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Diana Taurasi: The Greatest
Genial y provocativa, Diana Taurasi es el mayor talento que haya conocido el baloncesto femenino. Un volcán que entra en erupción cuando pisa el parqué de juego y cuya figura se eleva al olimpo del baloncesto al convertirse en la máxima anotadora histórica de la WNBA superando a Tina Thompson

Redacción, 19 jun. 2017.- En el baloncesto hay jugadores que saben competir, jugadores competitivos y luego está Diana Taurasi. Diana es un animal baloncestístico capaz de devorar cuanto rival se ponga por delante en el objetivo de ganar. Quizá sea por su genética familiar (su padre, Mario, fue portero en Rosario Central) a mitad camino entre Argentina e Italia, puede ser porque crecer en Chino (un barrio proletario de Los Angeles) marca el carácter o simplemente porque ella nunca aprendió a perder.

(Foto FIBA)

Un mundo masculinizado como el deporte podría tomar nota de ella y aproximarse para entender a un icono actual. Su figura sólo puede compararse con la de los más grandes. Ella que creció soñando con Magic Johnson se convirtió sin quererlo en lo más cercano a Michael Jordan mientras la sociedad apuntaba en Kobe Bryant o LeBron James meros sucedáneos de His Airness. “Ella es una Mamba, la blanca”, le reconoce Bryant.

Taurasi, como Jordan, es un volcán dentro de la pista. Una jugadora con un instinto anotador sin igual que se adelantó al tiempo de las exhibiciones de Curry, Durant, Harden o Westbrook habituándose a sumar por encima de la treintena de puntos (tiene el récord en WNBA de partidos de 40 puntos). Sin embargo, aún mayor virtud que la de anotar o la de reconvertirse en base para aproximarse a su ídolo de infancia, la grandeza de Dee reside en su fuerte personalidad.

Sin ella no sería la jugadora que es y no marcaría la diferencia allá donde fue. En Europa tenerla fue sinónimo de vencer y, si James acumula finales NBA, ella no dejó de levantar trofeos de Euroliga (6). Lo hizo porque tiene la virtud inequívoca de los grandes del deporte: el talento natural para marcar la diferencia en el momento de la verdad.

El baloncesto es un deporte colectivo donde ganan los equipos... casi siempre. Siempre hay excepciones y ella es una de ellas. En esos momentos donde los campeonatos se deciden, donde la adversidad abre sus brazos y se lanza sobre ti, Taurasi nunca rehuyó de su responsabilidad. Siempre ha sido capaz de coger el balón y acumular ataque tras ataque sin importar que la defensa multiplicara su atención sobre ella. Podía ser hasta obsceno el monopolio de la pelota que hacía, pero hay partidos donde se sabe que sólo un genio puede elevarse sobre el colectivo y sentirse imparable hasta la victoria. Ella, como su querido Messi, lo es.

(Foto UMMC Ekaterimburg)

“Mi situación favorita es cuando llega el día del partido y sales a la cancha con todo el pabellón del rival lleno”, afirma. Taurasi es un monstruo deportivo que levanta pasiones contrapuestas en un mismo partido: la puedes odiar porque derrote a tu equipo, pero no puedes evitar aplaudirla cuando encadena minutos de excelsa anotación. España bien lo sabe: Salamanca la odió cuando su CSKA arrebató una Euroliga en 2009; un año más tarde Valencia lloró su victoria y una semana después en la Fonteta se colgó una pancarta de admiración a quien fue su verdugo. Quizá se exceda en formas y no siempre los gestos fueron bien entendidos, pero esas son características inherentes al carácter ganador. Lo uno sin lo otro no se entendería.

Siempre ha sido un referente nacional desde que fue campeona con la Universidad de Connecticut (2002,2003 y 2003) y su salto a la WNBA la convirtió en un referente mediático en Estados Unidos. Allí ganaba prestigio y popularidad mientras en Rusia hincho su cuenta corriente (hace unas temporadas UMMC Ekaterimburgo le pagó para que no jugara la WNBA) y llenó la vitrina con títulos de Euroliga y reconocimientos particulares.

Pero los mejores si algo tienen es que su voracidad no cesa. El apetito competitivo nunca queda saciado y la mujer récord en títulos y salario (la única en romper la barrera del millón de dólares en Europa durante años) es capaz de mantener encendida la llama de la competición para seguir ganando. “Es un tiburón”, dijo de ella Phil Jackson en Twitter.

En su último partido en Europa anotó 33 puntos para ganar 83-82 en el quinto partido de la Final. Ahora persigue su cuarto anillo de WNBA mientras disfruta de escribir un nuevo registro en los libros de historia del deporte. Con 7.494 puntos anotados, se ha convertido en la máxima anotadora histórica de la WNBA y pocas fronteras quedan por caer antes su trayectoria.

(Foto Álvaro Paricio)

Fuera de las pistas, cuando se descalza las zapatillas el volcán entra en reposo (confiesa relajarse planchando ropa). Su acento argentino cuando deja de hablar en inglés delata su procedencia. Taurasi siempre entendió los tiempos de las estrellas y modo de interactuar con prensa y aficionados. Aunque no le gusta hacer fotos de sus vivencias por el mundo, no reniega de una foto con seguidores los que regala su sonrisa. “La gente cuando viene a ver un partido no quiere ver que todas las jugadoras están con caras largas, quieren a las jugadoras divertirse”, dice.

Quienes la conocen del trato cercano, hablan de una persona entrañable, una profesional excelsa que lo demuestra en cada entrenamiento, pero también de una mujer con un punto provocativo que no deja indiferente. Ella lo sabe y lo explota para captar la atención de la siempre mirada distraída de la prensa. Ésta, ávida de titulares, explota frases como “he bebido vodka para abastecer a una ciudad entera” como contrapartida a ponerla en el escaparate mediático. Sin embargo, uno tiene la impresión de que esa es sólo una de las caras que quiere que se le conozca. Alegre y comprometida con causas benéficas, Taurasi también es la persona que lucha por normalizar la vida de las deportistas fuera de la pista. Ahí, también quiere ser la mejor.

Álvaro Paricio
@Alvaropc23
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