Artículo

La vendetta aurinegra
14 historias diferentes, 14 historias separadas, 14 historias paralelas, 14 historias cruzadas. De infiernos y cielos, de revanchas personales y fe, de un título que lo compensa todo. De un Iberostar Tenerife campeón

(FIBA Europe)


Redacción, 5 Mayo 2017.- Un día, dentro de diez, quince o treinta años, alguien mirará el calendario y dirá, tocará decirlo, que el tiempo pasa muy rápido. Que el calendario ya grita abril, que los aniversarios están para celebrarse, que los recuerdos están para disfrutarlos. Que mirar atrás, aparte de para aprender, solo sirve si las emociones se multiplican, si las anécdotas se suceden, si el relato te emociona.

El Iberostar Tenerife, ya se lo han dicho, ha hecho historia. Pero historia siempre tuvo algo de presente pero mucho más de futuro. Por ello, tal vez, cuando en ese futuro aniversario algún románticos reúna a cada uno de los héroes aurinegros para volver a disfrutar el pasado, los protagonistas de la gesta verán, en ese momento más que nunca, que un buen día, en un punto concreto del mundo, dejaron de ser jugadores para convertirse en leyendas. De las eternas, de las que el anciano le cuenta al niño.

"Tu madre y yo nos conocimos celebrando la Champions League que conquistó nuestro Canarias", se oirá mañana. "Pues tenías que haber visto a tu abuelo, querido nieto, dando saltos en la Plaza del Adelantado. Nunca había visto a tanta gente dando saltos por el baloncesto en este lugar", se escuchará pasado.

Foto FIBA Europe


Y ellos, los protagonistas, los que con sus manos y con su alma le dieron el primer título europeo a su gente, harán balance, mirarán con perspectiva y verán, de una vez verán, que no hubo mejor revancha que la de aquel ya histórico 30 de abril. El día en el que 14 historias cruzadas se unieron para siempre, dándole sentido a todo. A todo.

*******

Sus inicios, su progreso, su evolución. El labrarse una carrera hasta el punto de cruzar el charco para dedicarse a la mayor de sus pasiones. El sueño italiano en Caserta, los sueños de selección. El terremoto. La lesión. La escalera desde abajo. La misma temporada en la que el Iberostar Tenerife subía a la élite, Doornekamp se planteaba qué sería de su carrera tras su gravísima lesión de tobillo.

Foto FIBA Europe


Un año lejos de las pistas, un año en el dique seco, un año en el ostracismo. Las maletas otra vez hechas, vuelta a casa y cambio de chip, hasta el punto de convertirse en el entrenador asistente del McMaster Marauders de su país, con solo 27 años. ¿Se había escrito el final de la carrera de Aaron?

*******

Años soñando con aterrizar en un conjunto con aspiraciones. Un currante del baloncesto convenciendo a escépticos a base de trabajo y resultados. La oportunidad soñada, la llamada de Valencia. Una etapa nueva, muy diferente. Un rol opuesto, una difícil aclimatación. "Probablemente, los peores meses a nivel mental que he tenido. Me costó mucho y no sabía bien cómo salir de la situación, no encontraba cómo hacerlo mejor y no me salían las cosas". Un par de finales perdidas -Copa y Eurocup-, una maldición injusta para su carrera.

Foto FIBA Europe


Una mala caída, contra el VEF Riga. Unos segundos interminables en el suelo, inmóvil, sin notar el brazo derecho y con el izquierdo dormido unos segundos. Un pabellón sin respirar, el mundo del basket paralizado y volcado. Una ambulancia, un reconocimiento, un diagnóstico: "Fractura en soma vertebral C6 y fractura en superficie anterior soma C5". Una confesión del neurocirujano: "Eres afortunado. De haberte movido en el suelo, te podía haber afectado a la médula espinal y haber sufrido parálisis". Un escalofrío que duró hasta el último partido de San Miguel de taronja.

*******

Sus días de NCAA quedaban lejanos. Jornalero del baloncesto, había que comer y eso pesaba más que cualquier gloria esquiva en la pista. México parecía el destino de Davin White hasta que los Suns, sus Suns, llamaron a su puerta. Aquella pretemporada al lado de Nash y Stoudemire, aquellos elogios de D'Antoni. El tren que pasaba, la ilusión que se acercaba. Hasta que sonó el teléfono. Su agente, en plena negociación de contrato, se excedió en el órdago: "O nos pagas más, o nos vamos a Europa". "Pues a Europa", respondieron.

Foto FIBA Europe


White no lo podía entender. Como tampoco entendió su etapa en Vrsac, con meses sin cobrar, o que después de ser el máximo anotador en Alemania pareciera que Europa entera se había olvidado de él, con una llamada del Lukoil para acabar en Bulgaria, en un pueblo de 3.000 personas a 70 kilómeros de Sofía, maldiciendo su suerte y preguntándose si alguna vez el destino estaba dispuesto a sorprenderle.

********

Él, que había sido una de las mayores promesas interiores de Grecia. Elogiado desde pequeño, con un pequeño hueco en el gran Panathinaikos. Habitual incluso de la prensa rosa de su país. Alto, guapo, joven, divertido y con talento para el básquet. El futuro parecía suyo hasta aquel dichoso conflicto.

Foto FIBA Europe


No, Bogris nunca terminó de encajar en el Peristeri. Una pelea aireada por los medios con su entrenador, Argyris Pedoulakis, le dejó fuera de juego: sin disputar minutos, cuestionado, con su técnico nada dispuesto a hacer las paces y con el rumor cada vez más sonoro de un posible despido. Ocurrió. Tenía solo 22 años y el otrora chico maravilla acababa de quedarse en el paro.

*******

Era el alumno perfecto, capaz de ser reconocido en su país hasta en tres ocasiones diferentes por sus méritos académicos. Y, sin embargo, Tim Abromaitis seguía teniendo tiempo para el baloncesto, donde crecía y crecía hasta convertirse en un jugador total, con 13,7 puntos y 4,8 rebotes de media.

Foto FIBA Europe


En su última temporada, con el draft esperando, se rompió el ligamento cruzado anterior de la rodilla. Pidieron una excepción para tener una temporada más para despedirse de la NCAA pero se la denegaron. Aún así, el jugador consiguió labrarse una carrera de mérito, sorprendiendo en Francia, asombrando en Alemania y convirtiéndose en una pieza importante del Iberostar Tenerife. Hasta el inicio de esta temporada. En ese momento, tras su -7 de valoración en la Jornada 11, Abromaitis firmaba una media de 2,5 de valoración, con 4/14 en tiros de 2, 4/14 en triples (8/28 en total, un 29%), solo 23 puntos en 176 minutos y un -31 con él en pista. No parecía su año.

*******

El jugador más laureado del equipo. El que más conocía el sabor de una final, el sabor de un título, el sabor de la gloria. El Fran Vázquez mítico que, sin embargo, pasaba sus mayores momentos de intertidumbre en su carrera. Su Unicaja no contaba con él, a pesar de que había ofrecido seguir cobrando menos de la mitad de su anterior contrato. Su juego había sido intermitente, irregular, peor que el de campañas precedentes, y las dudas surgieron.

(Foto FIBA Europe)


"No estaba muy bien y pensé en tirar la toalla", reconoció recientemente sobre sus ganas de retirada antes de la llamada del Iberostar Tenerife. De las llamadas más bien, ya que Txus Vidorreta insistió todo lo que pudo para convencerle. "Quería un nuevo reto para disfrutar y el Iberostar me lo daba", dijo en su primer día en la isla, aún sin creerse todo lo que estaba a punto de pasar.

*******

El niño maravilla de Kaunas no tenía delante suya el camino más fácil posible para llegar a la élite. Con 19 años recién cumplidos aterrizaba en Huesca, tan lejos de casa, en LEB Oro, y ya debía asumir galones de líder sin aún haberse adaptado a vivir lejos de casa. La apuesta pareció funcionar. Manresa apostó por él y él respondió a la confianza, convirtiéndose en uno de los mejores jóvenes de la Liga Endesa.

Foto FIBA Europe


Iberostar Tenerife fue el siguiente paso, justo después de ser olímpico en Río de Janeiro con su Lituania. Intermitente, quizá se esperaba un rendimiento más constante y regular. Su actitud era intachable pero sus números eran un pequeño paso atrás. Las lesiones tampoco ayudaban a Marius Grigonis. Una rotura en el ligamento lateral externo izquierda al irse de Manresa, el primer golpe. Una mala caída en el estreno europeo en la cancha de la Cibona, el segundo, muy doloroso. Para colmo, un golpe en la mano justo antes de la soñada Final Four le dejaba lleno de dudas antes de una de las oportunidades de su vida. Parecía un conjuro.

*******

De repente Richotti se encontró luchando a muerte, durante dos semanas, por un puesto en el equipo. Él, hijo de jugador celebre en Argentina. Había entrado por la puerta de atrás en Europa, a la cuarta división italiana, con un cambio de reglamentación obligándole a emigrar otra vez, pidiendo a su agente aterrizar en las islas, donde estaba su novia. El Ferretería San Isidro de la EBA, siguiente parada a sus 22 años, lejos del glamour soñado en su adolescencia.

Foto FIBA Europe


Apareció el filial del Real Madrid, sí, mas el sueño duró solo un año y él mismo se ofreció para una prueba en el CB Canarias. Una especie de casting a solas, cara a cara contra David Ferguson. Una victoria, un contrato, una evolución, un ascenso. La élite en bandeja, la oportunidad aprovechada. Nombre en la élite, Argentina llamando, el viento a favor... y el carrusel de lesiones. La primera, de hombro, le dejó sin Juegos. La segunda, en el pulgar de la mano derecha, le impidió empezar la temporada. La tercera, fractura de rótula izquierda, le quitó por primera vez el optimismo y la sonrisa. Resultaba una pesadilla.

*******

Nunca nadie le había hecho caso. Al menos, con un balón de baloncesto entre sus manos. El chico que pareció invisible, absolutamente olvidado, para todas las universidades americanas. Las buenas, las regulares. Las grandes o las pequeñas. Bowdowin, un pequeño centro de la NCAA III, sería testigo de la evolución de un jugador que en cada partido parecía reivindicarse, con si tuviera cuentas pendientes con su propia suerte.

Foto FIBA Europe


No, no sonó el móvil al terminar su periplo universitario. Nada de sueños de draft ni de dinero, por supuesto. Simplemente una llamada, una propuesta, un contrato. Nada. Abe Woldeslassie, el técnico ayudante de Will Hanley, tuvo una idea. ¿Y si grababan un vídeo con todas sus cualidades para vender al chaval? El montaje, highlights de aroma casero, fue enviado a las principales agencias de representación del extranjero, por si sonaba la flauta. Alguien respondió y él acudió presto a buscar fortuna. Era la tercera división española. Y necesitaba un periodo de prueba para pasar el corte.

*******

Debutó a los 19 años en Liga Endesa en el equipo de toda su vida. Un año y medio antes, Ferran Bassas era internacional con España en Mannheim, donde las leyendas nacen. Sin embargo, establecerse en la élite es difícil, muy difícil. Solo dos partidos más en el primer equipo, -7 de valoración global, un tren que se escapa.

Foto FIBA Europe


La ACB queda lejana. La LEB Plata se convierte en realidad hasta que la LEB Oro llama a la puerta. Es el Unión Financiera Oviedo, dispuesto a resucitarle meses después de hacerlo con Hanley. Su nivel va a más, su juego va a más, pero la oportunidad no llega, viendo como otros de su generación sí empiezan a debutar y establecerse en la anhelada Liga Endesa. De Oriola a Jaime Fernández, pasando por muchos de sus compañeros de Badalona, que sí tenían esa oportunidad. ¿Por qué él no?

*******

No es fácil abandonar tu país. No es fácil separarte de los tuyos. Mamadou Niang, con 15 años jugaba en el cadete de La Caja de Canarias Gran Canaria, dispuesto a cumplir su sueño de ser profesional. Con 18, se veía entrenando con el primer equipo y pensando que su momento había llegado. Fue un espejismo.

Foto FIBA Europe


En 2013, paso a la EBA, con el Real Club Náutico de Tenerife. Y otro guiño para ilusionarse, debutando en Liga Endesa con el Iberostar Tenerife. Fueron solo unos segundos, pasando a 17 minutos en el global de la 2014-15. Ya tenía 21 años. Ya empezaba a sentir que el primer equipo era territorio prohibido.

*******

Nunca nadie se lo puso fácil, nunca la fama pareció perseguirle. Cuando participó en el March Madness, nadie le reconocía. Si alguien le veía con el chándal de su equipo, le preguntaba dónde estaba Iona y qué diablo era un Gael. El nombre de Tariq Kirksay sonó en el draft sí, pero no el de la NBA, sino en el de la ABA, la CBA, la IBL y la USBL. Le engañaron y vivió una mala experiencia en el Rabotnicki macedonio, se peinó México, Argentina y Venezuela antes volver a Europa.

Foto FIBA Europe


Francia fue su destino. La Pro B, claro, nada de élite. Y cuánto le costó que no le encasillaran como un buen jugador en la segunda frasesa. El chico que quería ser actor acabó llegando alto, siempre sin perder la modestia. Nancy, Unics Kazan, Cajasol, Estudiantes. Cuando se fue de Badalona, con 36, parecía haber acabado todo, tras un bajó en su juego y en sus prestaciones. ¿Cómo imaginar un último regalo?

*******

Era un cuento de hadas. El redactor de Radio Bilbao en la SER que se acababa siendo un genio de los banquillos, capaz de ser profeta en su tierra. De jugar en el Patronato a ser su técnico. De mandarle el currículum al Caja Bilbao a entrenar al primer equipo en 5 años. La oferta de La Palma justo antes de tirar la toalla. La llamada del Bilbao Basket, entonces en LEB Plata. Si había que llegar a la cumbre, mejor hacerlo con el equipo de toda su vida. De LEB Plata a LEB Oro. De LEB Oro a la ACB. Y a la Copa. Y a Europa.

Foto FIBA Europe


El 10 de enero de 2010, tras 9 años en el club, una mala racha de resultados hizo poner su cargo a disposición del club. El deporte, cruel y sin memoria a veces, le enseñaba a Txus Vidorreta su cara más dura. Acababa de perder su puesto de trabajo, su puesto en la élite que se había construido él mismo. ¿Acaso había alguna forma de recuperar lo que era suyo?

*******

La carrera perfecta, el crecimiento constante, el jugador coherente. Los años de promesa en el Estu, el salto al Granca, la consolidación entre los mejores, el salto de gigante en el Iberostar Tenerife. Este era su año, vaya si era su año. 12 puntos, 7 rebotes, 3 asistencias y 17 de valoración media en Liga Endesa. 7 de 8 partidos europeos en dobles figuras, con 13,4 de valoración (7,8 pt, 5,5 asist, 4,8 reb) de promedio.

Foto FIBA Europe


Maldita caída, maldita suerte. A falta de 30 segundos del final de partido contra UCAM Murcia, se le fue la rodilla al aterrizar en el suelo. Lágrimas, dolor, impotencia. Ligamento cruzado roto. El golpe más duro en el mejor de los momentos. Y una carta sincera llena de frustración: "Duele no poder seguir jugando con mi equipo en la mejor temporada del club y en mi mejor momento. Así son las cosas, a veces llegan cuando menos te las mereces.. hoy es el primer día de mi recuperación, lo normal es decir que voy a ser positivo pero sinceramente hoy no me sale, hoy solo me ha salido llorar y darle vueltas al diagnóstico final".

*******

"Antes del primer entrenamiento, Txus vino y me dijo que necesitaba sonreír más. Que estaba con cara triste y parecía frustrado, que no me lo pasaba bien. Y me dio un abrazo. Desde entonces, sonrío cada día", afirmó Davin White, el jugador que sentía que sí, que esta era la ocasión, que este era el año, que él y los suyos podían reescribir su historia y hacer que hasta los días feos hubieran merecido la pena con solo tener un trofeo, con solo besarlo. "Tío, quiero ganar un campeonato. Nunca estuve en un equipo como este, que es top. Solo quiero levantar un trofeo antes de retirarme. La Copa, la Champions League… lo que sea. Ganarla”.

Tenía que ser el suyo el triple de la sentencia, la guinda a sus 14 puntos en la final. Cuando más apretaba el Banvit, cuando más se sentía el miedo, cuando los fantasmas del pasado de cada una de esas historias entrelazadas pedían su hueco. Cuando Davin, la "debilidad" de Vidorreta tiró, se acababa de parar el tiempo. De ahí a la catarsis, incluso en los comentaristas franceses que narraban el partido, transcurrió una vida, transcurrió un mundo.




Y todo pareció cobrar sentido. Abromaitis sintió que su heroicidad en semifinales (19 puntos, 28 de valoración) pesaba mucho más que su mal inicio de temporada. Un par de días antes había realizado uno de los cuartos de su vida (15 puntos en el 2º) en uno de los momentos más trascedentales de su carrera. ¿Cómo no iba a sentir que ese balón entraba?

Bogris lo empujaba con todas sus ganas, recordando en ese instante que supo encontrar su camino, que supo empezar de cero nuevamente en Grecia para llegar a España sin hacer ruido y acabar convertido en unos de los pívots más sólidos de la liga y en el mejor 5 de la Champions. Su mentalidad -"en este equipo se acabó lo de competir, a partir de ahora, a ganar"- tuvo mucho que ver en el éxito. Sus momentos malos -"Mi pasado no ha sido fácil, he trabajado muy duro para exte éxito, nadie creía en nosotros el primer día"- explican que nadie celebre más un éxito que el griego.

San Miguel se acordó de cada uno de sus 15 años de profesional, de trabajo y esfuerzo. De sus 15 años de alegrías y decepciones, de retos y sacrificios. Del viejo sueño de que este momento llegaría, de que este título compensarían el susto de Valencia, su trabajo en Murcia, su ilusión aurinegra desde el primer día -fascitis plantar incluida en su bienvenida-, su carrera entera. Era una oportunidad única. Y ese triple sería el inicio de "lo más bonito del mundo", delante de sus amigos y familiares.

Foto EFE


Probablemente, Doornekamp se acordó por un segundo de ese año lejos de las canchas, haciendo de asistente en lugar de jugador. De su regreso a las canchas, de su triunfo en Alemania, de su conquista de la FIBA Cup. La exhibición contra el PAOK, la nominación como mejor 4 del torneo. El regreso había sido triunfal.

Contenía el aliento Hanley, la fábula perfecta, el final feliz, un cisne en el mundo real. La prueba pasada en Oviedo, la LEB Plata a sus pies, la llamada sorprendente de Valencia, el debut en el Palau. Los años en la élite con el GBC, sueldo de jornalero. La profesionalidad del que supo hacerse un hueco importante en el vestuario de un Canarias campeón.

El balón se aproximaba al aro y Grigonis sentía que les entendía a todos. Él, siempre con buen cartel, capaz de llevar con honores la elástica de Lituania, también buscaba algo así. Nunca había ganado un título en un club. El báltico, que llegó a la isla prometando "dejarse el corazón por equipo y afición", olvidaba sus problemas físicos para convertirse en héroe de tres letras. El MVP soñado. El momento de una carrera. "Es mi partido más importante. Lo necesitaba".

Foto FIBA Europe


Aún no había llegado ese balón con hielo lanzado por White cuando Fran Vázquez se convenció de su decisión acertada. Que si hubiera tirado la toalla no estaría con el corazón en un puño y sus ojos clavados en la pelota, imaginando la gloria que ya se vislumbraba en el horizonte. Fran se alegró de haberse dejado convencer por Vidorreta, de haberse embarcado en ese "reto para disfrutar". El más laureado en pista estaba a punto de celebrarlo como si fuera el primero de sus trofeos conquistados: "fEn mi caso, el hecho de que haya ganado otros no significa que no lo esté disfrutando como los demás. Es muy valioso para mí también".

¿Y qué pensaría Bassas, capaz de cambiar con su fe un destino que parecía escrito? Nada de eternizarse lejos de la élite. La Liga Endesa era su lugar. Y ese tren del verano podía ser el último. Lo cogió, lo disfrutó, lo exprimió. "Me siento como un Cid Campeador, nadie me ha regalado nada", diría durante el año, aún sin imaginar que una noche, un buen 30 de abril, iba a tener como regalo de cumpleaños -un día antes- el primer título de su carrera. "Jugadores con una trayectoria más larga no lo han podido conseguir. Es mi día más feliz".

Kirksay, siempre humilde, siempre encantador, apareció de la nada. La nada fue mucho. La nada fue Angola, donde volvió a ser talismán, donde volvió a sentirse importante, donde volvió a tomar aliento para el penúltimo reto de su carrera. A punto de cumplir 38, habiéndolo demostrado ya todo, regresó a España y se enamoró de la filosofía del club desde el primer día. "Siempre estamos sonriendo, nos gusta ir a trabajar. La química y la amistad de este equipo es verdadera y un título sería el momento más increíble de la historia del club". Palabra de renacentista, de esos que cumplen deseos, como el que confesó en la previa: "Personalmente necesito este título. Sería un sello en mi carrera, me sentiría genial. Quiero la Champions, quiero ganar esta final más que ninguna otra que haya disputado antes". Sus rebotes en ataque vitales, su apoteósico 2+1. Su carácter ganador. Su vida en un partido.

Foto FIBA Europe


También era el torneo del pequeño gran Niang. De Petit la promesa, de Petit la realidad. El espectáculo del que cambiaba partidos con su presencia, aunque fueran pocos minutos. Del que se sintió cómodo en esta competición desde Zagreb, del que regaló un gorrazo, un mate de campeonato y una estadística brillante (6 puntos, 4 rebotes, un tapón) en solo 5 minutos. Del que, humildemente, confesaría minutos más tarde del partido que, en su día más increíble, ni siquiera esperaba jugar. El de la celebración, el de la rabia, el de la imagen icónica.

Richotti quizá se acordaba de las lágrimas de aquel día dejando su Argentina, de la infinita escalera recorrida hasta llegar a ese triple de White, del ya lejano ascenso, de sus siete años en el club, de su carrusel de lesiones, de su apuesta de raparse. Y, por supuesto, de lo que estaba a punto de pasar. De coger el trofeo para levantarlo al cielo, para besarlo, para llevárselo hasta su propia cama. "El momento más lindo, lo soñado, tantas noches pensando cómo sería ese momento..." Iba a ser aún más bonito que con los ojos cerrados.




Vidorreta lo sabía, Vidorreta lo sabía. Sabía que ese balón iba a entrar. Lo sabía desde verano, cuando le dijo a su esposa que iban ganar una Champions que redondeaba todo el camino desde aquella dura salida de Bilbao. Su milagro alicantino, su crecimiento en el Estu, el trabajo con D'Antoni y Karl, sus días dorados en la Selección Española. El pillar en la 2015-16 un equipo con 0-5 para devolverle la esencia que tan bien le supo dar Alejandro Martínez. El acertar en verano tanto para conformar una de las plantillas más solidas que pudo entrenar en su vida. "Es el campeonato más importante para mí", confesó aquel que, como su equipo, vidas paralelas, supo sembrar desde muy abajo los frutos a recoger en lo más alto.

El triple de White entró. Tenía que entrar. El título se conquistó. Tenía que pasar. Llegó el confetti, los abrazos, las lágrimas, el ejemplar aplauso al rival caído. Llegó la mención a English, a Piñero -otras dos revanchas a la vida-, al propio Omeragic. El recuerdo del Ríos Tejera a reventar en LEB2, la mención a los Alejandro Martínez, Heras, Rost y compañía que supieron poner unos ladrillos sin los cuales hoy no habría palacio. La emoción de Félix Hernández y Aniano Cabrera, en el momento más importante en la trayectoria de un club que, además de historia, ya era patrimonio europeo, del mapa internacional del baloncesto.



Los cánticos en la plaza, las portadas de periódico, los elogios, los recuerdos. Y el honor de un héroe vestido de calle, Javier Beirán, que saltaba de alegría consciente de que ese trofeo es tan suyo como del resto, pero que desea regresar ya para celebrar otro vestido de jugador, vestido de revancha. "Qué bonito es ganar. Está siendo un año muy duro desde que me rompí el ligamento cruzado pero con el cariño que me dais cada día, todo resulta más fácil. Es una motivación extra para seguir machacándome en el gimnasio y volver mejor que antes. Somos campeones de Europa".

Son campeones de Europa. Serán efemérides, serán recuerdo, serán orgullo. Y fueron vendetta. La vendetta aurinegra.

Daniel Barranquero
@danibarranquero
ACB.COM

Últimos artículos relacionados con CB 1939 Canarias
Últimos artículos del autor



© ACB.COM, 2001-