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Bojan Dubljevic: El sueño del loco
Este es el sueño de un chico que quiso ser profesional, de un profesional que buscó levantar un gran título… Esta es la historia de un niño que dibujó un sueño, se entregó en cuerpo y alma a él y, pese a las decepciones del pasado, hoy es el loco más feliz del baloncesto

Redacción, 18 Jun. 2017.- Pocos segundos después de proclamarse campeón de la Liga Endesa, Bojan Dubljevic se dirigía a los micrófonos de Movistar+ para proclamar una alegría que su gigantón cuerpo apenas podía contener.

“Sabes, en septiembre, cuando los periodistas me preguntaban que esperaba de la temporada, yo digo que vamos a por liga y todos dicen: “Dubi es loco”... es verdad, yo soy loco, pero ¡!la liga es nuestra! El éxtasis contagia el sentimiento que sus palabras transmiten. Puede ser que aquella apuesta fuera una locura, pero el énfasis de su locura es lo único que le ha hecho abrirse camino en una larga trayectoria que se cimentó en el duro trabajo diario, que creció desde lo más bajo y que se erosionó con las decepciones... desde este prisma cualquier éxito sabe mejor, se disfruta más.

(ACB Photo / M.A.Polo)

El viaje de Bojan Dubljevic se remonta Niksic, ciudad montenegrina donde nació. Allí, tuvo en su hermano mayor al referente en el que mirarse para desarrollar la pasión del baloncesto. Siendo éste el espejo donde reflejarse, Dubi comenzó a jugar a baloncesto para perder peso. Con 14 y 15 años llega a entrenar ocho y nueve horas al día; es entonces cuando se forja el sueño de ser jugador profesional.

Sin ser mal estudiante, esa pasión desmedida y afán por mejorar entroncan con su desarrollo académico provocando algún que otro enfado de sus padres. Ellos buscaban que su hijo tuviera alternativas al baloncesto pero, por entonces, ya no había nada que hacer y éste se había introducido en su cabeza. El balón le atraía más que los libros y Dubljevic apuesta decididamente por esa pasión. En poco tiempo comienza a obtener premio ese esfuerzo: primero debutando con Buducnost VOLI y, más adelante, fichando por Valencia Basket quien es el que más apuesta por él.

Aquí tenemos el primer porqué de su amor por Valencia. Dubljevic se siente agradecido al club y la ciudad que le dio la oportunidad de hacerse grande en el baloncesto. Él ha reconocido con su humor que es un valenciano que nació en Montenegro. La gente de su país es muy fiel, desde pequeños les enseñan que un jugador es siempre del club que le da todo, y Dubljevic no ha dudado en ser reflejo de ese sentimiento apostando por la tierra que le adoptó años atrás. “Este título significa mucho. Es mi sueño porque cuando era pequeño yo tenía un sueño y hoy ya es realidad. Entrenamos muy duro porque sufrimos todo el año con las lesiones y las derrotas, y esto lo significa todo... es un sueño”, cuenta. Dubi, antes de ganarlo, ya dijo que un título con Valencia Basket era mucho más que 10 con cualquier otro equipo.

(ACB Photo)

Los sueños se trabajan en la oscuridad de la noche

Bojan Dubljevic es todo corazón, una persona tímida y reservada ante los medios de comunicación a la que le costó dar ese paso del anonimato al estrellato en Valencia. Esta definición contrasta, sin embargo, con la vista en las pasadas semanas.

En pleno orgasmo deportivo y con el pabellón invadido por la ola taronja, Bojan cogió el micrófono y vociferó ¡la liga es nuestra! Sonando “Freed from Desire”, Dubi recordó el gesto que tuvo días antes, cuando el equipo alcanzó la final y amenizó la fiesta como un auténtico DJ. Sabe que si lo del baloncesto se le tuerce siempre le queda carrera como MC (maestro de ceremonias). “¡Sí, sí! Después de retirarme puede que trabaje como DJ”, bromea. Resulta curioso que ese mismo gigante con barba sea el mismo que, cuando aterrizó en Valencia hace cinco años, renegara de hablar a los propios responsables de comunicación de Valencia Basket porque su timidez le hacía huir de las cámaras de televisión. Ganar una liga bien merecía ese momento de locura absoluta.




La historia de esta locura comienza meses antes de que Dubljevic sea presentado como jugador taronja. Arranca en Buducnost en una eliminatoria de Eurocup, el terreno donde jugador y equipo han crecido estos años. En marzo de 2012 eran rivales y el pívot de Buducnost VOLI era la principal amenaza para que Valencia Basket alcanzara la Eurocup Finals. Dubi, 15 puntos y ocho rebotes, ya fue determinante en la ida para que su equipo venciera por 75 a 71, pero en la vuelta, y pese a su buen partido (17 puntos y cinco rebotes) poco pudo hacer. “No sabía todo lo que después iba a vivir en esta ciudad y equipo. Sólo quería jugar y ganar. No recuerdo mucho, sólo que perdimos por 20 puntos”, confiesa.

Entonces la afición tomó nota de un pívot que se cargó pronto de faltas para su suerte, pero que dejó impronta de su juego con 7/7 en tiros de dos, ferocidad en el rebote y un triple, algo que luego sería símbolo de su crecimiento. Por su parte, Dubljevic, sintió en aquella ocasión como adversario el calor de una afición que ha dejado de ser algo ajeno para sentir como una extensión más de su familia; Valencia es su hogar.

Poco después, en junio de 2012, comenzó una relación que ha aportado una inmensa felicidad tras sortear la vicisitud de varias lesiones personales y alguna que otra dolorosa derrota como la de la pasada Eurocup. “Fue una mala noche, pero la queremos olvidar. Ya no me interesa recordarla”, reconoce. The dogs days are over.

Borrado de su mente, el recuerdo, empero, avivó la llama del deseo por ganar que siempre anidó en su interior. No hay nada más peligroso que un jugador herido en el orgullo cuando tiene un sentimiento de pertenencia tan fuerte como Bojan Dubljevic. "Por mis venas corre sangre naranja, dijo. Él, que antes de la Eurocup confesó que se cansó de perder títulos, sentía que, aún en la inmensa dificultad que entraña ganar la Liga Endesa, debía dar el máximo para derrotar a FC Barcelona Lassa, Baskonia y Real Madrid. Para alcanzar la gloria había que ascender el Everest del baloncesto español "Ganamos porque somos un equipo. Estamos todos juntos sabemos que el viaje hasta conseguir ganar el título era muy duro. Ganar al Barcelona y Baskonia no es fácil y, además, al final ganamos al mejor equipo de Europa. Esto ha sido muy largo y es una hazaña muy grande. Estoy orgulloso de formar parte de este equipo y de esta historia". La suerte que le fue doblemente esquiva este año, comenzó a cambiar cuando una canasta suya, y acorralado por la defensa madridista, sirvió para ganar el segundo partido de la final. Ahí comenzó a gestarse la victoria final.



Casi tan complejo como batir a sus rivales, fue rehacerse al dolor de las derrotas sufridas y a las constantes lesiones que siempre mermaron el auténtico potencial del equipo. Sin embargo, si algo tiene de especial este equipo y es lo que realmente lo define, es que “tiene corazón”. Bojan sabe muy bien de lo que habla y señala que “jugamos como una familia: estamos juntos en los buenos y en los momentos, y esto es lo más importante para ser un gran equipo”.

“No sé si estamos entre los mejores en la lista de jugadores, no sé si somos mejores como nombres, pero como equipo seguro porque ganamos, y ganamos porque jugamos todos juntos. Somos más que un equipo, creo que somos una familia”. Para Bojan, los sentimientos personales siempre se antepusieron al, en ocasiones, frío deporte actual.

Ahora todos le dan la razón, pero antes pensaron que sus palabras eran las propias de un iluso. “Sí, no sé porque nadie creía que podíamos ganar la liga. Yo como jugador quiero ganar a todos si puedo. Sabemos que es difícil pero el año que viene también iremos, poco a poco, a por todos los títulos que podamos”, avisa.

(ACB Photo)

Un valenciano de Montenegro

Tras ganar la liga, llegó una revelación “esta es mi casa, yo siempre aquí. Toda la vida aquí” decía a Juan Roig tras un sentido abrazo a las puertas del vestuario. Íntima confesión que deja al descubierto el más profundo de sus sentimientos: Dubljevic es un valenciano que nació en Montenegro.

Allí, Dubljevic es un referente y no hace falta que, cuando regresa en verano a visitarle, hable de Valencia pues todos saben de las excelencias de la ciudad y de lo especial que es para él. “Todo el mundo sabe cómo es Valencia y lo que significa para mí. Todos en Montenegro saben cómo es y qué siento. Además, miran nuestros partidos y apoyan al equipo”, cuenta.

Ha mejorado la timidez con la que llegó para ser un líder para el equipo y para la gente. Bojan se ha dado cuenta que la gente le idolatra y devuelve el cariño con esfuerzo en la pista y respeto fuera de ella. No hay aficionado que se quede sin autógrafo, foto o sonrisa. Dubi recibe mucho..., lo da todo.

Uno de los que mejor le conoce, Guillermo Calvo, jefe de prensa de Valencia Basket, lo define como una persona "pura en los sentimientos". Su honestidad se refleja en que, pudiendo haberse marchado ante las llamadas de clubes más poderosos o la tentación de la NBA (fue drafteado por Minnesota Timberwolves), él no sólo ha permanecido fiel a Valencia Basket sino que lo ha hecho encantado con la ciudad y comprometido con el deseo del club de crecer juntos. Quedan pocos jugadores (y personas) como él, capaces de anteponer sentimientos y moverse por emociones antes que por los valores materiales y mercantiles en los que se mueve la vida y el deporte de alta competición. Valencia y Valencia Basket le ofrecen algo que vale más que dinero o trofeos ,le da algo que nadie más le puede dar: amor. “Valencia me lo da todo. Valencia me da todo y yo quiero darle todo a Valencia por eso no quiero irme nunca de aquí, se sincera.




La comunión entre grada y jugador es total y, en cada partido cuando es cambiado, la Fonteta se pone en pie y le despide entre aplausos con el grito de ¡Dubi, Dubi!. “Uff es un sentimiento muy especial. Uno nunca puede soñar con estas cosas, pero ver cómo la gente se levanta y grita ¡Dubi, Dubi! me hace sentir muy orgulloso y agradecido a ellos”, confiesa. Ese cariño lo devuelve con juego y quizá por ello su ilusión de permanecer en Valencia basket se retroalimenta con las marcas que va batiendo y sintiendo que se convierte en un referente del club. A Dubljevic le hace mucha ilusión pensar que deja huella en el club y que los libros de historia le guardarán algunas de las mejores páginas de Valencia Basket y la Liga Endesa.

A Valencia llegó como aquel chico jovencito que en la Eurocup hacía buenos números y que los ojeadores advertían de su peligro en la eliminatoria donde sus caminos se cruzaron. Más allá de eso nadie, ni él ni Valencia Basket, pensaron que podían vivir juntos el sueño que por separados siempre tuvieron. "Antes no sabía si esto era un sueño o es verdad... ahora sé que es verdad", decía tras la final. Hoy el baloncesto español se tiñe de naranja gracias al esfuerzo de Dubljevic y al del resto de sus compañeros, hace tiempo que el corazón de Dubi se tiñó de taronja.

(Foto Miguel Ángel Polo)

Las locuras de Dubi

Todo lo temible que es su figura, con 205 centímetros de dureza física y barba de ogro leñador, no es más que la máscara que esconde a un niño grande, un tío todo corazón que reparte gestos de complicidad con aficionados y compañeros, y de respeto hacia el rival. El Playoff Final se ha llenado de pequeños gestos con Tomic, Diop o Ayón... para el recuerdo cómo aceptó la disculpa del mejicano tras recibir de éste un golpe en la cara. La batalla es deportiva y, tanto compañeros como rivales, son amigos fuera de la pista.

Esta no es más de una de las contradicciones que dejan su juego y su figura. Pese a ser formar parte del quinteto ideal de la Liga Endesa como mejor pívot, a Dubljevic le gusta jugar el pick and pop y demostrar que es verdad que en su país todos meten triples. Así, frente a Rio Natura Monbus Obradorio anotó 5/5 en triples para sumar 28 puntos y alcanzar el MVP de la jornada con 38 de valoración.

Pero ese destello de salirse fuera y lanzar es sólo una parte de su juego, porque donde mejor brilla es de espaldas al aro y recibiendo el balón a dos metros de la canasta. Ahí es el habitat natural de su juego, donde puede girarse sobre uno u otro hombre y sacar un lanzamiento a una mano con patente de corso. Un fundamento que, a veces, se olvida en el desarrollo actual de los jugadores, pero que él tuvo la suerte de aprender y asimilar. Mitad old school, mitad baloncesto moderno; Dubljevic es un jugador total.

Dubi es una rara avis en el deporte que sigue valorando los pequeños detalles que el baloncesto le ofrece. Disfruta mucho jugando a baloncesto y viendo como todo aquel esfuerzo depositado años atrás tiene su recompensa en pequeños triunfos como mejorar en el tiro de tres o ser un mejor reboteador (esta temporada terminó como séptimo mejor reboteador en Liga Endesa).

El secreto de su progresión y su forma de ser reside en su mente. Confiesa que cuando llega a casa se repite a sí mismo: “tú puedes, tú puedes”. Aunque siempre soñó con tener una barba y bromea diciendo que su fuerza proviene de ella, sabe que su fuerza viene de una mentalidad que le hizo creer siempre en él.

Hoy, esa confianza y ese deseo de trabajar diariamente por ser mejor y levantar un título en Valencia le hacen ser el MVP por más que él lo haga extensible a los que son su familia taronja. “No es mi trofeo. Este MVP es el MVP de todo el equipo porque todo el equipo juega. Un día jugué bien, otro día fue otro... creo que es el trofeo de todo el equipo. No soy MVP, es todo el equipo y toda la afición”.




Los números dicen que esta ha sido una de las ligas más duras que se recuerdan. La igualdad ha sido la característica que mejor la ha definido y es justo que un tío duro como Bojan Dubljevic sea su estrella. Se motiva escuchando grupos de rock metal como Rammstein o System of a Down, un grupo de ascendencia armenia que puede compaginar en una misma canción golpes de guitarra con suave melodía. Así es el juego de Dubi: duro bajo los tableros y suave como cuando lanza desde fuera.

El contrapunto al nervio de las guitarras y las baterías se lo aporta jugar a los dardos. Jugando se entretiene y presume de tener un buen nivel. Por lo visto, acertó cuando apuntó en su destino con Valencia. Ahí encontró muchos más que un equipo o un club donde hacer realidad su sueño, encontró un hogar.

Hay jugadores que sueñan con ganar dinero y títulos, otros aspiran a jugar en la NBA y hay tipos, como Dubljevic, que quieren jugar en el mejor club del mundo. Valencia Basket, para él, es el mejor club del mundo y lo quiere hacer mejor de cara al siguiente curso. "Queremos seguir como una locomotiva, adelante”, dice. El castellano puede que aún le falle, pero no su corazón y su juego. Con ellos dos, la locomotora taronja está en buenas manos: las del niño que soñó con ser campeón, entregó sus mejores años a ese sueño y, como los locos y los genios, alcanzó el suyo.

Todo sueño tiene un punto de locura que lo alimenta, pero benditos sean los locos como Dubljevic que luchan contra la lógica de la realidad para hacer posible aquello por lo que anhelan... e inspira el sueño de los demás.

Álvaro Paricio
@Alvaropc23
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