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Epi: "Barcelona 1992 fue el cambio real del deporte en este país"
Juan Antonio San Epifanio 'Epi', plata olímpica en Los Ángeles 1984 y último portador de la antorcha olímpica en los Juegos de Barcelona 92, asegura que la cita olímpica supuso "el cambio real del deporte español"


Epi con los brazos al jarra y Jean-Jacques Conceiçao al fondo

Madrid, 11 Jul. 2017. (EFE).- El baloncestista Juan Antonio San Epifanio 'Epi', plata olímpica en Los Ángeles 1984 y último portador de la antorcha olímpica en los Juegos de Barcelona'92, señala la cita olímpica barcelonesa como "el cambio real" del deporte español, gracias al cual los españoles empezaron a "ganar y ser campeones".

"Los Juegos de Barcelona'92 para todos los deportes fueron el cambio real: de ser un país en el cual pensábamos que teníamos que luchar mucho para, tal vez, jugar contra los mejores, a pensar que somos los mejores, vamos a ganar y ser campeones. Esta es la gran diferencia", reflexiona Epi en una entrevista con EFE.

El exalero internacional español, aún el jugador con más partidos en la historia de la selección española con 239 encuentros disputados -a dos se le aproxima el escolta Juan Carlos Navarro y a tres el pívot Felipe Reyes-, sitúa en la cita olímpica barcelonesa el punto de ruptura en el deporte español, y la clave de las últimas décadas de éxitos en todos los deportes.

"Hasta ese momento se luchaba para llegar a alcanzar a los mejores y desde esos Juegos, con tantas medallas como hubo y una buena planificación, se empezó a pensar en que nosotros podíamos ser campeones. A partir de ahí hemos sido campeones del mundo en fútbol, basket, balonmano, en motociclismo, en tenis con Rafa Nadal, en Fórmula Uno...", ejemplifica.

Las claves para este éxito pasan, en primer lugar, por la mentalidad -"ahora nos creemos que sí podemos ser campeones", asegura Epi-, pero también por la mayor aportación económica que parte del ciclo previo a Barcelona para los deportes olímpicos, la mejora de instalaciones, entrenadores y contrincantes.

Una etapa dorada para el deporte español que es el fruto de unos Juegos Olímpicos que el exjugador aragonés recuerda como agridulces.

"Por una parte el recuerdo es muy dulce porque fui el último portador de la antorcha olímpica, y si para cualquier deportista estar en unos Juegos es fantástico, si tienes la oportunidad de ser el último relevista, es un momento maravilloso", recuerda Epi.

El que fuera alero del Barcelona también pone en el lado dulce la llegada al torneo olímpico, por primera vez, de los jugadores de baloncesto profesionales estadounidenses, encuadrados en el primer 'Dream Team', con Michael Jordan, Earvin 'Magic' Johnson y Larry Bird, un equipo "irrepetible" para él.

"Por contrapartida, nuestra participación (de la selección española) en el torneo no fue muy buena, tuvimos muchos lesionados en el camino y llegamos con un equipo muy justo, esa es la parte agria", reconoce el exjugador sobre la suerte del combinado español, fuera de la lucha de las medallas en 'sus' Juegos, que acabó noveno.

El que fue santo y seña de la selección española y del Barcelona durante los años ochenta y primeros noventa reconoce el legado de los Juegos no solo en lo deportivo, sino también en la arquitectura de la Ciudad Condal, su tierra desde que fue a jugar al Barça con 15 años, procedente del Helios Zaragoza.

"La ciudad era bonita pero se quedaba coja porque no tenía salida al mar, solo la Barceloneta. A partir de los Juegos, la ciudad vive completamente hacia el mar, y lo disfruta. La Villa Olímpica, el Fórum, la mejora de la ciudad en infraestructuras... Fue un cambio brutal, con mucho esfuerzo y sacrificio para los ciudadanos por las obras, pero el resultado fue extraordinario", opina.

Mientras los barceloneses soportaban las obras que adecuarían la ciudad al gran acontecimiento deportivo de 1992, con un año de antelación la prensa especializada ya especulaba con que Epi debía ser el último relevista de la antorcha olímpica en la apertura de los Juegos.

El exjugador reconoce que formaba parte de un grupo en la que estaban otros ilustres como el golfista Severiano Ballesteros, el motociclista Ángel Nieto, la tenista Arantxa Sánchez Vicario, el ciclista Miguel Induráin, el waterpolista Manuel Estiarte o el futbolista Emilio Butragüeño.

"Cuando empezó a hablarse de ello, yo pensé que podría ser, pero nada más", asegura Epi, que recibió la noticia apenas unas horas antes de la ceremonia.

"Todo el mundo piensa que se sabía, pero yo no lo supe hasta el día anterior a las cinco de la tarde. Me llamó el director de la Villa Olímpica, me dijo que había sido elegido y que llamaba para preguntar si quería ser el último portador de la antorcha. El salto de alegría fue enorme", recuerda.

La noche previa, Epi, el piragüista Herminio Menéndez -triple medallista olímpico y quien le precedería en el recorrido de la antorcha- y el arquero Antonio Rebollo se escaparon al Estadio Olímpico de Montjuic para ensayar. Solo necesitaron dos ocasiones.

Lo demás es historia del olimpismo y de una ceremonia en la que Epi recorrió esa mitad del estadio antes de ceder la llama a la espectacular flecha del arquero.

"Estaba como flotando", recuerda el protagonista de aquel momento, el más dulce del baloncesto español en Barcelona, donde viviría unos Juegos de pesadilla, encarnada en aquella selección angoleña que derrotó por 63-83 a los anfitriones en la primera fase y echó por tierra sus opciones de disputar los cuartos de final.

Epi, capitán de aquella selección, recuerda la preparación como anómala, marcada por la polémica del intento de la ACB por incluir un tercer extranjero en los equipos y la huelga convocada por los jugadores españoles.

"La concentración no fue normal, mucha presión por muchos sitios, entrenamientos que no fueron del mismo nivel, y encima lesionados que eran titulares (Antonio Martín, Juan Antonio Morales, además de las ausencias de Fernando Romay, Ferrán Martínez o Fernando Arcega por decisión técnica)", apunta.

El inicio no fue bueno para una España que debutó con derrota ante la Alemania de Detlef Schrempf y Hansi Gnad (74-83), que al año siguiente sería campeona europea.

"Era un país que llevaba tiempo construyendo un equipo y comenzaba a despuntar. No entraba en nuestras cuentas que nos ganaran, pero podía ocurrir. Ir con un partido perdido hacía que tuviéramos más presión", recuerda Epi.

España derrotó a Brasil (101-100) y cayó ante la gran Croacia de Drazen Petrovic, Toni Kukoc y Dino Radja (88-79), contra la que el exalero recuerda que fueron "bastante competitivos", a pesar de que el conjunto balcánico, a la postre medalla de plata en Barcelona, era mejor.

Con dos derrotas en el casillero, España recibió a la selección de Angola, en un partido en el que la victoria era imprescindible para calcular las opciones de luchar por las medallas.

"Recuerdo mucha tensión. El deseo de ganar era mayor que tener la mente fría, y eso fue muy malo para nosotros. Angola nos sorprendió totalmente. Cuando se juegan este tipo de partidos tienes una confianza tal vez excesiva en que vas a ganar y al final no es así. Lo cierto es que si hubiéramos ganado tampoco nos habríamos clasificado", recuerda Epi.

El alero internacional español, que apenas disputó unos 9 minutos por lesión y no pudo anotar, recuerda al conjunto angoleño como un equipo "muy fuerte físicamente" contra el que España no pudo igualar esa potencia ni en el aspecto físico ni en el mental, lo que terminó en una inesperada derrota por 63-83.

"Cuando pierdes un partido inesperado es doblemente amargo, y cuando sabes que vas a ser el hazmerreír y el saco de golpes en todos los sitios, todavía peor", apunta Epi.

Con la eliminación consumada, los jugadores del combinado español cerraron la fase de grupos contra el 'Dream Team' estadounidense -Epi no participó por lesión-, jugaron una eliminatoria contra Venezuela (victoria 95-81) y se tuvieron que disputar el noveno lugar final, de nuevo contra Angola.

"El partido no tuvo nada que ver porque estuvimos muy centrados, en un encuentro muy tenso con dos equipos muy físicos. Teníamos que ganar sí o sí", explica Epi, que en aquel duelo disputó 6 minutos y anotó dos tiros libres.

Barcelona'92 iba a ser la última competición de Juan Antonio San Epifanio con la selección española, pero Lolo Sainz (quien sustituyó a Antonio Díaz-Miguel tras los Juegos) le llamó para el Eurobasket de 1993 y el Mundial de 1994, otro torneo de infausto recuerdo por la derrota contra China (el 'Chinazo').

Desde entonces hasta la actualidad, Epi ha tenido "la suerte" de disfrutar a una nueva generación que ha reeditado la medalla de plata olímpica hasta en dos ocasiones, y ha añadido un Mundial y tres Europeos.

"El baloncesto español ahora no tiene nada que ver. Hemos tenido la suerte de tener una generación increíble, que además ha sido muy valiente", asegura Juan Antonio San Epifanio, 'Epi'.

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