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Jerome Jordan: La tecla de 'Big Rome'
A los 15 años practicaba cricket, atletismo y fútbol. Sus centímetros gritaron básquet y su trayectoria, desde el primer día, fue tan atípica como su mezcla de mates y piano. Descubre cómo fueron los pasos del héroe de la salvación verdinegra. De Kingston a Badalona, esta es la historia de 'Big Rome'

ACB Photo/F. Ruso


La Jamaica del azúcar y las bananas. La Jamaica de las islas, cayos y bancos de arena. La Jamaica de herencia africana, independiente desde el 62, donde el reggae y la psicodelia se dan la mano. Allí, en Kingston, entre Montañas Azules, café y tabaco, nació un 29 de septiembre de 1986 Jerome Adolphus Jordan.

En la capital jamaicana, una constante en las listas de ciudades más peligrosas del mundo, pasó una infancia tranquila. "En mi barrio los disparos solo se oyen de lejos", le diría años después a su entrenador de la universidad, al que le costaba comprender cómo un tipo tan alto no había jugado al baloncesto hasta tan tarde.

Y es que a Jerome Jordan el básquet le gustaba como al que le gusta un programa de la tele, un plato de comida o un grupo de música. Como pasatiempo, como pequeño placer, pero nunca mucho más allá de eso, cautivado entonces por el atletismo -fue al mismo instituto que Bolt, Jerome por la mañana y Usain por la tarde-, por el cricket y por el fútbol, al que jugó de centrocampista. Además, el adolescente se entretenía con su hermana haciendo carreras de obstáculos en habitaciones que se asemejaban a la de los laser de la película "La Trampa", como relató en The New York Times.

Su cuerpo seguía creciendo y, ya con 16 años, pareció sentirse obligado a probar con el básquet, jugando de manera federada en la Quality Academics, aún mostrándose inexperto y torpe. Demasiado delgado y verde. Un día, con 17 años, en un torneo veraniego Jerome llamó la atención de Stephen Johnston, el antiguo capitán de la selección jamaicana, no sin antes sacarle mil defectos. "Es demasiado débil, siempre se está cayendo, parece un tonto al que le duele correr la pista".

La insistencia de Johnson le abrió las puertas de Estados Unidos, con su padre llevándoles a él y a su hermana a la Redemption Christian Academy de la neoyorquina Troy, donde solo aguantarían medio año antes de regresar a casa. Allí seguiría creciendo entre canchas que parecían saunas y rivales que resultaban diminutos a su lado, sin ser consciente de que su vida estaba a punto de cambiar del todo.

ACB Photo / E. Cobos


La venganza de 'Bambi'

A Jerome le entraron muchas dudas cuando volvió a abrirse delante de sus narices la vía estadounidense. Seguramente, si alguien le hubiera contado que se iba a pasar un año sin poder jugar por el propio reglamento del High School, se hubiera quedado en Kingston, con sus canciones de Marley y sus adorados pasteles de carne jamaicano.

Rumbo Melbourne. La Melbourne de Florida, no la australiana. La Melbourne de la Florida Air Academy, donde nadie le conocía y donde a todos llamaba la atención por su altura. Sin poder demostrar cosas más allá que en los entrenamientos, su fama fue estrictamente local, con muy pocos centros interesados en todo un siete pies.

Doug Wojcik fue el más listo de la clase. El entrenador de Tulsa se enamoró de su futuro, más que de su presente. "La primera vez que le vi parecía Bambi pisando hielo", confesó más tarde. Descoordinado, despistado tácticamente y con muy pocos kilos para tantos centímetros, aunque con destellos en forma de tapones, rebotes y recursos técnicos que ilusionaban. Además, era consciente de que el joven solo llevaba tres años jugando al baloncesto y se convenció a sí mismo de que había que apostar por él, adelantándose a St.Bonaventure, Stetson y St. John's. Ganó. La ayuda de Charles Ramsdell, un viejo conocido por estos lares, fue fundamental. "Fue mi anfitrión y me lo enseñó todo del campus. Me lo pasé muy bien en mi visita a Tulsa".

El técnico le comentó la posibilidad de no jugar la primera temporada, mas el pívot no deseaba por nada del mundo otro curso en el dique seco. El acuerdo fue claro: si tras sus vacaciones en Kingston y su debut con la Selección de Jamaica (2,6 puntos por partido en el Caribe Basket) volvía y demostraba poder competir contra los otros jugadores del equipo, tendría su hueco. Trato hecho. En la 2006-07, Jerome iniciaría su periplo universitario defendiendo la camiseta de Tulsa.

No fue un camino de rosas. En la primera prueba de la temporada, no era capaz de realizar la prueba de 400 metros vallas al ritmo de sus compañeros. Pocos minutos (7,8), cifras muy modestas aún (2,7 pt, 2,1 reb) y, sin embargo, un buen sabor de boca al acabar la campaña, por su rush final y los frutos que iba dando en su cuerpo una planificada dieta de 8.000 calorías al día.



Ya en su segunda temporada, el sobrenombre de "Big Rome" no sonaba a exagerado. Tampoco ya nadie se reiría de un Jordan que se atrevía a ir con 23 a la espalda, a pesar de su papel meramente anecdótico. El jamaicano se ganó la titularidad a base de exhibiciones. 21 veces en dobles dígitos, 12 dobles dobles, 6º en tapones en toda la nación (3,7 por partido hasta un total de 143, récord histórico del centro), con 10,5 puntos y 7,9 rebotes de promedio como mejor guinda posible.

En 2008 Jerome, simplemente, parecía otro jugador. Quince kilos más, siete pies de intimidación y carácter de líder en el equipo, que notó su evolución en pista: 13,8 puntos, 8,6 rebotes, 2,5 tapones. De "Big Rome" a "The Jamaican Sensation", mote con el que se colaba en cualquier página de mock draft, con análisis que se coincidían solo en un detalle: nadie sabía aún donde colocar su techo.

El de Kingston no solo se había transformado en pista. Fuera de ella, entre clase y clase de Ciencias del Deporte, se enamoró de la música clásica y de las obras de Beethoven hasta el punto de hacer un curso de pianista en la universidad y empezar a hacer sus pinitos cambiando el balón por la sensibilidad de las teclas. Su evolución física y mental le llevó a despedirse de Tulsa en la 2009-10 con su mejor ejercicio, asegurando 15,4 puntos, 9,1 rebotes y 2,4 tapones por choque, lo que le valió ser uno de los nominados al Premio Naismith a mejor jugador del país.

Su hoja de méritos antes del draft era extensa: tres veces en el Equipo Defensivo de la Conferencia, récord histórico de tapones en su universidad (333... en 65 partidos logró 3 o más tapones), segundo máximo reboteador histórico del centro y octavo en anotación, con 76 dobles dígitos. Se valoraba su altura y envergadura, su agilidad para su tamaño. También su nuevo cuerpo, listo para la NBA. Gustaba su facilidad para el rebote, su tiro a media distancia y su don para cambiar tiros rivales.

Por el contrario, en su contra jugaban su edad -rozando los 24- y esa sensación de enigma total por su atípico recorrido, algo que él usaba como argumento inverso. "Empecé tarde y mi límite está todavía lejano. Aprendo cosas cada día". Finalmente, 'Big Rome' salió escogido en la posición número 14 de la segunda ronda por parte de unos Bucks que, de inmediato, traspasaron sus derechos a los Knicks. Aquellos Knicks en los que, no mucho antes, Patrick Ewing se propuso enseñarle al país dónde colocar Jamaica en el mapa. Desde luego, Bambi se había tomado la revancha.

ACB Photo / M. Pozo


El eclipse de un amigo

En el verano de 2010, la franquicia de Nueva York animó a Jerome Jordan a cruzar el charco para curtirse al otro lado del Atlántico. En el avión, antes de llegar a tierras balcánicas. el pívot aún se preguntaba cómo había pasado de las canchas calurosas jamaicanas a la, para él, desconocida Vrsac en solo unos pocos años. En el Hemofarm sustituía a Boban Marjanovic y, pese a sus 24 años, en ocasiones parecía más un chaval de la cantera dispuesto a rascar minutos y a exprimir su tiempo en pista que el americano del equipo.

Jugó poco, sí -de 12 a 15 minutos por choque- si bien supo aprovechar cada ocasión. 7,8 puntos en la Adriática, 8,5 en Eurocup, 9,6 y 4,7 rebotes en la competición serbia. Sus porcentajes eran altísimos (73,5% en tiros de campo) y los Knicks miraban con lupa cada una de sus actuaciones, planteándose incluso traerle de vuelta tras el traspaso en el que Carmelo Anthony llegó a La Gran Manzana y Mozgov abandonó la franquicia. No obstante, las trabas puestas por el Hemofarm y una inoportuna apendicitis en la recta final de temporada retrasaron su estreno.

Se había generado expectación, más de la que suele causar un segunda ronda con más visos de apuesta a largo plazo que de realidad inmediata. D'Antoni y Walsch elogiaban públicamente al jugador, Chris Sherindan le dedicaba un artículo en el que se preguntaba si podía ser el nuevo Antonio Davis de la NBA y la franquicia terminó por hacerle una promesa: en cuanto acabara el lockout, él se incorporaría al equipo.

Se le hizo larga la espera hasta diciembre de 2011, regalando grandes sensaciones en el Krka Novo Mesto esloveno, con el que firmó 12,2 puntos y 5,2 rebotes por choque en la Adriática, con 11,8 y 7,3 respectivamente en la Eurocup. Con esas cifras y esas esperanzas puestas en él, New York ni se inmutó al pagar medio millón de cláusula para traerle antes de Navidades, buscando centímetros y equilibrio en el banquillo al juego de Tyson Chandler.

"No es fuerte del todo y debe controlar su instinto, pero es un siete pies que posee talento y clase, sabe tirar y correr la pista, trabaja muy duro y tiene opciones", decía D'Antoni acerca de un jugador que se frotaba los ojos con cada cosa que le pasaba. En su primer día, al entrar en el fascinante Madison Square Garden y saludar a su ídolo Ewing, aquel que antes había unido ya los lazos entre Nueva York y Kingston, Jerome sintió que estaba a punto de vivir un cuento de hadas. Y lo vivió, vaya que lo vivió. Muy de cerca, además. Empero, para su desdicha, sin ser él protagonista.

En enero, le mandaron a él y a un compañero a los Erie Bayhawk de la D-League, donde sumó 18 puntos y 9 rebotes de media. El compañero se hizo su inseparable, su confidente y su amigo. El compañero era Jeremy Lin. La gloria fue solo para uno. "Creo que volverán muy pronto", aseguraba su técnico. Y no mintió Mike, no, aunque lo que para uno fue un sueño -2 puntos y 5 minutos de media en 21 partidos NBA- quedó muy pequeño al lado de la locura del boom protagonizado por su amigo. Linsanity lo eclipsó todo.

ACB Photo / M.A.Polo


Buscando su lugar en el mundo

Ese verano de 2012 pareció durar toda una vida, símbolo del curso más imprevisible posible. Se le venía encima. Reforzado por tanto elogio y por su inclusión en el Tercer Mejor Quinteto de la D-League, Jerome Jordan regresó a su selección con honores -10,7 puntos y 7 rebotes de media en el Centrobasket- e incluso sonó para el Real Madrid, prefiriendo apurar sus opciones NBA. "Quiero establecerme en la NBA y estar ahí mucho tiempo", exclamaba. Traspasado a Houston en la operación Marcus Camby, agente libre días después y con los Grizzlies dándole otra oportunidad antes del nuevo curso, ganándose a los que le vieron en Memphis.

"Con su juego es como si me dijera... 'te lo voy a poner complicado'. Ha hecho todo lo que le hemos pedido y ha mejorado cada día. Tíos como él merecen una oportunidad en la NBA", apuntaba Lionel Hollins. Marc Gasol asintía: "Tiene buen timing, es alto, corre la pista y es un buen jugador". Y el General Manager Chris Wallace lo remataba elocuentemtente: "Tiene altura, juventud y físico. Es un tipo que va a cumplir en un equipo NBA".

No resultó suficiente. A finales de noviembre, los Grizzlies liberaban su contrato, como previa de un curso muy movido en el que 'Big Rome' jugó en los Renos Bighorns (23 partidos, 12,7 puntos, 8 rebotes) y en los Aggeles D-Fenders (18 partidos, 11,6 puntos, 6,9 rebotes, 1,4 tapones) de la Liga de Desarrollo antes de tomar otro de esos aviones con un rumbo que nunca hubiera imaginado en la adolescencia. Filipinas le esperaba.

No resultó la etapa más redonda en su carrera, precisamente. A pesar de debutar con 23 puntos y 17 rebotes en los Talk N Tropan Texters de la PBA, el jamaicano nunca pareció sentirse cómodo en ese baloncesto. "Hay mucho juego sucio. Más que físico, es sucio: me han hecho daño en los dientes y tendré que ir al destista, me han dado un golpe hasta antes de lanzar tiros libres y siento que iban a por mí".

Legabasket - Ciamillo/Castoria


Su técnico tampoco ayudó. Tras un partido en el que hizo 11 puntos y 5 rebotes, se burló de su actuación en la prensa: "¿Que desde cuando no veo a un americano con tan pocos rebotes? Bueno, quizá alguno en los cuatro minutos de partido. Tiene que jugar mejor, 5 rebotes no son aceptables". Tampoco promediaría muchos más (6,9), con 11,6 puntos y 1,4 tapones que no le valieron para continuar allí, sustituido por el rookie del año de la D-League Tony Mitchell. Vuelta a empezar de cero.

Jordan coqueteó con los Pacers y los Knicks en las ligas de verano, si bien la oferta en firme le llegó desde Italia. En la mítica Virtus, venida a menos, Jordan dio una sensación constante de dominio interminente, alternando partidos en los que parecía convertirse en uno de los pívots referentes de la competición con otros en los que no terminaba de hacerse respetar en la zona. Sus dolores en la ingle tampoco ayudaron y, después de promediar 8,9 puntos y 3,9 rebotes, sus problemas físicos le acabaron por alejar del equipo, reemplazado por Ndubi Ebi.

Sin embargo, cuando más pesimista era con su futuro, uno de aquellos que le habían adulado en el pasado, Lionel Hollins, se cruzó otra vez en su camino para darle una oportunidad más en la NBA. El entrenador cumplió su palabra y el pívot pudo firmar hasta el final de temporada por el mínimo (915.000 dólares), con un inicio prometedor en el que llegó incluso a adelantar a Mason Plumlee en la rotación del equipo y una trayectoria global que fue de más a menos. 45 partidos, 3,1 puntos y 2,4 rebotes por duelo y casi invisible desde marzo, conformándose con 5 minutos en Playoffs.

Era una mezcla extraña la del jugador, mitad disfrutar con todo lo que se encontrara por el camino, por pequeño que fuese, mitad desear encontrar un lugar donde asentarse, donde crecer, donde encontrar su techo. No sintió que fuera China ese lugar, cuando en diciembre de 2015, meses después de hacer la pretemporada con los New Orleans Pelicans, firmó por los Jiangsu Togxi. Sin embargo, podía ser un trampolín. Sin ser consciente aún de ello, sus dos temporadas más regulares de su trayectoria profesional estaban llamando a su puerta.

ACB Photo / B. Pérez


El héroe de la permanencia

Codo a codo con el trotamundos Von Wafer, Jerome se convirtió en la estrella del conjunto de la CBA, sumando 21,2 puntos, 9,4 rebotes, 1,9 tapones, 1,5 asistencias y 1 robo por encuentro. La aventura asiática, mucho más feliz que la vivida en Filipinas, resultó corta. No obstante, ese par de meses entre llanuras a los pies del Yangtsé, le abrieron las puertas de la Liga Endesa.

Un 20 de febrero, 'Big Rome' aterrizó en Sevilla -en lugar de Slokar- repitiendo lo que le habían dicho: que llegaba a la competición más exigente en el viejo continente. A los tres partidos, con menos de un punto de valoración de media en ellos, lo afirmó por sí mismo. Adaptarse al ritmo de juego, a los arbitrajes y a unos rivales más exigentes, el siguiente de sus retos.

Al cuarto partido ya se lucía contra el Herbalife Gran Canaria, con 17 puntos y 25 de valoración en 16 minutos, siendo junto a Hakanson y al propio Luis Casimiro el responsable de la mejora en Sevilla y despidiendo el curso con otro arrebato de buen juego: 40 puntos, 52 de valoración y 17/22 en el tiro en los tres encuentros finales.

Las dudas sobre la viabilidad del proyecto en Sevilla retrasaron su renovación y cuando se resolvió la situación, la oferta no le convenció y el club bético se decidió por Zoric. Después de sus 8,2 puntos y 70% de acierto en el tiro en 14 encuentros, se había revalorizado. Sin embargo, con dudas sobre su destino durante todo el verano, hasta el 31 de octubre no se supo el nombre de su nuevo equipo: Divina Seguros Joventut.

ACB Photo/Arrizabalaga


La Penya, que había empezado la temporada con 5 derrotas en los primeros 5 partidos, incorporó en la séptima jornada a un jugador que no tardó en responder. "Con su fichaje, buscamos equilibrio interior", explicaba Jordi Martín. A la tercera cita -verdugo valenciano con 15 puntos y 5/5 en el tiro-, quedaba claro que su versión hispalense estaba de vuelta. Al quinto -día perfecto con 16 puntos, 4/4 T2, 8/8 TL, 7 rebotes, 8 faltas recibidas y 27 de valoración contra su ex-, la duda residía en hasta dónde podía elevar el listón.

Ahora sí, Jerome Jordan encontró una línea constante, regular, que le situó entre los grandes nombres de la Liga Endesa y entre las mayores amenazas en una u otra pintura. Dando la cara en las derrotas, liderando a los suyos en las victorias, aumentando las prestaciones en el momento más límite, cuando el abismo asomaba.

"Solo trato de hacer el mayor número de jugadas en ambos extremos de la pista. Me encuentro bien aquí, somos un buen grupo de chicos y tenemos buenos entrenadores", confesó en El Mundo Deportivo aquel capaz de ser un Top15 de la competición en valoración (12º, con 13,6), rebotes (11º, con 5,5), rebotes defensivos (12º, con 3,76), tapones (4º, con 0,84), mates (2º, con 1,4), tiros de 2 (13º, con 59,2%), tiros libres (7º, con 3,24) y hasta faltas recibidas (10º, con 3,96).



Su último partido no pudo ser más simbólico: con solo tres canastas, 25 de valoración. 14 puntos (8/10 TL), 5 rebotes, 4 robos, 2 tapones, 8 faltas recibidas, 1 asistencia, 25 de valoración y +16 con él en pista. La salvación. La trabajada alegría. La rabia liberada, tras su mejor un mes en el que rozó la veintena de valoración con su equipo jugándose la vida.

Adicto al tapón y a la Ruleta de la Fortuna, casi por partes iguales. Bambi aprendió a moverse por el hielo, vestido ya de trotamundos. Del 23 al 44, de Kingston a Badalona, con un puñado más de kilos de músculo por el camino. De Drake a Marley, con su música sonando por el camino. De Bolt a Chandler y del mate al piano, como si el haber aprendido a tocar le enseñaran que, esta vez sí, dio con la tecla adecuada.

Daniel Barranquero
@danibarranquero
ACB.COM

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