cómo perdían el liderato, en una competición absolutamente loca en el que la diferencia entre el primero y el último era solo de dos partidos. En ese momento Orillo Verde se quedaba en cabeza con 4 victorias, empatado con Aismalíbar y Real Madrid. El Barça se quedaba a un triunfo de distancia y Estudiantes y Juventud se conformaban con 2.

IX- Exhibición blanca y medio título

La temporada, incluso corta, fue como una carrera de fondo, en la que más que equipos que se quedaran solos en cabeza, había descartes entre los aspirantes que no podían seguir el ritmo de sus competidores. Por ello, cuando llegó la Jornada 12 (18 de mayo, la 13 se disputaría al día siguiente) la lucha se había quedado en un juego de dos. Barcelona y Real Madrid. Real Madrid y Barcelona. En la previa, los medios destacaban que, irónicamente, el Juventud podía darle la gloria a su enemigo íntimo barcelonista en caso de ganarle al Real Madrid. Nada más lejos de la realidad.

El Real Madrid regaló una de las mayores exhibiciones del torneo, la más grande sin duda de un equipo como visitante, al arrasar a un Juventud que, conviene recordarlo, era el vigente campeón catalán. Los de Badalona solo aguantaron los primeros minutos (17-19), antes de que n parcial de 2-22 convirtiera al descanso el duelo en un auténtico paseo (19-41). Alfonso Martínez volvió a salirse, con otros 30 puntos con su firma, dejando casi sentenciado el título de máximo anotador de la Liga Nacional, que confirmaría al día siguiente tras sumar 180 puntos en 10 partidos, 4 más que José María Soro, del Orillo Verde. Los 31 puntos finales de ventaja madridista (¡49-80!) desatarían la alegría de un equipo que ya se sintió campeón.

Jordi Bonareu entra ante Alfonso Martínez (Revista Baloncesto)


X- Real Madrid, campeón

Cuando amaneció aquel 19 de mayo, último día de la Liga Nacional, 49 días después del recordado inicio, las cuentas eran muy claras. Si el Barcelona quería el título, tendría no solo que ganarle el último partido a su rival madridista sino, además, recuperar el basket-average. Y tras el severo 73-55 recibido en la ida, este era de 18 puntos. El conjunto catalán, que había vencido 6 de los últimos 7 partidos -precisamente su única derrota fue en Madrid- y que seguía lamentando sus dos tropiezos iniciales, empezó peor el partido pero pronto recuperó la iniciativa, intentando una y otra vez romper el partido.

Bonareu, con 22 puntos en aquella jornada, rivalizaba con Hernández (18), elevando poco a poco la renta barcelonista. 4, 6, 8, 10. El público se ponía de pie, aplaudiendo sin parar, creyendo por fin en un milagro inimaginado. Cuando el Barça se puso con 12 de ventaja (58-46), a tres minutos del final, la sensación era de que lo más difícil se había conseguido y ahora solo faltaba el empujón final. No obstante, delante estaba todo un Real Madrid, que echó agua fría pronto para acabar quedándose a 10 puntos (60-50) en su derrota más dulce. Era el campeón liguero. 7 victorias y 3 derrotas, las mismas que el conjunto blaugrana y una más que el Orillo Verde, que se conformó con la tercera plaza tras su 6-4. El Aismalíbar sería el cuarto pasajero de la Copa.

Joaquín Hernández recoge el Trofeo Jesús Querejeta con Raimundo Saporta al fondo (Revista Baloncesto)


Al finalizar el choque, quedaba aún mucho de liturgia. Y más en esos tiempos, con todo tan militarizado. El Capitán General de Cataluña de la época, Pablo Martín Alonso, acompañado del presidente de la Federación Española Querejeta, le entregó a Joaquín Hernández el trofeo de ganador de la Liga Nacional, con Josep Lluís i Cortés (Orillo Verde), de tan solo 19 años, seleccionado como mejor jugador. La primera Liga Nacional había terminado. Los pioneros acababan de construir un camino con el que disfrutar durante las siguientes seis décadas.

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