Crónica

Valencia Basket se hace adicto a las finales (83-78)
El Valencia Basket, a la final de Supercopa Endesa tras ganar al Unicaja por 83-78. Un gran primer tiempo (con +17 de máxima) dio seguridad al equipo taronja, que sofocó los intentos de rebelión de los malagueños. Erick Green (18 puntos) y Will Thomas (16 val), una pareja letal para replicar a Nedovic (23)

Vives celebra el triunfo (ACB Photo)

Redacción, 22 Sep. 2017.- La sienten, la disfrutan, la necesitan. El Valencia Basket se enamoró de las finales. El Valencia Basket se hizo adicto a la final, a lo más alto, al vértigo, al nervio de ver al título esperando en banda. El cuadro taronja llegó a su cuarta final (de 4 posibles) en un 2017 ya eterno en la historia del club tras superar por 83-78 a un Unicaja que ilusionó a sus aficionados tras remontar su gran remontada desde el descanso.

Tras cinco minutos iniciales sin fallo (19-10) y un primer cuarto casi perfecto (31-18), Erick Green, puro talento y Will Thomas, decisivo en la sombra, guiaron a su equipo a un cómodo 50-36 al descanso que entre Augustine y Nedovic se encargaron de replicar en el tercer cuarto (66-63). Los de Plaza, por momentos en pleno déjà vu de la final de la Eurocup, llegaron a empatar a 75 a falta de tres minutos para el final, mas nunca supieron anotar la canasta más complicada, la que hubiera hecho real la remontada.

Doornekamp, con un triple en el último minuto y Diot, desde la personal, certificaron la venganza valenciana (83-78) y el pasaporte a la finalísima de un conjunto que no se cansa de hacer historia.

Erick Green se suspende en el aire (ACB Photo)

La perfección desatada

"Pues esta temporada no he fallado ni un solo tiro a canasta". No, no es una frase que se haya oído nunca en esto del baloncesto. Este viernes, durante cinco minuto de locura, en el partido que inauguraba de forma oficial el ejercicio 2017-18, un aficionado del Valencia Basket pudo gritarla sin mentir ni un ápice.

El Unicaja, que solo estuvo por delante con el triple inicial de Nedovic (2-3, m.1), bastante hizo con mantenerle el pulso ofensivo a su rival durante unos minutos en los que el 3,05 parecía más bien el diámetro del aro. Pleiss y su reverso, San Eme y su bomba. Green y el 2+1, Pleiss atreviéndose desde lejos. Y el luminoso pidiendo tregua, con 20 puntos (12-8)... ¡en solo dos minutos y medio! El campeón de Liga Endesa lo hacía todo a la perfección. Ni una pérdida, ni un fallo. Del triple de San Emeterio al contraataque de Green. Y de ahí, al acierto de Vives para un parcial casi irreal en menos de cinco minutos: 19-10.

6/6 en tiros de 2, 2/2 en triples, 1/1 en tiros libres, 0 pérdidas. Tuvo que ser un ex cajista, Will Thomas, el que firmara el primer fallo en la temporada de un Valencia Basket que también deslumbraba en su versión humana, de la mano de Erick Green, que parece gritar en cada jugada que va a ser una de las grandes estrellas de la Liga Endesa esta temporada. El americano, a pesar de los buenos minutos de dos viejos conocidos del sol canario, Salin y Augustine, mantuvo el ritmo de los taronja, que se despegaban poco a poco de su rival en el marcador. Dubljevic taponando, Sastre apareciendo desde el 6,75 y Thomas, cada vez más gigante, palmeando antes de la bocina para cerrar a lo grande (31-18) el cuarto (casi) perfecto del Valencia Basket. La temporada más larga sin conocer el sabor de un fallo.

Diot rectifica y da un pase en el aire (ACB Photo)

El silencio de Will Thomas

Will Thomas no es un tipo de muchas palabras. Desde la grada, cuesta imaginarle sonriendo, ya sea en una noche con amigos o tomándose un muffin en el salón de su casa. En Baltimore la calle a veces te enseña de todo menos a expresar lo que llevas dentro. Sin embargo, Will es un jugador feliz, de esos que te pueden ganar un partido sin hacer un gesto de más, que te pueden ganar una Liga casi sin inmutarse. Por más que abriera el segundo cuarto de la misma forma con la que despidió al primero... ¿quién podía pedirle que fuera más expresivo en el primer día del nuevo curso?

Casi por inercia, a base de un ataque demoledor, una defensa agresiva y un rival que ponía de su parte, los de Vidorreta establecían una máxima de 17 (35-18, m.11) que, al fin, terminó por despertar el orgullo verde. Salin, en la previa, sonreía tímido al afirmar que él sí conocía bien el camino hasta el título y que trataría de explicárselo a sus nuevos compañeros. El ex amarillo, que siempre será Copito en esta tierra, intentó mostrar la senda con dos canastas de tres puntos para parar la tormenta. Funcionó. Una defensa malacitana más intensa, fuerza en el rebote ofensivo, McCallum por fin estrenándose y una inercia favorable al fin. Soluade convertía otro para el 2-9 de parcial (37-27, m.14) y, al poco, Shermadini reducía desde la personal la desventaja a 8 (41-33, m.16) para dibujar un nuevo escenario. O al menos eso creían.

En el bando contrario, Green seguía sublime (14 puntos y 17 de valoración, sin un solo error, al descanso) y, más callado, Thomas seguía haciendo estragos desde el silencio. Su triple cortó la dinámica cajista y ni siquiera Nedovic pudo evitar el nuevo impulso valenciano. Pleiss, por momentos omnipresente, no encontraba respuesta y, en la jugada final, Erick Green se inventaba una jugada fábula para que Dubljevic anotara a placer el 50-36 del descanso. Parecía imposible, mas el campeón había empezado como terminó en junio.

Nedovic aprieta el puño, sabe que lo ha hecho bien (ACB Photo)

Un 2-16 a base de orgullo

Cuando, después de dos minutos de cuarto, el marcador solo reflejaba un enceste de Sastre el Valencia Basket empezó a verse en la final de la Supercopa Endesa, sin indicios de una súbita recuperación malacitana. Ni siquiera el triple de Nedovic parecía suficiente como para pensar en una remontada desde la nada. Empero, en mitad del festival Green, su némesis en Málaga, un McCallum que ha enamorado a todo aquel que le haya podido ver un solo segundo en pretemporada, decidió que si ha de perder batallas, mejor hacerlo acabando con rasguños por todo el cuerpo y el orgullo sin heridas.

Desequilibrado, convirtió una canasta que transformó a sus compañeros. Por momentos, Augustine era más alto, Brooks más rápido y Nedovic se inspiraba más y más. El trabajo de James, siempre un rebote de más, siempre en el lugar adecuado, era determinante. Intimidación, tapones, canastas fáciles. Ray, perfecto en la dirección, alentaba al equipo como si hubiera nacido en Buenos Aires en lugar de Detroit y Nemanja convertía el triple para meter de todo al Unicaja en el encuentro. Más tarde, tras contraataque de Dani Díez y canastón a reverso de Brooks, los cajistas confirmaban su revolución (56-54, m.26).

Pleiss, en mitad de la sangría, cortó el parcial de 2-16 para los de Plaza y entre el triple de Doornekamp y el gran mate de Sastre echaron agua fría (61-54, m.27) al fuego malagueño. Aún así, Brooks, con otro par de chispazos de genio -un genio terrenal que pedía el cambio a gritos de tanto esfuerzo- y Nedovic, con otra bomba lejana justo antes de que la bocina enterrase para siempre el tercer acto, dibujaron un final con la emoción soñada (¡63-60!) para el primer partido oficial de la temporada. El Unicaja había vuelto.

Doornekamp selló el triunfo taronja con este triple (ACB Photo)

Doornekamp apaga la remontada que no fue

Jugadores distintos, contextos diferentes, un escenario a muchos kilómetros de La Fonteta y muchas declaraciones huyendo de la palabra "revancha". Y, sin embargo, qué complicado era no pensar por un momento en la final de la Eurocup, en la remontada verde, en aquel cuento que empezó en abril y terminó en junio que, en el último capítulo, dejó a dos equipos con título. A dos equipos felices.

El básquet es un deporte donde la mente cuenta a veces tanto como las manos. El Unicaja se había reenganchado al choque, sí, aunque siempre le faltó un punto para verse por una vez por encima de su rival. Nada más arrancar el último cuarto, falló tres triples -el último, con toque paranormal- para empatar. Diot, tras casi tres minutos de sequía, castigó tanto perdón malagueño con un triple y, a pesar de que su rival tampoco es que aprovechara en exceso la desconexión verde, estar casi cinco minutos sin anotar le costó otra vez nadar contracorriente (71-63).

Nedovic dejó en 4 minutos y 58 segundos la siesta de un Unicaja que, en minuto y medio, pareció purgar sus errores. Era un Nedovic contra el mundo. Y el mundo temblaba. Varias jugadas rápidas del serbio, un par de tiros libres de Salin y un tiro de 6 metros del propio Nemanja, lograron lo que parecía imposible en el descanso. ¡Empate a 75! No obstante, como a comienzos de cuarto, Unicaja no pudo, o no supo, culminar tanto trabajo. Remontar es superar a tu adversario en el luminoso. Y cuando Augustine erró el intento de adelantar por fin a su nuevo equipo y el balón acabó perdido en el limbo, Unicaja empezó a ser consciente de que su remontada solo tenía un fallo: en realidad, no lo era.

Con 78-75 en el último minuto tras canasta de San Eme, los de Plaza volvieron a perderse en errores infantiles -y, seguramente perdonables en pleno septiembre- que dolieron mucho más cuando Doornekamp selló el pasaporte a la final de su equipo desde la esquina (81-75). Nedovic, aún con el disfraz de héroe, prolongó en los últimos segundos la emoción del partido y Diot, desde la personal, validó el pase a la final (83-78) de un Valencia Basket que no puede entender 2017 sin pensar en finales. Una más, y van cuatro, para un año dulce que no hace más que mejorar. ¿Lo hará también en 24 horas?

Daniel Barranquero
@danibarranquero
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