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El corazón taronja no puede ser subestimado
En 1995, Rudy Tomjanovich dijo que nadie puede subestimar el corazón de un campeón. Más de 20 años después Pedro Martínez y sus jugadores pueden hacer propia esa frase… pese a no serlo. Tras dos finales perdidas se han levantado y este viernes comenzarán a disputar la tercera en lo que ya es una temporada de ensueño

Redacción, 07 Jun. 2017.- 5 de abril de 2017, los jugadores de Valencia Basket salen por una puerta de escapatoria de su propia cancha. Acababan de ver como entregaban la Eurocup a menos ajenas tras sentirla en las propias y habérsele escapado en un fatídico final de partido. La literatura se escribe con negro sobre blanco, pero aquella noche parecía que el cuento de hadas de Valencia Basket se fundía en negro.

(ACB Photo / M. A. Polo)

Días contados en tonos grises, rabia contenida en el vestuario y máscaras forzadas para ocultar al exterior el dolor interior. La pena de aquel vestuario solo la conocen sus muros. “No sólo fue el momento más duro de la temporada, sino que, para mí, personalmente, fue un momento durísimo. Ha sido de las derrotas de mi carrera más difícil de recuperar”, recuerda Fernando San Emeterio.

Cual montaña rusa, la temporada valenciana se situó en su punto más bajo. Cierto es que comenzó irregular con los cortes de Vladimir Jankovic y John Bryant (principales fichajes para el curso deportivo), pero luego ascendió hasta rozar el cielo en una final de Copa del Rey donde Sam Van Rossom tuvo una opción para ganarla. Ahora el equipo volvía a descender y se intuía complejo volver a subirse a un tramo ascendente. “Es verdad que quizá no llegaba el Playoff en nuestro mejor momento; nuestro mejor baloncesto llegó entre febrero, marzo y abril, reconocía San Emeterio hace unos días.

Insurgentes de la realidad

Tristeza que se dejó sentir también en un juego que irremediablemente parecía anticipar el final de temporada. De luchar por el liderato a perder en Bilbao, Andorra y, la más dolorosa, en casa frente a UCAM Murcia. Derrota esta última que desató el pesimismo tras una temporada que ahora roza la excelencia con las finales alcanzadas. Hecho histórico en el club y que su entrenador, Pedro Martínez valora de forma “muy positiva porque cuando consigues un éxito después de haber sufrido, de haber tenido momentos de dificultad, le da un mejor sabor porque sabemos que el camino ha sido complicado. Estamos encantados”.

Los tropiezos dibujaron un camino hacia la final con un asfalto agresivo para el desgastado neumático valenciano. El coche lleva exceso de carga emocional, pero no estaba dispuesto a sellar su despedida de la temporada en la primera parada. Para su entrenador, el fondo y la forma de aquella última noche de Eurocup fue cruel con un equipo que, a pesar de ello, subo sobreponerse. “Fue un momento durísimo para todos tanto a nivel individual como a nivel colectivo porque lo vimos tan cerca que la forma de perder fue muy dolorosa. Pasamos momentos complicados, pero tenemos muy buenos profesional, gente con una gran mentalidad, sin ir más lejos, Fernando San Emeterio, que es uno de los líderes del equipo y hemos sido capaces de seguir capaces de jugar, de momento una tercera final esta temporada”.

Por si aquello no fuera insuficiente adversidad, las lesiones nunca dejaron de acompañar al conjunto de Pedro Martínez en su trayecto. Primero fueron los bases quienes cayeron, comenzó el playoff sin sus torres Slava Kravtsov y Mike Tobey y llega a la final tras superar las ausencias en partidos clave de Van Rossom, Guillem Vives y Rafa Martínez. Nada que un vestuario unido no pueda superar. El blindaje taronja parece invulnerable a los golpes del deporte.

Primero F.C. Barcelona Lassa, y luego Baskonia sintieron el orgullo del levante, el sentir que no todo estaba escrito y que, ante la crueldad de lo vivido, aún había corazones insurgentes dispuestos a combatir la desazón con la mayor de las armas: el ardor del que nada teme. “No podemos subestimar el trabajo de este equipo, que está siendo sublime, más allá de las derrotas, evidentemente duras este año, en la Eurocup y la Copa del Rey. Pero bueno, hemos seguido creciendo, hemos seguido creyendo en nosotros mismos, en el trabajo, y nos lo merecíamos” señala Pierre Oriola. El pívot de Valencia Basket es una de las noticias más positivas de la temporada, aunque él, por encima de reconocimientos personales destaca la valía colectiva de lo alcanzado: “el buen trabajo al final tiene su recompensa. Nosotros la tenemos: tres finales en un año. Evidentemente, al final la gente se queda con los títulos, pero que nos quiten lo bailao.

Porque hay jugadores que juegan por el dinero, otros que persiguen medallas y trofeos, pero, de todos ellos, el más peligroso es aquel que lucha por el orgullo propio. La afición valenciana puede sentirse afortunada de haber reunido a un grupo inabordable al desaliento. Jugadores capaces de caer, no una sino dos veces en un poco espacio de tiempo, y tener la necesaria energía física y emocional para volver a levantarse.

(ACB Photo / M. A. Polo)

El corazón del (sub)Campeón
Tras ganar el segundo anillo en 1995, Rudy Tomjanovich, entrenador de Houston Rockets, dejó para la historia una de las grandes frases del baloncesto y, en general, del deporte. Nunca, subestimes el corazón de un campeón, dijo. Hoy, Pedro Martínez también podría hacerla suya con el ligero matiz de ser doblemente subcampeón este año… “Sí, pero vamos a soñar que todavía podemos ser campeones”, matiza el técnico. San Emeterio se apunta al símil y añade que “este equipo ha sido subcampeón, pero (su corazón) tampoco se puede subestimar”.

Para el santanderino “ser subcampeón con Valencia Basket, con la diferencia de presupuesto existente, porque hay que decirlo y hay que ser honesto, para mí es ser un equipo campeón. Hemos jugado dos finales este año y vamos a jugar una tercera, eso es un equipo campeón. Si fuéramos el Real Madrid se nos podría exigir el título. Evidentemente nosotros vamos a intentarlo, pero creo que jugar tres finales es ser un equipo campeón”.

No hay fórmula que pueda copiarse ni extrapolarse más allá de los límites que encierran las paredes del vestuario valenciano. Aquel que un día vio llorar a sus jugadores; el mismo que hoy sonríe al ver la felicidad de sus guerreros. “Hemos demostrado que somos un equipo guerrero, que se agarra a los partidos que lucha, que trabaja… yo creo que más no se nos puede pedir”, apunta San Emeterio. “Nunca dejamos de jugar duro, nunca dejamos de luchar”, añade un Romain Sato cuyo esfuerzo ejemplifica el del resto de compañeros. “Todos pusimos la energía necesaria, dimos lo mejor de nosotros mismo y conseguimos el objetivo”, dice.

(ACB Photo/I.Martín)

Y poco importa lo que devenga el mañana, las victorias más importantes no siempre tienen una materialización metálica y no tiene la historia por qué ser escrita por los vencedores. Hay relatos más bellos que los poemas épicos, pues a veces basta el sentir del quien se entrega para aplaudir su gesta. Eso bien lo sabe Fernando San Emeterio quien no hinca la rodilla y se niega a capitular antes de tiempo. “Va a ser muy difícil, pero hambre e ilusión a veces mueven montañas por muy grandes que sean”.

La gran montaña blanca es la ascensión final que afronta este Valencia Basket y el alero confía que la crónica de este maravilloso viaje todavía no esté escrita. “Somos un grupo con mucha ilusión, mucha hambre. Con ganas de saber dónde está nuestro techo, de seguir creciendo. Y, bueno, llevamos un año trabajando espectacularmente y no sólo lo que se ve sino también en lo que no se ve y eso tiene que tener sus frutos. Debemos estar orgullosísimo de la temporada que estamos haciendo”

El Real Madrid escribirá el epílogo de la temporada de Valencia Basket. El mismo rival que encendió el deseo por ganar puede ser que lo apague, pero quizá por entonces dará igual porque el latido del corazón taronja jamás dejará de latir mientras sus jugadores así lo quieran.

Álvaro Paricio
@Alvaropc23
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