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Andrés Nocioni: La vida es pogo
Al ritmo de rock, con Bersuit, Los Redondos o Los Piojos sonando, viajamos por los momentos que marcaron el alma de un Nocioni que tras 21 años dijo basta. La carrera de la leyenda, en canciones

Redacción, 22 Jun. 2017.- "No sabía qué decir... y me salió". A veces, los que escriben deben tomar prestadas las palabras de los que juegan y hablan. Aquella frase de Nocioni en el arranque de la rueda de prensa de su despedida es la mejor forma de describir qué se siente delante de una pantalla vacía a la hora de decir adiós a aquel que tanto llenó. De ese Andrés Marcelo Nocioni que inspiró a los poetas, que creó literatura con su juego. Del que ya se dijo todo. Incluso, en ocasiones, se cantó.



"La ilusión que me condena
brindándome de lleno a la libertad.
Abrazado a la ilusión que me condena,
que me condena.
La siento llegar, la siento pegar,
me provocará, me atrapa una vez más".


"La ilusión que me condena - Pier"


El santafecino precoz, el chico que se enamoró de un balón, el del físico atípico y carácter indomable. El talento, la estrella, el descubrimiento de Nadjudel. El adolescente entre mayores, aquel que con 15 años ya jugaba en la élite. Ese que, con 16, se jugaba una Intercontinental con Olimpia contra el Panathinaikos de los Ferran Martínez, Dinkins, Koch, Alvertis, Sconochini o Nicola.

El del Olimpia de Venado Tuerto, el de Independiente General Pico. El cadete de oro, campeón de Sudamérica, el joven internacional. El mejor sexto hombre, el del mate a Garnett. El anhelo de Baskonia. El Nocioni abrazado a una ilusión que le fue provocando y atrapando más y más...



"Y cuando mi balsa esté lista
partiré hacia la locura
con mi balsa yo me iré
a naufragar..."


"La balsa - Los gatos"


No necesitó construir una balsa pero Nocioni "consiguió mucha madera", se montó en ese avión y su vida cambió para siempre. Vitoria le esperaba. El mítico TAU, el ambicioso Baskonia. La joya de Salazar. Y su condición de extracomunitario dándole problemas desde el inicio, con meses parados hasta que obtuviera pasaporte italiano.

La cesión al Manresa, que por primera vez en 15 años no llevaba la etiqueta de TDK. El retroceder hasta la LEB, el ganarse el respeto y el nombre desde abajo para volver a subir. La decepción del casi-ascenso, tras caer en la orilla contra Lleida. Su enorme campaña, su baloncesto gritando. El regreso a Vitoria, donde ya no habría transición. El paso al frente. Y dos, y tres, y cien.

"Gracias al Baskonia encontré el camino hacia mi carácter". Ganador insurrecto, conexión con la grada, contagio inmediato. Con él llegó la primera. La Primera, en mayúscula. Una Liga eterna para Vitoria-Gasteiz. Con él llegó la Copa del Rey, con las paredes de San Pablo aún temblando tras su exhibición. Con Baskonia, Nocioni se vistió de Nocioni. Y jamás se volvió a quitar el traje.



"Cómo me voy a olvidar,
cómo me voy a olvidar...
de aquel encuentro, de esa salida.
Cómo me puedo olvidar...
fue lo mejor que me pasó en la vida..."


"Cómo me voy a olvidar"- Los auténticos decadentes"


Nocioni no se puede entender sin la Generación Dorada. La Generación Dorada no se puede entender sin Nocioni. La generación que le creó esos valores, que le forjó ese alma. El equipo de amigos dispuestos a cambiar la historia. El equipo de amigos dispuestos a revolucionar un país, un deporte, una era. Nocioni tuvo tanto de Argentina como Argentina tiene de Nocioni.

Un par de oros en el FIBA Américas, oro en el Sudamericano, oro en el FIBA Diamond, plata en el Mundial, bronce en Pekín 2008... y oro en Atenas 2004, donde el planeta se paró, donde los Juegos se detuvieron, donde el mismo Olimpo llegó a emocionarse al recibir a un equipo que hacía algo tan sencillo y tan complicado al mismo tiempo como enamorar jugando al baloncesto.

Del triple fallado contra España -su fondo de escritorio durante años como pura motivación- a las victorias contra Estados Unidos. Las lesiones, las lágrimas, los saltos, las alegrías. Aquellos 37 puntos a Brasil en los JJOO de Río cuando estaba a punto de cumplir esa cifra de años. El orgullo de un pueblo, el seguro de un equipo. Y las mil canciones de Bersuit, La Renga o los Fabulosos Cadillacs que acompañaban, en la previa y en el post, cada página dorada. ¿Cómo iba a imaginar que el "Cómo me voy a olvidar" de Los Auténticos Decadentes iba a sonar por los altavoces del pabellón durante la celebración de aquella machada de Atenas?



"La ruta sigue más allá de las luces de la autopista.
Secando al ojo de la lágrima, te perderás de vista .
Como un relámpago en la fría noche, cruzarás los abismos...
esos que guardan a la sombra que te oculta de vos mismo"


"La razón que te demora"- La Renga


La balsa de Nocioni volvió a cruzar el charco. Esta vez, para ir a Estados Unidos. Nunca fue una obsesión, siempre fue un sueño relativo. Sin embargo, sus alas le pedían probarse entre los más grandes. Y los Bulls le esperaban. Allí, en las tierras de Illinois, pudieron entender a esos aficionados baskonistas que lloraban su marcha, a esos hinchas argentinos que tanto se identificaban con Andrés.

No fue un camino fácil. Ídolo en Chicago, de más a menos en Sacramento, impotente en Philadelphia. Un trayecto sinuoso de aquel que supo, incluso en los momentos más incómodos, hacerse sitio. "La NBA no fue mi terreno pero Chicago sí", diría, aquel que sumó 514 partidos con medias más que notables (10,5 pt, 4,5 reb) para alguien que siente que nunca encontró su lugar en la competición estadounidense.

Nocioni, cruzando abismos, siempre fue él. ¿Quién sino hubiera sido capaz de hacer que Ben Gordon escuchara en el vestuario de los Bulls a Los Redonditos de Ricota y Luol Deng acabara tarareando el pegadizo "Se viene" de Bersuit a base de oírlo en las previas de los partidos?



"Disparo contra el sol con la fuerza del ocaso,
mi ametralladora está llena de magia,
pero soy solo un hombre más.
(...)
Pero si pensás que estoy derrotado,
quiero que sepas que me la sigo jugando,
porque el tiempo, el tiempo no para. "


"El tiempo no para"- Bersuit Vergarabat


En el lock-out de 2011, Nocioni aprovechó para regresar a casa. En su vuelta a Argentina, declaró que era una manera de darle las gracias a la Liga de su país por haberle dado tantas oportunidades a la generación dorada. Jugó sin seguro y fue campeón. Una vez más.

Cuando, ya en Philadelphia, le dijeron que no contaban con él, Nocioni se comió unas milanesas con Spencer Hawes -preparadas por el estadounidense- y anunció su vuelta a casa. El Baskonia le recibía con los brazos abiertos y él no defraudó, poniendo fin a una época irregular de la entidad para poner las bases del potente club que hoy vuelve a luchar por lo máximo en Liga Endesa.

Su primer día en Vitoria-Gasteiz. Sus 37 puntos en el Palau. Sus mates, su idilio con el triple. Su nominación como Mejor Alero ACB de la 2012-13. Su compromiso, su segunda etapa, su amor eterno. Nocioni se la siguió jugando sin que el tiempo parara...



"La camiseta es como un Dios.
Toco y me voy,
no importa cuál sea el color.
Y si me pintan la cara...
hoy no me voy a achicar.
Cuando me muerda la pena, no voy a llorar...
ha terminado el festival.
En un picado cualquiera,
mi alma se echa a rodar.
Este es el juego que siento y no pienso parar".


"Toco y me voy"- Bersuit Vergarabat


"Él tiene algo adentro que no se entrena. Tiene algo en el pecho que no se entrena. Cuando lo trajimos al Real Madrid, queríamos eso que tiene él, porque además... lo trasmite". Pablo Laso explicó una vez muy bien el porqué del fichaje de Nocioni por el Real Madrid. Unos no lo entendieron por su marcha. Otros, con esa edad, por su llegada.

No obstante, el Real Madrid, simplemente, fue otro con Andrés Nocioni. Como aquella canción de Los Redondos -"Volvió a Madrid... donde parece que es feliz, un corazón no se endurece porque sí"-, la historia del club cambió de su mano.

La Supercopa Endesa 2014, la Copa de 2015 con el tobillo gritando tregua, la añorada Euroliga conquistada con él de MVP, la Liga Endesa de 2015, la Intercontinental 2015, la Copa 2016, la Liga Endesa 2016, la Copa 2017. Todo finales ganadas, todo títulos para él y su equipo, con momentos heroicos para aquel león fiero que, tras reencontrarse con algunos de los grandes "enemigos" de su carrera, los transformó en amigos. "Es un pedazo de pan". Palabra de Reyes.



"Y creo fuiste feliz...
pero eso que quede en ti.
Y hoy te vas, te vas te vas te vas,
pero se que por algo me has de recordar".


"Te vas"- Los Palmeras


Y Nocioni dijo adiós, convencido como siempre de los impulsos de su corazón: "Confío en él porque fue el que me trajo hasta acá". El poeta de la pista también sorprendió con palabras: "He decidido madurar. Viví como jugué y fue una trayectoria llena de sueños, con un camino largo que valió la pena transitar". "Gracias al Real Madrid por darme la oportunidad de ser el Chapu. Me dejaron ser el Chapu".

Fueron semanas de dulce agonía, como el que sabe que el helado se acaba, aunque siguen quedando cucharadas. Como cuando el cantante sale para los bises, mas recuerdas que la función morirá tras ese clímax. Incluso así, Andrés regaló su mejor partido anotador con el Real Madrid (26 en 28 minutos) y llegó a La Fonteta, a las puertas de los 38 años, como jugador con más ratio de puntos de su equipo en Playoff y el más certero de los triplistas.

"Me gustaría despedirme ganando, abrazados y festejando", confesó. Fenerbahce lo evitó. Valencia Basket lo evitó. Empero, él se fue con la paz y la tranquilidad del que lo dio todo, del que sentía que no podía dar ya más.

La fiera vestida de domador -"me dejé el bigote porque mi hija leyó un cuento de circo y pidió un domador en casa, me transformé por ella"-, el domador domando su propia pasión, su propia energía de seguir hasta los 50 con una pelota en la mano. Quizá su destino sea ser asistente. Tal vez el baloncesto nunca deje de estar en su vida, como jamás dejarán de hacerlo su esposa Paula o sus hijos Laureano, Benicio y Margarita.




Como escribió Bruno Altieri, Nocioni es el alma dentro del alma, el mejor reflejo de que no se puede vivir la vida sin pasión. Pasión por la pista, por el pogo, por las canciones, más las noventeras que las actuales. Por sus clubes, por su gente, por su profesión y por su misma vida. Pasión por el maestro Cerati, reflejada incluso en su forma de decir adiós:

Gracias... totales, 'Bicho de Ciudad'.



"¿Qué voy a hacer con tanto cielo para mí?
Voy a volar, yo soy un bicho de la ciudad.
¿Qué voy a hacer, cuál es el camino a seguir?
Voy a soñar".


"Bicho de ciudad"- Los Piojos

Daniel Barranquero
@danibarranquero
ACB.COM

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