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Leyendas del Playground (I)
La auténtica esencia del juego, el amor por el basket convertido casi en una religión. No había reglas, ni contratos, sólo el deseo por la victoria. G Vázquez comienza una serie de artículos sobre lo que casi se convirtió en el símbolo de una raza: El Playground. Allí surgieron muchas de las figuras que ahora conocemos, la escuela de Harlem ya es un mito


El Rucker Park registraba espectaculares llenos cada jornada

La pintada tiene más de treinta años. Pero aquel grito tribal todavía desgarra la fachada de la vieja escuela junto al Rucker Park: 'Harlem plays the best ball in the country!'. Cuesta creer que no se viniera abajo en algunos partidos allá en los lejanos setenta. Los chavales que no habían logrado entrar al parque se subían a la azotea y cornisas a centenares y plagaban las ramas de los árboles. Alrededor del vallado se improvisaban andamios robados e incluso algún coche que al rato terminaba aplastado por el peso de la multitud. Acceder ya a las gradas o al bendito suelo era por lo general misión imposible, cuestión de edad, respeto o una compañía adecuada. 'Todo el vecindario de la comunidad acudía allí', cuenta uno de los más grandes poetas que ha dado la calle, Julius Erving. Y es que en aquel profundo rincón neoyorquino tenía lugar cada verano el ritual urbano del Baloncesto descarnado, una religión que Nate Archibald definió simplemente como 'A-C-T-I-O-N', un auténtico carnaval del juego desatado con toda su fuerza sobre aquel escenario de cemento duro. Allá adentro no cabía un alfiler y el único espacio abierto lo formaban los propios jugadores de la sagrada escena. Las cámaras no tenían allí ningún privilegio, ninguno, hasta el punto de que el verano del 71 se toman algunas imágenes desde un helicóptero de la ABC que sobrevolaba la zona, de un abrumador color negro que lo abarrota todo.

¿Qué es en realidad todo esto? 'Qué obligaba a tanta gente a poner el alma de puntillas para poder ver algo? La respuesta es bien sencilla: 'BASKET-BALL'.

Si pudiera desnudarse al Baloncesto de todo cuanto lo grava en la alta competición, de cuanto lo somete a Regla y Táctica, puede que aquellas interminables tardes de verano en la Rucker continúen representando aún hoy, la prueba más auténtica del juego en estado puro que probablemente haya dado nunca el Baloncesto en el mundo. Y es que hubo un tiempo hoy lejano en que acudir a la Rucker se convirtió en toda una peregrinación a los orígenes de un Deporte que por entonces se transfiguró en el emblema de una raza, en la Religión de una fauna urbana ligada en muchos casos a la pobreza, la violencia, la delincuencia y la marginación social. Nueva York ('La Tierra Prometida' según Vecsey) y más concretamente el sector urbano entre la 98 y la 106 del duro Harlem, encabeza la lista de paraísos de asfalto a los que no escaparon otros puntos calientes del país como Los Ángeles, Philly, Detroit o Chicago.

These are the Playgrounds' donde los aros se abren mágicamente a la mano incandescente, los tableros de metal reticulado lo aguantan todo y las redes, de cadenas, de nylon reforzado o simplemente de aire, detienen al paso del balón el más hiriente Trash Talk. Es la ley de la calle, comunión de la que todos los presentes participan por igual. Escenarios donde la supervivencia no giró nunca en torno a los contratos, sino únicamente al juego y la obsesión por la victoria, de la que llegaron a depender tiempo atrás muchas, muchísimas vidas. 'El Baloncesto llegó a ser no sólo una vía de escape del guetto o de la realidad. Para muchos el juego en la calle proporcionaba el pan para comer. ['] Quienes puedan jugar hoy por la fama fueron otros que lo hacían ayer para ganarse la vida', señala con nostalgia el periodista Scoop Jackson, autor entre otros de 'The Last Black Mecca', oda a una era que ya no volverá. Todo aquello que hoy es 'individual dribbling', a veces de una saturación irritante, era entonces limpio y generoso 'move the ball'; y así la mística melódica pasó del 'Funk' orquestado al 'Rap' personal, donde el micro es solo cosa de quien lo agarra. Y ahí reside para muchos el secreto de la distancia entre dos épocas que esencialmente se desconocen.

'Aquellos fueron los mejores años de mi vida', confiesa emocionado Peter Vecsey, por aquel entonces joven reportero del Daily News, uno de los poquísimos blancos en disponer del privilegio no solamente de estar allí sino de llegar a fundar aquellos míticos Westsiders, reyes en la Rucker del 71 y 73 con Dr J a la cabeza. Muchos equipos, como el juego mismo, se improvisaban a la carrera de quien estuviera por allí pero algunos pocos, bien organizados, llegaron a formar auténticas dinastías del asfalto. 'Las calles' tienen historia', continúa Scoop; y equipos como The Westsiders, Urban League, The Pro Kids, Sports Foundation, Milbank Pros, The Shamrocks, The Kings, y por supuesto, aquellos anuales Rucker All-Stars, forman parte hoy del recuerdo de quienes estando allí presentes sobreviven aún para contarlo. Porque sin cámaras, sin fotos ni dinero 'blanco', todo se reduce a la más vieja tradición oral, y has de acudir a algún porche de mala muerte a escuchar sentado en las escalerillas cómo unos dudan de lo que otros dicen recordar, hasta que llegada la noche se consigue recoger un fondo común del que extraer algo de lo que pudo pasar. 'Historias 'termina Jackson-, tan sólo historias' de cosas que nunca volverás a ver'.

No cuesta reconocerlo. La colección de estrellas que llegaron a pasar por la Rucker fue en su momento tan rica y abundante como escasa pueda ser hoy, en que apenas unas pocas se prestan a descender de nuevo al asfalto, donde curiosamente muchas se criaron. Pero en los primeros setenta hubo tal nivel de juego y organización que propietarios de la ABA y mánagers de la NBA corrían a la caza de talentos, e incluso árbitros como Bavetta o Lee Jones, recién retirado entonces de la NBA, llegaron allí para poner un poco de orden al frenesí desatado de juego. Y nadie rechistaba una sola orden de quienes imponían dosis de disciplina, ausentes el resto del año, cuando aquellos parques los poblaban libremente los más fuertes o los más peligrosos.

En su lento desfilar de coleccionables, la revista SLAM ofrecía a los lectores al inicio del verano uno de los especiales más deseados: 'STREETBALL: For the Love of the Game', un maravilloso recorrido por cuatro décadas de Baloncesto en la Calle a través de sus figuras más representativas. Colaboran en él jugadores, periodistas o simplemente ojos presentes de la talla de Peter Vecsey, Sonny Hill, Bobbyto García, Dino Smiley, Rick Telander, Pete Kuhns, Greg Marius, John Huet, Ron Naclerio, 'Pee Wee' Kirkland, Earnest Glover, Lloyd Daniels, Errin Cecil-Smith, Dave Lewis e incluso The Globetrotters como el caso de Pablo Robertson. Se trata en realidad de una amplia recopilación de nombres, fotografías (algunas fabulosas) y textos que por lo general deben su extensión a la relevancia del hombre en cuestión. Aunque no siempre es así y 'The Phantom' Lewis o Joe Hammond, por ejemplo, cuentan con sendos reportajes mientras que 'The Animal' Adams o 'Tiny' Archibald apenas con unas líneas, por no hablar de la imperdonable ausencia del mejor tirador que haya dado nunca la Rucker: Walter Szczerbiak. Y es que el criterio elegido, y esto es lo importante, no es en modo alguno técnico sino sensacional, romántico, sorprendente o simplemente criminal. Historias al fin y al cabo' duras en su mayoría.

Controversia, oscuridad, mito y leyenda darán pues a la serie un tono no tanto enciclopédico como encantadoramente novelesco. Más aún cuando la propia Bibliografía clásica ha girado en torno a la fascinación que producen esos pedacitos de historia que las grandes urbes esconden y tan sólo unos pocos pueden llegar a contar. Así pues tanto aquel especial como este que abrimos hoy beben de ciertas fuentes básicas que mencionamos a continuación:

'Heaven is a Playground', obra de Rick Telander, la más clásica y extendida de todas cuantas hayan sido escritas sobre el baloncesto en las calles.
'The City Game', de Pete Axthelm, un completo recorrido por la revolución del juego cuyo origen se remonta a los lejanos sesenta y donde se destacan la trayectoria y avatares de algunos elegidos. De ahí que el subtítulo rece: 'From de Playground to Madison'.
'Swee Pea and other Playground Legends', elaborada conjuntamente por John Valenti y Ron Naclerio con la participación en primera persona de Lloyd 'Swee Pea' Daniels.
'The Soul of the Game', un extraordinario album fotográfico de la Edad de Oro del Asfalto a través del ojo de John Huet.
'The Basketball Diaries', un compendio de experiencias sobre los 'streetballers' a cargo de Jim Carroll (y portada a sí mismo al más puro estilo Chuck Palahniuk) que provocó posteriormente una adaptación al cine protagonizada por Leo DiCaprio.
'The Last Shot', relato de Darcy Frey sobre el baloncesto en la profunda Coney Island de los tempranos noventa, donde destaca como detonante principal una figura llamada Stephon.

Además de obras menos conocidas como:


'Asphalt Gods', recopilación de todo tipo de experiencias en la competición de la Rucker, recogidas oralmente por Vincent Mallozzi.
'Foul', la autobiografía de Connie Hawkins, símbolo historiográfico de toda una era en la Gran Manzana.
'The In-Your-Face Basketball Book', una completa y desenfadada guía obra de Chuck Wielgus Jr. y Alexander Wolff sobre los protagonistas más destacados de la calle en los años setenta.
'Basketball and Blackmen', auténtica Biblia para una raza, un escenario y un juego, obra de un joven autor negro, Nelson George, quien llegó a jugar contra 'The Goat'.
'Harlem's Angel' (de dudosa publicación), guión escrito por Alan Sawyer dedicado a la vida de 'The Goat' y que más tarde recuperaría Eriq LaSalle (doctor Benton en la serie 'Urgencias') para realizar la película 'Rebound: The Legend of Earl Manigault'.

Como el legado de imágenes es más bien reciente, destacamos algunas cintas de video que siguieron a la divertida 'White men can't jump' (Ron Shelton, 1992), película que recrea a través de las desventuras de Wesley Snipes y Woody Harrelson los avatares del jugador medio de la calle que hipoteca su vida al Baloncesto (a reseñar igualmente 'Soul in the Hole', del año 97). Desde entonces las obras de ficción escasean en favor de las actuales cintas comerciales de corte exhibicionista que van desde la curiosa 'Hoop Dreams' (1994) a la exitosa serie de 'AND1' que da comienzo en 1998, pasando por títulos como 'Running Down a Dream', 'Streetball', 'Ballin' outta Control', la serie 'Slam from the Street' y otras muchas que hoy pueblan la Red.

Gonzalo Vázquez
ACB.COM


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