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La nube taronja, el pleno soñado (63-69)
Gracias a un memorable segundo tiempo, el Valencia Basket ha conquistado la Supercopa Endesa 2017 ante el Herbalife Gran Canaria (63-69). San Emeterio (14 puntos en el tercer cuarto), la sangre fría del MVP Movistar Green (13 puntos) y la solidez de Dubljevic (16 puntos y 7 rebotes), decisivas

Valencia Basket, ¡Campeón de la Supercopa Endesa! (ACB Photo)


Las Palmas de Gran Canaria, 23 Sep. 2017.- Es el equipo de moda. Es el adicto a las finales. Es el orgullo de una afición. Es el mejor Valencia Basket de la historia. Es el nuevo campeón de la Supercopa Endesa.

El conjunto de Txus Vidorreta conquistó el primer título en su trayectoria en este torneo -¡4º campeón diferente en 4 años!- tras ganar un partido que se le puso imposible a finales del segundo cuarto (32-17, m.18) y que logró neutralizar con 14 puntos de San Emeterio en el tercer periodo (39-44, m.27), con un último acto brillante de Dubljevic y con dos canastas ganadoras del MVP Movistar Green para sentenciar el partido (63-69).

Tres meses después de tocar el cielo con la Liga Endesa, el Valencia Basket prolonga su año más épico a lo grande, para intimidar a sus rivales en este arranque del nuevo curso y para hacer más grande a un equipo que empieza a ver cada día más alto su techo. Suele pasar con los campeones.

Green reconoce el mérito de San Emeterio (ACB Photo)


La segunda alegría

Cuánta literatura hay sobre la primera vez y qué poco se habla de la segunda. Que sí, que el primer beso nunca se olvida, pero el segundo te supo mejor. El segundo día en las prácticas del coche conseguiste que no se te calara en cada semáforo y nadie habla de ello. El segundo disco de tu grupo de culto seguía conservando la esencia del primero pero el sonido evolucionó, más maduro. Nadie va a decir que este segundo título de 2017 (primero en este torneo, sexto en su historia, la macedonia de números es infinita) para Valencia Basket sepa mejor que el primero, claro está. No obstante, poco antes del descanso hasta ellos mismos estaban convencidos de que el de la segunda vez iba a ser el Herbalife Gran Canaria, lanzado a revalidar su corona. Y así, remontando, el segundo trofeo del año supo mejor.

La maldición del anfitrión, decían, como si el pasado jugara, como si hubiera algún tipo de poder que les obligara a empezar los partidos 10 abajo, algo que pareció un sinsentido a comienzos del encuentro y empezó a mosquear hasta a los menos supersticiosos a lo largo que avanzaba el encuentro. Cuánto le costó arrancar a cada equipo, en un primer cuarto de pocos puntos, gris, con más guiños que continuidad. Vives adelantaba a los suyos con un triple (6-7,m .6) antes de que el cuadro local replicara de la mano de Báez y Paulí, seguramente los dos jugadores más completos en el partido de semis.

Balvin, a lo suyo, estiraba el parcial hasta el 7-0 antes de que un par de chispazos de San Emeterio y un canastón a tabla de Diot lo dejaran todo como si el primer cuarto nunca hubiera existido (13-13). Que no hubiera pasado nada...

Celebración entre Oliver y Paulí (ACB Photo)


La tormenta amarilla

Los de Luis Casimiro, a diferencia de su rival, sí supieron cambiar el chip en el segundo acto, con un baloncesto mucho más equilibrado, menos espeso, más propio de la primavera que del otoño que empieza. El Valencia Basket, obcecado con el triple, ni veía alternativas ni veía aro, con un 1/14 desde el 6,75 al descanso, el punto antagónico a un anfitrión que, como reza el tópico, solo tiraba cuando debía.

A Paulí, por momentos, se le ponía cara de MVP cuando anotaba el triple que desató la primera catarsis en el Gran Canaria Arena. Nuevamente el rock de Oliver sonaba, con ese sonido de garaje, con esos graves clásicos con los que parece imposible no tararear el ritmo de la melodía. Sonido setentero, escuela del 78. Y magia saliendo de su partitura, con 5 puntos seguidos -incluido un triple imposible a una pierna, de esos que te harían descartar un videojuego por considerarlo poco realista- para que, ahora sí, empezara la gran final para el público.

La presión ambiental haría el resto. La grada soplaba para impulsar el brazo de Paulí cuando se iba a quedar corto en su entrada a canasta. Y el parcial (10-2 en menos de un par de minutos) no dejaba de crecer. Aguilar pidiendo su hueco, Báez apareciendo de la nada para culminar un semi alley-op y Eriksson, su nombre huele a triple, haciendo lo que mejor sabe para un +15 (32-17, m.18) inimaginable unos minutos antes. La tormenta perfecta. La tormenta amarilla. ¿Cómo diablos iban a pensar en maldiciones en un éxtasis tan pleno?

Pablo Aguilar hace un brutal mate sobre Doornekamp (ACB Photo)


El orgullo del Santo

Uno suele aprender mucho de sí mismo en la derrota y mucho del rival en la victoria. Quizá, por ello, el Valencia Basket, nunca terminó de desconectar del encuentro, recordando qué difícil se lo llegó a poner un día antes el Unicaja, que pasó de estar 17 abajo a igualar el choque a base de amor propio. No habría partido sin remontada. No haría remontada sin orgullo. Y el actual campeón de Liga Endesa supo poner ambas sobre la mesa.

Un 0-6 antes del descanso, con Green de protagonista, allanó el camino al descanso (32-23). El momento idóneo de invocar al Santo, aquel que siempre está, que no se rinde, que da corazón y puntos, que da cabeza y defensa. Que da partidos, que da títulos. El mismo que, cuando se convirtió en el tercer jugador en la historia en conseguir dos títulos ligueros con equipos diferentes sin pasar por Real Madrid o Barça, se le pasó por la cabeza lo genial que iba a ser contarle ese cuento a su hija dentro de unos años. O escuchar en la radio, antes de cualquier partido de esta temporada, el clásico titular de que tal equipo recibe al campeón. Porque el campeón era su equipo. Y porque desde hoy, aún lo es más.

Lo de San Emeterio en este cuarto fue una exhibición de esas en las que a la víctima le dan ganas de aplaudir al verdugo, con tantos puntos (14) como todo el equipo rival en los diez minutos. Con la personalidad de convertir un triple más que necesario cuando el Herbalife GC se iba de 13, con el liderazgo de continuar los 5 puntos seguidos de Dubljevic -¡vaya segunda parte!- para transformar lo que parecía una remontada imposible en un partido nuevo, con lazo y con papel de regalo naranja.

San Emeterio desafía a la defensa canaria (ACB Photo)


Su segunda aparición supuso el 0-10, en poco más de cien segundos (35-33), con los amarillos por primera vez temblando, por primera vez perdidos. Penetración y bomba. Cambio de ritmo y canasta. Para empatar a 35, para poner por fin a los suyos por delante (35-37) en el ecuador de cuarto. Para silenciar el ruido que había desatado Balvin con un mate. Para llevar las manos a la cabeza del público local con una bomba con hielo. Para romper a Rabaseda en el uno contra uno y anotar nuevamente. Para pedir el cambio, roto y lesionado, con un partido absolutamente diferente (39-44, m.27, tras un 4-21 de parcial en 6 minutos) gracias a su genialidad. El título tiene mucho de Santo.

El pleno soñado

Cuando Fernando se fue al banquillo, lejos de aprovechar la inercia, el Valencia Basket volvió a sentirse perdido. Aguilar fue el primero en notarlo, con 5 puntos seguidos para igualar y extender nuevamente algo de fe por la grada. Triple y mate, mate y triple, pocas combinaciones más ganadoras para cambiar una tendencia, para irse al centro de la pista jaleando a la grada, para sentirse con todo el derecho del mundo de pedir más aliento, más ánimo, más ruido. Pero el Valencia Basket volvió a viajar en el tiempo, para llegar al viernes, sobrevolar su partido y ver como le pesó a Unicaja no ser capaz de adelantarse. No hay remontada sin tener a tu rival a tu merced, aunque sea por la mínima. Pleiss, sin perder la calma, contagió su tranquilidad con un par de canastas al final del cuarto (46-48) que dibujaron el último cuarto que el Valencia Basket deseaba.

"Quiero ganar más", exclamaba ambicioso Dubljevic unos días antes de comenzar el nuevo curso. Algún día, en algún colegio de Valencia, un niño le dirá a otro que se pone el "14" porque sus padres no hacen más que hablarle de un montenegrino que parecía capaz de todo y que no descansó hasta transformar al Valencia Basket en un grande, sin asterisco alguno, del baloncesto nacional. Bojan la pedía, Bojan la clavaba. Green y Diot, obedientes, seguían su ejemplo (48-55, m.34) y los arreones de Eriksson o Paulí solo impedían el despegue total taronja de la mano de un Dubljevic simplemente imparable (52-59, m.36). Para colmo, el rebote ofensivo era cada vez más y más valenciano y el título cada vez parecía más cerca del Turia. Con todo en contra, el Herbalife Gran Canaria dio un paso más al frente. Por los suyos, por ellos mismos, por las dichosas maldiciones. Un 2+1 de Fisher hizo resistir. Un par de impulsos de Báez hizo creer. Y un triple de Eriksson hizo por fin soñar. El sueco, replicado de inmediato por Green, volvió a anotar desde su casa con la misma facilidad con las que acumulaba puntos en el Concurso de Triples El Corte Inglés que había ganado solo un par de horas antes (63-64, m.37).

Green se protege (ACB Photo)


Una vez más, tras tanto remar, al Herbalife Gran Canaria le bastaban solo un par de brazadas para llegar a la orilla. Pero enfrente estaba Green, el tercer gran protagonista en la victoria taronja. Uno de los reyes de la pretemporada, uno de los grandes nombres del verano ACB, uno de los jugadores más talentosos de Europa. Un ganador con tres letras tatuadas en sus ojos, un MVP que sepultó al Unicaja con 18 puntos y apareció en el momento en el que la bola más quemaba para hacer lo propio con el Herbalife Gran Canaria. Tras responder en primera instancia el triple de Eriksson, volvió a encontrar respuesta a su segundo intento con una canasta que dejó por siempre sin voz al Gran Canaria Arena. A continuación, Dubljevic culminaría su show con un par de tiros libres y Sastre, en contraataque y con un mate de escándalo donde el aro le acabó pareciendo bajo, puso el 63-69 definitivo para darle al Valencia Basket la primera Supercopa Endesa de su historia.

El sexto trofeo, el 2017 perfecto de las cuatro finales y dos títulos. El título ACB que faltaba, el momento dulce, la alegría inagotable. El campeón coronado, la maldición agrandada. La ovación ajena, la madurez. La vida en una nube. La vida en lo más alto. La nueva etapa. El pleno... el soñado pleno.

Daniel Barranquero
@danibarranquero
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