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137 segundos: El camino de Sergi García
Cabeza de veterano en cuerpo de recién veinteañero. Alma de líder, piernas de estrella. Una auténtica revolución en Liga Endesa que no sorprende lo más mínimo a aquellos que siguieron sus pasos desde la niñez. El sueño se hizo machada: “Sergi García, selección”. Así fueron sus pasos

Redacción, 30 Nov. 2017.- Haz una prueba. Coge un reloj, pon el cronómetro a cero. Desconecta y ponlo en marcha nuevamente, contando hasta los 2 minutos y 17. Detén la cuenta cuando esos 137 segundos hayan pasado y plantéate qué te ha dado tiempo a hacer. A algunos les vale para rozar el récord de los 1.000 metros, es verdad, pero sé sincero contigo mismo. La publicidad de la tele, en mitad de ese programa que estabas siguiendo, ni ha finalizado aún. El microondas está a punto de sonar, ni a escribir casi nada en el móvil te ha dado tiempo en ese abrir y cerrar de ojos.

El pequeño experimento, tan poco científico como sin sentido, podría hacerlo cada cierto tiempo Sergi García. Por entender, de una vez por todas, cómo entonces, a él, 137 segundos le cambiaron para siempre su vida un dichoso 3 de noviembre de 2013.



En 1997, tres jugadores ilustres y actuales en la Liga Endesa debutaron en la competición. Álex Mumbrú, Albert Oliver y Juan Carlos Navarro empezaron a escribir su propia historia en la élite mientras un bebé, destinado a ser algún día rival en la pista, aún estaba en la cuna. 17 de febrero del 97, Palma de Mallorca. Familia con tradición baloncestística, un padre y una madre enamorados del balón de baloncesto, un niño prodigio dispuesto a hacer de su pasión, su vida.

Sergi García tenía algo. En el Sant Josep Obrer tenían un déjà vu al verle jugar. Cuando él botaba, volvían los tiempos de Alba Torrens, de Alberto Corbacho. Regresaban las sensaciones con Rudy Fernández o con su hermana Marta. El niño deslumbraba, creciendo de la mano de Biel Hurtado, acudiendo desde muy pequeño a las tecnificaciones y a las convocatorias de España, llamando la atención de todo aquel que tenía la suerte de observarle en una pista. Uno de ellos, Willy Villar, soñaba con verle algún día vestido de rojo, defendiendo el escudo zaragozano, pasando de niño a hombre en su club.

Antes, el adolescente dio en 2011 otro paso, llegando al CTEIB, el centro de formación balear, cada día más consagrado en la creación de talento. Que le pregunten a Joan Sastre. Pulido por José Luis Alberola en un aprendizaje que iba mucho más allá del rectángulo del parqué, el chico ya dejaba huella en el plano deportivo y en el humano, llegando incluso a entrenar con el WifiBaleares Mallorca de EBA en la 2012-13. Con 15 años, obtuvo el oro con España en el Torneo de la Amistad y quedó 7º en el Europeo Sub16, jugando junto a los Francisco Alonso y Marc García a las órdenes de Diego Ocampo.

A veces, como en el partido frente a Letonia en el que falló cuatro tiros libres en los compases finales, le temblaba el pulso. Otras, como cuando lideró a España frente a Turquía (76-88) para conquistar el Torneo de Íscar, no. El Estu se fijó en él, pero el entonces denominado CAI había ganado la partida mucho antes. Lluís Arbalejo, jefe de cantera del club maño, y Willy Villar habían hecho los deberes, contactando con la familia cuando era cadete de segundo año, llegando a un acuerdo para el siguiente curso, ya como júnior.

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En marzo, con 16 años recién cumplidos, cuando Barcelona acogió la gira europea del Jordan Brand Classic, su futuro ya parecía escrito. Por si las moscas, él se encargó de pasar el borrador a limpio. De los 40 invitados, algunos de los cuales eran los mejores cadetes del mundo en ese momento (entre ellos, Santi Yusta), él fue uno de los diez elegidos para el Partido Internacional de Brooklyn, una experiencia mitad vital, mitad deportiva, que le iba a llevar al otro lado del charco, con los ojos del mismísimo Jordan y de leyendas como Carmelo Anthony o Amar’e Stoudemire clavados en él. Ocho puntos aquella noche de abril. Sus 3 rebotitos, su par de triples y su robo. El orgullo de ser el único de su país presente. Y su llegada a Zaragoza por una puerta que iba a ser aún más grande.

La gran apuesta de Abós

“Es buen estudiante, con gran calidad y una ética de trabajo excelente. Es trabajador y le gusta. Eso puede hacerle llegar lejos. Tiene clase, es buen pasador, ve el juego y al ser zurdo, cuesta defenderle. Tiene mucho baloncesto dentro y su avance en defensa resulta evidente”, aseguraba Alberola, avisando a los de su nuevo destino de la joya que acababan de encontrar. El chico ni lo dudó: “Ha sido una decisión fácil. Me habían contado que se trabajaba muy bien que era un club fácil para poder crecer y llegar arriba. Desde pequeño estaba en mi mente tener que ser jugador de baloncesto y en algún momento tendría que salir de casa”. Cada vez que le preguntaban si lo llevaba mal, él respondía que sus padres peor.

No obstante, el aval con el que se presentó a su nueva ciudad fue inmejorable. Las puertas se abren más rápido cuando vas con un oro al cuello. El suyo, ganado a sudor y lágrimas en el Europeo Sub16. Capitán de la generación del 97, por la que nadie daba un duro, fue clave en los instantes finales para ganarle a Lituania y volvió a ser fundamental en la finalísima contra la Serbia de Peno -compañero en la aventura de Brooklyn-, prórroga incluida. En ella, un triple final le hizo decidir el encuentro y mirar al cielo de Kiev sintiéndose campeón, con 8 puntos y 3,2 rebotes de media en aquella escuadra que dirigía José Ignacio Hernández.

Recibidos en el aeropuerto, él y su amigo Tigo, como verdaderos héroes, Sergi García pareció caer de pie en Zaragoza. Nuevo instituto, nuevos amigos, las responsabilidades de una persona más mayor. Willy Villar exigiéndole una mejora en la defensa y poniendo velas por una evolución en el físico. Y Abós, ay, el añorado Abós, frotándose los ojos ante el último diamante que pudo esculpir en su vida: “Tiene mucha calidad y visión de juego. También tiro exterior, rápido y preciso. Juega con desparpajo y soltura en ataque, como si la presión no le afectara”. El chaval asentía: “Me gusta mandar, no lo niego. Y tomar decisiones”.

Ya en pretemporada, de completar la expedición junto a los júniors Pursl y Marc Martí, a quedarse en la siguiente fase de preparación, ya como único joven entre los hombres del primer equipo. De hecho, Abós frenó a García cuando iba a acudir al Torneo Júnior de Aristos. Su lugar estaba entre los mayores, combinando el EBA de Pep Cargol (10 puntos de media en El Olivar de la EBA) con los entrenamientos en un equipo que venía de estar en todas unas semifinales de Liga Endesa. Hasta ese 3 de noviembre, cuando el tiempo se paró, cuando 137 segundos fueron mucho más que 137 segundos, cuando dos minutos y poco valieron por todos los años previos cargados de esfuerzos.

Supuso un estreno redondo aquel del 3 de noviembre. Victoria por 37 puntos contra La Bruixa d’Or Manresa y, además, el orgullo de ser en ese momento el jugador más joven de la historia del club en pisar la élite, honor que tres temporadas más tarde le arrebataría Carlos Alocén. 16 años, 8 meses, 14 días. El saludo de Llompart en la sustitución, el primer rebote ACB de su vida. Y el triple, imborrable el triple, para poner en pie al pabellón y a su compañeros en el banquillo. Qué sonrisa la de aquel día. Y qué lleno se sentía Abós por su apuesta: “Ha vuelto a mostrar las cualidades que enseñó en pretemporada. Tiene facilidad de cara al aro y este debut es un incentivo para la cantera”. El base, pies en el suelo, se limitaba a un “Gran partido y gran día” en Twitter. Para más tarde afirmar, cargado de ambición, que él no había venido a Zaragoza para ver qué pasaba.




En aquel curso, el sueño aún tendría dos capítulos más: uno jugando un segundo encuentro liguero (Obra) y el otro, debutando en toda una Copa del Rey. Le faltó tiempo a su club para ofrecerle cuatro años de contrato, algo que aceptó el balear sin pensárselo demasiado. Nuevamente con la Selección Española, Sergi dejó huella en la Vilagarcía Basket Cup, tumbando a Argentina y Francia Sub17. A continuación, en el Mundial y con toda la confianza de Sito Alonso (“Es zurdo y rápido, tiene puntos y está en dinámica ACB”), el chico respondió. 11 puntos a Puerto Rico, 13 a Emiratos Árabe. Más tarde, 12 a Argentina para pasar a cuartos y 20, con 4 rebotes, 3 asistencias y 1 robo, para cargarse a Francia en cuartos, algo que hizo hablar castizo al mismísimo Scariolo.




En aquel Mundial de Dubái, España se quedó sin metal, mas Sergi García (10,1 pt, 4,9 reb, 2,3 asist) se había ganado el respeto de todos, dispuesto a seguir creciendo a su regreso, marcado por el doloroso fallecimiento de Abós. Siempre estará en su memoria. Fue un curso extraño aquel 2014-15. Una tarde sumaba 28 puntos, 5 aciertos exteriores y 37 de valoración contra Martorell en EBA, al otro le endosaba 27 y otros 5 triples al Isports Salt y, al día siguiente, jugaba 7 minutos en Liga Endesa contra la Penya, que aprovechaba convirtiendo un par de lanzamientos desde el 6,75. 14,1 puntos, 4,3 rebotes, 2,7 asistencias, 1,1 robos y 16 de valoración media en EBA, y “solo” tres partidos en territorio ACB antes de otro intenso verano.

Internacional por partida doble... y sin demasiada suerte ese 2015. Mundial Sub19 en China, cayendo en cuartos contra Grecia. Europeo Sub18 con grandes partidos (11 a Ucrania, 23 a Alemania para meter a España en cuartos y 17 a Bosnia luchando por semifinales), eliminados justo antes de la lucha por las medallas. Incluso fue convocado para el All Star Europeo Sub18, aunque una lesión le frenó en seco. Se le acabaría haciendo larga esa temporada 2015-16. Él, que entrenaba mañanas y tardes, que doblaba las sesiones del primer equipo y del LEB Plata (“O con el júnior, o con quién haga falta”, llegó a decir) y que estaba a punto de vivir, ya con 18, su primera campaña oficial como profesional. “He pasado a senior y tendré que seguir dando pasos. Ruiz Lorente me pide estar tranquilo y que juegue como yo sé, con esa jeta que tengo”.

Su parte la cumplió, con tropecientos frentes abiertos. 11,2 puntos, 3,5 rebotes y 3,2 asistencias en el Simply de la LEB Plata, con Carlos Iglesias forjándole a fuego lento para retos mayores. Media docena de partidos de Liga Endesa, que más tarde doblaría, 8 de Eurocup. El dorsal 10 a su espalda, tras haber portado el 7 y el 5 en las campañas anteriores. Y un cúmulo de lesiones cuando menos lo esperaba. Un hombro, otro. El cruzado de la rodilla izquierda. Tres meses lesionado, un aprendizaje a marchas forzadas. “Un año difícil”, confesó con argumento. Tan solo se había retrasado un poco lo inevitable. Su momento estaba a punto de llegar.

Seguramente, si Sergi García repite los registros de leyenda y longevidad de los Navarro, Mumbrú u Oliver, será todo un reto desglosar cada uno de sus veranos de juventud sin que la memoria le traicione. Y es que no podían pasarle más cosas. En el verano de 2016, presencia en el Eurocamp de Treviso con los Mavericks, distinción del Govern de su comunidad y otro sueño dorado con la elástica roja en el cuerpo. Esta vez, en un Europeo Sub20, con viejos amigos como Alonso, García, Yusta o Barreiro como compañeros de viaje y Orenga de entrenador. Titular indiscutible. 8 puntos, 3,6 asistencias, 2,4 rebotes y 2,3 robos de media. Oro en Helsinki.




“Lo tiene todo: intensidad, dirección, defensa, puntería.. es un jugador completísimo, total. Su pero es que se presiona mucho a sí mismo”, aseguraba Gonzalo García de Vitoria, ayudante del seleccionador. No había mejor forma de sacarse la espina de las lesiones. Un aviso a navegantes: “Es el final perfecto tras un año muy difícil en mi estreno como profesional. No voy a dejarle dudas al entrenador”. Ya como fijo en la plantilla, Casadevall empezó a darle bola (4,5 pt, 2,3 asist, 1,3 reb) y el chico respondía. 8 puntos, 8 asistencias y 15 de valoración en Sevilla en la Jornada 3.

Llegarían más destellos. 10 puntos en 13 minutos contra Iberostar Tenerife. 10 en 12 al Divina Seguros Joventut. 16 puntos, 4 asistencias, 3 robos y 21 de valoración en febrero contra Betis Energía Plus, en un duelo vital para la salvación que disputó con alegría indisimulada: “Tenía muchas ganas de jugarlo, la dificultad me atraía. Me gustan estos partidos, creo que puedo aportar mucho”. Un día colocaba un tapón digno de Top7 KIA a Laprovittola y al otro jugaba casi todo el partido, como un veterano más, frente al Montakit Fuenlabrada (12 puntos). Sus declaraciones, además, impresionaban, haciendo autocrítica (“No nos pueden meter 53 puntos al descanso”) y dando un toque cuando era necesario (“Esto no puede ser, hace falta intensidad, concentración y actitud”), en unos momentos complicados para el Tecnyconta Zaragoza.




Para colmo, Luis Guil se convertía en el nuevo inquilino del banquillo maño y su sentencia, al llegar, parecía darle carta blanca: “Sergi es uno de los grandes jugadores de futuro de la selección, que ya le está siguiendo. Desde inferiores se le ve que es un jugador top. De su generación hay dos que van a llegar a ser importantes y uno de ellos es él”. García respondía a la confianza con otro partido descomunal -y fundamental- contra el Obradoiro, con 13 puntos -8 de ellos de forma consecutiva en el tercer cuarto- y 19 de valoración para el triunfo y el basket-average en el bolsillo. Jugando de 2 junto a su admirado Bellas y desmelenado, aún sin llegar a la veintena, el balear se estaba convirtiendo en uno de los jugadores de moda de la Liga Endesa. Candidato al Mejor Quinteto Joven (5º en la votación global), tercero más votado por la afición y segundo mejor base de la categoría tras Doncic.

Eso sí, con un pequeño bajón de minutos (y de acierto, fallando sus últimos 15 triples de la temporada para bajar su porcentaje hasta el 20% desde el exterior) que ni le afectó una vez su equipo pudo asegurar la sufrida permanencia: “Un jugador siempre quiere jugar mucho, pero todos tenemos nuestra parte de culpa. A lo mejor podría haber jugado más, aunque lo más importante era sacar la temporada adelante y salvarnos. Estoy contento con la temporada que he hecho. Al principio no sabía bien mi rol, si bien he acabado satisfecho”.

Se había ganado la renovación. De rojo hasta 2020, con el director deportivo Salva Guardia explicando el porqué de la evidente apuesta: “Es muy importante para nosotros y va a más. Hemos hecho un esfuerzo por ampliar la vinculación. Ya es un jugador de la casa, conoce nuestra filosofía y lo que representan estos colores”. El base asumía el reto, prometiéndose a sí mismo mejorar en el tiro y evolucionar con la mano derecha para consolidarse entre los mejores. “Ahora necesito asentarme en liga para competir a un gran nivel y estar muchos años en la competición”.



Nuevamente en el Eurocamp de Treviso, destacando en el partido All Star, invitado a una presentación de Adidas como si fuera una súper estrella más -y de paso, con Yusta y Nogués, ganó el 3x3, con lote de productos y un viaje que no saben cuándo podrán canjear como premio- y al Sub20 una vez más. “Le pedimos que plasme en cancha esa experiencia por haber jugado muchos partidos en Liga Endesa”, exclamaba Ibon Navarro. Oído, cocina. 9 puntos, 7 asistencias y 5 robos contra Eslovenia. 16 puntos y 7 asistencias frente a Italia. 13 a Alemania en cuartos. Y 12 en la derrota frente al anfitrión griego en semis. Esta vez, quedarse sin medalla dolió más, si bien no tardaría en volver a lucir la camiseta española.

Ya de vuelta en Zaragoza, contento por la llegada de Jota Cuspinera y su filosofía respecto a los jóvenes, nuevamente sorprendió oír a Sergi García en verano. Como si el llevar desde los 16 le hiciera cumplir años a mayor velocidad que el resto, como si todo lo vivido hubiera acortado el camino de su madurez. Un chico de 20 años recién cumplidos dando la bienvenida a los nuevos, acogiendo a los más jóvenes, explicándole a cada compañero lo que significa este equipo. Representante del Tecnyconta Zaragoza en la presentación de la 2017-18 y elegido embajador del club. Sus palabras marcaron el camino. “Entreno cada día para esto, estoy contento de que la afición crea en mí. Me siento muy querido y siempre que salgo a la pista intento trasmitir los valores del club. Tomás y yo debemos transmitir al resto cómo se vive aquí el baloncesto. Es una situación extraña a mi edad, aunque intentaré ayudar al resto de jóvenes y compartir las experiencias que me prestaron años atrás los veteranos para explicar los valores de este club”.




“Cuando vengan los rivales tienen que decir que somos unos pesados, que cuesta ganar aquí. Nos podemos divertir este año. Hay que aprender y disfrutar. Si las cosas van de cara, hay que soñar”, continuó, antes de hablar en primera persona del singular: “No me pongo topes más allá de crecer cada día. El año pasado fue duro. He aprendido mucho y quiero demostrar toda esa experiencia esta. Afronto la temporada con más responsabilidad. He mejorado físicamente a nivel de lectura. El progreso se ve día a día y quiero seguir dando pasos. Quiero mejorar mis porcentajes para tener mayor amenaza. Me fijo en los jugadores de la selección –especialmente en Calderón- y en entrenadores que tuve”, añade, siendo aún más ambicioso en declaraciones a Gigantes: “Deseo coger más peso en el equipo, tener más oportunidades, más minutos. Es lo que quiero yo, no pido más”.

Cuando en pretemporada acabó siendo el MVP de la Copa Aragón, el joven ni se inmutó: “Ya dije que esta temporada quería tener más responsabilidades”. Ahora sí, este es su año. Y eso que las cuatro primeras derrotas del Tecnyconta Zaragoza, alguna trasmitiendo muy buenas sensaciones y un juego que atraía al más pesimista, no ayudaron. Ni él ni sus compañeros perdieron la fe. Tampoco Jota Cuspinera, que siguió dándole más responsabilidades al palmesano, que bien demuestra en cada choque aquella frase que salió de su boca: “La generación del 97 es una en la que todo el mundo puede hacer de todo”. Maneja la bola, tira, va al rebote, asiste. No deja de correr, con sus privilegiadas piernas, todo intensidad, todo garra y valentía. El recuerdo de Llull flotando en el aire. Y los rivales sufriendo su primera racha de regularidad en la élite: 11 puntos al MoraBanc Andorra, 9 en Vitoria, casi todos en el momento decisivo, otros 12 al Delteco GBC. Todo victorias.

Contra el Iberostar Tenerife, su primer día para recordar en Liga Endesa. Qué bien le vino al club la exhibición de Gary Neal“Nunca había visto nada igual, es un modelo a seguir”- para que no se hablara tanto del partidazo de Sergi García, el primer responsable de la remontada zaragozana, como apuntó su técnico en la rueda de prensa. 19 puntos, dos rebotes, dos asistencias, un robo, un tapón. 24 de valoración. 12,7 y 15,5 de media en la racha de 4 triunfos seguidos del Tecnyconta Zaragoza y otros 18 y 20 en la última derrota en Fuenlabrada. Es un secreto a voces. Consecuencia esperada, respuesta puntual, cual reloj suizo. “El modelo perfecto de crecimiento de un jugador de cantera”, como dijo Arbalejo. Un orgullo para sus clubes de formación, para los que apostaron por él y para los que le han visto crecer. Imposible no ganarse del todo a la afición, que corea su nombre al menor gesto en pista. A veces se sonroja, como reconoció en El Periódico de Aragón: “Lo llevo peor en el vestuario cuando mis compañeros me hacen bromas. Estoy encantado con la afición, no puedo quejarme. Su trato es espectacular”.

“Estoy contento con el papel que tengo. Me encuentro mejor en la parte ofensiva, más cómodo tirando. Me he propuesto no tener dos o tres partidos buenos al año sino ser más constante y creo que lo estyo logrando. Quiero demostrar el tipo de jugador que soy, lo que espera el equipo de mí”, aseguró en esa entrevista, “culpando” directamente a Cuspinera de su explosión: “Nos lleva al límite, pero es comunicativo y nos ayuda a los jóvenes. Se aprende mucho con él. Me deja equivocarme en pista y estoy con más confianza”. El entrenador le respondió desde las páginas del Heraldo: “Si Sergi percibe eso, es que algo estamos haciendo bien. El joven, para poder desarrollarse, tiene que sentir que se puede equivocar. Si piensa que al primer fallo se va a ir al banco, no va a progresar. Me gusta dejarles un poco de manga ancha para que se puedan desarrollar”.

“Si disfrutamos no hay quien nos pare”, repite una y otra vez el segundo nacional m'as valorado en Liga Endesa, el mismo que hace que, en cada retransmisión de Movistar Plus, Piti Hurtado diga la palabra “selección” después de su nombre. Scariolo también se dejó conquistar, haciéndole debutar con la absoluta frente a Eslovenia. En tres minutos, una casta, un robo y un tapón. Es su ritmo.

El chico que nació por el básquet y vive por él, el bromista del vestuario capaz de aparcar la euforia tras una exhibición para hacer una videollamada por Skype con su familia. El hermano ejemplar que aconseja a Marc, la otra perla de la familia, internacional Sub16, generación 2001 (“Que no se le suba a la cabeza, que se divierta jugando y que se centre en los estudios”).




El amante del cine que pasó de adolescente a hombre sin dejar de pisar el parqué, que reconoce abiertamente que al principio ni sabía qué juego hacer (“Pensé que solo tenía que subir el balón para que tirara algún compañero”, admitió en Aragón Digital), aquel que se define como una persona normal que prefiere seguir con sus amigos de toda la vida y que firmaría con sangre que el éxito en su carrera no fuera acompañado de fama. El orgullo balear, el aragonés de adopción, el chico que hacía vibrar de adolescente a un Scariolo que le da la alternativa a sus 20 años. El enamorado de Playa Sa Ràpita que ha devuelto la ilusión a toda una ciudad de básquet: “Espero estar muchos años aquí y llevar al club lo más alto posible”. El futuro es suyo. El legado de Abós se escribe en tiempo presente. 137 segundos para cambiar una vida.

Daniel Barranquero
@danibarranquero
ACB.COM

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